viernes, 23 de agosto de 2013

Lutero en los mercados
 Francisco J. SANCHO

Si es cierta la leyenda, es algo que al menos conmueve. En su intento por traducir la Biblia a lengua vulgar alemana, se dice que Lutero acudió a los mercados para anotar todo tipo de expresiones populares. Con ese arsenal y con el de la tradición literaria escrita y oral, Lutero no solo tradujo la Biblia con las palabras de su pueblo, sino que unificó, sin pretenderlo, el alemán como idioma, hasta entonces dividido en multitud de dialectos sin regulación.

Con aquel gesto, despojó también a las autoridades eclesiásticas del monopolio de interpretación de la Biblia. Es decir hermanó las palabras escritas por hombres que se inspiraban en Dios con la forma de decir de los hombres y mujeres de su tiempo. Una osadía que causó un cisma profundo en el cristianismo.

En un interesante texto de Félix de Azúa leo otros detalles que desconocía. Después de la traducción de Lutero, editada en 1522, le sigue la edición de Ginebra, en inglés, realizada por Tyndale y sus discípulos en 1560. Por supuesto, la invención de la imprenta, un siglo antes, hizo posible que estas versiones corrieran como la pólvora. En Inglaterra, el rey Jacobo I encargó una nueva versión (la edición King James de 1611) que traduce del hebreo el Antiguo Testamento, y del griego el Nuevo Testamento. Esta edición tuvo una gran influencia en la manera de escribir de los autores literarios posteriores.

En España y en los territorios de habla hispana, se prohíbe leer directamente la Biblia hasta el siglo XIX. ¡Pueden creerlo! Sospecho que parte del clamor por su lectura directa tuvo que provenir de las tierras levantiscas de América que empiezan a desembarazarse del yugo colonial y mirar a otros modelos como los de las revoluciones liberales de Estados Unidos y de Francia, país este último que exporta, muchas veces clandestinamente, miles de libros hacia el continente, que guardan en ellos miles de nuevas ideas para la revolución.

La Biblia más conocida en español es la edición de Reina-Valera. Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, eran dos monjes de la ciudad andaluza de Sevilla, adonde la reforma luterana llegaba también en barcos y libros que podían encontrarse en los mercados. Estos monjes tuvieron que huir de la hoguera de la Inquisición (donde acabaron 40 de sus compañeros) y se refugiaron en varios países europeos. Reina compone en el exilio la Biblia del Oso en 1469, llamada así por la ilustración de la portada. Valera hará una segunda edición en 1602. En ambas, el lenguaje de la calle, literario y popular, se combinan. Se trata de biblias protestantes que siguen el canon católico.

En la Salamanca del siglo XVI asistimos a las disputas por la traducción y la conveniencia o sacrilegio de una lectura directa de la Biblia en lengua vulgar. Esto lleva a importantes humanistas y religiosos a la cárcel, como Fray Luis de León, quien se atrevió a traducir obras tan peligrosas como El cantar de los cantares.

Ha llovido mucho desde entonces, y hoy, en cualquier mercado de América Latina, un hombre (habitualmente un hombre, aunque hay también algunas mujeres) recita en voz alta y con altoparlante versículos del Nuevo Testamento, alzando una Biblia por todo lo alto. Hoy hay tantas iglesias como lecturas diferentes de la Biblia, y muy pocas escapan a la tentación de proclamarse como “la iglesia verdadera”, y su traducción e interpretación, la correcta.

La historia no ha terminado todavía, y es posible que nunca termine, pero lo que conmueve es que alguien tenga la valentía de enfrentarse al poder de su tiempo convencido de ver las cosas desde una perspectiva diferente. Lutero no se fue a enseñar la Biblia a los mercados, sino a aprender en ellos cómo se traduce la palabra de Dios. Si es cierta la leyenda.

jueves, 22 de agosto de 2013

Martín Gelabert Ballester, OP 
Pan del cuerpo y pan de Dios 



Estaba públicamente razonando de esta guisa: la Iglesia debe ofrecer el pan de la Eucaristía y el pan de la Palabra de Dios. Pero para que los seres humanos puedan convencerse de que este es el único pan necesario, a veces, será preciso llenarles antes del pan material. Y así, cuando hayan visto por propia experiencia que este pan no les llena y que, tras comerlo, siguen teniendo hambre, tendrá sentido decirles: “lo ves, ya te lo decía yo, este pan material no te llena, por eso te invito a que pruebes otro que sacia, llena la vida de alegría y sentido, y cuando se ha probado nunca más se pasa hambre”. Y en eso, uno de mis oyentes dijo: el llenar los estómagos de pan, no garantiza que vayan a pedir el pan de Dios.



