sábado, 23 de agosto de 2014
viernes, 22 de agosto de 2014
MUSEO A CIELO ABIERTO. Del brasileño Claudio Ethos un mural para el proyecto de arte urbano “Djerbahood” un museo al aire libre en el que participan alrededor de 150 artistas internacionales con la condición de que mantuviesen la autenticidad del ambiente local. El artista tunecino francés Mehdi Ben Cheikh ha puesto en marcha el proyecto “Djerbahood” para dar vida al pueblo y atraer turistas. EFE/Mohamed Messara
jueves, 21 de agosto de 2014
La oposición al Papa Francisco
Marco Antonio Velásquez Uribe
No hay duda que el papa tiene una férrea oposición
dentro de la Iglesia. Unos lo expresan de manera cada vez más abierta;
otros lo hacen sentir de manera menos visible.
En un comienzo lo criticaron por
la sencillez de sus atuendos, luego por su libertad litúrgica, más tarde por su
crítica al sistema económico. Ahora les molesta que visite a sus amigos -más
bien que tenga amigos, peor aun si son judíos, musulmanes o pentecostales. No
les gusta que ría, que juegue, que sorprenda, que improvise, que dialogue, que
telefonee, en resumen, que actúe humanamente.
En un plano más reservado, el
descontento se acompaña de la felonía del chisme, donde la indignación con el
papa cunde por su crítica y denuncia sistemática contra la corrupción del
clero. No le perdonan que exponga públicamente sus debilidades, aunque con ello
el papa busque contener el proceso de degradación que experimenta la noble y
necesaria función sacerdotal.
En un nivel más elevado, y de
manera más orgánica, se estructura una oposición dogmática contra el magisterio
del papa Francisco. Silenciosamente va tomando fuerza una corriente teológica
que, sin pudor, va enmendando la plana a los anhelos reformistas del papa.
Por un lado están quienes
-amparados en el poder de su dinero, de sus privilegios y comodidades- han
actuado eficazmente para silenciar la Evangelii gaudium.
Sorprende que una exhortación pontificia tan incisiva no sea suficientemente
socializada en foros, seminarios, jornadas u homilías; menos aun en tiempos de
globalización de las comunicaciones.
Por otro lado, están quienes,
convencidos de defender el buen Nombre Dios, advierten públicamente contra todo
gesto de apertura o supuesta laxitud moral que pueda desencadenar la
misericordia papal. En esta categoría caben los temas relativos a la comunión y
confesión de las personas separadas o divorciadas vueltas a casar, los temas de
la moral sexual, la ordenación de los viri probati y de las
mujeres, así como los nombramientos de obispos, entre otros.
La oposición al papa se articula
bajo la misma estructura piramidal de la Iglesia y opera en forma directamente
proporcional al poder eclesial. Donde hay más poder, hay mayor oposición.
Consecuente con ello, los núcleos de oposición están radicados en la jerarquía,
y más precisamente, en no pocos obispos.
Quienes se aglutinan tras la oposición del papa son los obispos que han
comprendido su ministerio episcopal bajo una concepción administrativa de
ejercicio de poder eclesial. Son quienes han renunciado a asumir la tarea
episcopal como un encargo evangélico orientado eminentemente al servicio del
Pueblo de Dios. Son los obispos que se han dejado guiar por sus propios miedos
y prejuicios, más que por la guía fiable del Espíritu Santo. Son quienes no
confían en su clero ni en sus fieles, y que consecuentemente dedican gran parte
de su tiempo a controlar, reprimir y sancionar. Son quienes se dejan interpelar
más por el Código de Derecho Canónico que por los Evangelios. Son quienes no
han asimilado esa gracia divina de la misericordia y que por tanto “dicen
una cosa y hacen otra. Atan cargas pesadas, imposibles de soportar, y las echan
sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas
ni siquiera con un dedo.” (Mt 23, 3b – 4). Son quienes, en definitiva,
apagan el Espíritu y quienes han sumido a la Iglesia, de todos, en una crisis
de grandes proporciones, habiendo tanto bien que compartir y tanto sufrimiento
que contener.
Mientras ayer la Iglesia era
remecida por vergonsosos escándalos provocados por algunos de sus ministros, en
el presente aflora en la conciencia del Pueblo de Dios esa otra crisis, que
persiste a través de la historia, es la crisis que provoca la tentación del
ejercicio del poder en la Iglesia. Esta es la crisis que afecta de manera más
incisiva al servicio apostólico del papa Francisco y que lo lleva
insistentemente a pedir que el Pueblo de Dios lo sostenga con la oración.
El papa, como fiel hijo de san Ignacio de Loyola, con su testimonio
actualiza esa Guerra del Reino descrita en los Ejercicios Espirituales. La
escena de un campo de batalla donde se enfrentan la vida y la muerte, el bien y
el mal, y donde los hombres se disponen a luchar bajo una de Las Dos
Banderas, la de Jesucristo o la de Santanás, es una adecuada escenificación
para graficar las tensiones que afectan a la Iglesia y al papa. (EE 135-149).
