Clausura del Vaticano II, Jubileo de la Misericordia
Xabier Pikaza
Hoy, día de la Inmaculada (8.12.15), se celebran dos acontecimientos importantes en la iglesia.
(a) El cincuentenario de la clausura del Concilio Vaticano II (9.12.1965)
(b) La apertura del nuevo Año Jubilar de la Misericordia, proclamado por el Papa Francisco, que evoca así la relación entre los dos acontecimientos:
He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II...Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización... Un nuevo compromiso...Con estos sentimientos de agradecimiento por cuanto la Iglesia ha recibido y de responsabilidad por la tarea que nos espera, atravesaremos la Puerta Santa... (MV, Misericordiae Vultus 4).
Desde ese fondo quiero vincular ambos acontecimientos, recordando que el Francisco ha querido comparar su “reforma eclesial” con la de Juan XXIII, que quería "la medicina de la misericordia, no las armas de la severidad…” (cf. MV 4). Pero hay una gran diferencia:
1. Juan XXIII dejó la reforma antigua de la Iglesia en manos de un Concilio, y murió cuando se estaba celebrando.
2. Francisco está impulsando por sí la nueva reforma de la Iglesia, y quiere encauzarla antes de morir.
Por eso evoco ahora la clausura Vaticano II y la apertura del año jubilar de Francisco. Buen día de la Inmaculada a todos.
8.12.1965. UN CONCILIO QUE SIGUE ABIERTO
Fue un acontecimiento de gracia. Se celebró en el momento preciso, cuando era ya imposible seguir viviendo del pasado, como vio Juan XXIII, papa carismático, confiando en la capacidad de renovación de la Iglesia y, sobre todo, en el impulso creador de una humanidad en la que Dios está actuando. Supo que el papado era importante, tenía un función única, pero sólo en la medida en que recogía y ratificaba las voces de toda la iglesia (o, quizá de todas las iglesias, incluidas las no católicas), en línea de apertura y de diálogo con el mundo, es decir, con la historia. Éstos son los temas que siguen abiertos tras la celebración del Concilio, pasados ya cincuenta años:
Dos lecturas del Concilio.
Acabó el año 1965, pero quedaron planteadas y abiertas desde entonces dos “lecturas”, que no pueden oponerse, aunque en principio resultan muy diferentes.
a. Línea de cierre. Es propia de aquellos que entienden el Concilio como acontecimiento importante, aunque pasajero, de manera que las aguas han de volver a los cauces anteriores, y que así insisten en la autoridad doctrinal y disciplinar del Papa y en el mantenimiento de las estructuras milenarias de una Iglesia que tomó su forma actual en la Reforma Gregoriana (siglo XI). Ésta es la línea que ha triunfado con el Catecismo (CEC) y con el Código de Derecho Canónico (CIC), que no asumen en realidad el Concilio, sino que se oponen a su desarrollo, por miedo, por falsa tradición (o por deseo de control de la Curia Vaticana). Todo ha podido cambiar con el Vaticano II, pero todo ha vuelto a quedar casi igual, por causa del Derecho Canónico (que en ciertos ambientes parece mucho más importante que el Evangelio).
b. Línea de apertura. Otros han entendido el Concilio como experiencia y principio de transformación, es decir, como un esfuerzo por recuperar las raíces de la Iglesia, tal como se fueron expresando en las diversas etapas del primer milenio, no para copiar estructuras e impulsos anteriores, sino para retomar el modelo de vida del Evangelio. Son los que quieren seguir en la línea de la actualización bíblica, de la recuperación de todas las tradiciones, de fidelidad a los signos de los tiempos, desde el impulso de Jesús, en el principio de la Iglesia. Son los que creen que nadie podrá cerrar la puerta del Evangelio.
Dentro de un mundo en cambios.
Se estaban iniciando por entonces (1965) algunos de los cambios más significativos que han marcado la segunda mitad del siglo XX y el comienzo del XXI:
a. Superación del colonialismo eclesial, vinculado, a la conclusión de una forma de dominación política. En ese contexto hay que hablar de la nueva autonomía (e importancia) de las iglesias de América (y también, en parte, de Asía y de África). El predominio del catolicismo europeo y occidental está tendiendo a desaparecer, con unas consecuencias que pueden implicar el fin de mil seiscientos años de historia helenística y latina.
b. Fin de la cultura única de la Iglesia. Los Padres del Vaticano II fueron al Concilio con la herencia de una cultura casi monolítica, de tipo greco-latino y europeo (occidental). Pero al final de su celebración ellos sabían que, aun habiendo estado vinculada por siglos a la cultura de occidente, con sus valores y defectos, la Iglesia tenía que volverse universal, en diálogo con las diversas culturas de la tierra.
c. Un reto social. El Concilio había querido centrarse en unas afirmaciones “dogmáticas”, en línea teológica (como mostraban los documentos preparatorios), pero al final triunfaron las “preocupaciones” sociales y culturales, de presencia en el mundo y de diálogo humano, en medio de una historia dividida entre el capitalismo y las diversas formas de socialismo/comunismo, en un momento fuerte de guerra fría. La Iglesia volvió a saber que tenía un mensaje trascendente (de presencia de Dios), pero supo que ese mensaje resultaba inseparable de la presencia y acción de los cristianos en el mundo.
