miércoles, 4 de mayo de 2016

Memoria y profecía en las periferias de la libertad (Papa Francisco, Orden de la Merced)

Xabier Pikaza
El Papa Francisco ha recibido en el Vaticano a los participantes del Capítulo General de la Orden de la Merced (RD 2 de mayo de 2016) y les ha dirigido un un discurso en el que ha puesto de relieve su experiencia y tarea al servicio de la libertad. Éstas son sus palabras más significativas:
Este recuerdo no debe limitarse a una exposición del pasado, sino que ha de ser un acto sereno y consciente que nos permita evaluar nuestros logros, sin olvidar nuestros límites y, sobre todo, afrontar los desafíos que la humanidad nos plantea.
Ser profeta es prestar nuestra voz humana a la Palabra eterna, olvidarnos de nosotros mismos para que sea Dios quien manifieste su omnipotencia en nuestra debilidad. El profeta es un enviado… para una misión que es una obra de misericordia: seguir a Cristo llevando la buena noticia del Evangelio a los pobres y la liberación a los cautivos (cf. Lc 4,18).
El profeta sabe ir a las periferias, a las que hay que acercarse ligero de equipaje. El Espíritu es un viento ligero que nos impulsa hacia adelante. .. Y esto un día y otro, en perseverancia, en el silencio de una vida entregada libre y generosamente… Para liberar, debemos hacernos pequeños, unirnos al cautivo, en la certeza que así no sólo cumpliremos nuestro propósito de redimir, sino que encontramos nosotros también la verdadera libertad, pues en el pobre y el cautivo reconocemos presente a nuestro Redentor.
No dejen de «proclamar el año de gracia del Señor» a todos aquellos a los que son enviados:
a los perseguidos por causa de su fe,
a los privados de libertad,
a las víctimas de la trata…
Con ocasión de estas palabras de Francisco Papa quiero recoger hoy y mañana el texto dela “carta magna” del nuevo compromiso mercedario, formulado por Mensaje del Capítulo General de México (1992), donde se planteaba el tema desde la perspectiva de la Nueva evangelización.

MENSAJE DEL CAPITULO GENERAL DE LA ORDEN DE LA MERCED
NUEVA EVANGELIZACIÓN MERCEDARIA

INTRODUCCIÓN
1
Reunidos en México para celebrar el Capítulo General, los religiosos capitulares de la Orden de la Merced, fieles a la inspiración y deseos de la Iglesia, hemos querido reflexionar sobre nuestro carisma redentor en la línea de la nueva evangelización.
La Orden de la Merced fue fundada por San Pedro Nolasco el año 1218, en Barcelona, España, para "visitar y liberar a los cristianos que, por circunstan¬cias adversas a la dignidad de la persona humana, se encuentran en peligro de perder la fe" (Const. 1; cf. Const 1272 "Proemio"). Por más de cinco siglos, los mercedarios realizaron su labor liberadora, redimiendo con riesgo de su vida a los cristianos que se hallaban cautivos o esclavos en tierra de infieles. De esa forma aparecieron dentro de la Iglesia como un signo fuerte del amor de Cristo que ha entregado su vida por la libertad integral (espiritual y corporal) de los humanos.

2
Desde 1493 los mercedarios participaron de una forma intensa y eficiente en la evangelización de América Latina, expandiendo así su mismo carisma redentor en forma misionera. Conforme a las palabras de Juan Pablo II, muchos de ellos, a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII "tuvieron que actuar en circunstancias difíciles y, en la práctica, tuvieron que inventar nuevos métodos de evangelización, proyectados hacia pueblos y gentes de culturas diversas" (Los caminos del Evangelio, 4).

Es justo recordar los nombres de algunos de aquellos misioneros: Francisco de Bovadilla en Santo Domingo y Centro¬américa; Bartolomé de Olmedo en Cuba y especialmente en México, donde fue el primero de todos los evangelizado¬res; Juan de Varillas y Juan de Zambrana en Centroamérica; Juan de Zengotita en Puerto Rico; Antón Merino en Venezuela; Hernando de Granada en Ecuador y Colombia; Diego de Porres y Miguel de Orenes en Perú y Bolivia; Francisco Ponce de Léon en las comarcas amazónicas del Brasil; Antonio Correa, Antonio Rendón y Antonio de Almansa en Chile; Juan de Salazar y Juan de Almacia en Argentina, etcétera. Hubo junto a ellos reli¬giosos eruditos que estudiaron las culturas de los pueblos autóctonos, como el Martín de Murúa; hombres de Dios que siguen siendo venerados por los fieles, como Pedro de Urraca en Perú y Francisco de Jesús Bolaños en Ecuador; otros, en fin, entregaron su vida en el martirio, como Cristóbal de Albarrán en Bolivia, Juan de la Peña en Chile, Juan de Sala¬zar en Paraguay y Bartolomé de Poggio en Argentina. Estos y otros muchos religiosos mercedarios constituyen una parte integrante de la primera evangelización de América Latina.
3
Aquella misión enriqueció la vida mercedaria como, refiriéndose a los varios institutos religiosos ha dicho Juan Pablo II: "América Latina ... ha sido ciertamente crisol de muchos carismas de vida consagrada, nacidos en otros lugares pero encarnados y consolidados en estas tierras" (Ibíd, 26). También la Merced se ha consolidado en América Latina, como lo confesamos agradecidos, celebrando aquí nuestro Capítulo General.

Han pasado cinco siglos desde el comienzo de aquella evangelización y ahora, en 1992, asumimos con toda la Iglesia el reto de la Nueva Evangelización, no sólo en América sino en todas las partes de la tierra. Por eso nos reunimos en México. De nuestras ocho Provincias religiosas cinco están asentadas en América Latina; lo mismo pasa con tres de nues¬tras cuatro Vicarías. Por eso, aunque seguimos ofreciendo nuestro antiguo carisma en Italia, en España, en Africa Central y en América del Norte, ahora queremos destacar nuestra presencia en numerosos países de América Latina: México, Honduras, Guatemala, Panamá, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argen¬tina, Chile y Brasil. Teniendo eso en cuenta, dividimos nuestra exposición en cuatro apartados generales:

1. Estudiamos primero la nueva situación de esclavitud o cautiverio que padece nuestro mundo.
2. Ofrecemos después los fundamentos bíblicos y magis¬teriales de la nueva evangelización liberadora.
3. Concretamos el sentido tradicional y actualizado de nuestra opción mercedaria.
4. Finalmente ofrecemos los principios y sentido de nuestro compromiso redentor actual. De esta forma nos unimos a las tareas y esperanzas de la Iglesia latinoamericana que, en estos mismos meses, sigue preparando los temas de su 4? Conferencia General (Santo Domingo, octubre de 1992).
Para seguir leyendo:
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/05/04/memoria-y-profecia-en-las-periferias-de-

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