Tan fuerte es la tentación del
poder que invade al ministerio episcopal, que San Agustín, como obispo bueno de
Hipona, quiso advertir a sus contemporáneos y a sus sucesores de los peligros
que encierran el ejercicio del episcopado, diciendo: “Desde que se me impuso
sobre mis hombros esta carga, de tanta responsabilidad, me preocupa la cuestión
del honor que ella implica. Lo más temible en este cargo es el peligro
de complacernos más en su aspecto honorífico que en la utilidad que reporta a
vuestra salvación. Mas, si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros,
por otro me consuela lo que soy con vosotros. Soy obispo para vosotros, soy
cristiano con vosotros. La condición de obispo connota una obligación, la de
cristiano un don; la primera comporta un peligro, la segunda una salvación.”
Sermón 340.
No está lejano el día en que el
Pueblo de Dios comience a sustituir sus reverencias por exigencias de
conversión a sus pastores, porque nada alienta más a vivir la alegría del
Evangelio que el buen ejemplo de esos hombres que están llamados a guiar a los
hijos e hijas de la Iglesia. Mientras
tanto, ese mismo Pueblo seguirá sosteniendo fielmente al papa Francisco con su
modesta y agradecida oración.
Marco Antonio Velásquez Uribe
Sor Lucia Caram:
Carta Abierta Al Papa Francisco
Estimado Francisco:
Hoy quiero abrirte mi corazón como compatriota, como seguidora de Jesús y como mujer enamorada de la humanidad, dispuesta a construir, junto a otros hermanos y hermanas el Reino querido por Jesús, proclamado en las bienaventuranzas y vivido hasta el extremo de dar la vida para que todos la tengan en abundancia.
Cuando el Espíritu sopló y el humo blanco anunciaba que ya había "sucesor de Pedro”, tuvimos un impulso de esperanza y una gran expectación, incluso los más escépticos, aquellos que sufríamos "por los lobos” que asechaban a Benedicto, tal como se decía unas semanas antes en las páginas de l’Observatore Romano: "Un pastor en medio de lobos”, y que llevábamos años sintiéndonos incómodos en una Iglesia demasiado institucional, lejos de la vida de la gente, una Iglesia llena de aduaneros de la fe –como te gusta llamar- que no tienen otro deporte más propicio en el que ocuparse, que dedicarse a hacer la vida imposible a sus hermanos en la fe. En esas filas hay laicos, religiosos y también algunas púrpuras.
Tengo casi 48 años; llevo 30 años viviendo con pasión y compromiso la causa de Jesús. Yo me creí sus palabras y su vida, y el Evangelio pasó a ser, hace ya tiempo mi norma de referencia y mi vida. Puedo decir que desde que nací he vivido en Comunidad. Primero con siete hermanos con los que de verdad vivíamos sanamente una Iglesia doméstica. Luego en la vida religiosa luchando por hacer comunidad y soñando con el sueño de Jesús, el amigo de los pobres, el profeta del Reino, el cantor del perdón y la misericordia. Me dediqué al mundo de la enseñanza, al mundo de los más pobres. Luego urgida por una llamada interior, entendí que debía retirarme y orar. Estuve varios años, en lo hondo del surco, aguardando la hora de Dios, dedicada al estudio y a la oración en el monasterio; auscultando en el corazón de la Palabra del Dios, e intentando dilucidar cuál era su proyecto para la humanidad.
Pasé muchas crisis. Nunca entendí que para amar, dar la vida, servir, debíamos frenar los impulsos vitales del Espíritu que nos hacen ser generosos y lanzados, en nombre de obediencias, que no pocas veces son temores y miedo a desestabilizar, deseo de contemporizar, formas mediocres de no asumir la revolución del Evangelio en la que los pobres ocupan un lugar central y definitivo.
El pan que faltaba a muchos, me despertó. Cayeron muchos muros y prejuicios. El apoyo incondicional de mis hermanas de comunidad, que con su oración, humanidad y sentido real de la acogida y la fraternidad, me ayudan a ver y a dar respuesta, ha sido y son claves en esta hora de definición y compromiso.
Francisco, hoy tengo necesidad de decirte en voz alta y clara, que necesitamos que nos confirmes en la esperanza, y que nos exijas ser fieles a nuestra opción por Jesús pobre y servidor; orante y comprometido; un Jesús que nos dijo que dar la vida es tenerla para siempre y que por eso no nos es lícito vivir con tantas seguridades, acumulando, velando obsesivamente por nuestro futuro, ¿no es cierto que el Padre del cielo cuida de cada uno como lo hace con las aves del cielo y los lirios del campo?
Cada día celebramos el memorial de Jesús. El nos pidió que siempre que nos reuniéramos recordáramos lo que él había hecho. Hoy las eucaristías están vacías, no convocan, tal vez porque no hacemos lo que Él dijo: Aún no nos arrodillamos a lavar los pies y a servir a nuestros hermanos; aun tenemos demasiados prejuicios y ponemos demasiadas etiquetas. Parece que tenemos derecho a limitar el número de los invitados al banquete… Pretendemos hacer una Iglesia elitista, lejos del drama y la urgencia de definirnos y tomar partido, como tú lo hiciste por los marginados y olvidados de la sociedad. Aun queremos estar bien con el poder y nos creemos que podemos servir a dos señores.
