SILENCIO
Y mientras (Jesús) los bendecía
se separó e
ellos, subiendo hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él
y se volvieron a
Jerusalén
con gran alegría;
y estaban siempre en el templo
bendiciendo a Dios
(Evangelio de Lucas)
Hoy me atrevo, Padre, a no pedir nada, pues cuando nada pido, puede que
suceda lo más inesperado… Abierto, no siempre a la sorpresa, hoy escribo algo
que no esperaba escribir… pero que intenta expresar lo que tal vez muchos, sino
todos, llevamos impreso en lo más profundo de nuestros corazones… aquello que
nos dice, nos hace, que nos convierte en misterio…
Quiero, queremos guardar tu
palabra… Estás presente, ausente también…, presente con tu Espíritu, tu
Aliento, Tu Fuerza, Tu palabra, ausente físicamente, aunque te sintamos como el
amigo que camina discretamente al lado, sin hacer ruido, en silencio. Así
entiendo la festividad de la Ascensión.
…. Jesús
entra, se sienta, sonríe, me mira a los ojos, no dice nada. Silencio, más
silencio, un océano infinito de silencio. Se levanta, no. Sólo ha sido un
ademán para buscar una nueva postura, para estar más cómodo. Vuelve a mirarme.
Sigue sin pronunciar una sola palabra.
No podría describirte su rostro, ni dar
razón de sus facciones, ni precisar la encendida luz de sus pupilas…
Sólo sé que
perdido en este encuentro, inabarcable como un desierto de arena, ancho como
mil galaxias que se expanden, infinito como el universo… presiento, intuyo,
siento, que Él está vivo, rotundamente vivo, vencedor de la muerte, de mi muerte,
de tu muerte, de todas las muertes.
Sí, al
final la vida le ha dado la razón, la muerte no lo ha retenido. No podía caer
en el vacío tanta entrega, tanto amor, tanto servicio… Su mensaje no podía ser
vano, una quimera, humo que se deshace en el aire.
Sí, vive,
Él vive. Aun sigue enfrente de mí. Ahora soy yo quien lo miro. Un río de paz me
anonada.
No puedo seguir escribiendo, no hay palabras, no hay conceptos, se me
acaba el lenguaje, no me llega, y aunque me llegara qué locura sería ponerle
letra a lo inefable. Ahora somos los dos los que guardamos silencio. Sí, todo
se queda en silencio, en silencio, en un absoluto silencio.
Mientras
tanto Jesús, que sigue sentado frente de mí, ruega por nosotros, aunque lo hace
sin pronunciar una sola palabra. Parece ausente, aunque no puede estar más
presente…
Fraterno
siempre, Paco Bautista, sma.
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