El relator del Sínodo:
los divorciados que se han vuelto a casar pertenecen a la Iglesia
Erdö: no a segundos matrimonios reconocidos en la Iglesia, pero en el Sínodo se tratan cuestiones pastorales. Forte: la doctrina no debe ser usada como un caballo de batalla
IACOPO SCARAMUZZI
«Los divorciados vueltos a casar civilmente pertenecen a la Iglesia», pero «en el caso de un matrimonio sacramental (consumado), después de un divorcio, mientras el primer cónyuge siga con vida, no es posible un segundo matrimonio reconocido por la Iglesia»; de cualquier manera, «en este Sínodo no se discute sobre las cuestiones doctrinales, sino sobre las cuestiones prácticas —inseparables, por otro lado, de las verdades de la fe—, de naturaleza exquisitamente pastoral».
El cardenal Peter Erdö, arzobispo de Budapest, presidente de la Conferencia Episcopal húngara y presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (Ccee), indicó que la controvertida cuestión de la hipótesis de conceder la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar es solo «uno entre el gran número de desafíos pastorales apremiantes hoy», aunque aparezca citado a menudo en last rece páginas del discurso que pronunció hoy por la mañana.
El purpurado húngaro precisó, durante un encuentro con los periodistas en la Sala de prensa vaticana tras la sesión matutina de trabajo del Sínodo, que su “Relatio ante disceptationem”, con respecto al pasado, «fue ya un trabajo sinodal» porque sintetiza los aportes que los padres sinodales enviaron a la Secretaría del Sínodo antes de septiembre.
Otra novedad, por voluntad de Papa Francisco, es que la relación inicial fue pronunciada en italiano y no en latín. «Esto –dijo con humor Erdö– ha facilitado un poco el trabajo, porque en el pasado escuchar una hora de latín no era fácil».
La Iglesia debe ofrecer la «verdad medicinal» representada por la «clara y plena verdad del Evangelio» con una forma que pueda «ser efectivamente reconocida como “remedio”, incluso para todas esas situaciones familiares problemáticas, a menudo con mucho sufrimiento. En otras palabras, sin disminuir la verdad, debe proponerse poniéndose desde la perspectiva de aquellos a quienes cuesta reconocerla como tal y vivirla», indicó Erdö, quien, sin embargo, subrayó «el testimonio de muchos matrimonios y familias cristianas vivido felizmente. Estas experiencias positivas no deben ser perdidas de vista, a pesar de las situaciones precarias e irregulares».
Antes de indicar las posibles soluciones relacionadas con el problema de la eucaristía a los que se han vuelto a casar por lo civil, Erdö quiso indicar algunas premisas: «No se trata de poner en tela de juicio la palabra de Cristo y la verdad de la indisolubilidad del matrimonio», y «no se discute sobre las cuestiones doctrinales, sino sobre las cuestiones prácticas —inseparables, por otro lado, de las verdades de la fe—, de naturaleza exquisitamente pastoral». En el caso de un matrimonio «sacramental (consumado), después de un divorcio, mientras el primer cónyuge siga con vida, no es posible un segundo matrimonio reconocido por la Iglesia».
El arzobispo de Budapest después indicó dos pistas. «Los divorciados vueltos a casar civilmente pertenecen a la Iglesia. Necesitan ser acompañados por sus pastores y tienen derecho a ello. Se les invita a escuchar la palabra de Dios, a participar en la liturgia de la Iglesia, en la oración y a realizar obras buenas de caridad. La pastoral de la Iglesia debe cuidarles de una forma del todo particular, teniendo presente la situación de cada uno», explicó. La primera pista es facilitar la nulidad matrimonial, con tres posibilidades: «Para verificar la posible nulidad del vínculo de manera eficaz y ágil no son pocos quienes creen que hay que reconsiderar, en primer lugar, la obligatoriedad de la doble sentencia conforme a la declaración de nulidad del vínculo matrimonial, procediendo con el segundo grado sólo si hay apelación de una parte o de ambas partes, o bien de parte del defensor del vínculo, en un tiempo definido». Segunda, retomando el pensamiento de Benedicto XVI, una solución extra-judicial, puesto que, «según cualificadas propuestas, haría falta valorar la relevancia de la intención de la fe de los novios prometidos en orden a la validez del matrimonio sacramento, según el principio general que para la validez de un sacramento es necesario que haya la intención de hacer lo que hace la Iglesia». Y tercera, el caso de un “privilegio petrino”, en el caso de matrimonios contraídos con disparidad de culto. Para concluir, Erdö hizo eco de la propuesta formulada durante el último Consistorio (en febrero de 2014) por el cardenal Walter Kasper, sugiriendo «examinar más en profundidad la praxis de algunas de las Iglesias ortodoxas, que prevé la posibilidad de segundas nupcias y terceras connotadas por un carácter penitencial. Dicho estudio es necesario para evitar interpretaciones y conclusiones que no estén suficientemente fundadas». También habló sobre muchos otros temas, resumiéndolos, partiendo de la “Humana Vitae”, la homosexualidad (no a la discriminación pero tampoco al matrimonio), la educación, la evangelización y el contexto de las relaciones.
Durante la conferencia de prensa, al responder a diferentes preguntas, mons. Bruno Forte, arzobispo de Chieti y Secretario general del Sínodo, subrayó que «al principio del Concilio Vaticano II Juan XXIII dijo: este Concilio será pastoral, y después añadió que hay que salvar las almas. Lo mismo vale para el Sínodo. No quiere decir que los aspectos doctrinales sean ignorados, sino que no son un caballo de batalla sobre el que hay que insistir en todo momento. Si tuviéramos que repetir lo que se ha dicho siempre, no serviría hacer otro Sínodo. Si, por el contrario, hacemos un Sínodo, debemos hacerlo también con un enfoque de “ternura”, se me permita la palabra, porque hablar abstractamente sobre los divorciados que se han vuelto a casar puede ser fácil, pero hay a veces mucho sufrimiento… Si encuentras a estas personas, comprendes sus sufrimientos, entonces se necesita ternura y misericordia al decir la doctrina».
El cardenal Andrè Ving-Trois, por su parte, subrayó que «hoy el Papa nos dijo que no hay que evitar decir lo que se piensa por temor de disgustarle o para gustarle. Gustarle al Papa es uno de los objetivos principales de los hombres contemporáneos. Pero él viene para escuchar lo que pensamos nosotros».
El padre Federico Lombardi, portavoz vaticano, excluyó la participación en el Sínodo de Benedicto XVI: «No está previsto que el Papa emérito participe en el Sínodo, que es tan largoy laborioso». Joseph Ratzinger, explicó, «se mantiene en una condición de oración y reserva», pero «todos esperamos verlo en la beatificación de Pablo VI». También intervino en la conferencia de prensa mons. Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla (México) y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam); el mexicano subrayó algunas diferencias y semejanzas entre el Sínodo y la reunión de los obispos latino-americanos en Aparecida.
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