Observación totalmente pertinente. El estar hambriento o el estar saciado no asegura la conversión, ni facilita, por sí mismo, la escucha del Evangelio. Pero, por una parte, los cristianos no damos pan para que la gente se convierta. Debemos dar pan porque este dar, forma parte de nuestra identidad. Los tres pilares de la vida cristiana son la acogida de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y la caridad. Una caridad efectiva. Si falta la caridad, la Palabra y la Eucaristía se quedan vacías. Además, al llenar el estómago de pan damos a entender algo decisivo para la credibilidad del Evangelio, a saber: el Evangelio no viene a remediar las carencias materiales, sino a ofrecer una vida más abundante y mejor. Y si bien esto es posible acogerlo y comprenderlo con el estómago vacío, cuando se acoge con el estómago lleno resulta más evidente. El Evangelio no es el remedio de la falta de bienes mundanos, sino la alegría desbordante del que ha encontrado una vida nueva.



El Evangelio puede y debe acogerse en cualquier situación. Pero los testigos del Evangelio debemos facilitar la acogida y remover los obstáculos que la dificultan. La riqueza, ya lo decía Jesús, es un serio obstáculo para entrar en el Reino. Pero el que vive miserablemente (que no es lo mismo que pobre, sencilla, sobria, austera y dignamente), el que se está muriendo de hambre, tampoco está en condiciones de escuchar el Evangelio. Bastante tiene con buscar comida. En este sentido me parece que debe entenderse esta palabra de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre”. No sólo. O sea, también vive de pan. De ahí mi convicción: para que el ser humano pueda convencerse de cuál es el único pan necesario, a veces será preciso darle antes el pan que llena su estómago.

domingo, 18 de agosto de 2013

Humor en la Biblia (3)

El humor en el Antiguo Testamento[1]
Juan Stam

  

La Biblia comienza con un toque de humor muy simpático. En el segundo relato de la creación, a diferencia del primero, Dios creó primero a Adán (sin Eva) y plantó una hortaliza para su sustento. Adán tenía finca y debía estar contento, pero faltaba algo importante. La respuesta de Dios nos sorprende:


 Luego Dios dijo, No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda idónea. Entonces Dios formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo, y se los llevó al hombre para ver qué nombres les pondría (Gén 2:18-19).



¡Aves y animales para satisfacer el deseo más profundo del corazón humano![2] Ahora la hortaliza se convierte en un inmenso jardín zoológico y Adán en una especie de científico que anda de animal en animal, observando cada uno y escogiendo nombres apropiados. Adán anda con su mascota a su lado y monta su caballo para ir al otro extremo de su finca.  El tranquilo silencio de antes se interrumpe con el bramido del ganado, el ladrar de los perros, el aullar de los lobos y el trinar de las aves. Es toda una sinfónica zoológica, pero...



Sin embargo no se encontró entre ellos la ayuda adecuada para el hombre" 

    (Gén 2:20).



Ahora Dios crea a la mujer, no de la tierra sino del mismo Adán, y se la lleva a Adán. "Wow", exclamó el hombre, "ésta es mi media naranja, la compañera idónea de mi vida que me hacía falta".



 ¿Qué quiere decir este curioso y bastante chistoso relato? Las aves y los animales no pueden llenar el vacío en la vida del ser humano. La vida humana es más que solo ser agricultor o ganadero; el significado de la vida humana es compañerismo, conversación, comunidad. Eso es lo que nos enseña este primer chiste bíblico.





