jueves, 23 de abril de 2015

Era musulmán, 

pero eligió morir con los cristianos


 
 
Jamal Rahman en el video del EI (foto de MissionLine)
JAMAL RAHMAN EN EL VIDEO DEL EI (FOTO DE MISSIONLINE)

Entre los cristianos etíopes asesinados en Libia por el EI estaba Jamal Rahman: se habría ofrecido como rehén para no abandonar a un amigo.



DOMENICO AGASSO JR
ROMA




Él también se encontraba entre los 28 etíopes asesinados (decapitados) por el llamado Estado Islámico. Su muerte fue registrada por Al Furqan, la máquina de la propaganda del califato. También fue asesinado Jamal Rahman, migrante de familia musulmana. ¿Por qué? Porque se habría ofrecido como rehén para no abandonar a un amigo cristiano.


Es una historia que contó Giorgio Bernardelli en “MissionLine”, revista del Pontificio Instituto Misiones Exteriores. Confirmó además la noticia «una fuente completamente insospechada: un miliciano de los al Shabab, los fundamentalistas islámicos de Somalia».


Hay dos versiones sobre esta historia. La que dio a conocer «un periódico en línea del Somaliland» sostiene que «se había convertido al cristianismo durante el viaje»; otra, que el Pime considera «mucho más verosímil, y de origen yihadista», dice que «el musulmán Jamal “absurdamente” se habría ofrecido como rehén voluntario a los yihadistas, por solidaridad con el amigo cristiano con el que estaba viajando. Tal vez pensaba que la presencia de un musulmán en el grupo habría salvado la vida de algunas personas». Pero no sucedió: Jamal también fue asesinado «como un apóstata».


Esta historia sobre la decisión de Jamal Rahman recuerda la de Mahmoud Al’Asali, el profesor universitario musulmán que durante el verano del año pasado, en Mosul, «se pronunció públicamente contra la persecución contra los cristianos de la ciudad». Él también pagó esta actitud con su vida.

martes, 21 de abril de 2015

Fue empresaria, 

y ahora la llaman 

"Madre Teresa de El Cairo"

Educó a muchos de los coptos mártires en Libia, asesinados a manos de los fundamentalistas del ISIS. "Mamá Maggie” la llaman los treinta mil niños pobres de los que se ocupa desde hace más de un cuarto de siglo.



Enseña en las periferias de El Cairo desde hace veinticinco años: «Amad a vuestros enemigos; perdonad; no reneguéis nunca de la verdad».

Maggie Gobran, egipcia copta de 60 años, uno de los puntos de referencia de los 21 mártires cristianos decapitados en febrero por los fundamentalistas del ISIS mientras pronunciaban el nombre de Jesús, siempre ha repetido estas cosas.

Trece de estos mártires habían sido educados por esta mujer a la que llaman la “madre Teresa de El Cairo” o “mamá Maggie”, como la llaman los treinta mil niños pobres de los que se ocupa desde hace más de un cuarto de siglo.

Entrevistada por Fox News, Maggie ha contado que «sí, he comido con ellos, he rezado con ellos, he jugado con ellos, he llorado con ellos, he estudiado con ellos» y al recibir la noticia de la decapitación «al principio todos estábamos muy tristes y llorábamos. Después el presidente anunció siete días de luto nacional y en menos de tres días todas las familias empezaron a celebrarlo, porque estos hombres no renegaron de su fe. Y nosotros estamos orgullosos. Son mártires en el cielo. Soy feliz de ser madre de estos mártires. Es un honor».
Fue a finales de los años ochenta cuando «Dios quiso promoverme. Me dijo: “Deja a los mejores, a los más inteligentes y ve con los más pobres de los pobres”». Y así hizo ella, empresaria y profesora en la Universidad del Cairo, casada y con dos hijos: se mezcló con los zabbaleen, los habitantes de las periferias más pobres de la ciudad, en su mayoría cristianos coptos.

La primera vez que visitó estos barrios de chabolas tenía 35 años: «Cuando los vi no podía creer que seres humanos pudieran vivir así, rodeados de basura», ha contado.

