jueves, 5 de mayo de 2016

SILENCIO


     Y mientras (Jesús) los bendecía 
se separó e ellos, subiendo hacia el cielo. 
Ellos se postraron ante él 
y se volvieron a Jerusalén 
con gran alegría; 
y estaban siempre en el templo 
bendiciendo a Dios 

(Evangelio de Lucas)


     Hoy me atrevo, Padre, a no pedir nada, pues cuando nada pido, puede que suceda lo más inesperado… Abierto, no siempre a la sorpresa, hoy escribo algo que no esperaba escribir… pero que intenta expresar lo que tal vez muchos, sino todos, llevamos impreso en lo más profundo de nuestros corazones… aquello que nos dice, nos hace, que nos convierte en misterio… 

Quiero, queremos guardar tu palabra… Estás presente, ausente también…, presente con tu Espíritu, tu Aliento, Tu Fuerza, Tu palabra, ausente físicamente, aunque te sintamos como el amigo que camina discretamente al lado, sin hacer ruido, en silencio. Así entiendo la festividad de la Ascensión.


     …. Jesús entra, se sienta, sonríe, me mira a los ojos, no dice nada. Silencio, más silencio, un océano infinito de silencio. Se levanta, no. Sólo ha sido un ademán para buscar una nueva postura, para estar más cómodo. Vuelve a mirarme. Sigue sin pronunciar una sola palabra. 

No podría describirte su rostro, ni dar razón de sus facciones, ni precisar la encendida luz de sus pupilas…
Sólo sé que perdido en este encuentro, inabarcable como un desierto de arena, ancho como mil galaxias que se expanden, infinito como el universo… presiento, intuyo, siento, que Él está vivo, rotundamente vivo, vencedor de la muerte, de mi muerte, de tu muerte, de todas las muertes.


     Sí, al final la vida le ha dado la razón, la muerte no lo ha retenido. No podía caer en el vacío tanta entrega, tanto amor, tanto servicio… Su mensaje no podía ser vano, una quimera, humo que se deshace en el aire.


     Sí, vive, Él vive. Aun sigue enfrente de mí. Ahora soy yo quien lo miro. Un río de paz me anonada. 
No puedo seguir escribiendo, no hay palabras, no hay conceptos, se me acaba el lenguaje, no me llega, y aunque me llegara qué locura sería ponerle letra a lo inefable. Ahora somos los dos los que guardamos silencio. Sí, todo se queda en silencio, en silencio, en un absoluto silencio.


     Mientras tanto Jesús, que sigue sentado frente de mí, ruega por nosotros, aunque lo hace sin pronunciar una sola palabra. Parece ausente, aunque no puede estar más presente…




                                   Fraterno siempre, Paco Bautista, sma.

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