sábado, 19 de octubre de 2013

Canonizaciones
José Ignacio González Faus





Hoy se recurre demasiado a la ciencia al hablar de Dios, pero la ciencia tiene poco que decir al respecto. Pretender que la clásica pregunta “por qué existe algo y no más bien nada” queda respondida por la ciencia con el big-bang y la evolución, es una majadería: pues esa respuesta no hace más que retrasar la pregunta: “por qué ha habido un big-bang y no un big-nothing”. El tema Dios no es cosmológico sino antropológico.Sin embargo, la ciencia puede exigir algo en el campo de la fe: como mínimo la esa coherencia con la razón que tanto buscó el papa Ratzinger. 

Y aquí entra el tema de este artículo: porque las canonizaciones exigen milagros; y no me parece muy razonable la manera como se aborda en nuestra Iglesia el tema del milagro. 

No es momento de discutir ahora si Dios puede o no “quebrantar las leyes de la naturaleza” que se supone preceden de Él, aunque parece claro que no es ése su modo de proceder. Lo que nos ha ido enseñando la ciencia es que nosotros no conocemos del todo esas leyes de la naturaleza (y menos si entra en ellas nuestro complicado psiquismo). Declarar que la ciencia no puede explicar hoy una curación, no garantiza que no será explicable dentro de unos años o siglos, difuminando su condición milagrosa al abrir otras explicaciones posibles. El rigor científico nos obligaría a reclamar como milagros para una canonización curaciones como la que se cuenta del cojo de Calanda: reaparición de miembros amputados o cosas así. De eso sí que podemos decir con seguridad que la ciencia nunca podrá explicarlo, caso de producirse. 

Pero, aunque tuviéramos un caso de ésos, tampoco podríamos afirmar con pleno rigor que ha sido debido a la intercesión de tal difunto concreto: ¿cómo excluir que, mientras unos amigos o parientes, estaban rezando por aquel enfermo al beato Josemanuel, otros en otro lugar u otras monjas contemplativas estuvieran rezando al beato Joseantonio? ¿Cómo sabríamos entonces a quien atribuir el milagro? Si viviera hoy Luciano de Samosata (que escribió un par de diálogos irónicos metiéndose con los cristianos de su época), sería fácil imaginar que escribe otro diálogo, en el que dos candidatos a santo se pelean en el cielo por la paternidad de un milagro, como se peleaban las mujeres de Salomón por la maternidad de un niño… Yo no quiero ser volteriano como el de Samosata, pero tampoco quisiera dar ocasión para que otros lo sean. 

Por si fuera poco, da a veces la sensación de que los candidatos a los altares sólo pueden hacer milagros si proceden de ambientes ricos. Ser santo cuesta mucho dinero. Y eso tampoco es indicio de mucho rigor científico. En la historia de la Iglesia llama la atención la gran superioridad numérica de santos canonizados ricos, sobre santos pobres. Ello no obedece a ninguna mala intención; es simplemente consecuencia de unas estructuras y normas que favorecen que los ricos puedan ser canonizados con más facilidad que los pobres. Lo cual tampoco es indicio ni de mucha racionalidad ni de mucha conformidad con el evangelio. 

A estos factores objetivos se añaden hoy otros de corte más subjetivo: desde hace tiempo parece que la institución eclesial busca canonizar a gentes que fueron defensoras de la actual estructura eclesiástica, sugiriendo así de matute la idea de que la Iglesia no necesita ninguna reforma, puesto que ha producido tales santos. Antaño se destacaba como una de las cosas admirables de la iglesia católica que era capaz de canonizar a aquellos mismos a los que había perseguido. No hay espacio para mostrar cuánta verdad contiene esa observación, pero hoy ya no parece así: sólo parecen canonizables los defensores del sistema. Los hombres o mujeres incómodos suelen estrellarse contra un muro de reticencias. O, en todo caso, se los beatifica “con guardaespaldas” como se hizo con el bueno del papa Roncalli, emparejándolo con su antítesis más acabada: Pío IX. 