Quien la impresionó fue una niña que no poseía nada a la que quiso comprarle un par de zapatos. La pequeña le pidió que los comprara más grandes, pensando en su madre. Tras ese episodio Maggie no conseguía dormir y en los meses sucesivos siguió volviendo a los barrios pobres con algunos amigos. Empezó a vender lo que tenía para ayudar a los necesitados y descubrió que era más feliz sirviendo a los últimos, aunque «tuve que esperar bastante antes de recibir la llamada de Dios».
En 1989 fundó la asociación Stephen’s Children (www.stephenschildren.org) que hoy asiste a unos 30.000 niños al año a través de 90 centros, entre los cuales hay guarderías, escuelas, servicios médicos y educativos para las familias.

A pesar de los peligros que hay en un país de mayoría islámica, esta misionera no esconde el objetivo de su obra: «Llevar a Cristo a los pobres».

«No tienen pan, no tienen comida, tienen hambre cada día – ha explicado –, pero buscan sobre todo amor y respeto. Están desnudos, sin vestidos, pero sobre todo les han privado de dignidad. Por esto estamos allí entre ellos. Y por esto cambian. Es una experiencia de cambio de vida. Así,aunque son pobres, son ricos en su interior».

Porque cuando «das alegría a alguien, las vidas cambian. Los pobres se convierten en ricos; los ricos son más generosos con los pobres; se fortalece a los débiles y se da esperanza a los que han fracasado». Según mamá Maggie, es de este amor vivo de donde han sacado su fuerza los mártires coptos.

Como ha aclarado a la periodista que le preguntaba de donde habían sacado su valor las víctimas para no renegar de su fe: «De Él, pues han sido tocados por el amor verdadero que te hace creer en Dios. Creyendo en Él sabes que vivirás para siempre».

A sus niños Maggie les enseña a no tener miedo de quien asesina: «Cuando estás en el lado de la verdad te sientes fuerte, cada instante».

Según ella, también la imagen del martirio muestra «esta verdad», visto que los asesinos con los rostros cubiertos «temían mostrarse al mundo, mientras los otros tenían una identidad clara y no sentían miedo, sabiendo que iban hacia Él para siempre».

Así han muerto esos coptos que Maggie había mirado como a todos sus pobres: «Veo a Jesús en cada niño – ha dicho en más de una ocasión -. Esta es nuestra misión, decir a todos que son amados por Jesús».

Para ella cada día es como vivir lo que le sucedió a María bajo la cruz: «“Esta es tu madre”, así cada niño necesitado se convierte en mi hijo. No es fácil mirar a tu hijo mientras sufre tanto»

Devolver al pobre lo que le corresponde 

(EG 189 https://youtu.be/SGaSnr14s9o)




Con este título y tema he participado en una jornada de formación de Caritas en Castellón (14.4.15). Quiero agradecer Julián Inés y a los liberados, voluntarios y dirigentes la acogida y atención a mis palabras. Ellos han “colgado” en la red mi intervención, por partida doble (la de la mañana y la de la tarde) y allí podrá verla quien lo desee.
https://www.youtube.com/watch?v=SGaSnr14s9o
https://vimeo.com/125277053