Francisco, necesitamos volver a lo esencial; al pan que nos une y que se multiplica cuando nos reunimos en tu nombre y a impulsos del Espíritu compartimos lo que somos y tenemos, nos damos, como Jesús, en alimento: hasta el extremo.
"No tengo ni oro ni plata” dijeron Pedro y Juan a aquel paralítico que pedía a la puerta del templo, "pero te damos lo que tenemos, en nombre de Jesús, levántate y camina”. Nosotros, no podemos hacer que la gente se ponga en pie, que recupere su dignidad, que tenga oportunidades, seguramente porque contrariamente a Pedro y Juan, nosotros tenemos demasiado oro y plata, seguridades y excusas, que demoran la llegada plena del Reino.
Francisco, creo en la Iglesia de Jesús, en el aire fresco que nos regala el Espíritu a través de tu vida; necesitamos que tu reforma vaya adelante y que nos ayudes a despertarnos para entender que la auténtica revolución hunde sus raíces en el amor, en la oración y en la bondad; es la revolución de la ternura que conduce a sanar relaciones maltrechas, curar heridas y renovar las fuerzas.
Ayuda a nuestros Pastores, los hermanos obispos; que no se olviden no solo que tienen que oler a oveja, sino que antes de pastores, fueron ovejas; exígeles que sus casas no se llamen más "palacio episcopal o Palau”, que sean, como era la tuya, una casa de puertas y corazón abierto, donde no se haga acepción de personas y dónde todos, especialmente los pobres sean los que tengan preferencia en todo.
Anima la fe de los laicos para que vivan con protagonismo y con compromiso, con honestidad la implicación en la vida social y política, que es la que puede orientar la instauración de un nuevo sistema basado en criterios de justicia que tengan en cuenta la dignidad de la personas.
Alienta a los religiosos para que seamos generosos, para que vivamos sin retener, para que entendamos que la fidelidad es siempre nueva y que nuestros compromisos adquiridos con Dios, pueden ser siempre renovados para responder mejor y con más generosidad según lo que los signos de los tiempos nos reclamen. Que como decía Pablo VI, nuestro muros sean de cristal, para que la gente pueda ver que de verdad nos amamos, y que nuestra `profesión nos hace vivir expropiados, pero de verdad, para utilidad pública. Que seamos servidores generosos y no solterones agrupados.
Que tu palabra clara y exigente, como la del Evangelio de Jesús, nos haga comprender en esta hora, que la denuncia profética debe ir acompañada de la vida, pero que debe ser contundente y veraz; ayúdanos a no temer a denunciar las situaciones de opresión, injusticia, corrupción y estafa, que se han instalado en nuestro gobernantes; que seamos implacables en la condena de la guerra, la fabricación de armas, la explotación y cualquier forma de esclavitud.
Francisco, "mi vida son mis causas, y mis causas, valen más que mi vida”. Sé que tengo incontinencia verbal y que a veces mis palabras molestan a aquellos que se han instalado en el poder y no en el servicio, ya sean políticos como jerarcas o militantes de base. Sé que el fuego y la pasión que devoraban a Jesús, animan mi vida, pero entiendo que a veces me falla la serenidad para denunciar, porque ver y tocar tanto dolor cada día; tantos dramas, tantas vidas rotas, me hace entender pero qué un día Jesús, lleno de celo por la casa de su Padre, cogió un látigo y echó a los cambista que la habían convertido en una cueva de bandidos.
Francisco; el mundo se ha convertido en esa cueva, hay demasiadas guerras, matanzas, desgracias, ambiciones, luchas de poder; cada vez un abismo más grande e insultante entre ricos y pobres, y nosotros parece ser que no va con nosotros.
Hoy te pido, te suplico, en nombre del Dios de la Vida, que nos ayudes para que todos los que nos decimos seguidores de Jesús, lo seamos de verdad; que se acaben las guerras fratricidas entre los hermanos en la fe; que se termine aquello de revisarle la vida a los otros y hacer capillitas: ¡hay tanto por hacer!, y lamentablemente todavía son muchos los que se dedican a sacar el cuero” a sus hermanos en lugar de canalizar sus fuerzas para vivir aquellos en lo que se nos examinará el último día: Tuve hambre, tuve sed, estaba desnudo, en la cárcel……
Gracias por tu fuerza, por tu claridad, por tu cercanía. Adelante con la reforma de la Iglesia, adelante con el papel de todos como hermanos en la comunidad; adelante con no tener miedo a pensar la realidad de tantos hermanos que hoy son excluidos de la comunión y del afecto de la Comunidad y cuya incorporación activa no puede retrasarse más: todos somos hermanos, todos tenemos un sitio el corazón de Dios, nuestro Padre que tiene unas dimensiones infinitas y entrañables.
Francisco, hermano, amigo, Padre y Pastor, no te canses de hacer el bien y de hacer que tu voz potente denuncie aquello que nos impide ser y vivir con dignidad.
SOR María Lucía Caram
Dominica Contemplativa
Manresa
15.08.14
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