martes, 2 de diciembre de 2014

col sicre

El camino poético 
(lectura de Isaías)
Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir un el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

El camino ético 
(Qumrán)
Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar "camino" y "forma de conducta", igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús 
(evangelio)
Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como un Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.
[A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo "bautizar" significa en griego "lavar". Los fariseos, por ejemplo, "bautizan" los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con "Espíritu Santo" (o "con Espíritu Santo y fuego", como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)
A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos "esperar y apresurar la venida del Señor". Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús
La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

José Luís Sicre
Ver el sol cada mañana


Cuentan que un peregrino recorría su camino, cuando cierto día pasó ante un monje de un monasterio, que estaba sentado en el campo. Cerca de allí, otros hombres trabajaban en un edificio de piedra.
-¿Es usted un monje?, preguntó el peregrino.
-Lo soy, respondió el monje.
-¿Quiénes son esos que están trabajando en la abadía? 
-Mis monjes, contestó. Yo soy el abad.
-Es magnífico, comentó el peregrino. Es estupendo ver levantar un monasterio.
-No lo estamos construyendo, sino derribando, dijo el abad.
-¿Derribándolo? ¿Por qué?
-Porque no nos deja ver salir el sol cada mañana.

Nuestros templos e iglesias suelen ser muy solemnes, en sus estructuras y en sus muros. Pero tanta piedra, con frecuencia, impide que el sol penetre dentro. 
Todos, en la vida, solemos construir grandes muros, a veces incluso muy bellos, pero que nos están dificultando ver el sol.
Incluso muros que dan la impresión de ser transparentes, pero que no dejan ver ni a aquellos que están a nuestro lado.
El muro de "yo soy así”, y que nos impide ver y aceptar a los demás como ellos son.
El muro de "yo pienso que las cosas tienen que ser así”, y nos impide respetar el modo cómo las ven los demás. Como si fuésemos los únicos que tenemos ojos para ver, y gusto para discernir.
El muro de "a mí no me cambia nadie", y que nos impide ver la luz de la verdad que los demás quieren irradiar sobre nosotros. Y no nos sentimos afectados por las señales que cada día Dios nos envía a través de los acontecimientos de la vida.
El muro de "yo soy el jefe, la cabeza", y no nos deja ver que los demás también piensan, y que los demás también tienen cabeza.
El muro de "las cosas que tengo y he conseguido en la vida" y que nos cierran a la luz que Dios nos envía a través de las necesidades de los demás.
El muro de "mi carácter es así” y nos cierran el paso a la luz que nos invita a ser de otra manera y la llamada que nos llega desde los demás.
El muro de "mis tristezas y preocupaciones", que nos cierra sobre nosotros mismos y no somos capaces de abrirnos a la alegría de la vida.
El muro de "yo hice tal cosa y ya estoy marcado para siempre", y nos impide el gozo y la alegría de saber que el pasado ya no existe y que lo existe es el presente y el futuro que está amaneciendo.

En la vida no siempre es cuestión de construir. También a veces es preciso destruir.
Con frecuencia, veo en nuestros pueblos, antiguas casas que hoy están siendo modificadas en bellas casas. Sus pesados muros de piedra, son ahora cambiados por grandes cristaleras que dejan entrar y salir el sol por toda la casa. Muchas casas antiguas estaban hechas para que nadie pudiese ver desde afuera lo que sucedía dentro. Pero tampoco los de dentro podían ver lo que sucedía fuera. Ahora existe ese vidrio oscuro que dificulta a los de afuera mirar a dentro. Pero los de dentro contemplan muy bien todo lo que acontece fuera.

Nada hay más bello que despertarse y poder contemplar el sol, la luz que irradian aquellos que viven a nuestro lado, y sentir la alegría de un nuevo día, un nuevo amanecer, un nuevo mundo.
No siempre hay que construir monasterios de grandes piedras labradas durante años. Se necesitan también monjes que destruyan los grandes muros para poder ver más allá.
Se necesitan profetas que vayan derrumbando nuestros muros de resistencia a la novedad del Espíritu y a los nuevos problemas de los hombres que esperan nuevas terapias espirituales.
Puede que la vida se encargue de derrumbar muchos de esos muros que nos impiden ver con claridad.
Cuando algo se destruya en tu vida no digas: esto ya es el final. El final de las paredes de un viejo monasterio puede ser el comienzo de nuevos amaneceres.




