jueves, 11 de diciembre de 2014

CORAZÓN LIMPIO.


Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios (Mateo 5, 8)

      Si  tuviese que dibujar a Yves Bernard lo haría con la bienaventuranza anterior. Pero además de corazón limpio tiene una sonrisa franca que ilumina su rostro de ochenta años. Esa sonrisa, junto al dominio de la lengua local nigerina del Djerma, es la divisa que lo define, que lo posiciona junto a los enfermos que visita con la naturalidad de una humanidad que sabe afrontar el dolor del enfermo con un talante que da la sabiduría de los años, el saber estar. Y él sabe estar como nadie: bromea, maneja  magistralmente los proverbios, con todos se para sin excepción y a todos les dedica una palabra de aliento y una sonrisa.
-         Los proverbios, me decía, tienen correspondencia con muchos pasajes de los Evangelios. Y esto, seguía diciéndome, hace que se produzca, sin alharacas, el tan traído y solemne diálogo con el Islán, yo lo hago sin formalidades y de manera espontánea. Me brota con naturalidad, como el agua que fluye serena en un arroyo.
-         Yo he venido a esta tierra por amor –dice. Ya son cuarenta años  visitando los  hospitales de Niamey. Para mí, más allá de ser  musulmán o cristiano, que aquí  somos casi insignificantes los católicos, a quien tengo delante siempre es una persona a la que servir. Desde muy joven tuve predilección por el hombre y el medio musulmán. Por eso me hice misionero. Y esta predilección va más allá de las creencias o religión que cada ser humano pueda tener. El encuentro que hacemos con la persona que sufre  la enfermedad  nos iguala a todos. Aquí veo yo una raíz clara de mi vocación. Ese encuentro contextualizado por el dolor ajeno se llena de cordialidad, de respeto, de amor. Por eso, insisto, me hice misionero. Por eso llevo tantos años aquí. Además, el Señor me ha regalado cincuenta años de vida sacerdotal que humildemente he entregado a esta gente.
     Esta confidencia y otras muchas me hizo Yves en una entrevista que improvisé cuando vino a despedirse de mí antes de mi regreso a España.
-         ¿Qué mensaje quieres que le trasmita a los españoles que ya saben de ti por mis artículos?, me atreví a preguntarle.
     Sonrió. Puso aire pensativo, se tomo su  tiempo para  reflexionar la respuesta  y al cabo de no mucho tiempo dijo con contundencia:
-         Que vivan el amor plenamente desde la entrega y el servicio. Que sean valientes y proféticos en la denuncia de las injusticias que sé qué padecen ahora en España con tanto paro y tantas corruptelas. Que no se dejen engañar por los cantos de sirena de una civilización supuestamente globalizada que nunca tuvo tantas posibilidades de comunicación y que tan incomunicados  deja los corazones de muchas personas de buena voluntad que quedan, no sólo desorientadas, sino en la cuneta.
-         ¿Algo más?
-         Bueno, y sonríe con su característica humanidad, que aquí hay trabajo para todos y a mí ya me queda poco tiempo. Soy consciente de mi edad. Invita a los jóvenes  de tu país a que se vengan a esta tierra tan  hermosa y tan llena de buena gente.
-         ¿Has sido feliz en este tiempo?
-         Mucho- se le humedecieron los ojos, y si volviese a nacer no tendría duda en volver a vivir aquí lo que he vivido.
-         Muchas gracias por cada una de tus palabras.
-         Gracias  también a ti por darme la oportunidad de expresarme. Además te agradezco sinceramente el esfuerzo que has hecho  en el aprendizaje del Djerma y el ánimo que me has dado al acompañarme al hospital en estos pocos meses.  
     Nos levantamos, nos dimos un abrazo sentido y fraterno y me acompañó, tres días más tarde, en la última misa que celebré al dejar Níger. Fue él el que presidió. No merecía menos.
     Tengo la convicción de que acabo de presentaros a un verdadero hombre de Dios. He utilizado para el dibujo unas sencillas pinceladas, tan sencillas y discretas como lo es él. Un abrazo cordial a todos y mi afecto más sincero y sentido a Yves Bernard.


     NOTA: Este artículo era una deuda que  tenía que saldar.

                           Paco Bautista, sma


                           Vélez de Benaudalla a 8 de diciembre de 2014

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