El humor bíblico vuelve a aparecer en el relato del nacimiento de Isaac. Cuando Dios anuncia a Abraham que su muy anciana esposa quedará encinta y que será "madre de naciones", ante una idea tan absurda -- ¡su vieja esposa andando con panza de embarazada! -- Abraham no resiste lo ridículo de eso y tiene que reírse por dentro (Gén 17:17). Después el Señor le aparece, junto con dos ángeles, cuando descansaba en la puerta de su tienda. Ante tal visita inesperada, Abraham corre a traer agua y lavarlos los pies (18:4,6: ¡lavarle los pies a Dios no es para menos!) y les recomienda descansar bajo un árbol, ya que la tarde es calurosa. Mientras tanto, Sara les prepara un "sandwich" de pan con carne de ternero con cuajada y leche (18:5-8, NVI). Todo se realizó de prisa, corriendo. Cualquier familia conoce estas experiencias con las visitas no anticipadas.



En eso, cuando Sara estaba escondida tras una cortina de la tienda, Dios anuncia de nuevo que Sara dará a luz un hijo. Sara tenía 90 años y Abraham unos cien. "Sara había dejado de menstruar" y de "tener deleite", dice el texto con su acostumbrada naturalidad (18:11,12). Ante toda esta sorpresa Sara visualiza lo prometido, se imagina dando a mamar, con sus pechos caídos y arrugados (21:7) e irrumpe en una risa audible (18:12).  Dios pregunta por qué se había reído Sara (¿pero cómo no reírse, cuando todo es tan risible?) y entonces Sara negó que se hubiera reído.



Después Sara quedó encinta, y durante los nueve meses normales de gestación, las y los vecinos se reían de esa vieja con panza. Después nació el pequeñito Isaac, cuyo mismo nombre significa "risa". Ahora Sara captó el chiste divino y exclamó, "Dios me ha hecho reír, y todos los que se enteren de que he tenido un hijo, se reirán conmigo (Gén 21:6). A esta risa se refiere también el Evangelio de Juan cuando escribe, "Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día, y la vio y se gozó" (Jn 8:56). De hecho, la historia de la salvación comenzó con Abraham, Sara e Isaac. Con Sara y su risa evangélica nació, y sigue naciendo, la alegría de la gracia salvadora de Dios.





Nuestro lector Javier Guevara ha compartido una nota chistosa en el relato del becerro de oro (Ex 32:23). Cuando Moisés demoró en bajar del Monte Sinaí el pueblo urgió a Aarón,"tienes que hacernos dioses que marchen al frente de nosotros" (32:1). Aaron, en vez de rechazar esa tentación idólatra, procedió a movilizar una gran colecta de los aretes de oro de las mujeres. y jóvenes de Israel. Aarón los fundió y con un cincel, formó un ídolo en form de becerro y exclamó "Aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto". También le construyó un altar y le declaró una fiesta solemne en que todos se arrodillaban ante el becerro:(2-6,8).



Dios se pone furioso con esta infidelidad del pueblo, pero Moisés regatea con Dios y le pide calmar su ira (32:7-13; Gén 18:16-33). "Entonces el Señor se calmó" y desistió de destruir al pueblo (32:13-14). Con toda la seriedad del caso, este detalle del relato, de un hombre que calma a un Dios enojado, tiene algo de chistoso.  Es como un chiste dentro de otro chiste.



En seguida, al bajar junto con Josué de la montaña, el enojo es de Moisés y rompe las dos tablas que traía y quema el becerro y lo reduce a polvo. Aarón, por su parte. echa toda la culpa al pueblo. Me trajeron su oro, racionaliza, "lo eché en el fuego, y se me salió este becerro". ¡Una total sorpresa! Debe ser un milagro.  Aarón hace el ridículo y nos pone a  reír a nosotros.





Otro relato que llama la atención por su humorismo es la de la ejecución del moabita Eglón por Aod (Jur 3:14-30). Es la historia de la lucha de un zurdo contra un gordo. Aod logra una entrevista con Eglón y , como era zurdo, esconde su puñal, que medía un codo (18 pulgadas), por el lado derecho de su vestido, de donde Eglón no esperaría un ataque. En el momento apropiado Aod mete su puñal en la enorme panza de Eglón, tanto que todo el puñal se quedó en la barriga y Aod no lo pudo sacar. Además, el puñal rompió los intestinos de Eglón "y le salió el excremento" (3:22). Por el olor sus siervos creían que el rey estaba defecando y no abrieron la puerta. Eso le dio tiempo a Aod y se escapó por una ventana.[3]



¡Vaya historia, y de la misma Biblia!





