martes, 29 de abril de 2014

Acoger 

la fuerza 

del Evangelio

José Antonio Pagola
















Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. En su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en Jesús, cuando lo han visto morir en la cruz. Sin embargo, continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?
Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado tal vez con pasión, les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué. Más tarde dirán: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”
Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarlo marchar: “Quédate con nosotros”. Durante la cena, se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el primer mensaje del relato: Cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.
Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco, se les ha convertido en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.
Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.
¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?
Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio.


3 Pascua (A)
Lucas 24, 13-35

lunes, 28 de abril de 2014

Repudiamos el proyecto pinochetista 
de Kunkel y Conti 
sobre la reglamentación 
al derecho a manifestar.


DOCUMENTO


La Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos repudia el proyecto de ley de corte pinochetista que, a instancias de la Presidenta Cristina Fernández, han presentado los diputados del Frente Para la Victoria Carlos Kunkel y Diana Conti entre otros para limitar el derecho ha manifestarse, legalizando la represión y criminalización de los que luchan.
Este proyecto, más allá de matices, es apoyado por la oposición de derecha que aplaudió de pie el discurso del 1 de marzo de la presidenta Cristina Fernández cuando solicitó la sanción del proyecto y estigmatizó a los docentes en lucha.

Denunciamos, la inspiración pinochetista del proyecto mencionado ya que se nutre de los mismos conceptos ideológicos que los del decreto 1086 del año 1983 sancionado por el dictador chileno Augusto Pinochet, llegando a coincidir en la semántica de varios artículos. Inclusive, profundiza el carácter represivo del decreto pinochetista, ya que además de exigir la notificación con 48hs de anticipación de la manifestación, como en el decreto del dictador chileno, mientras que en éste había que hacerlo ante la autoridad política en el proyecto del oficialismo hay que hacerlo ante la autoridad policial, siendo el Ministerio de Seguridad el que decidiría que movilización es legítima y cual ilegítima, cuando la legitimidad de la medida la da el hecho de representar a un derecho conculcado y no una autoridad estatal.

No solo coincide el proyecto del FPV con el de Pinochet en sus disposiciones, sino también en los fundamentos,pues al igual que el dictador chileno aducen que hay que limitar el derecho a manifestarse para defender los derechos de los demás en lugar de solucionar los problemas o las causas que dieron origen a la protesta. La razón por la que Cristina Fernández y los diputados del FPV junto con los de la derecha opositora, impulsan la sanción de leyes represivas es que los trabajadores y el pueblo están dispuestos a resistir el ajuste impuesto por el gobierno como quedó demostrado en el paro nacional del 10 de abril, en las huelgas de los docentes en todo el país, y en cada uno de los conflictos que se vienen desarrollando.

El proyecto de ley busca darle a las fuerzas de seguridad la libre potestad de reprimir a los trabajadores ocupados o desocupados, estudiantes, ambientalistas o vecinos cuando salen a reclamar por sus derechos y necesidades. Con esta ley el reclamo espontáneo de los vecinos ante falta de luz o agua sería ilegítimo, como lo serían el reclamo de los maestros o médicos a un trabajo en condiciones y con salarios dignos.

Con más de 5000 procesados por luchar, este proyecto de ley se suma a las leyes antiterroristas votadas a propuesta de los gobiernos kirchneristas con el aval de la oposición de derecha, como herramienta de criminalización de la protesta.
Convocamos a todos los sectores populares a repudiar el proyecto de ley que pretende limitar el derecho a manifestarse y a aunar esfuerzos para lograr que el Congreso Nacional en vez de sancionar leyes represivas sancione la LEY CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL.

Sepan el gobierno, los diputados y los senadores que ninguna legislación represiva va a lograr que el pueblo deje de pelear por sus derechos y por construir una sociedad sin ninguna forma de explotación ni opresión, única sociedad en que los derechos humanos serán realmente respetados.

- NO A NINGÚN PROYECTO DE LEY DE LIMITACIÓN AL DERECHO DE MANIFESTARSE

- ANULACIÓN Y DEROGACIÓN DE LAS LEYES ANTITERRORISTAS Y DEMÁS LEYES REPRESIVAS

- POR UNA LEY CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA

- ABSOLUCIÓN A LOS TRABAJADORES PETROLEROS DE LAS HERAS

- LIBERTAD A TODOS LOS PRESOS POR LUCHAR

Porque luchábamos nos desaparecieron, porque aparecimos seguimos luchando.
Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos
www.exdesaparecidos.org
aedd@exdesaparecidos.org
Fetichismo del dinero y la Gracia de Dios: la novedad en Alegría del Evangelio 
(Parte V)


Jung Mo Sung



En este quinto artículo de la serie sobre la novedad del documento Alegría del Evangelio, quiero continuar la reflexión del artículo anterior sobre la tarea de las iglesias cristianas de anunciar al Dios revelado en Jesús, el Dios que estaba en la cruz con "el” justo; aquel que fue asesinado en nombre del Dios del Templo y del Imperio Romano.