El Vaticano II no ha terminado todavía... Sigue abierto, y seguirá, aunque algunos quieran cerrarlo. La semilla está echada, es semilla de evangelio.
8.12.2015. RETOMAR EL IMPULSO DEL VATICANO II, DESDE LA MISERICORDIA
El Papa Juan Pablo II había publicado hace 25 años una encíclica sobre la misericordia (Dives in Misericordia, 1980), pero en sentido mucho más intimista, una misericordia entendida como devoción espiritual, una experiencia interior, sin transformación de la estructura eclesial. Pues bien, a diferencia de eso (sin negar los valores del intento de Juan Pablo II), el Papa Francisco ha querido iniciar un jubileo integral de la misericordia, entendida en sentido social e individual, personal y del conjunto de la Iglesia. No sabemos aún lo que nos deparará este año jubilar, pero estoy convencido de que aportará grandes sorpresas, en la línea de pontificado que Francisco está emprendiendo. Éstos serán, a mi juicio, sus rasgos distintivos:
Volver al Vaticano II
Lo primero que ha hecho el Papa Francisco es quitar el miedo al Vaticano II: Dejar que su espíritu, que parecía amordazado, pueda liberarse, para que la Iglesia pueda vivir en libertad, bajo el impulso el Espíritu, retomando así la inspiración del evangelio.
Reforma de la Economía Vaticana
En la línea anterior, el Papa Francisco ha querido abrir las puertas y ventanas de la Iglesia. En este momento hay un juicio pendiente sobre una filtraciones de documentos de la Comisión Económica del Vaticano, con detalles de folletín. La respuesta del Papa Francisco ha resultado audaz y sorprendente: Ha puesto las finanzas del Vaticano en manos de una Auditoría Externa, de manera que podrá haber ya más filtración de documentos secretos, pues todos se harán públicos.
Reforma de la Curia Vaticana en cuanto tal
Ésta es una reforma que nadie se había atrevido a realizar por miedo a los campos, por defensa del propio poder vaticano o por inercia. El Papa Francisco la ha puesto en marcha, y una vez que ha empezado, ella debe seguir adelante, con todos los cambios que ello implique. Podemos así suponer que seguirá el Papa en Roma (como signo de unidad eclesial), pero sin Vaticano (en el sentido estricto de ese término), es decir sin una curia de poder religioso.
Se trata de “devolver” la Iglesia a los cristianos
Muchos tenemos la impresión de hallarnos en una Iglesia Secuestrada: Nos han “quitado” la Iglesia, se han apoderado de ella algunos, como si fuera su propiedad, su finca particular. No lo han hecho quizá mal, pero han hecho lo que no debían: Han quitado la autoridad real a los cristianos, creando una especie de superestructura sagrada, propia de “brokers” de un Dios de Jesús que no quiere brokers.
Esto es quizá lo más importante, lo que hizo Jesús en su tiempo “devolviendo” la Palabra de Dios (secuestrada por una clases de sacerdotes-escribas- fariseos) a los hombres y mujeres reales, del pueblo. Eso es lo que quiere hacer Francisco.... En esa línea, su reforma no puede ser ya suya, sino de toda la Iglesia, es decir, de aquellos que quieran retomar el Espíritu de Cristo, recreando así su Iglesia.
Unos ministerios que sean ministerios (diakonías, servicios…), no un orden superior
Esta es a mi juicio la tarea siguiente de Francisco y de la Iglesia. Una vez que la Iglesia es Iglesia (es decir, todos los cristianos y no una superestructura clerical), son los mismos cristianos los que deben organizarse en comunión, creando ministerios y servicios que sean verdaderamente apostólicos, es decir, en la línea de los primeros ministerios de la Iglesia. Podrá haber obispos y presbíteros, deberá haberlos, pero su función será distinta, sin formar un orden superior (una superestructura), para vivir a cuerpo, con todos, el Espíritu del Evangelio.
Todo ello ha de hacerse desde la misericordia, entendida en sentido radical
Misericordia es el amor entrañable que actúa y se expresa en obras de solidaridad y ayuda a los necesitados, conforme al testimonio bíblico y cristiano. Sobre ella ha querido fundar su reforma Francisco, retomando el mensaje de Jesús, que anunció un Tiempo de Gracia (cf. Lc 4, 18-19), y pidió a los hombres que fueran misericordiosos: Que se amaran y ayudaran unos a los otros (cf. Lc 6, 36; Mt 25, 31-46).
Así lo ha mostrado Francisco en su bula El rostro de la misericordia (MV, 2015), anunciando el jubileo…. Así lo precisará en su libro, anunciado para enero 2016: El nombre de Dios es misericordia.
El Papa Benedicto quiso escribir y escribió tres libros sobre Jesús, que eran buenos (con sus limitaciones), pero quizá menos adecuados para un Papa. Francisco ha escrito ya su libro sobre la Misericordia, que habrá de verse como programa de su Pontificado. Tendremos que esperar a su publicación para seguir hablando del tema.
Por ahora, para poner de relieve la importancia de este día 8.12.15 baste lo ya dicho, con las dos conmemoraciones: Los cincuenta años de la Clausura del Vaticano II y la apertura del Año de la Misericordia 2016.
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