CORAZÓN LIMPIO.
Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos
verán a Dios (Mateo 5, 8)
Si
tuviese que dibujar a Yves Bernard lo haría con la bienaventuranza
anterior. Pero además de corazón limpio tiene una sonrisa franca que ilumina su
rostro de ochenta años. Esa sonrisa, junto al dominio de la lengua local
nigerina del Djerma, es la divisa que lo define, que lo posiciona junto a los
enfermos que visita con la naturalidad de una humanidad que sabe afrontar el
dolor del enfermo con un talante que da la sabiduría de los años, el saber
estar. Y él sabe estar como nadie: bromea, maneja magistralmente los proverbios, con todos se
para sin excepción y a todos les dedica una palabra de aliento y una sonrisa.
-
Los
proverbios, me decía, tienen correspondencia con muchos pasajes de los
Evangelios. Y esto, seguía diciéndome, hace que se produzca, sin alharacas, el
tan traído y solemne diálogo con el Islán, yo lo hago sin formalidades y de
manera espontánea. Me brota con naturalidad, como el agua que fluye serena en
un arroyo.
-
Yo he
venido a esta tierra por amor –dice. Ya son cuarenta años visitando los
hospitales de Niamey. Para mí, más allá de ser musulmán o cristiano, que aquí somos casi insignificantes los católicos, a
quien tengo delante siempre es una persona a la que servir. Desde muy joven
tuve predilección por el hombre y el medio musulmán. Por eso me hice misionero.
Y esta predilección va más allá de las creencias o religión que cada ser humano
pueda tener. El encuentro que hacemos con la persona que sufre la enfermedad
nos iguala a todos. Aquí veo yo una raíz clara de mi vocación. Ese
encuentro contextualizado por el dolor ajeno se llena de cordialidad, de
respeto, de amor. Por eso, insisto, me hice misionero. Por eso llevo tantos
años aquí. Además, el Señor me ha regalado cincuenta años de vida sacerdotal
que humildemente he entregado a esta gente.
Esta
confidencia y otras muchas me hizo Yves en una entrevista que improvisé cuando
vino a despedirse de mí antes de mi regreso a España.
-
¿Qué
mensaje quieres que le trasmita a los españoles que ya saben de ti por mis artículos?,
me atreví a preguntarle.
Sonrió.
Puso aire pensativo, se tomo su tiempo
para reflexionar la respuesta y al cabo de no mucho tiempo dijo con
contundencia:
-
Que
vivan el amor plenamente desde la entrega y el servicio. Que sean valientes y proféticos
en la denuncia de las injusticias que sé qué padecen ahora en España con tanto
paro y tantas corruptelas. Que no se dejen engañar por los cantos de sirena de
una civilización supuestamente globalizada que nunca tuvo tantas posibilidades
de comunicación y que tan incomunicados deja los corazones de muchas personas de buena
voluntad que quedan, no sólo desorientadas, sino en la cuneta.
-
¿Algo
más?
-
Bueno,
y sonríe con su característica humanidad, que aquí hay trabajo para todos y a
mí ya me queda poco tiempo. Soy consciente de mi edad. Invita a los jóvenes de tu país a que se vengan a esta tierra
tan hermosa y tan llena de buena gente.
-
¿Has
sido feliz en este tiempo?
-
Mucho- se
le humedecieron los ojos, y si volviese a nacer no tendría duda en volver a
vivir aquí lo que he vivido.
-
Muchas
gracias por cada una de tus palabras.
-
Gracias también a ti por darme la oportunidad de
expresarme. Además te agradezco sinceramente el esfuerzo que has hecho en el aprendizaje del Djerma y el ánimo que
me has dado al acompañarme al hospital en estos pocos meses.
Nos
levantamos, nos dimos un abrazo sentido y fraterno y me acompañó, tres días más
tarde, en la última misa que celebré al dejar Níger. Fue él el que presidió. No
merecía menos.
Tengo la convicción
de que acabo de presentaros a un verdadero hombre de Dios. He utilizado para el
dibujo unas sencillas pinceladas, tan sencillas y discretas como lo es él. Un
abrazo cordial a todos y mi afecto más sincero y sentido a Yves Bernard.
NOTA:
Este artículo era una deuda que tenía
que saldar.
Paco Bautista, sma
Vélez de Benaudalla
a 8 de diciembre de 2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario