sábado, 27 de febrero de 2016

Huir

Recesión

Roncando

Ros

Arte

El Roto

Abolir

!Córtala...! 

¡No, 

déjame cuidarla 

un año más!

Xabier Pikaza

Comenté ayer la primera parte del evangelio del domingo (3 cuaresma, ciclo C), tomada de Lc 13, 1-5, donde se cuenta la historia de la torre de Siloé que mató a 18 judíos y la represión de Pilato, que asesinó a un grupo indeterminado de galileos, en el mismo templo de Jerusalén.
Las dos partes de esa historia terminaban con la dura advertencia: Si no os convertís, todos igualmente pereceréis. Por ella mostraba Jesús el riesgo de muerte en que nos encontramos, desde un punto de vista más ecológico (torres que caen) o más social (levantamiento y asesinatos políticos).

Pues bien, en ese contexto ha querido añadir el Evangelio de Lucas el signo de la higuera estéril que el Señor quiere cortar, pues no da fruto (Lc 13, 6-0). Es un primer momento esa higuera parece referirse a Israel; pero en un sentido más extenso, tal como la interpreta Lucas, ella se refiere al conjunto de la humanidad.
-- Da la impresión de que el Señor (Dios) está cansado de un mundo que se seca y no da fruto. Por eso manda al criado/viñador y le dice ¡Córtala! Ésta es la palabra lógica: Dios tenía que haber destruido este mundo

-- Pero alguien, a quien Lucas llama Viñador, tiene compasión de la higuera y le dice al Señor ¡dale de nuevo una oportunidad, doy a cuidarla!
De esa oportunidad y ese cuidado del viñador vivimos (¡el Dios de la justicia nos habría destruido ya!), por ella nos mantenemos. Así le seguiré indicando.
No olvide el lector que se trata de una parábola, pero eso no significa que su argumento no sea serio, sino todo lo contrario. Buen día a todos.


Para seguir leyendo:
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/02/27/icortala-ya-o-deja-que-la-cuide-un-ano-m

Diez derechos del corazón

Leonardo Boff


            Actualmente se constata una fecunda discusión filosófica sobre la necesidad de rescatar la razón cordial, como limitación a la excesiva racionalización de la sociedad y como enriquecimiento de la razón instrumental-analítica, que dejada a su libre curso, puede perjudicar la correcta relación con la naturaleza, que es de pertenencia y de respeto a sus ciclos y ritmos. Enumeremos algunos derechos de la dimensión del corazón.

            1. Protege el corazón que es el centro biológico del cuerpo humano. Con sus pulsaciones riega con sangre todo el organismo haciendo que viva. No lo sobrecargues con demasiados alimentos grasos y bebidas alcohólicas.
            2. Cuida el corazón. Es nuestro centro psíquico. De él salen, como advirtió Jesús, todas las cosas buenas y malas. Compórtate de tal manera que tu corazón no necesite sobresaltarse ante riesgos y peligros. Mantenlo apaciguado con una vida serena y saludable.
            3. Vela tu corazón. El representa nuestra dimensión profunda. En él se manifiesta la conciencia que siempre nos acompaña, nos aconseja, nos advierte y también nos castiga. En el corazón brilla la chispa sagrada que produce en nosotros entusiasmo. Ese entusiasmo filológicamente significa tener un “Dios interior” que nos calienta e ilumina. El sentimiento profundo del corazón nos convence de que el absurdo nunca va a prevalecer sobre el sentido.
            4. Cultiva la sensibilidad, propia del corazón. No permitas que sea dominada por la razón funcional. Armonízala con ella. Por la sensibilidad sentimos el corazón del otro. A través de ella intuimos que también las montañas, los bosques y las selvas, los animales, el cielo estrellado y el mismo Dios tienen un corazón pulsante. Finalmente nos damos cuenta de que hay un solo inmenso corazón que late en todo el universo.
            5. Ama tu corazón. Es la sede del amor. El amor que produce la alegría del encuentro entre las personas que se quieren y que permite la fusión de cuerpos y mentes en una sola y misteriosa realidad. El amor que produce los milagros de la vida por la unión amorosa de los sexos y la entrega desinteresada, el cuidado de los más desvalidos, las relaciones sociales inclusivas, las artes, la música y el éxtasis místico que hace a la persona amada fundirse en el Amado.
            6. Ten un corazón compasivo que sabe salir de sí y ponerse en el lugar del otro para sufrir con él, cargar juntos con la cruz de la vida y también juntos celebrar la alegría.
            7. Abre el corazón a la caricia esencial. Es suave como una pluma que viene del infinito y, con el toque, nos hace percibir que somos hermanos y hermanas y que pertenecemos a la misma familia humana que habita en la misma Casa Común.
            8. Dispón el corazón para el cuidado, que hace al otro importante para ti. Él sana las heridas pasadas e impide las futuras. Quien ama, cuida y quien cuida, ama.
            9. Amolda el corazón a la ternura. Si quieres perpetuar el amor rodéalo de ternura y de gentileza.
            10. Purifique día a día el corazón para que las sombras, el resentimiento y el espíritu de venganza, que también anidan en el corazón, nunca se sobrepongan al bien querer, a la finura y al amor. Entonces, tu corazón latirá al ritmo del universo y encontrará reposo en el corazón del Misterio, la Fuente originaria de donde procede todo, que nosotros llamamos sencillamente Dios.


            Estas cinco recomendaciones que refuerzan el amor están llenas de sentido.

            1. Pon corazón en todo lo que pienses y en todo lo que hagas. Hablar sin corazón suena frío e institucional. Las palabras dichas con corazón llegan a la profundidad de las personas. Se establece entonces una sintonía fina con los interlocutores u oyentes que facilita la comprensión y la adhesión.
            2. En el razonamiento articulado procura poner emoción. No la fuerces porque ella debe revelar espontáneamente la profunda convicción de lo que crees y dices. Sólo así llega al corazón del otro y se hace convincente.
            3. La inteligencia intelectual fría, que pretende comprender y resolver todo, genera una percepción racionalista y reduccionista de la realidad. Pero también el exceso de razón cordial y sensible puede decaer en el sentimentalismo almibarado y en proclamas populistas que alejan a las personas. Hay que buscar siempre la justa medida entre mente y corazón pero articulando los dos polos a partir del corazón.
            4. Cuando tengas que hablar a un auditorio o a un grupo, procura entrar en sintonía con la atmósfera que hay allí. Al hablar, no hables solo desde la cabeza, da primacía al corazón. Él siente, vibra y hace vibrar. Las razones de la inteligencia intelectual solo son eficaces cuando vienen amalgamadas con la sensibilidad del corazón.
            5. Creer no es pensar en Dios. Creer es sentir a Dios desde el corazón. Entonces nos damos cuenta de que estamos siempre en la palma de su mano y que una Energía amorosa y poderosa nos ilumina y calienta, y preside los caminos de la vida, de la Tierra y de todo el universo.