El título y tema resulta apasionante, pues, conforme a la definición de Francisco “la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde” (EG 189):
‒ La solidaridad es una decisión, no una razón. La simple razón por sí misma no nos lleva a ella… Es una decisión personal, cordial… Puede estar apoyada por el contexto social y también por razones de supervivencia como especie (sin solidaridad podemos destruirnos). Pero ella es en el fondo una decisión libre, voluntaria…
‒ La solidaridad no es simplemente “dar” sino “devolver”, pues lo que tenemos de “sobrante” (lo que no necesitamos estrictamente para vivir no es nuestro, sino de los demás…). Si tenemos “más” (como sociedad, como personas) es que lo hemos “robado”, como ladrones de guante blanco o negro… Nos hemos apropiado de los bienes de todos para uso particular nuestro. Por eso la solidaridad es justicia, en el sentido
‒ Solidaridad es “devolver al pobre”, es decir, al que no tiene, porque le han robado lo suyo. El pobre no lo es por naturaleza, sino porque es un “robado”: Le robado, le han quitado, de forma directa o indirecta, la comida o bebida, la patria y dignidad, la salud y la libertad (Mt 25, 31-46). Le han robado en el camino de la vida, que va de Jerusalén a Jericó, el camino universal del latrocinio (parábola del buen samaritano). Solidaridad es justicia humana, es comunión, por encima de patrias, banderas e incluso religiones. Es la religión del Dios que se hace hombre.
‒ Lo que le corresponde, es decir, lo necesario para vivir en libertad y salud, en dignidad y comunión… en un mundo que Dios ha creado para todos (ha dado a todos).
A partir de aquí sigue el texto, como comienzo colocó a continuación. Buen día a todos. Buen trabajo a Caritas y a todos los que creen en la solidaridad.
Exposición inicial. Un esquema
1. La EG (Evangelii Gaudium, 24 XI 2013) es una Exhortación Postsinodal, pero el Papa Francisco le ha dado un giro nuevo, quitando gran parte de las referencias “sinodales”… y retomando algunos elementos básicos de la exhortación postsinodal de Pablo VI, titulada Evangelii Nuntiandi, EN, hace casi 40 años (1976). La EN empezó teniendo un eco inmenso en el conjunto de las iglesias, especialmente en América Latina, con la Teología de la Liberación, pero su voz quedó luego en gran parte acallada con el desarrollo posterior de la Iglesia, a partir de Juan Pablo II. Esperamos que la EG, que retoma el hilo de le EN, tenga mejor andadura, un influjo mayor y más duradero.
2. Inclusión social de los pobres, transformación de todos. Francisco tiene una clara y fuerte conciencia social, que es capaz de dialogar con la economía y la política, partiendo de la raíz del evangelio y de la vida concreta de los hombres y mujeres que viven marginados, aplastados, sin medios de vida suficientes, en medio de una sociedad opulenta. En ese contexto ha ofrecido algunos de sus símbolos y análisis más impresionantes. Recojo simplemente algunas de sus palabras:
‒ no a la cultura del descarte… no a una teoría del derrame… no al fetichismo del dinero
‒ no a la inequidad… que engendra violencia y después condena a los violentos que nacen de ella
‒ no a los que culpan a los pobres de ser pobres…. ni a la falsa teoría de la buena-mano del mercado .
3. Paz y diálogo social, solidaridad artesana y universal. Francisco interpreta la paz como don… y como resultado de un diálogo en el que todos intervienen… y en el que tienen primacía los más pobres. No se trata de que devolvamos la paz a los pobres, sino de que ellos nos devuelvan la paz. En ese contexto de diálogo pone de relieve la sabiduría del pueblo, más que las elaboraciones de la gran filosofía (que tanto gustaban a Benedicto XVI. Ciertamente, Francisco está convencido de la necesidad de buenos empresarios, al servicio del bien común, y la necesidad de buenos políticos… No demoniza la empresa ni la política, para bien de todos, pero no empieza desde arriba (desde empresarios y políticos), sino desde abajo, en comunión con todos:
“Tenemos que recordar siempre que somos peregrinos, y peregrinamos juntos. Para eso, hay que confiar el corazón al compañero de camino sin recelos, sin desconfianzas, y mirar ante todo lo que buscamos: la paz en el rostro del único Dios. Confiarse al otro es algo artesanal, la paz es artesanal. Jesús nos dijo: «¡Felices los que trabajan por la paz!» (Mt 5,9). En este empeño, también entre nosotros, se cumple la antigua profecía: «De sus espadas forjarán arados» (Is 2,4)” (EG 244).
Este tema de la paz y solidaridad artesanal. Éste es en el fondo el tema central del gran libro de R. Fernández Durán y Luis González Reyes (En la espiral de la energía I-II: Historia de la humanidad desde el papel de la energía. Colapso del capitalismo global y civilizatorio, Libros en Acción, Madrid 2014). A diferencia de Benedicto XVI, que parecía buscar aún una paz y solidaridad desde arriba, Francisco vive ya “al otro lado”, desde el convencimiento de que tiene que terminar esta cultura del derroche y de la imposición social-religiosa-cultural desde arriba. No se trata por tanto de devolver al pobre lo que es suyo, sino de dejar al pobre que sea, que vida, que nos devuelva la posibilidad de una vida digna, solidaria.
4. Primerear, involucrarse. En este contexto quiero poner de relieve las cinco palabras clave del programa de Francisco. Gran parte de nosotros (los mayores), que venimos de Pablo VI y la EN, hemos puesto siempre de relieve tres palabras: Anuncio, compromiso social y celebración (o ver-juzgar-actuar). Francisco añade dos y pone cinco, que están marcando la vida de la iglesia. A ellas quiero añadir una sexta:
1. Primerear, tomar la iniciativa. Jesús ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, la Iglesia sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos e invitar a los excluidos.
2. Involucrarse. Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra y compromete. La comunidad evangelizadora ha de introducirse obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, así tiene que «oler a oveja».
3. Acompañar. La Iglesia debe acompañar a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico.
4. Fructificar. La comunidad evangelizadora está siempre atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña.
5. Festejar. Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien.
6. Que los pobres nos devuelvan… A los cinco puntos anteriores de Francisco añado éste. No se trata sólo de que los ricos “devuelvan” a los pobres a los pobres aquello que les han usurpado, sino de que los pobres devuelvan y regalen a los ticos el evangelio de la paz y de la solidaridad. Se trata de que los pobres nos “evangelicen”, nos permitan entender la palabra de Dios.
Papa Francisco, EG. Textos sobre solidaridad
187. Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo. Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo […] Ahora, pues, ve, yo te envío…» (Ex 3,7-8.10), y se muestra solícito con sus necesidades: «Entonces los israelitas clamaron al Señor y Él les suscitó un libertador» (Jc 3,15). Hacer oídos sordos a ese clamor, cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto, porque ese pobre «clamaría al Señor contra ti y tú te cargarías con un pecado» (Dt 15,9). Y la falta de solidaridad en sus necesidades afecta directamente a nuestra relación con Dios: «Si te maldice lleno de amargura, su Creador escuchará su imprecación» (Si 4,6). Vuelve siempre la vieja pregunta: «Si alguno que posee bienes del mundo ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Jn 3,17). Recordemos también con cuánta contundencia el Apóstol Santiago retomaba la figura del clamor de los oprimidos: «El salario de los obreros que segaron vuestros campos, y que no habéis pagado, está gritando. Y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos» (5,4).
188. La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.
189. La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles. Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces.
190. Para hablar adecuadamente de nuestros derechos necesitamos ampliar más la mirada y abrir los oídos al clamor de otros pueblos o de otras regiones del propio país. Necesitamos crecer en una solidaridad que «debe permitir a todos los pueblos llegar a ser por sí mismos artífices de su destino».

¿El Sucesor de Pedro necesita «estructuraciones teológicas»?


 
 
San Pedro
SAN PEDRO

Al Obispo de Roma «no le falta nada para “decir” la fe de la Iglesia». La Curia Romana es «instrumental y vicaria» con respecto a su ministerio. Y el Papa, en cuanto tal, «no pertenece a ninguna “Escuela” teológica particular». El Padre Benoît-Dominique de La Soujeole OP, profesor de Teología dogmática en Friburgo, plantea algunas distinciones esenciales que la Iglesia católica reconoce y custodia con respecto a las relaciones entre teología, doctrina y magisterio


GIANNI VALENTE
ROMA



En una reciente entrevista a “La Croix”, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, en calidad de Prefecto para la Doctrina de la Fe, indicó que una de las tareas que le tocan “ex officio” es la misión de «estructurar teológicamente» el Pontificado de Papa Francisco, puesto que el actual Sucesor de Pedro no es un teólogo de profesión. Partiendo de las consideraciones del Prefecto del ex-Santo Oficio, Vatican Insider hizo algunas preguntas al padreBenoît-Dominique de La Soujeole OP en relación con las tareas de la Congregación para la Doctrina de la Fe y con lo que la Tradición de la Iglesia enseña sobre la relación entre la teología, la doctrina y el magisterio. En las respuestas del profesor dominico se replantean con sencillez y claridad algunos datos “fundamentales” que a menudo parecen ser eclipsados por todos esos “santos Oficios virtuales” que orbitan en la blogósfera.
El padre Benoît-Dominique de La Soujeole OP, de la Provincia dominica de Tolosa (ciudad en la que nació en 1955), es desde 1992 miembro del comité de redacción de la autorizada “Revue thomiste de philosophie et de théologie”, y desde 1999 es titular de la segunda cátedra de teología dogmática (Iglesia y sacramentos) de la Facultad de Teología de Friburgo, en donde también es Prior del Convento dominico de San Alberto Magno.


¿Ofrecer una «estructura teológica» al Pontificado es una de las tareas de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

Conviene, en primer lugar, precisar bien las palabras. La Congregación de la que el cardenal Müller es Prefecto es la Congregación De doctrina fidei. Su objeto, según el artículo 48 de la Constitución apostólica Pastor bonus del 26 de junio de 1998, es el de «promover y tutelar la doctrina de la fe y las costumbres en todo el orbe católico». Por doctrina (del latín docere, que quiere decir enseñar) hay que entender la inteligencia que la Iglesia tiene de su fe y que el Colegio episcopal con su líder, que es el Obispo de Roma, garantiza gracias a una asistencia específica del Espíritu Santo. La teología (en la Congregación De doctrina fidei hay también una Comisión teológica internacional) es, de por sí, la inteligencia que una persona (el teólogo) o un grupo de personas (una “escuela”) tiene de la fe de la Iglesia. La teología no goza de la asistencia especial del Espíritu Santo, sino que propone opiniones libremente discutidas por los teólogos. El único requisito de la teología en relación con la doctrina es que la teología no debe contradecir la doctrina.
Entonces, para responder a la pregunta, me parece que el término «teológico» usado por el cardenal en la expresión «estructura teológica» es en sentido muy amplio, y podría referirse más bien a la doctrina.
Entonces, se podría comprender la expresión del cardenal con la ayuda de lo que la Constitución Pastor bonus dice en generale sobre la Curia romana en los números 7 y 8 de su preámbulo: la Curia tiene una naturaleza ministerial, de alguna manera instrumental (n. 7), para asistir como vicaria al Pontífice romano en su encargo personal de pastor de toda la Iglesia y en su relación con el episcopado (n. 8). En este sentido, la Congregación De doctrina fidei asiste al Papa en su responsabilidad de garante de la fe de la Iglesia, ofreciéndole los “instrumentos” adecuados que indica el artículo 51 de la Constitución Pastor bonus.



Las palabras del cardenal Müller hacen pensar que, si el Papa no es un “teólogo de profesión”, su Pontificado podría necesitar cierta “tutela” especial por parte de los teólogos que trabajan en la Congregación para la Doctrina de la Fe. ¿Usted considera plausible este enfoque sobre la relación entre el Magisterio pontificio y la Congregación para la Doctrina de la Fe?

El Papa, sea quien sea, por el hecho mismo de ser el Papa, posee el carisma de Pedro, es decir la tarea de «confirmar a sus hermanos en la fe» (Lucas, 22, 32) con la asistencia del Espíritu Santo. Es la función de juzgar (en el sentido de decir la verdad) de Pedro y de sus sucesores. Para esta función, la Congregación De doctrina fidei ofrece su asistencia con un trabajo instructorio antes del papel propio del Papa y con un trabajo de ejecución después del papel propio del Papa. El Papa puede recurrir más o menos a la Congregación, según pueda por sí mismo llevar a cabo más o menos todo el trabajo preparatorio.



Entonces, ¿todavía tiene sentido distinguir de manera implícitamente dialéctica entre los Papas “teólogos” y los Papas “pastores”?

La distinción entre “teología” (o incluso doctrina) y “pastoral” es una distinción y no una separación. La pastoral pone en práctica la doctrina. Toda la doctrina tiene una finalidad pastoral. Todos los Papas son tanto doctores de la fe como pastores de la Iglesia. Una relación “dialéctica”, en el sentido de una dialéctica de oposición de tipo hegeliano, no tiene nungún sentido.



Sin considerar las figuras individuales de los Papas, ¿el ministerio del sucesor de Pedro puede ser considerado en sí teológicamente “carente” y necesitado de cierta «estructuración teológica», garantizada por sujetos externos a la persona del Papa?