Otro relato, con similares toques humorísticos, es la burla de Elías contra los profetas de Baal (1R 18:26-29). En el monte Carmelo los profetas de Baal habían gritado clamando a Baal desde la mañana hasta el mediodía, ya estaban agotados y frustrados, cuan Elías comienza a "animarles" con unos consejos:



¡Griten más fuerte! -- les decía -- 

     [¡Como si no estuvieran ya roncos de clamar "Baal, respóndenos"!]

Seguramente que Baal es un dios,

pero tal vez está meditando, 

o esté ocupado o de viaje.

¡A lo mejor se ha quedado dormido

y hay que despertarlo!



Elías, con gran ironía, se hace amigo y consejero de los sacerdotes de Baal para justificar a Baal y explicar su silencio. El segundo verbo, SîG (apartarse, retirarse), que la NVI traduce como "estar ocupado", en "Dios Habla Hoy" se traduce con "o está haciendo sus necesidades". Respetados comentaristas afirman que "retirarse" era un eufemismo para ir a defecar. Con la típica franqueza de la mentalidad hebrea, Elías se burla de Baal por sugerir que éste no responde a los gritos porque se ha ido al baño.[4] El sarcasmo de todo este pasaje se capta bien escuchando el "Elías" de Mendelsohn.



Burlarse de los ídolos era casi siempre una nota humorística de las denuncias de la idolatría:



Sus ídolos son de oro y plata,

producto de manos humanas.

Tienen boca, pero no pueden hablar;

ojos, pero no pueden ver;

tienen oídos, pero no pueden oír,

nariz, pero no pueden oler;

tienen manos, pero no pueden palpar,

pies, pero no pueden andar;

¡ni un solo sonido emite su garganta!

              Sal 115:4-7; cf. 135:15-17



Al ídolo un escultor lo funde;

un joyero lo enchapa en oro,

y le labra cadenas de plata.

El que es muy pobre para ofrendar,

escoge madera que no se pudra,

y busca un hábil artesano

para erigir un ídolo que no se caiga.

              Is 40:18-20 (cf. Os 8:6; Hab 2:18-20)



Mientras Dios por su parte lleva a su pueblo, los ídolos son una pesada carga que tienen que llevar sus adoradores, porque ni pueden caminar (Is 46:1-7; Jer 10:3-5).





El libro de Jonás puede entenderse como una caricatura de los profetas de desastre que no entienden la misericordia de Dios y su amor hacia todas las naciones. Aunque Jonás es profeta, todos los que le rodean son más obedientes a Dios que él.



En un libro que saldrá pronto, nuestro querido amigo, Hugo Zorrilla, encuentra unas 42 ironías en el libro de Jonás. Entre ellas, el hermano Hugo destaca seis: (1) El profeta confiesa a los marineros que teme a Yahvé, Dios del cielo, y sin embargo, se convierte en fugitivo de Dios; (2) En el barco hay un profeta durmiendo mientras los paganos oran; (3) El Señor habla a Jonás como un conocido, y en el libro ni siquiera se le llama profeta ni siervo de Yahvé; (4) Jonás entrega su vida por salvar a los paganos del barco, pero se disgusta por la conversión de los paganos en Nínive;  (5) En las profundidades, en el monstruo marino el profeta ora, y abajo en el barco en la tormenta, duerme; (6) En las profundidades, en el monstruo marino el profeta ora, y abajo en el barco en la tormenta, duerme. Al final, los ninevitas se arrepienten tanto que visten a su ganado con ropa de luto y los obligan a ayunar junto con todo el pueblo (3:7-8). 