Este modo de obrar también resta credibilidad al procedimiento. Y no digamos cuando, tras historias de enfrentamientos bélicos, se canoniza sólo a gente de uno de los dos bandos: se arguye que esa canonización “no se hace contra nadie”; pero lo que se calla (poco honradamente) es que sí resulta en favor de un bando. 

Hace poco se me quejaba un señor, buen amigo y esforzado creyente, porque no podía entender “cómo la Iglesia canoniza a un hombre que llegó a presentar como modelo para la juventud al monstruo corruptor de Marcial Maciel. Sin saberlo, por supuesto pero, de todos modos, es un riesgo que no debería correr la Iglesia. Pensemos qué habría pasado si en esa ignorancia hubiese incurrido Msr. Romero”… 

Hasta aquí mi amigo. Le respondí dos cosas: la primera el célebre aforismo atribuido a santo Tomás y que desmitifica todo ese mundo de las canonizaciones: “si alguien es sabio que nos enseñe, si es prudente que nos gobierne, si es santo… que rece pro nosotros”. Y la segunda que el magisterio eclesiástico, tal como se ejerce hoy en día, siempre se guarda un comodín en la manga: quien consulte los libros más clásicos de teología, encontrará que al canonizar a un santo, la iglesia “sólo compromete su autoridad en asegurarnos que esa persona está en el cielo”. La verdad es que para semejante viaje hasta el cielo no se necesitaban tales alforjas de canonizaciones. 

Pero dicho esto, debí haber añadido otra cosa a mi amigo: hoy sólo se nos presenta a los santos como intercesores y no como interpeladores para nuestras vidas; preferimos santos que nos hagan favores pero que nos dejen tranquilos. La intercesión es verdadera para un creyente. Pero no es más que un aspecto de “la comunión de los santos”. Ahí, la verdadera perla de esa comunión es María, la joven campesina de Nazaret. Y el comprensible sentimiento de confianza en la intercesión de seres que nos fueron cercanos y queridos, no necesita canonizaciones. 

Pero esa decantación de la santidad hacia la intercesión y no hacia la interpelación a nuestras vidas, amenaza con teñir de idolatría el culto a los santos: el pueblo de Israel cayó constantemente en la idolatría porque, frente a la grandeza indefinible de Yahvé, los pueblos cercanos tenían dioses más concretos: uno para la agricultura, otro para la fertilidad de la mujer, otro para las enfermedades o para las guerras… Y resultaba mucho más cómodo y tranquilizador dirigirse a ellos. Nosotros hacemos lo mismo con los santos: tenemos uno para las cosas perdidas, otro para males de garganta, otro que “como es un santo casamentero – pidiendo matrimonio le agobian tanto” (claro que eso debía ser antes, porque ahora…). Y así sucesivamente. 

Total: que quizás sí que esto de las canonizaciones se merecería un buen repaso. Sosegado y tranquilo, pero que ya sería hora de ir comenzando.
CURSOS 
ESCUELA DE BIBLIA 
"PARRESÍA"


Día: Lunes 21
Tema: El Libro de los Hechos de los Apóstoles (1).
Horario: 20,00-22,30 hs.
Lugar: Parroquia Resurrección del Señor (Barrio Escobar)

Día: Martes 22
Tema: El Libro de los Hechos de los Apóstoles (2).
Horario: 20,00-22,30 hs.
Lugar: Parroquia Resurrección del Señor (Barrio Escobar)


Día: Miércoles 23
Tema: Pasión y Muerte de Jesús (4)
Horario: 18,30-21,00 hs.
Lugar: Parroquia de Alta Gracia.


