LA COMITIVA DE LA VIDA
1. El
terremoto había sido terrible.
Había escombros por todas partes.
Los familiares desesperados buscaban a sus seres
queridos sin tregua ni reposo.
Una madre encontró a su hija. Estaba malherida,
pero respiraba. Después de tres días de búsqueda angustiosa fue un verdadero
milagro que la pequeña mantuviese el aliento. Una multitud rodeó a la mujer.
Aquella comitiva de vida se encaminó
al dispensario más próximo para que la niña recibiese los primeros auxilios…
2. Los
hermanos estaban asustados.
Once y
trece años tenían los chicos. El ruido de su padre, que regresaba borracho a
las dos de la madrugada, los sacó del sueño y los puso en guardia. Su madre ya
había recibido más de una paliza en circunstancias semejantes. Pero aquella
noche la violencia se desató con mayor virulencia. Los hermanos vieron el
cuchillo en manos del padre. Todo fue muy rápido. Éste asestó una puñalada a su
esposa. La hirió en el hombro. Ellos no se lo pensaron. Se abalanzaron sobre el
agresor y consiguieron reducirlo. La madre alertó a los vecinos y minutos
después la policía se personó y tomó el control de la situación…
Los hijos,
junto a su madre, se habían convertido en
una verdadera comitiva de vida. Una ambulancia los conducía al hospital.
3. Jesús,
acompañado de sus discípulos, entró en la ciudad de Naín.
Se encontró con una multitud luctuosa. Una madre
lloraba a su único hijo. Iban camino del cementerio. Las entrañas de Jesús se
conmovieron frente al dolor ajeno.
Apenas si tocó el féretro y la vecindad que
acompañaba a la mujer se transformó en una comitiva de vida.
Estupefactos,
todos comprendieron que aquel profeta tenía un amor tan grande que era capaz de
romper incluso con los temidos lazos de la muerte.
El Dios de Jesús es un Dios
de vivos, no de muertos. Es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. Es nuestro
Dios. ¡Ojalá que todos seamos capaces de incorporarnos a la comitiva de la vida
encabezada por Jesús!
Desde Vélez, fraterno siempre, Paco Bautista, sma.
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