EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
AMORIS LÆTITIA
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
1. La alegría del amor que se vive en las
familias es también el júbilo de la Iglesia.
Como han indicado los Padres sinodales, a
pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio,
« el deseo de familia permanece vivo,
especialmente entre los jóvenes, y esto motiva
a la Iglesia ». Como respuesta a ese anhelo « el
anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente
una buena noticia ».
2. El camino sinodal permitió poner sobre la
mesa la situación de las familias en el mundo actual,
ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra
conciencia sobre la importancia del matrimonio
y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de
los temas planteados nos mostró la necesidad de
seguir profundizando con libertad algunas cuestiones
doctrinales, morales, espirituales y pastorales.
La reflexión de los pastores y teólogos, si
es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos
ayudará a encontrar mayor claridad. Los debates
que se dan en los medios de comunicación o en
publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia,
van desde un deseo desenfrenado de cambiar
todo sin suficiente reflexión o fundamentación,
a la actitud de pretender resolver todo aplicando
normativas generales o derivando conclusiones
excesivas de algunas reflexiones teológicas.
3. Recordando que el tiempo es superior al espacio,
quiero reafirmar que no todas las discusiones
doctrinales, morales o pastorales deben ser
resueltas con intervenciones magisteriales.
Naturalmente,
en la Iglesia es necesaria una unidad
de doctrina y de praxis, pero ello no impide que
subsistan diferentes maneras de interpretar algunos
aspectos de la doctrina o algunas consecuencias
que se derivan de ella. Esto sucederá hasta
que el Espíritu nos lleve a la verdad completa (cf.
Jn 16,13), es decir, cuando nos introduzca perfectamente
en el misterio de Cristo y podamos
ver todo con su mirada. Además, en cada país o
región se pueden buscar soluciones más inculturadas,
atentas a las tradiciones y a los desafíos
locales, porque « las culturas son muy diferentes
entre sí y todo principio general […] necesita ser
inculturado si quiere ser observado y aplicado ».
4. De cualquier manera, debo decir que el camino
sinodal ha contenido una gran belleza y ha
brindado mucha luz. Agradezco tantos aportes
que me han ayudado a contemplar los problemas
de las familias del mundo en toda su amplitud. El
conjunto de las intervenciones de los Padres, que
escuché con constante atención, me ha parecido
un precioso poliedro, conformado por muchas
legítimas preocupaciones y por preguntas honestas
y sinceras. Por ello consideré adecuado redactar
una Exhortación apostólica postsinodal que
recoja los aportes de los dos recientes Sínodos
sobre la familia, agregando otras consideraciones
que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la
praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo
y ayuda a las familias en su entrega y en sus
dificultades.
5. Esta Exhortación adquiere un sentido especial
en el contexto de este Año Jubilar de la Misericordia.
En primer lugar, porque la entiendo
como una propuesta para las familias cristianas,
que las estimule a valorar los dones del matrimonio
y de la familia, y a sostener un amor fuerte
y lleno de valores como la generosidad, el compromiso,
la fidelidad o la paciencia. En segundo
lugar, porque procura alentar a todos para que
sean signos de misericordia y cercanía allí donde
la vida familiar no se realiza perfectamente o no
se desarrolla con paz y gozo.
6. En el desarrollo del texto, comenzaré con
una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras,
que otorgue un tono adecuado.
A partir de allí,
consideraré la situación actual de las familias
en orden a mantener los pies en la tierra.
Después recordaré algunas cuestiones elementales de
la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y
la familia, para dar lugar así a los dos capítulos
centrales, dedicados al amor.
A continuación destacaré
algunos caminos pastorales que nos orienten
a construir hogares sólidos y fecundos según
el plan de Dios,
y dedicaré un capítulo a la educación de los hijos.
Luego me detendré en una
invitación a la misericordia y al discernimiento
pastoral ante situaciones que no responden plenamente
a lo que el Señor nos propone,
y por último plantearé breves líneas de espiritualidad
familiar.
7. Debido a la riqueza de los dos años de reflexión
que aportó el camino sinodal, esta Exhortación
aborda, con diferentes estilos, muchos
y variados temas. Eso explica su inevitable extensión.
Por eso no recomiendo una lectura general
apresurada. Podrá ser mejor aprovechada, tanto
por las familias como por los agentes de pastoral
familiar, si la profundizan pacientemente parte
por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar
en cada circunstancia concreta.
Es probable, por ejemplo,
que los matrimonios se identifiquen
más con los capítulos cuarto y quinto,
que los agentes de pastoral tengan especial interés
en el capítulo sexto,
y que todos se vean muy interpelados
por el capítulo octavo.
Espero que cada uno, a través de la lectura,
se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas «no son un problema,
son principalmente
una oportunidad ».
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