Según el Papa, la adoración del ídolo-dinero lleva a las personas y a la sociedad a volverse indiferentes, insensibles, en relación con los sufrimiento de los pobres y la grave desigualdad social. (Para tener una idea de la dimensión de la desigualdad social en el mundo: según el Forum Económico Mundial de Davos, 85 personas detentan el 46% de la riqueza mundial. Usted no leyó mal, 85 personas detentan casi la mitad.) Es preciso entender que las personas no se volvieron insensibles porque son más. Todo lo contrario, pueden ser personas de "bien”, cumplidoras de las reglas morales y religiosas. Esa insensibilidad social no nace de algún desvío individual en el campo de la moral o de lo religioso, sino que es fruto de la cultura en la que están inmersas esas personas.


¿Y por qué ante esta situación, que hace convivir a personas miserables al lado de pocas que ostentan automóviles de millones de pesos, domina la indiferencia social? Queda claro que si preguntamos, todos van a decir que están en contra de esta situación y a favor de los cambios. Pero, si preguntamos si están dispuestos a reducir su nivel de ganancia y consumo (por ejemplo, con más impuestos para programas sociales), van a expresar varias "disculpas” (por ejemplo, la culpa es de la corrupción, más impuestos disminuye el crecimiento económico...) para dificultar medidas que realmente puedan modificar la situación. En el fondo, existe una indiferencia en relación con este grave problema. Ante esta situación, no bastan más "prédicas morales o religiosas” criticando la desigualdad social (sobre la crisis ambiental, en los próximos artículos). Es preciso entender el porqué de esta insensibilidad. Y el documento Alegría del Evangelio ofrece una pista.


En él se dice: "en su origen, hay una crisis antropológica profunda: la negación de la primacía del ser humano. Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdadera­mente humano.” (n.55) El Papa hace un paralelo entre "el becerro de oro” y el fetichismo del dinero de hoy. En ese sentido, el tema del dinero/economía se convirtió en una cuestión teológica central, así como lo es la "lucha” entre el Becerro de Oro –que fue llamado Yahvé por sus adoradores– y el Dios-Yahvé.


¿Y qué es el fetichismo? 
El concepto de "fetiche”, que Marx usa para analizar la mercadería (El Capital,vol. I, libro I, cap. 1), designa la inversión de la relación entre el sujeto y el objeto. El ser humano es el sujeto del trabajo y el producto o la mercadería es el objeto resultado de la acción del sujeto. Sin embargo, en el sistema de mercado capitalista ocurre una inversión profunda: las personas no se relacionan porque son personas-sujetos, sino porque son portadoras de mercaderías que pueden ser intercambiadas por otras mercaderías. Por ejemplo, si usted no tiene dinero (un tipo especial de mercadería), no puede ir al Shopping a hacer compras (es decir, hacer que su dinero establezca relación de intercambio con otra mercadería), ni "dar un vuelta”. Como (casi) todo es comprado y vendido en el mercado, usted sólo establece relaciones con otras personas en la medida en que es portadora del dinero/mercadería.


En la experiencia de lo cotidiano esto se expresa con la idea de que usted vale por lo que tiene. Si usted no tiene nada, es pobre, no vale nada y, por lo tanto, no es "nadie”. En este fetichismo del dinero, la fuente de la dignidad humana está en el dinero. Por eso las personas quieren más dinero del que precisan, desean sin límite, porque quieren "ser” más a través de "el” único camino que conocen: tener más dinero.


Los problemas sociales de los pobres son problemas de personas que son "nadie”, por eso no son importantes y la sociedad se vuelve indiferente a esos problemas. Sólo son tratados cuando esa desigualdad les crea problemas a las "personas de bien”, las que tienen dinero.


Ante este tipo de mundo, es preciso ofrecer un camino alternativo. "El Camino” que Jesús propone es el reconocimiento de que todos los seres humanos son dignos, no importando si es rico o pobre, hombre o mujer, blanco, negro o indígena, religioso o no... Esto porque Dios ama a todos gratuitamente y a causa de esta gracia los problemas de las personas consideradas "nadie” son problemas importantes para Dios y para todos los que descubrieron la Verdad sobre la condición humana. Ese Camino y esa Verdad nos llevan a la Vida.


La insensibilidad social frente a los problemas sociales es necesario que sea desenmascarada y superada por la "teología de la gracia”.