Día: Jueves 24
Tema: Pasión y Muerte de Jesús (2)
Horario: 19,00-21,30 hs.
Lugar: Casa de la Catequesis


Tema: Pasión y Muerte de Jesús (2)
Horario: 19,00-21,30 hs.
Lugar: Parroquia "Del Espíritu Santo"


Día: Viernes 25
Tema: Las parábolas de Jesús (2)
Horario:19,00-21,30 hs.
Lugar: Casa de la Catequesis

¿Quién beatificará a los otros mártires?
José Manuel Bernal





Estoy seguro de que a mucha gente se le ha pasado por la cabeza; sobre todo al oír las sorprendentes palabras del cardenal Angelo Amato. Porque también hay muchos mártires, además de los que fueron beatificados el domingo en Tarragona, «jóvenes y ancianos, padres y madres de familia. Son todos víctimas inocentes que soportaron cárceles, torturas, procesos injustos, humillaciones y suplicios indescriptibles». El purpurado romano se refería a los mártires beatificados; pero, con esas mismas palabras, podemos también referirnos a la multitud de represaliados políticos, masacrados impunemente después de terminada la guerra a manos de los vencedores.

Estos tampoco fueron «caídos de la guerra civil», sino atrozmente sometidos en la posguerra a una terrible purga exterminadora. También aquí, en esa España vencedora, asistimos a un «exterminio programado», no de la Iglesia, sino de todos los disidentes que, haciendo uso de su libertad, defendían ideas políticas diferentes a las impuestas por los vencedores. También estos mártires, los que no han sido beatificados, fueron «víctimas de una radical persecución», no religiosa sino civil, impuesta por una dictadora inmisericorde. Estos mártires civiles, la mayoría, «no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos». Eso lo dice el cardenal Amato refiriéndose a los beatificados; y es cierto; pero habría que decirlo también, para ser justos, de tanto fusilados de la posguerra española, abandonados vergonzosamente en las cunetas de nuestros pueblos, cuyo único delito había consistido en ser concejal de un ayuntamiento regido por los republicanos, o ser afiliados de un sindicado obrero, o manifestarse fieles y respetuosos con la Constitución, o con el régimen establecido. Estos no fueron «matados por odio a la fe», sino por odio a sus ideas y convicciones políticas. 

De todo esto no debe estar muy informado el purpurado romano; o, si lo está, no ha querido tenerlo en cuenta. Porque, junto a los mártires que entregaron su vida fieles a su fe cristiana, debiéramos recordar también con todo el respeto de nuestra alma, a todos aquellos que tuvieron que huir a otros países para salvar su vida, artistas, intelectuales, médicos, escritores; a todos aquellos niños que fueron trasportados a Rusia; a todos aquellos maestros (¡tantos maestros!) que fueron desterrados y humillados por defender la libertad de enseñanza; a todos aquellos que, después de ser fusilados, fueron abandonados en las cunetas, o amontonados en fosas comunes, a cuyos familiares y descendientes aún no se les ha concedido la satisfacción de poder recoger sus restos y poder darles una sepultura digna donde venerar su memoria.

Yo soy creyente y venero la memoria de todos aquellos cristianos, sacerdotes, religiosos y laicos, que la Iglesia reconoce como beatos. Ellos han sido sacrificados por su condición religiosa, su fe en el evangelio de Jesús. Ha sido un testimonio impresionante. Pero pienso también en esos otros mártires. También ellos permanecieron fieles a sus principios, a sus convicciones políticas; fueron personas justas, pacíficas, honradas; en su mayoría, trabajadores humildes y pobres. Ante estos hechos, uno se pregunta si la Iglesia no va a sacar la cara por estos mártires. Uno se pregunta quién será capaz de beatificar a estos mártires, quién les sacará del anonimato, quién tendrá la valiente osadía de honrar su memoria.
 Martín Gelabert Ballester, OP 
Tan inteligente 
y crees en Dios 