En la conclusión del libro, el autor afirma que Dios ha compadecido de Nínive, que tenía "más de ciento mil personas ...  y mucho ganado" (4:11). Jonás en cambio no se preocupaba ni por las personas, pero Dios hasta por el ganado.[5]





Isaiah 65.20, que trata de la muerte, es un buen ejemplo de dos enfoques hermenéuticos opuestos. Si este pasaje se lee con cara seria, con el literalismo con que solemos leer pasajes proféticos, produce una serie de contradicciones muy preocupantes. Ya que el pasaje introduce explícitamente el tema de la nueva creación, supondríamos que se `refiere al estado final eterno que describe Apocalipsis 21-22. Pero entonces surgen las dificultades. Así es el pasaje, leído con toda seriedad erudita:



Nunca más habrá en ella niños que vivan pocos días,

     [PERO, ¿nacerán niños en la nueva creación?

        ¿Y qué es eso de “días” si la nueva creación es eternidad?]

ni ancianos que no completen sus años.

     [PERO, ¿envejeceremos en la vida venidera?]

El que muere a los cien años será considerado joven;

     [¿habrá muerte en el Reino final de Dios? ¿en el milenio?]

pero el que no llegue a esa edad será considerado maldito.

     [¡COLMO de las contradicciones! ¿Cómo es eso de pecadores

             en el cielo, y que serán malditos?] Isa 65.20 NVI



Tampoco se resuelven estas dificultades si especuláramos que todo esto se refiere al milenio de Apocalipsis 20 y no la nueva creación de Apocalipsis 21. Este pasaje dice explícitamente “nuevos cielos y nueva tierra”, y de hecho es el antecedente específico de Apocalipsis 21. Precisamente en el esquema premilenial, el reino de los mil años se realiza en este mundo, antes de que huyan la tierra y el cielo (Ap 20:11) y aparezca la nueva creación (21:1). Y además. ¿qué habrá conocido este antiguo autor sobre el milenio? Respuesta: ¡Probablemente nada!



Las contradicciones desaparecen, sin embargo, cuando leemos este pasaje con un poco de sentido de humor, sensibles a la técnica literaria que se llama ironía.[6] La primera “contradicción”, menos tomada en cuenta, puede ser la mejor clave al sentido: Si alguien tiene cien años, ¿cómo se le puede describir como “joven”? Más bien, es un viejo o una vieja que ya cumplió con creces sus días. Cuando alguien cumple cien años, toda la familia le hace una gran fiesta (a lo mejor, en su silla de ruedas, probablemente sin poder ver ni oír muy bien). No es para menos; ¡ha alcanzado un siglo de vida!



Pero cuando vengan los nuevos cielos y la nueva tierra, según esta visión, si alguien muere con cien años se lamentará, “¡Que mortalidad infantil! Con sólo cien años y ya murió, apenas comenzando la vida. ¿Por qué murió tan niñito?  Apenitas 100 años, ¿qué pasó?” Otros tendrán una explicación diferente para esta muerte trágicamente prematura, con apenas cien años, y preguntarán, “¿Qué pecado habrá cometido, para que Dios le castigara con morir con apenas un siglo de vida?” 



Con estas simpáticas ironías el profeta afirma el triunfo de la vida sobre la muerte. No entendía prácticamente nada de toda la escatología cristiana que vendría siglos después, ni tenía la menor idea de la diferencia entre un premilenialista y un amilenialista (y a lo mejor ni le habría interesado), pero una cosa sabía: nuestro Dios es Dios de vida y al fin él vencerá a la muerte. En el reino venidero nuestros días serán como los árboles (65:22); ¡cada persona será un Matusalén! Con eso el profeta no captaba aun toda la visión de la resurrección y la vida eterna, pero lo que sí nos revela es mucho y muy precioso. Él pudo entender que la vida tiene futuro y la muerte no, y que el Dios Creador puede garantizar a los suyos la vida perpetua y abundante.[7]



Conclusión: Las escrituras hebreas, igual que las cristianas, muestran un hermoso sentido de humor, tanto que a veces solo pueden entenderse con dicho sentido bien activado. El sentido de humor y una actitud lúdica son aspectos de la imagen de Dios en los seres humanos. Dios mismo se ríe (Sal 2:4) y nos pone a reír a nosotros (Gén 21:6).




[1] Sobre este tema, Ediciones Puma ha publicado El humor en el Antiguo Testamento, escrito por Milton Acosta.

[2] Por su parte, estos versículos sugieren la gran importancia de las aves y los animales, pero no en lugar de los amigos y la familia.

[3] Otra nota graciosa de Jueces ocurre cuando Gedeón limita su ejército a "los que laman el agua con la lengua, como los perros".

[4] Gabriel Garcia de México escribe: "me imagino a baal en una nube dormido con un cuerno en el oido como aquellos que usaban los ancianos para escuchar mejor". ¡Tal vez Baal está un poco sordo y necesita audífono!

[5] Un lector comenta: " me gusta la imagen de el pez que lo vomita; el profeta es tan ácido y testarudo que hasta el pez termina devolviéndolo." 

[6] La traducción de la NVI en este texto capta mucho mejor el sentido y la ironía del pasaje.

[7] Isaías ofrece otras hipérboles realmente simpáticas: un cordero durmiendo tranquilo al lado de un amable león, un niño jugando con una víbora, y los chacales arrodillados para adorar a Dios.





Etiopía: 
el Corán 
en el imperio del León de Judá 
 Davide Demichelis






Mohammed Hussein Al Amoudi es uno de los cien hombres más ricos del planeta. Vive entre Addis Abeba y Riyadh, nació en Etiopía pero tiene nacionalidad saudita. Se ocupa de minas, hospitales, finanzas, agricultura, pertóleo, y solamente otro hombre de color es más rico que él. 



Etiopía es así: desigualdad hasta las nubes. Ochenta millones de habitantes con una esperanza de vida que no va más allá de los 50 años. Una élite pequeñísima y muy pudiente. Países vecinos mucho más potentes. Como los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita, naciones que, gracias al petróleo, disponen ingentes capitales. Países musulmanes que pretenden que aumenten los seguidores del Corán incluso en la tierra de la Reina de Saba, en donde Mahoma encontró refugio cuando huyó de la Meca. 



"El desafío se juega también en el terreno de la pobreza de nuestra gente -comenta el arzobispo metropolitano católico de Addis Abeba, Abune Berhaneyesus Dermerew Souraphiel-; los sauditas ayudan a nuestros pobres con tal de que se conviertan al Islam. Saben que estos no serán buenos musulmanes, pero sus hijos sí. El wahabismo saudita, de esta manera, está poniendo en riesgo la pacífica coexistencia en Etiopía". 



El nueve de agosto diez mil musulmanes desfilaron por las calles de la capital, en ocasión del fin del Ramadán. Pedían la liberación de los imanes arrestados hace más de un año y medio por sus vínculos con grupos fundamentalistas y por los sermones que pronunciaron al final de las oraciones. Los líderes religiosos fueron acusados de conspirar en contra del estado. La manifestación terminó en enfrentamientos violentos, con muchos heridos y algunos muertos. La comunidad islámica tiene relaciones muy tensas con el gobierno, aunque forman parte de él muchos ministros musulmanes. La economía del país está creciendo, pero el respeto de los derechos humanos deja mucho que desear. Hace un año, por ejemplo, veinte periodistas fueron condenados por conspirar en contra del gobierno. Las penas son muy duras: de ocho años hasta la cadena perpetua. 



En agosto del año pasado fallecieron el Patriarca Ortodoxo Abuna Paulos y Melles Zenawi, el hombre que depuso al viejo dictador, Menghistu, y que gobernó el país desde el fin de la guerra en 1991. La muerte de estas dos figuras importantes provocó un desequilibrio entre la política y la religión. Según el último censo gubernamental, el 34% de los etíopes practica el islam, mientras que el 62% practica el cristianismo (44% de ellos son ortodoxos; 17%, protestantes y solo el 1%, alrededor de 800 mil personas, son católicas) y se ocupa de la mayor parte de los servicios sociales. Cristianos y musulmanes colaboran desde hace tiempo en diferentes obras sociales, e incluso se creó un Consejo Interreligioso para facilitar el diálogo y la gestión de los servicios conjuntos. 



"El gobierno nos confía muchos servicios porque nosotros no hacemos ninguna discriminación". El arzobispo de Addis Abeba y presidente de la Conferencia Episcopal de Etiopía subraya que tampoco el estado debería discriminar a nadie, a partir de su ley fundamental: "Nuestra Constitución está abierta a todos los grupos religiosos. Los musulmanes querrían imponer la sharia, pero los Tribunales públicos no aplican leyes religiosas". 