¡Claro que no! A aquel que sea Papa no le falta nada para decir la fe de la Iglesia. El Papa recibe de la Congregación De doctrina fidei tanto la contribución preparatoria como la contribución en la ejecución, pero el “centro” consiste en decir la fe de la Iglesia, y este es el ministerio propio y personal del Papa. Por “estructuración” el cardenal Müller podría haber indicado este trabajo, sobre todo preparativo.



¿En la estructura de la Iglesia, que según la fe católica fue querida por Dios mismo, el custodio del “depositum fidei” es el Papa o la Curia romana en la articulación de sus Congregaciones y organismos, incluido el dicasterio doctrinal?

Es el Papa personalmente. La Curia romana es solo instrumental y vicaria: no tiene existencia ni competencia si no en dependencia estrecha del Papa. Cuando la Sede de Pedro está vacante, todo el trabajo de las Congregaciones se suspende (salvo los asuntos corrientes).



¿El Papa debe tener forzosamente una «línea de pensamiento teológico», una estructuración teológica original, propia, identificada y connotativa?

El Papa, en cuanto Papa, no pertenece a ninguna “Escuela” teológica particular. Él dice la fe de la Iglesia (doctrina) en continuidad con la Tradición de la que es el órgano actual. Él no es teólogo, sino doctor. Como persona individual, puede tener sus preferencias, sus orígenes, su formación intelectual personal, pero estos elementos no son criterios de interpretación de su enseñanza magisterial. El criterio principal de interpretación, como Benedicto XVI recordó en su discurso a la Curia en 2005, es el de la continuidad sustancial de la Tradición.


¿El carisma de la infalibilidad, que en ciertas condiciones pertenece al Papa, también es compartido por las Congregaciones vaticanas o por los colaboradores del Papa?

La infalibilidad es un carisma rigurosamente personal para el Papa; no es compartido por las Congregaciones. Las decisiones de las Congregaciones, tomadas “in forma communi” (no en forma específica), son decisiones de las Congregaciones en cuanto instrumentos vicarios del Papa; su autoridad es real, pero no usan la autoridad personal del Papa al mismo nivel de las decisiones aprobadas en forma específica.



En ciertas fórmulas y consignas del lenguaje periodístico se sostiene que los años del Pontificado wojtyliano fueron una especie de “diarquía”, en la que Papa Juan Pablo II casi compartía su ministerio con Joseph Ratzinger, encargándole la gestión del campo doctrinal. ¿Esta lectura de esos años es legítima o disparatada desde el punto de vista de la naturaleza y de la estructura de la Iglesia católica?

Desde el punto de vista de la naturaleza dogmática de la Iglesia, esta lectura no es legítima. El oficio papal es rigurosamente personal. Esto no excluye que un Papa esté particularmente vinculado con el Prefecto de una Congregación, y, en casos específicos, con el de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucedió en el caso de Juan Pablo II y del cardenal Joseph Ratzinger, pero dogmáticamente la responsabilidad doctrinal es asumida por el Papa en razón de su carisma personal.



¿La idea de un papado “carente” desde el punto de vista de la «estructuración teológica» contiene un eco de las viejas teorías medievales sobre la hipótesis del “Papa hereje”?

No creo. La estructuración teológica de la que habla el cardenal Müller, según mi forma de entender la expresión, es una colaboración activa al ministerio propio del Papa, ¡y no un ente de vigilancia en contra de los riesgos de las desviaciones del Papa!



¿Cuál enseñanza podemos aprender, en relación con la teología y el magisterio, de la experiencia teológica de Santo Tomás de Aquino (pensando, por ejemplo, en la evolución de su discernimiento en relación con la doctrina de la Inmaculada concepción)?

Si se acepta la distinción entre doctrina y teología, hay que pensar que la teología prepara los discernimientos (la doctrina) que surgirán de la Iglesia (del Concilio, del Papa). Una opinión teológica, cuando es asumida por el magisterio, deja de ser teológica y se convierte en doctrinal. Santo Tomás de Aquino recibió el título de Doctor communis porque es el doctor cuyas opiniones fueron mayormente asumidas por el magisterio. A pesar de ello, hay algunas opiniones de Santo Tomás que no fueron asumidas y que incluso fueron contradichas (como las opiniones sobre la Inmaculada Concepción). La distinción teología-doctrina también vale para Santo Tomás.



