17 de abril. OJALÁ
Ojalá pudiese decir con el salmista
que el Señor es mi pastor, que con Él nada me falta…
pero cuan llena está mi vida de objetos y cosas innecesarias, de tecnologías sofisticadas que la sociedad me impone
por muy en contra que esté de ellas.
Ojalá cayese en la cuenta,
de que Él nos conduce a fuentes tranquilas
y repara nuestras fuerzas…
Sin embargo cuántas veces voy estresado,
con prisa, sin ser capaz de tomarme un respiro,
de hacer silencio.
Ojalá mi orgullo fuese que ese pastor bueno
me guía por el sendero justo.
Qué pena que tome atajos
que no necesariamente conducen a la vida,
por desgana,
despiste o cobardía.
Ojalá fuese más consciente
de que Él me acompaña,
y aunque atraviese los valles más tenebrosos,
incluso el valle de la muerte,
nada debería temer,
el miedo no tendría que dominarme,
porque Él va conmigo,
su vara y su cayado me sosiegan,
pero no siempre tengo la seguridad absoluta
de que Él pueda defenderme de posibles amenazas.
En consecuencia,
qué difícil abandonarme en las manos de ese pastor
que conoce mi nombre,
que me busca,
que me llama.
Ojalá fuese mi alegría la mesa
que Él prepara ante mí,
enfrente de esos enemigos internos
que no me dejan ver su rostro.
Además, el pastor bueno
me unge la cabeza con perfume,
hace que mi copa rebose del mejor vino,
me trata con una delicadeza extrema,
y yo, torpe y ciego, ni me doy cuenta,
y me quejo por banalidades,
por naderías superfluas que me alejan de Él.
Su bondad, su misericordia,
están al alcance de mi mano siempre…
Ojalá me deje modelar por Él.
Ojalá crea honestamente
que cuando me llegue el momento de pasar de este lado del río a la otra orilla,
podré habitar en su casa por años sin término.
Espero que esta sencilla reflexión
me lleve a ser mucho más dócil a la voz
de ese buen pastor que tanto conoce a sus ovejas,
que entrega su vida,
toda su vida,
para que ninguna de ellas perezca.
Él y solamente Él merece toda nuestra obediencia.
Un abrazo grande. Paco Bautista, sma.
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