 Muchos en Etiopía observan con atención el desarrollo de las crisis nordafricanas, sobre todo lo que sucede en Egipto y Siria. Una victoria de la Hermandad Musulmana podría dar nuevo ímpetu a las corrientes islámicas salafitas, que pretenden la imposición de la sharia y una mayor presencia de los musulmanes en la vida pública.
  Martín Gelabert Ballester, OP 
Libertad responsable 



Libertad, ¡oh mágica palabra! Se diría que todas y todos queremos ser libres e independientes. Da grima encontrarse con los amantes de la ley, el orden y el control, o sea, con los que gustan mandar, que son muchos, siempre prestos y dispuestos a recordar que “libertad sí, pero no libertinaje”. Si con eso quieren decir que no hay libertad auténtica a costa de la libertad de los demás (ese es el buen sentido del término libertinaje) podríamos estar de acuerdo. Pero sospecho que, en ocasiones, la referencia al libertinaje, es la otra cara de las ganas que algunos tienen de someter a los demás, con lo que ellos mismos incurren en lo que critican.



Una buena libertad debe estar adjetivada. Pero los adjetivos calificativos no deben negar el sustantivo. La libertad calificada no es una falsa libertad, una libertad mentirosa, maquillada, vigilada, algo así como ser libre mientras no me salgo de los cauces establecidos por otro. El bien es el mejor calificativo de la libertad. Otro buen calificativo es la responsabilidad. No conviene olvidar que siempre estamos condicionados y condicionamos a otros, siempre dependo de otros y otros dependen de mí. Por eso, debemos responder mutuamente los unos ante los otros. La independencia absoluta es imposible y, además, inmoral. La cuestión que debemos plantearnos es: ¿de quién queremos depender? Y ¿a quién queremos servir? Porque hay dependencias que oprimen y dependencias liberadoras.



Oprime la dependencia sufrida por el esclavo. Libera la dependencia que brota del amor, la del buen padre/madre o la del amigo. Allí donde no hay amor, reina la ley del más fuerte. La libertad cristiana es una libertad para el amor; por eso es siempre responsable. Es la libertad de los hijos de Dios, que nos dispone para una entrega de nosotros mismos en el amor. En esta línea, podemos afirmar que las comunidades cristianas son espacios donde hombres y mujeres se encuentran como amigos, comparten la existencia, se comunican en libertad y viven en libertad. Vivir en libertad no quiere decir que cada uno hace su voluntad; no quiere decir individualismo ni anarquía. Al contrario, cada uno hace voluntariamente lo que es bueno para la comunidad. Todos sirven a todos y asumen voluntariamente las tareas necesarias para el bien de todos

¿La Curia de Roma es reformable?