Desde hace muchos años se reflexiona sobre la relación entre teología y magisterio. ¿La teología es un instrumento del Magisterio y/o de la Santa Sede o tiene una legítima autonomía de búsqueda propia a la que el Magisterio no puede llegar?

La teología es la inteligencia de la fe. Reposa, pues, en la fe en su estado de inteligencia actual (=doctrina) y trata de “llegar más lejos”. La teología, pues, no es autónoma en el sentido estricto, puesto que hunde sus raíces en lo que la Iglesia cree según su inteligencia actual. En esta dependencia, es “libre” de desarrollar la inteligencia de la fe, y las conclusiones a las que pudiera llegar están sometidas a la evaluación del Magisterio (que podría rechazarlas, asumirlas o no pronunciarse) hasta que la cuestión no sea aclarada suficientemente.



Por otra parte, en los años que siguieron al Concilio se repetía que ciertos ambientes teológicos pretendían ejercer un “magisterio paralelo”. ¿Esta tentación puede volver a presentarse, tal vez con formas nuevas, en “obispos-teólogos” que han asumido roles de responsabilidad en la Iglesia?

El “magisterio paralelo” de los teólogos es un sinsentido. No hay más que un magisterio, cuyo fundamento es sacramental (la ordenación episcopal, con el propio sitio del obispo de Roma). De hecho, algunos teólogos han ejercido, gracias a ciertos medios, una influencia muy fuerte y negativa. Este “magisterio paralelo” es la negación de la distinción entre doctrina y teología. Si un obispo es personalmente teólogo, tiene el deber de distinguir siempre bien en sus posturas su función de doctor de la Iglesia (=doctrina) y su competencia propia de teólogo. Cuando parece que un punto doctrinal requiere ser profundizado para responder a las cuestiones de nuestro tiempo, los que son el magisterio (obispos y Papa) deben interrogar el sensus fidei de la comunidad eclesial (no solo a los teólogos, sino también a los espirituales y a los santos…) para discernir lo que el Espíritu podría querer decir, para expresarlo en términos más precisos, como se lee en la Constitución conciliar Lumen gentium, en el punto 12. La cultura mediática actual tiende a cancelar la distancia entre la doctrina y la teología cuando un obispo se expresa, y esto es deplorable y puede provocar confusión en el espíritu de los fieles.

lunes, 20 de abril de 2015

Jo soy 700, 

Lampedusa

Xabier Pikaza


Me cuesta encontrar en mi interior esa palabra: Yo soy Lampedusa, no logro descubrirla del todo, me da rubor decirla, me avergüenza:

¿Quién soy para decir así, Soy Lampedusa, sentado en mi mesa de trabajo, con el sol de frente, el gran campo que llega a mi ventana y a lo lejos el monte nevado, tranquilo, de Gredos?
¿Quién soy yo para decir Soy Lampedusa, recién tomado un café, que ha venido desde Etiopía o Colombia, preparado en una cafetera italiana, comprado cerca, en el supermercado lleno de cosas que sobran...?
¿Quién soy yo…? Y sin embargo, invitado por Jesús, me atrevo a decirla, porque él la dijo Jesús (ésta fue la última palabra "pública" de su historia, según Mt 25, 31-46:
-- Tuve hambre…y me disteis (no me disteis) de comer
-- Tuve sed… y me disteis (no me disteis) de beber
-- Fui extranjero y me (o no me) acogisteis
-- Estuve enfermo o en la cárcel… y me (o no me) visitasteis
-- Estuve perdido por el mar errante, buscando una tierra y me (o no me) acogisteis
Me atrevo de decir con Jesús esa palabra, porque sólo ella puede mantener nuestra humanidad en vida. Sólo si digo (sólo si decimos todos Yo soy Lampedusa, podremos seguir viviendo sobre este mundo, y no matarnos todos):
-- Estamos en el límite, como dijo Dt 30: Pongo ante vosotros la vida y la muerte... (Muchos escogemos una vida que lleva a la muerte).
-- Estamos ya ante una economía hecha de muerte, no hace falta que esperemos más para ver lo que pasa; bajando esta pendiente moriremos (nos mataremos) todos, como dijo ya Jesús en Mc 13 o Mt 24-25.
-- Estamos ante vallas asesinas de infierno, alambradas y mares que dividen dos mundos (o dos simples barrios de un pueblo), como Ceuta o Belén de Judea, como el Gran Muro de USA, o cien muros más que nos separan a unos de otros con odio o dinero/religión de muerte, de tal forma que al fin moriremos todos (quien a hierro separa, a hierro muere).
-- Navegamos sobre mar de destrucción como en las aguas de Libia y Lampedusa, discutiendo en un gran trasatlántico de lujo sobre leyes y normas (economías y estados, FMI, OMC, Europa...), mientras siguen muriendo 7, más 7, más 7, hasta setecientos, es decir, casi todos, por culpa de muchos.
La “culpa” es de muchos:
 La culpa es del hambre de las mayorías y de la riqueza injusta de un sistema económico y social (cultural) lleva a la muerte (pueden buscarse escusas de religiones y cultura, pero la causa real es el hambre, la injusticia...
 La culpa viene de la ostentación de una cultura de imagen que atrae a los hambrientos o menos ricos de "otros mundos", con su falso espejismo de libertad mentirosa y de dinero fácil. El mismo "cielo" falso se vuelve de esa forma infierno.
 La culpa inmediata es de las mafias de los “transportistas” de muerte, los pequeños y los grandes negociantes de la carroña, que se alimentan de cadáveres. Sí podrán elevarse vallas más eficaces en Ceuta o en USA, podrán vigilarse los mares con drones... de forma que nada se mueva en las aguas (ni una patera...), pero con eso no se resuelve nada. La solución es decir como Jesús "yo soy el hambriento"... y buscar un camino distinto de vida solidaria, empezando siempre por "nosotros" (de un lado y de otro).
 Es culpa de las naciones/estados (que no están al servicio del hombre concreto, sino del mismo Estado...); es culpa de los poderes del mundo hechos mafias de dinero, la "mamona" que Jesús supero que el "diablo", es decir, el anti-dios concreto, destructor de la vida material y de la vida "del alma", es decir, de los principios éticos de solidaridad
-- Es también culpa mía, pues sigo sentado alegre en la proa de mi ventana y diciendo libertad, mientras mueren y vuelven a morir más de 700. No sé qué más hacer... seguir escribiendo a favor de la solidaridad, abrir pequeños caminos de justicia, querer entender a todos dialogando...

No me atrevo a decirlo por mí mismo, pero lo digo con Jesús
-- Yo soy tú, yo soy vosotros, cada uno de los 700 de Lampedura y de los 40.000 que hoy mismo están muriendo de hambre en el mundo.
-- Yo “soy Lampedusa” (estuve hambriento, perdido en el mar…), pero el mismo tiempo puedo y debo hacer presente en aquel mar y en todo el mundo de los hambrientos y enfermos, con mi pequeño testimonio de humanidad, con este blog solidario, con los libros que escribo (quiero escribir) al servicio de una humanidad que se quiere y dialoga... diciendo yo soy todos.
-- Por encima de mafias de de dinero (grandes y pequeñas), por encima de religiones que enferman también, y de estados que se buscan a sí mismo (para bien de algunos que roban y roban), quiero elevar hoy mi candela de humanidad,, la de la primera imagen, diciendo, simplemente: Yo soy humanidad, todos nosotros somo "uno" (en el Dios de Cristo..., o en la humanidad solidaria, si no creo expresamente en ese Dios).

Otra imagen
Junto a la candela inicial de "yo soy Lampedusa" he querido poner hoy la imagen de una mujer que "va a morir" en su barca de flores, con música de fondo, sobre un mar donde muchos olvidamos el sentido de la humanidad. Que esa segunda imagen de mujer en una barca de muerte nos permita evocar mejor el don y la exigencia de la solidaridad humana: