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Según la bella parábola de un sufí persa, en el mes de nisán las ostras suben de las profundidades del Mar de Omán y se posan con la boca abierta en la superficie. El vapor se eleva del mar y cae como lluvia por mandato de Dios y algunas gotas entran entonces en las conchas abiertas y estas se cierran, bajan a las profundidades del mar con su corazón lleno y cada gota de lluvia se convertirá en una perla.
Algo así ocurre con las palabras bíblicas: encierran un secreto y precioso centro que solo se revela a quien, empujado por el deseo, está dispuesto a emprender un viaje de descenso para bajar a su encuentro. Como en la fonte de Juan de la Cruz, ese centro está escondido y quien quiera descubrirlo tendrá que llevar en las alforjas de su viaje lo mejor de sus cinco sentidos para contemplarlas, escucharlas, saborearlas, tocarlas y percibir su aroma. Este libro quiere servir de guía para esos viajeros y las palabras elegidas no son las más «graves» ni las más «rotundamente bíblicas» (amor, vida, alianza, verdad, gracia…): sobre estas hay ya mucho escrito y el camino que conduce hacia ellas es un camino real, bien conocido y señalizado. Las que aquí aparecen suelen estar ocultas en vereditas más sombreadas y menos transitadas y no dan muchas facilidades para darse a conocer. Están ahí silenciosas y ocultas, esperando a que llegue alguien que las descubra, las acaricie, les haga preguntas y les pida permiso para tomarlas y albergarlas en el propio corazón. Y las pasee luego por toda la Biblia, para ver si se encuentran con sus hermanas gemelas que andaban perdidas por otras páginas y se alegre al verlas encontrarse, reconocerse, abrazarse y contarse cómo y por qué han ido a parar al lugar en el que están. DOLORES ALEIXANDRE es religiosa del Sagrado Corazón y hasta su jubilación ha sido profesora de Sagrada Escritura en la Universidad Comillas. Autora de numerosos escritos, en la Editorial Sal Terrae ha publicado, entre otras obras: Círculos en el agua / Compañeros en el camino / Bautizados con fuego / Las puertas de la tarde: Envejecer con esplendor.
INTRODUCCIÓN
EL deseo de escribir lo que sigue nació la
víspera de Pentecostés de 1967 (¡que ya son años!), unos meses antes de
matricularme en la Universidad Complutense de Madrid. Para prepararnos a la
fiesta de Pentecostés vino a dar un retiro a mi comunidad el marianista Alfredo
Colorado y comentó el texto de Gálatas 5 sobre los frutos del Espíritu. Cuarenta
y pico años después, aún conservo la impresión que me produjo escuchar por
primera vez las palabras griegas que estaban detrás de lo que yo sabía desde
niña por el catecismo. Según el del P. Ripalda, los frutos del Espíritu eran
doce: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad,
longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad. Ojo a los que van en cursiva, porque lo que descubrí
fue que no salían las cuentas: Pablo habla solo de nueve y, además, no dice
«frutos», sino «fruto», en singular, invitando a leer así: El fruto del
Espíritu es el amor, es decir, alegría, paz, magnanimidad, esplendidez, bondad,
fidelidad, mansedumbre y dominio de sí. Observénse las añadiduras: alarmado
quizá por la ausencia de alusiones al sexto mandamiento en la lista, el P. Ripalda
(Dios lo tenga en su gloria) añadió de propina y por su cuenta la modestia, la continencia
y la castidad y precisó que el gozo debía ser espiritual, que empiezas a ponerte
contento y vete a saber dónde acabas...
A partir de ese momento, se me dispararon las
preguntas y los deseos: ¿por qué nos han traducido tantas veces mal esos
términos, que en su origen significaban otra cosa? ¿Pasará lo mismo con otros
textos bíblicos? (Y algo me decía que sí...). ¡Qué maravilla debe de ser leerlos
en la lengua en que se escribieron y no tener que depender de traducciones, que
no siempre aciertan con el sentido de las palabras! Por ejemplo, ser «benigno»
o «longánimo» difícilmente puede
apetecerle hoy a nadie; pero resulta que la palabra makrothymía sería algo así
como tener un corazón generoso y magnánimo, todo lo contrario de quisquilloso,
rígido o estrecho. Y lo que en el catecismo aparece como «benignidad» era el
término chrēstótēs, que calificaba en Atenas la esplendidez de los ciudadanos
que colaboraban gratuitamente con los gastos de la armada. El último de la
lista, dominio de sí (y no «castidad») resulta de lo más actual en la vida
cotidiana a la hora de aguantar estoicamente los contratiempos diarios, desde
los atascos de circulación hasta la cuñada insufrible o la incompetencia del
jefe.
Estos pensamientos me influyeron a la hora de
elegir carrera, y cuando vi en la lista «Filología Bíblica Trilingüe», de
reciente creación, no lo dudé. Al pedir el impreso de matrícula, intuí oscuramente
que algo muy bueno iba a llegar a mi vida a través de aquello: las tasas que pagaba
no eran nada en comparación con el regalo de poder acceder a las palabras de
vida que iban a iluminar mi camino.
Es la pequeña luz de algunas de esas palabras
lo que quiero ofrecer aquí, con el deseo de que sirvan para iluminar también
las vidas de quien las lea y esté dispuesto a
detenerse en ellas y saborearlas. No son las más «graves» ni las más «rotundamente
bíblicas» (amor, vida, alianza, verdad,
gracia...). Sobre estas hay ya mucho escrito, y el camino que conduce hacia ellas
es un camino real, bien conocido y
señalizado. Las que iré proponiendo aquí son vereditas más sombreadas y menos
transitadas que no dan muchas facilidades para darse a conocer, les gusta pasar
inadvertidas y aguantan traducciones banales y planas que no despiertan
preguntas ni suelen invitar a más búsquedas.
Mientras, ellas están ahí, silenciosas y
ocultas, escondidas como un bajorrelieve románico cubierto de una capa de yeso
que las hace invisibles, esperando a que llegue alguien que se atreva a buscar
debajo, las acaricie, les haga preguntas y les pida permiso para tomarlas y
albergarlas en el propio corazón. Y
las pasee luego por toda la Biblia, para ver si se encuentran con sus hermanas
gemelas que andaban perdidas por otras páginas, y se alegre al verlas encontrarse,
reconocerse, abrazarse y contarse cómo y por qué han ido a parar al lugar en el
que están.
El título me lo ha dado María Zambrano en una
página de su libro Claros del bosque. Al leerlo pensé que es eso precisamente
lo que posee cada palabra: un escondido centro al que hay que intentar descender
para que nos revele su secreto. Y eso que yo no sabía algo que me ha recordado
Víctor Herrero, un amigo biblista y poeta: que, según la Poética de
Aristóteles, cada palabra tiene una dýnamis que nos aguarda, silenciosa, para
revelarnos algo.
He elegido doce palabras hebreas y trece
griegas con criterios un poco erráticos,
pero siguiendo la recomendación de Qohelet: «Disfruta y déjate llevar por el
corazón» (Ecl 11,9). Los otros textos de diferentes procedencias pretenden ser
palabras de otros viajeros que han recorrido itinerarios parecidos antes que nosotros.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . .
. . 9
1. El interior . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . 15
2. Descanso
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
3. Unirse
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
4. Propiedad peculiar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
5. Uno
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
6. Complacencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. 43
7. Tienda
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
8. Callar
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
9. Estéril
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
10. A favor nuestro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
67
11. Memorial
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
12. Reír
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
13. Tiempo favorable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
87
14 / 15. Pensamientos / Preocupaciones . . .
. . . 93
16 / 17. Hacer caminar debajo / Preceder . . . . . . 99
18. Documento manuscrito . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
19. Compañero
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
20. El que se opone . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
121
21. De arriba, de nuevo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
22. Autoridad
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
23. El que habla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . 141
24. Niño, muchacho . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
145
25. Bebedor de vino . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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jueves, 6 de febrero de 2014
Presentación, Introducción e ïndice del libro
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