Sexualidad: ¿métodos artificiales y naturales?
J. Masiá
Recientemente, el cardenal Peter Turkson, aclaró a la BBC que “la
Iglesia nunca había estado en contra de la planificación familiar (siempre y
cuando se haga de forma natural)”.
Habría que recomendar al Cardenal que use comillas para subrayar la
expresión “de forma natural”. ¿Por qué? Porque no se puede decir que el uso
digno y responsable de un preservativo, o de una pastilla, o de un dispositivo
intrauterino, etc. sea algo antinatural o no natural. No es antinatural
ponerse gafas con las lentes debidamente graduadas.
Artificial no significa antinatural.
Lo contrario de lo natural no es lo
artificial, sino lo antinatural. Tanto los llamados “métodos naturales” como
los llamados “métodos artificiales” (ambos entrecomillados) pueden ser usados
de una forma muy natural o de una forma muy antinatural (por ser indigna o
irresponsable).
Usar debidamente lo artificial es natural.
Por otra parte, cuando se habla
de evitar un embarazo, dejando de tener relaciones coitales en los días
fértiles de la mujer y teniéndolas únicamente en los días infértiles, no se
debe designar estos métodos con el nombre de “métodos naturales”. O, si se los
llama así, habrá que poner “naturales” entrecomillado o en cursiva, para que
quede claro que también es natural el recurso a los otros métodos,
llamados artificiales.
Es decir, que unos y otros pueden ser usados de una manera muy natural, como
es muy natural llevar gafas (que son un artefacto, algo artificial), si
corresponden a la graduación de la propia vista. No sería natural, si no fueran
de la graduación que corresponde.
Hay que acabar de una vez y para siempre con el gran malentendido de la
encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI (1968) y dejar de pensar que
los llamados impropiamente “métodos naturales” son la única regulación de la
natalidad moralmente admisible.
El criterio para determinar la moralidad de su uso no consiste en preguntar
si son naturales o artificiales, sino en reconocer sinceramente si su uso es
digno y responsable. Lo será cuando se respete mutuamente la salud, la
sensibilidad y la dignidad de las personas.
Pero la verdad es que son estériles estas discusiones en el interior de una
teología que no se decide a tirar por la borda el lastre de distinciones
escolásticas sobre pseudoproblemas de sexualidad.
Cuentan que un discípulo dijo al maestro:
"Ya he tirado toda la carga y
me he liberado por completo. Ahora, ¿qué me queda por hacer?
Le respondió el
maestro:
Estás en un verdadero apuro. Apresúrate cuanto antes a tirar lo mucho
que te queda.
Pero si ya no me queda nada y lo he tirado todo, dijo pesaroso el
discípulo.
Bueno,si te empeñas en no ser,sigue así. Sigue con tu carga a
cuestas”.
Y eso es justamente lo que le ocurre a la Iglesia con los pseudoproblemas de
la sexualidad...
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