Capitalcentrismo y antropocentrismo:
la novedad de La Alegría del Evangelio (Parte III)
Jung Mo Sung
En artículo anterior presenté la tesis de que el mundo moderno occidental creó una nueva noción de religión, reducida a la esfera privada de la vida, orienta solamente a la discusión sobre el sentido último de la existencia y la salvación eterna del alma después de la muerte.
En la construcción de esa noción de religión (que no existía en la Europa Medieval, ni en otras partes del mundo antes de ser influenciadas por occidente), está presente un "hermano siamés”, la noción secular: el campo religioso se entiende a partir de la oposición al campo secular, el mundo de la esfera pública, "liberado” de la tutela de la religión.
Cuando el Papa Francisco, en "La Alegría del Evangelio", critica la ingenua confianza en la bondad "de los mecanismos sacralizados del sistema económico reinante" (n°. 54), no acepta la modernidad como secularizada, es decir, sin fundamentos sagrados. Por el contrario, él afirma que el mercado, que es el fruto de las interacciones humanas y sociales, fue sacralizado y en nombre de esa sacralidad se ha convertido en indiscutible y en criterio de vida y muerte sobre las personas. Ser excluido del mercado significa ser abandonado a la muerte. El mercado no mata directamente, como el Estado totalitario, pero no permite que esas personas puedan vivir. Para empeorar el cuadro, tenemos la insensibilidad de la sociedad ante los sufrimientos de estas personas.
Ante la crisis económico-social y la insensibilidad social, el papa afirma que como trasfondo de ellas, "hay una profunda crisis antropológica: la negación de la primacía del ser humano. Creamos nuevos ídolos” (n°55). Así, el papa reivindica la primacía del ser humano frente a los ídolos, como el fetiche del dinero. Esa expresión "primacía del ser humano” puede chocar a los oídos de muchos acostumbrados a la crítica al antropocentrismo del mundo moderno. Existe una vasta literatura, también en el campo de la teología, afirmando que la crisis ecológica que vivimos, es resultado del antropocentrismo y que para superar tal crisis es necesario, en primer lugar, luchar contra el antropocentrismo. Y ahora ¿el papa viene a proclamar la primacía del ser humano? ¿No sería tal posición, dar las espaldas a toda la reflexión ecológica acumulada en las últimas décadas y volver a la tentación cristiana del antropocentrismo, que para algunos es la causa original de la crisis ecológica?
Detrás de esta discusión está, de nuevo, la pregunta de cómo comprendemos la modernidad, especialmente la modernidad capitalista.
En la discusión sobre la crisis social, no hay muchas divergencias sobre el papel del capitalismo neoliberal; así como en la discusión ecológica, sobre el papel de la voracidad destructiva del capitalismo en sus ansias de acumular cada vez más. Entonces surge la pregunta: ¿Es el capitalismo un sistema antropocéntrico?
Si estudiamos la historia del mundo moderno, a partir de los grandes "descubrimientos” del siglo XVI y el surgimiento del capitalismo, es imposible negar que este sistema sacrificó centenas de millones de personas – principalmente en América, África y Asia, pero también en Europa, donde padecieron millones de campesinos/as, y obreros/as explotados/as y condenados/as al hambre. Estos sacrificios, muertes, ¿con que objetivos fueron realizados?
¡Todo para saciar el hambre de acumulación de más capital! Capital que devora seres humanos para "auto-crecer”. Los economistas capitalistas dicen que el capital crece por valor y mérito propios. Fue para desenmascar esa ideología que Marx estudio en profundidad la teoría del valor-trabajo y elaboró su concepto de "plusvalía”, para mostrar que el capital no crece por sí solo, sino por extracción de plusvalía. El usa la imagen de Moloc (dios ídolo criticado en la Biblia por exigir sacrificio de vidas humanas, por exigir sangre), para hablar del capital.
Capitalismo es capitalismo por ser centrado en el Capital. Es decir, es "capitalcéntrico” y no antropocéntrico. Por otro lado, la filosofía moderna presentó el pensamiento del moderno mundo capitalista, como antropocéntrico. Esta afirmación es consecuencia de aceptar la versión de los pensadores modernos que afirman que la modernidad es antropocéntrica y que, para superar la civilización capitalista, debemos negar el antropocentrismo y asumir el "cosmo-centrismo”, eco-centrismo o algo semejante.
La anterior es un larga discusión, pero pienso que el modo concreto en que el capitalismo funciona es capital-céntrico, aunque su discurso filosófico e ideología justificativa se presenta como antropocéntrica. Solo que el ser humano de tal antropocentrismo es un ser "abstracto”, sin cuerpo y sin necesidades, sin relaciones sociales y sin formar parte de la naturaleza. El capitalismo devora seres humanos concretos, corporales, y se justifica con una conciencia de antropocentrismo abstracto y trascendental. En otros palabras, mata seres humanos en nombre del ser humano (abstracto y servidor del Capital). Así como las religiones antiguas justificaban la opresión sobre los cuerpos concretos en esta vida, en nombre de la salvación del ser humano abstracto, de las alamas, en la eternidad.
Para superar al capitalismo actual, que sacrifica vidas humanas en nombre de las leyes del mercado sacralizado, es indispensable luchar contra los "gemelos”: capitalcentrismo y antropocentrismo abstracto y afirmar la primacía del ser humano concreto – con su cuerpo, sus relaciones sociales en el medio ambiente- frente al ídolo. (Continuará)
[Jung Mo Sung es autor, juntamente no N. Miguez y J Rieger de "Para além do Império”, Paulinas. Twtter: @jungmosung]
Traducción: ricazuga51@yahoo.com
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