En el paso fronterizo del barrio chino, cerca de Beni-Enzar, para entrar a Melilla, dos mujeres ancianas cargan pesados fardos de mercancía sobre sus espaldas. Habitualmente este transporte se realiza desde unas naves industriales situadas a varios kilómetros de distancia de la frontera. Las mujeres porteadoras son el motor que mueve la economía a ambos lados de la valla.
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