(J. Jáuregui)

Guadalajara, México Se realizó una protesta por la desaparición de 43 estudiantes el pasado 26 de septiembre en Iguala, en la Feria Internacional del Libro. (Telam)

Guadalajara, México Se realizó una protesta por la desaparición de 43 estudiantes el pasado 26 de septiembre en Iguala, en la Feria Internacional del Libro. (Telam)

lunes, 1 de diciembre de 2014


Francisco, en el avión papal
Agencias

Vea quí el texto íntegro

Las declaraciones del Papa en el avión de vuelta de Turquía

"Los ortodoxos aceptan el primado"


 He hecho saber al Patriarca Kirill: "Donde quieras tú, nos encontramos; si me llamas, voy"
Francisco, en el avión/>

Francisco, en el avión

  • Francisco, en el avión
  • Francisco sube al avión













Durante el viaje de retorno a Roma de su visita a Turquía, Francisco sostuvo el habitual coloquio con los periodistas que iban a bordo respondiendo a las variadas preguntas de los hombres de prensa. "El Corán es un libro de paz", no se puede equiparar el islam al terrorismo, pero es necesario que los líderes musulmanes condenen los atentados terroristas; fue una de sus primeras respuestas, a quien le pregunto sobre la "islamofobia, la cristianofobia y el diálogo interreligioso":

Islamofobia, cristianofobia
«El Corán es un libro de paz, es un libro profético de paz. Esto no es islam(ismo). Yo entiendo esto y creo - al menos yo creo, sinceramente - que no se puede decir que todos los islámicos son terroristas: no se puede decir esto. Como no se puede decir que todos los cristianos son fundamentalistas, porque nosotros también los tenemos, ¿eh? En todas las religiones existen estos grupos, ¿no? Yo le he dicho al Presidente: "pero, seria bello que todos los líderes islámicos - sean líderes políticos, líderes religiosos o líderes académicos - digan claramente y condenen aquello, porque esto ayudará a la mayoría del pueblo islámico a decir: ‘no', pero de verdad, pero de la boca de sus líderes: el líder religioso, el líder académico ... tantos intelectuales, y los líderes políticos". Todos nosotros necesitamos una condena mundial, incluso de los islámicos, que tienen la identidad y que digan: "nosotros no somos aquellos. El Corán no es esto".
‘Cristianofobia', ¿de verdad? Yo no quiero usar palabras endulzadas: !no! a los cristianos los persiguen en Oriente Medio. Algunas veces, como hemos visto en Irak, en la zona de Mosul, deben irse y dejarlo todo, o pagar los impuestos que luego no sirve para nada ... y otras veces los echan con guantes blancos, ¿no? Es como si quisieran que no hubiesen cristianos, que no quedara nada de cristiano. En esa zona hay esto. Es verdad, es un efecto del terrorismo, en el primer caso, pero cuando se hace diplomáticamente, con los guantes blancos, es porque hay otras cosas detrás, ¿no? Y esto no es bueno.

El dialogo interreligioso.
He tenido tal vez la conversación más bella, sobre esto con el Presidente de los Asuntos Religiosos de Turquía. Ya cuando el nuevo embajador de Turquía, había venido a presentar sus cartas credenciales, lo vi como un hombre excepcional, un hombre de profunda religiosidad. Y también al Presidente, allí, era de la misma escuela. Y ellos han dicho una cosa bella: "pareciera que el diálogo interreligioso haya llegado al final. Debemos hacer un salto de calidad, porque el diálogo interreligioso ... eh, como piensan ustedes esto, nosotros esto ... así ¿no? Debemos hacer un salto de calidad, debemos hacer el dialogo entre personas religiosas de diferentes credos". Pero, esto es bello, porque es el hombre y la mujer que se encuentran con un hombre y una mujer e intercambian sus experiencias: no se habla de teología, se habla de una experiencia religiosa. Y esto sería un bellísimo paso adelante, ¿no? Bellísimo. Me ha gustado muchísimo este encuentro, es de alta calidad».