Carl Sagan fue uno de los científicos más populares del siglo XX, al que se debe una serie de TV, Cosmos, que han visto más de 500 millones de personas. Sagan no era creyente. Unos lo consideraban un enemigo acérrimo de la religión. Pero no todos pensaban así. Después de su muerte, en un acto conmemorativo en la Catedral de Manhattan, el reverendo Joan Campbell reflexionó: “Sagan ha sido uno de los más severos críticos de la religión y uno de sus mejores amigos. Sagan exigió a la religión claridad, honestidad y excelencia, cualidades que nos exigiríamos también a nosotros mismos… Él me decía con una sonrisa: ‘Eres tan inteligente. ¿Por qué crees en Dios?’. Y yo le dije: ‘Eres tan inteligente. ¿Por qué no crees en Dios?’”.



La anécdota resulta significativa. No se puede ser ni creyente ni ateo sin motivos. Las cuestiones decisivas e importantes de la vida hay que pensarlas y fundamentarlas bien. Es importante que los cristianos vivamos una fe madura, reflexionada, capaz de responder a las dificultades que contra ella puedan presentarse. No podemos, bajo ningún concepto, dar la impresión de que nuestra fe es un asunto infantil, o una corazonada, una posición sin razones ni motivos. Cuando un no creyente se topa con nosotros, aunque no le convenza ni nuestro modo de vivir, ni las explicaciones que podamos darle de nuestra fe, debería al menos quedar convencido de que nuestra postura es seria y tiene buenos motivos. Si se queda con esta impresión, hemos hecho respetable nuestra fe. La inversa también debería darse: el no creyente debe mostrar los buenos motivos que tiene para mantenerse en la no fe. En cuestiones tan serias, en las que uno se juega la propia vida, no valen los ataques, ni las descalificaciones fáciles. Porque el ataque o la descalificación no validan automáticamente mi propia posición.



Cada uno debe justificar su fe y dar razones de la misma en el ambiente en el que se mueve. Una charla de café (que también puede ser un buen lugar para hablar de religión) no es el lugar para hacer grandes disquisiciones ni para plantear los problemas que se tratan a niveles académicos o de especialistas. Pero sea cual sea el nivel en el que nos movemos, siempre tenemos que dejar la sana impresión de que nuestra fe tiene buenas razones y no tiene miedo a la confrontación. Tenemos argumentos suficientes para creer. Y, si en un momento dado, no estamos en condiciones de responder a alguna dificultad, como tampoco están la mayoría de las personas en condiciones de responder a cuestiones científicas, sí que tenemos que estar prestos a informarnos y a buscar todos los argumentos y razones que nos ayuden a madurar en la fe.



La fe y la razón, o la religión y la ciencia, se acercan de distinta manera a la realidad y, a veces, sus temas no son coincidentes, pero no pueden oponerse. Fe y razón son las dos alas que Dios nos ha dado para que podamos volar hacia él. Cuando una de las alas falla, el vuelo deja de ser armónico y corremos el riesgo de perdernos.

viernes, 18 de octubre de 2013

Otro apriete al Centro Monseñor Angelelli



El Centro de Participación Popular Monseñor Enrique Angelelli de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, viene sosteniendo desde hace dos años una cruda batalla en su territorio contra bandas del crimen ligadas al narcotráfico, sectores corruptos de la bonaerense y funcionarios municipales que cuando no son cómplices miran para otro lado.
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Este 1 de octubre un nuevo hecho de violencia sacudió a la organización. Tres hombres armados ingresaron a uno de sus locales, maniataron a dos compañeras que trabajan en el área administrativa del centro, revolvieron todo, robaron algo de dinero y se disponían a partir cuando, tras un llamado de un docente del taller que había sido alertado por sus alumnos de la situación, la policía se hizo presente y se armó una balacera, en la que los asaltantes utilizaron a una de las mujeres como escudo. Liberada la rehén y agotadas las balas de los atacantes, dos de estos fueron heridos y capturados, otro huyó por los fondos y el que manejaba se dio a la fuga apenas se presentó el móvil policial.