El misterio de Tomás Eloy

La Feria del Libro de Buenos Aires evoca la figura del autor de 'Santa Evita'

El escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez. / ULY MARTÍN
A los últimos días de Tomás Eloy Martínez, que murió en Buenos Airesel 31 de enero de 2010 a los 75 años, se le podría aplicar la misma descripción que él hace del poeta Saint-John Perse cuando lo retrató enfermo y desvaído, en su cama. Esa descripción, publicada por Martínez en un periódico en 1975, está en su libroLugar común la muerte: “Solo sé que de pronto, como en el interior de un relámpago, vi a Saint-John Perse envuelto en luz sobre la cama, inmóvil, con esa paz perfecta que solo fluye de las estatuas; vi también su voz levitando sobre la vajilla de porcelana, oí el aliento de una sangre que estaba más viva que la mía. Y sentí que debía callar, que el estrépito de cualquier palabra podía convertirnos en polvo”.
Así vio al propio Tomás Eloy, periodista, escritor, autor de Santa Evita y La novela del general, su joven colega argentino Jorge Fernández Díaz, a quien Martínez convocó para despedirse, quince días antes de su muerte. Ya era un hombre al que solo le funcionaba el cerebro “y se arrastraba literalmente hasta la mesa de escribir” para seguir a diario, línea a línea, su última novela ya incompleta, El olimpo. En la Feria del Libro de Buenos Aires, que tiene a Tomás Eloy Martínez como uno de sus patrones laicos, Fernández Díaz evocó este domingo esa figura “del maestro que no cesó nunca de serlo” envuelta además en la atmósfera de un misterio que él mismo no se ha atrevido a desvelar. Lo llamó a tomar el té, le preguntó por sus propios proyectos (como hacía siempre cuando estaba con otros, discípulos o no) y le entregó una caja que contenía un secreto. Jorge Fernández Díaz no sabe qué es, “guardé la caja en mi escritorio de La Nación [el diario para el que trabaja] y aún hoy no me atrevo a abrirla”.
De ese misterio se sabrá algún día, quizá. Pero de lo que se sabe (y se volvió a saber el domingo, en medio del ajetreo de una feria que es también símbolo de la resurrección del libro entre los rumores de su muerte improbable) es del magisterio de Martínez, que se concentra, además, en ese libro, Lugar común la muerte, en el que él recogió el resplandor de Perse, el asma de Lezama, la indecisión de Roa Bastos, la fragilidad de Manuel Puig o la lucha feroz y mortal contra el insomnio del poeta venezolano Ramos Sucre. Lugar común la muerte, que trata de todos esos autores y mucho más, fue propuesto allí como un libro de estilo para entender la sutileza de las descripciones de Tomás Eloy Martínez y también como un libro de estilo para los periodistas. Él fue profesor de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez (que dijo de él, como Salman Rushdie: “Fue el mejor de todos nosotros”), dirigió periódicos, escribió novelas, y tuvo siempre a gala saber menos que sus alumnos, a los que preguntaba como un chaval cuando era su maestro. De ese libro del que se habla menos que de Santa Evita, la obra cumbre de su narrativa, se podía decir lo mismo que Álvaro Mutis le gritó a Gabo cuando le fue a llevar Pedro Páramo de Rulfo: “¡Lea esto y aprenda, carajo!”
Es un misterio fácil de descifrar (al contrario que la caja que recibió Fernández Díaz) por qué Tomás Eloy Martínez, autor de un estilo tan definido, tan atractivo y tan moderno, no es ahora, en el periodismo y en la narrativa hispanoamericana, una referencia de alto voltaje. Se dijo en la Feria de Buenos Aires. María O´Donnell, periodista que aprendió con él, explicó que Tomás Eloy “tenía una bellísima pasión por el oficio del periodismo”, Fernández Díaz señaló que “fue capaz de hacer más verdad la ficción que la realidad” en novelas como en las que edificó para siempre a Evita y a su marido el general Perón, y su hijo Ezequiel, que con sus hermanos mantiene, al lado de donde trabajó Borges, la Fundación Tomás Eloy Martínez, explicó que “amaba enseñar y eso era una expresión de su decisión de huir de todo envanecimiento”. Fue, resumió Fernández Díaz, “uno de los grandes escritores de todos los tiempos de Argentina”. Entonces, ¿a qué se debe ese misterio, por qué no tiene ese trono? Quizá, apuntó el propio escritor que recibió la misteriosa caja póstuma de Tomás Eloy, “porque la crítica está encerrada con sus juguetes y a que la Academia es esnob y endogámica y antes y ahora lo tienen postergado”.
Ayer por la mañana, uno de sus grandes amigos, Paul Auster, fue a ver los papeles antiguos, el resplandor de la ausencia de Tomás Eloy Martínez, en la Fundación que lleva su nombre y en la que esforzados hijos y alumnos aventajados del maestro tratan de seguir subrayando sus enseñanzas, para periodistas, escritores y lectores, algunas de las cuales están, más vivas que el periódico del día, en una obra comoLugar común la muerte, en el que narró con un raro fulgor el estrépito de muchas vidas.