Un episodio tocante de la Visita del Papa a Turquía fue el momento de meditación en laMezquita Azul. Francisco comentó su disposición de espíritu durante la meditación:
«Yo fui a Turquía como peregrino, no como turista. Y fui precisamente, el motivo principal es la fiesta de hoy a ver al Patriarca Bartolomé. Cuando fui a la mezquita no podía decir: "¡Ahora soy un turista!". Vi aquella maravilla, el gran muftí me explicaba muy bien las cosas, con mucha humildad, me citaba El Corán, cuando habla de María y de Juan el Bautista. En ese momento sentí la necesidad de rezar. Le pregunté: "¿Rezamos un poco?" Y él me respondió: "Sí, sí". Yo recé por toda Turquía, por la paz, por el muftí, por todos y por mí... Dije: "¡Señor, acabemos con estas guerras!" Fue un momento de oración sincera».
"La unidad es un camino que se debe hacer, y se debe hacer juntos", fueron las palabras del Pontífice a quien le preguntó sobre la unidad de los cristianos y las perspectivas ecuménicas:
«El mes pasado, en ocasión del Sínodo, vino como delegado el metropolita Hilarion, y él quiso hablarme no como delegado del Sínodo sino como presidente de la Comisión del diálogo ortodoxo-católico. Y hablamos un poco. Yo creo que con la ortodoxia estamos en camino; tienen sacramentos y sucesión apostólica... Estamos en camino. Si tenemos que esperar a que los teólogos se pongan de acuerdo... ¡No llegará nunca ese día! Soy escéptico: trabajan bien los teólogos, pero Atenágoras había dicho: "¡Pongamos a los teólogos en una isla para que discutan y nosotros seguimos adelante!". La unidad es un camino que se debe hacer, y se debe hacer juntos; es el ecumenismo espiritual, rezar juntos, trabajar juntos. Y luego está el ecumenismo de la sangre: cuando estos matan a los cristianos, la sangre se mezcla. Nuestros mártires están gritando: "¡Somos uno!" Es algo que tal vez algunos no pueden entender. Las Iglesias orientales católicas tienen derecho de existir, pero el unitarismo es una palabra de otra época; hay que encontrar otra vía».

En esta perspectiva, El Obispo de Roma expresó su deseo de visitar Moscú, de encontrar al Patriarca Kirill y fortalecer el camino hacia la unidad:
«He hecho saber al Patriarca Kirill: "Donde quieras tú, nos encontramos; si me llamas, voy". Pero en este momento, con la guerra en Ucrania, tiene muchos problemas. Ambos queremos encontrarnos y seguir adelante. Hilarion propuso una reunión de estudio de la Comisión sobre el tema del primado. Hay que continuar con la petición de Juan Pablo II: "Ayúdenme a encontrar una fórmula de primado aceptable para las Iglesias ortodoxas"».

En este sentido, El Papa Francisco señaló que en la Iglesia existen divisiones "porque la Iglesia se ha visto demasiado a sí misma" y no brilla con la luz de Cristo:
«Lo que siento más profundamente en este camino para la unidad es la homilía que hice ayer sobre el Espíritu Santo: solo el camino del Espíritu Santo es correcto; Él es sorpresa, Él es creativo. El problema (y esta tal vez sea una autocrítica, pero lo dije también en las Congregaciones generales antes del Cónclave) es que la Iglesia no tiene luz propia, debe ver a Jesucristo. Las divisiones existen porque la Iglesia se ha visto demasiado a sí misma. Mientras comíamos hoy, con Bartolomé, hablamos del momento en el que un cardenal fue a llevar la excomunión del Papa al Patriarca: la Iglesia se veía demasiado a sí misma en ese momento. Cuando nos vemos a nosotros mismos nos volvemos auto-referenciales».

Por ello, el Santo Padre exhortó a encontrar un camino aceptable para alcanzar la unidad en la Iglesia:
«Los ortodoxos aceptan el primado: en las letanías de hoy rezaron por su pastor y primado, "aquel que camina primero". Lo dijeron hoy ante mí. Para encontrar una fórmula aceptable debemos ir al primer milenio. No digo que la Iglesia se haya equivocado (en el segundo milenio), ¡no! Hizo su camino histórico. Pero ahora el camino es seguir adelante con la petición de Juan Pablo II».