Contexto:

En diciembre de 2011 apareció muerto a golpes en Longchamps Carlos Gabriel “el pelado” Fretes con evidencia de haber sido previamente torturado. Este joven de 22 años del barrio Agustín Ramírez fue asesinado por el narco Claudio Mena y Santiago Mont, ambos actualmente en prisión por este crimen.

Mena era el presidente de la Comisión Vecinos Unidos del Barrio, una comisión creada con claro amparo del poder político, y tenía vínculos con funcionarios municipales como Jorge Roldán (en su momento Director de Integración Comunitaria y aún hoy vinculado al Municipio) y con la Comisaría Segunda de la policía bonaerense cuyo comisario (Roberto Alvarez Damelio) fue destituido por la relación con este caso. En su reemplazo se nombró al comisario Juan Carlos Peresutti quien liberó la zona, no dejó de amedrentar a los militantes y organizaciones barriales y mantuvo los negocios oscuros de la comisaría. El 31 de mayo de 2013 Peresutti fue desplazado de la Segunda tras la presión de las organizaciones sociales quienes denunciaron, entre otros hechos, la detención ilegal de Cristina Rodríguez, vecina del barrio Luján y tareas de seguimiento de militantes sociales y periodistas.

Tras el crimen de Fretes los vecinos del barrio atacaron las casas de los asesinos y a fines del año pasado fueron demolidas para construir en su lugar una cancha de fútbol y una plaza.

Desde el Centro Angelelli se acompañó a la familia de Carlos Gabriel, Calegari fue abogado de la misma, a la vez que como tantas organizaciones lucha palmo a palmo con los narcos por la vida de los pibes. Desde el Centro analizan como un apriete más este hecho pero reconocen cambios favorables en la actual dirección de la Comisaría y en la fiscalía, y aseguran que no retrocederán un paso en su tarea y tomarán los recaudos posibles para protegerse.

Fuente: www.laolla. tv

Lima 609 - Ciudad de Buenos

Pbro. Jorge Trucco

NO BAJAR LAS MANOS


Ex 17,8-13: 
"...mientras Moisés tenía los brazos levantados..."
2 Tim 3,14-4,2: 
"En nombre de su manifestación y de su reino: proclama la palabra de Dios"
Mc 18,1-8: 
"¿Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a él día y noche?"


TEMA: PERSEVERANCIA: en la oración, en la construcción del Reino de Justicia.

La  Iglesia primitiva ansiosa por la Segunda Venida corría el peligro de sucumbir ante un mundo injusto. Es una invitación a controlar la impaciencia por la injusticia (JUSTICIA LARGAMENTE ESPERADA...).

No significa CRUZARSE DE BRAZOS sino ORACIÓN CONFIADA Y ACTIVA. Moisés LEVANTA LAS MANOS: manos vacías, manos en oración. Recluta otras manos no para la agresión sino para no dejar caer los brazos. Dios es siempre fiel, y le interesa el bien del hombre.

Las manos no se levantan al cielo porque se quiere escapar de la tierra (escudo espiritualista). Las  manos se levantan al cielo porque estamos decididos a cambiar el mundo. Se ora para comprometerse; para no bajar los brazos en la tarea de transformar el orden (desorden) existente.  Luchar  orando  u orar luchando. No confiando en ningún juez corrupto sino en Dios que es fiel. El secreto del CAMBIO está en la PACIENCIA INTERMINABLE

¿Cómo Dios no hará justicia a sus ELEGIDOS? ¿Dios elige a unos y a otros no?... Para muchos el no sentirse escuchados ante la injusticia genera un dolor y resentimiento que provoca un alejamiento definitivo de Dios. No siempre se cumple lo que nosotros pedimos, porque El es respetuoso de nuestra libertad.  “LE PEDIMOS COMO LO QUE SOMOS, DIOS NOS DA COMO LO QUE ES”.

Hay que orar insistentemente para lograr vencer la sordera; no la de Dios, evidentemente, sino la nuestra. Orar para escuchar la voz de los pobres, el grito de los oprimidos.

Una lectura superficial del texto evangélico nos puede hacer pensar que la oración cristiana es el grito desesperado de quien no tiene más remedio que acudir a Dios para que le solucione los problemas. Muchas veces por interpretar así se terminó justificando el triunfo del más fuerte y del orden (desorden) establecido para que los cristianos se queden pasivos y las cosas no cambien. Pero leyendo bien sabemos que jamás en el evangelio la oración fue cruzarse de brazos. Además la misma parábola nos muestra a la viuda como valientemente enfrenta al juez injusto. Se trata de creer en los valores del evangelio, que no dan resultados inmediatos porque no se apoyan en la prepotencia sino en el amor y el respeto a los demás. Orar para no bajar los brazos.  (= REZÁ Y TRABAJÁ, el lema de San Benito)



Celebremos el esfuerzo, las ganas, el tiempo, la garra y la creatividad de todos aquellos que a diario buscan justicia: cuando dan de comer; cuando enseñan a pensar; cuando garantizan un derecho; cuando favorecen un empleo digno; cuando hacen llegar los servicios y posibilidad de vida a todos; cuando se sientan a escuchar al que está solo o en problemas;  celebremos a tantos y tantas que como la viuda del evangelio no bajan los brazos.

Si hay alguien que está estrechamente relacionado con el milagro de la perseverancia en el amor y en la defensa de la justicia, es la madre. Y no solo por dar a luz. Sino por todo lo que hace a lo largo de la vida por “cuidar la vida de sus hijos”. Los sacan de sus entrañas para que vean la luz. Los sacan de la situación indefensa de no saber hablar, ni comer, ni caminar, ni valerse por sí mismos. Los sacan de la ignorancia y los hacen personas capaces de relacionarse y de convivir. Y si nos ponemos a pensar y hacer memoria, cada uno seguro que encontrará tantas situaciones en las que mamá “luchó por nosotros”.

El milagro de la vida. Bendito sea Dios que nos regala la vida. Bendito sea Dios que nos ha dado los medios y las posibilidades de vivir. Bendito sea Dios que le ha dado al ser humano inteligencia, creatividad, perseverancia y audacia para generar modos y formas de dignificar, de honrar la vida. Hoy vemos muchas vidas “amenazadas” por la injusticia, por la falta de amor. Cuanto necesitamos incorporar actitudes maternales a nuestras vidas, que nos permitan “honrar la vida”… que nos permitan gozar del milagro de la vida. ¡Cuántos están necesitando descubrir, ver, sentir estas actitudes: paciencia y perseverancia!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado”.

Menos mal que las madres “defienden la vida” con paciencia sin descanso. El milagro de la vida, el valor de la vida… es lo que moviliza la lucha por la dignidad de todos. 
¡Feliz día a todas las mamá que luchan día a día por HONRAR LA VIDA!


martes, 15 de octubre de 2013

CURSOS 
ESCUELA DE BIBLIA 
"PARRESÍA"


DÍA: Miércoles 16:
LUGAR: Pquia de Alta Gracia.
HORA: 18,30-21,00 hs.
TEMA: La Pasión de Jesús (III)



DÍA: Jueves 17:
LUGAR: Casa de la catequesis.
HORA: 19,00-21,30 hs.
TEMA: La Pasión y muerte de Jesús (Introducción).



DÍA: Jueves 17.
LUGAR: Parroquia del Espíritu Santo.
HORA: 19,00-21,30 hs.
TEMA: La Pasión y muerte de Jesús (Introducción).



DÍA: Viernes 18
LUGAR: Casa de la catequesis.
HORA: 19,00-21,30 hs.
TEMA: Las Parábolas de Jesús.