Otro gesto que impactó en esta visita apostólica del Papa a Turquía fue el momento delabrazo con el Patriarca Bartolomé I. Al respecto el Santo Padre señaló que no debemos cansarnos de dialogar y no ver con sospecha las aperturas:
«Me permito decir que este no es un problema nuestro. Este es también un problema de los ortodoxos, de algunos monjes y de algunos monasterios. Por ejemplo, desde los tiempos del beato Pablo VI se discute sobre la fecha de la Pascua y no nos ponemos de acuerdo. Con este ritmo, nuestros tataranietos la van a celebrar en agosto. El beato Pablo VI había propuesto una fecha fija, un domingo de abril. Bartolomé ha sido valiente: en Finlandia, en donde hay una pequeña comunidad ortodoxa, dijo que quería festejar el mismo día de los luteranos. Una vez, mientras yo estaba en Vía della Scorta y se estaban haciendo los preparativos para la Pascua, escuché a un oriental que decía: "Mi Cristo resucita dentro de un mes". Mi Cristo, tu Cristo... Hay problemas. Pero debemos ser respetuosos y no cansarnos de dialogar, sin insultar, sin ensuciarse, sin chismear. Pero si uno no quiere dialogar... Pero se necesita paciencia, mansedumbre y diálogo».

Después de visitar y encontrar a los niños y jóvenes en el oratorio de los salesianos en Estambul, el Pontífice manifestó su deseo de visitar Irak:
«Quería ir a un campo de prófugos, pero se necesitaba un día más y no era posible por muchas razones, no solo personales. Entonces pedí estar un poco con los chicos refugiados que albergan los salesianos. Aprovecho para agradecer al gobierno turco, que es generoso, es generoso con los refugiados. ¿Saben qué significa pensar en la salud, en la alimentación, en una cama, una casa para un millón de refugiados? Yo quiero ir a Irak. Hablé con el patriarca Sako. Por el momento no es posible. Si fuera en este momento, se crearía un problema para las autoridades, para la seguridad».

Algunos hombres de prensa se dirigieron al Papa y formularon otras preguntas sobre la Actividad de Francisco. Entre ellas la sugestiva pregunta sobre la tercera guerra mundial y las armas nucleares:
«Estoy convencido de que estamos viviendo una Tercera Guerra Mundial en fragmentos, en capítulos, por doquier. Detrás de esto hay enemistades, problemas políticos, problemas económicos, para salvar este sistema en el que el dios dinero y no la persona humana es el centro. Y detrás también hay intereses comerciales: el tráfico de armas es terrible, es uno de los negocios más fuertes en estos momentos. El año pasado, en septiembre, se decía que Siria tenía armas químicas: yo creo que Siria no era capaz de producir armas químicas. ¿Quién se las vendió? ¿Tal vez algunos de los que después la acusaban de tenerlas? Sobre este asunto de las armas hay demasiados misterios. Sobre la bomba atómica, la humanidad no ha aprendido. Dios nos ha dado la Creación para que de esta incultura hiciéramos cultura. El hombre la hizo y llegó a la energía nuclear, que puede servir a muchas cosas buenas, pero la ha utilizado para destruir a la humanidad. Esa cultura se convierte en una segunda incultura: yo no quiero hablar del fin del mundo, pero es una cultura que llamo "terminal"; después habrá que comenzar de nuevo, como hicieron las ciudades de Nagasaki e Hiroshima».

Recordando el reciente Sínodo Extraordinario de la Familia, el Papa señaló que queda todavía camino por recorrer en este tema y se tiene que considerar todo el proceso en su totalidad:
«El Sínodo es un recorrido, es un camino. No es un Parlamento; es un espacio protegido para que se pueda hablar sobre el Espíritu Santo. Tampoco con la relación final se termina el recorrido. Por ello no se puede tener una opinión de una persona o de un borrador. Yo no estoy de acuerdo (es mi opinión) con que se diga públicamente: "Este dijo esto", sino que se haga público, como sucedió, solamente lo que se dijo: el Sínodo no es un Parlamento. Se requiere protección para que pueda hablar el Espíritu Santo».

Confesar nuestros pecados

José Antonio Paola


«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.
La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.
Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.
Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.
La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?
José Antonio Pagola
2 Domingo de Adviento - B
(Marcos 1,1-8)