Leonardo Boff


            La Curia Romana está formada por el conjunto de los organismos que ayudan al Papa a gobernar la Iglesia dentro de las 44 hectáreas que rodean la basílica de San Pedro. Son algo más de tres mil funcionarios. Nació pequeña en el siglo XII, pero se transformó en un cuerpo de peritos en 1588 con el Papa Sixto V, forjada especialmente para hacer frente a los reformadores, Lutero, Calvino y otros. En 1967 Pablo VI y en 1998 el Papa Juan Pablo II trataron, sin éxito, de reformarla.
            Está considerada como una de las administraciones gubernativas más conservadoras del mundo y tan poderosa que en la práctica retrasó, archivó y anuló los cambios introducidos por los dos papas anteriores y bloqueó la línea progresista del Concilio Vaticano II (1962-1965).
            Continúa incólume, como si trabajase no para el tiempo sino para la eternidad. Sin embargo, los escándalos morales y financieros ocurridos dentro de su espacio han sido de tal magnitud que ha surgido el clamor de toda la Iglesia pidiendo una reforma, a ser realizada, como una de sus misiones, por el nuevo Papa Francisco. Como escribía el príncipe de los vaticanólogos lamentablemente ya fallecido, Giancarlo Zizola (Quale Papa 1977): «cuatro siglos de contrarreforma habían casi extinguido el cromosoma revolucionario del cristianismo original, la Iglesia se estableció como un órgano contrarrevolucionario» (p. 278), y negadora de todo lo nuevo que aparece. En un discurso a los miembros de la Curia el 22 de febrero de 1975, el Papa Pablo VI llegó a acusar a la Curia romana de tomar «una actitud de superioridad y orgullo ante el colegio episcopal y el Pueblo de Dios».
            Combinando la sensibilidad franciscana con el rigor jesuita ¿conseguirá el Papa Francisco darle otro formato? Sabiamente se ha rodeado de ocho cardenales experimentados, de todos los continentes, para acompañarlo a realizar esta ciclópea tarea con las purgas que necesariamente deberán ocurrir.
            Detrás de todo hay un problema histórico-teológico que dificulta en gran medida la reforma de la Curia. Se expresa por dos visiones contradictorias. La primera, parte del hecho de que, después de la proclamación de la infalibilidad del Papa en 1870, con la consiguiente romanización (uniformización) de toda la Iglesia, hubo una concentración máxima en la cabeza de la pirámide: es el papado con poder «supremo, pleno, inmediato» (canon 331). Esto implica que en él se concentran todas las decisiones, un fardo que es prácticamente imposible de llevar por una sola persona, aunque sea con poder monárquico absolutista. No se acepta ninguna descentralización, porque significaría una disminución del supremo poder del Papa. La Curia, entonces, se cierra en torno al Papa, al que convierte en su prisionero; a veces bloquea las iniciativas desagradables a su conservadurismo tradicional o simplemente deja de lado los proyectos hasta que son olvidadas.
          La otra vertiente conoce el peso del papado monárquico y busca dar vida al Sínodo de Obispos, organismo colegial creado por el Concilio Vaticano II, para asistir al Papa en el gobierno de la Iglesia Universal. Pero sucede que Juan Pablo II y Benedicto XVI, presionados por la Curia que veía en ello una forma romper el centralismo del poder romano, lo convirtieron en un órgano solamente consultivo y no deliberativo. Se celebra cada dos o tres años, pero sin ningún efecto real sobre la Iglesia.
            Todo apunta a que el Papa Francisco, al convocar a los ocho cardenales para con él y bajo su dirección proceder a la reforma de la Curia, cree un órgano con el cual pretende presidir la Iglesia. Ojala amplíe este órgano colegiado con representantes no sólo de la jerarquía sino de todo el Pueblo de Dios, también con mujeres, que son la mayoría de la Iglesia. Tal paso no parece imposible.
            La mejor manera de reformar la Curia, a juicio de los expertos en las cosas del Vaticano y también de algunos jerarcas, sería una gran descentralización de sus funciones. Estamos en la era de la planetización y de la comunicación electrónica en tiempo real. Si la Iglesia Católica quiere adaptarse a esta nueva etapa de la humanidad, nada mejor que operar una revolución organizativa. ¿Por qué el dicasterio (ministerio) para la Evangelización de los Pueblos no puede transferirse a África? ¿El del Diálogo Interreligioso a Asia? ¿El de Justicia y Paz a América Latina? ¿El de la Promoción de la Unidad de los Cristianos a Ginebra, junto al Consejo Mundial de Iglesias? Algunos, para las cosas más inmediatas, permanecerían en el Vaticano. A través de videoconferencias, skype y otras tecnologías de la comunicación, podrían mantener un contacto diario inmediato. Así se evitaría la creación de un anti-poder, en el cual la Curia tradicional es gran experta. Esto haría a la Iglesia Católica realmente universal y no más occidental.

            Como el Papa Francisco vive pidiendo que recen por él, tenemos que, efectivamente, rezar y mucho para que este deseo se transforme en realidad para beneficio de todos.            

sábado, 17 de agosto de 2013

 DIARIO DE UN TEÓLOGO DEL POSCONCILIO. 
Entre Europa y América Latina.Victor Codina
PRESENTACIÓN DEL LIBRO:  
Marta Orsini Puente

Me siento muy honrada al poder presentar el libro: Diario de un teólogo del posconcilio de nuestro querido amigo Víctor Codina. El suele repetir yo hago teología desde los más sencillos, desde lo pequeño y es posible que por eso me haya pedido que yo hiciera esta presentación.

Comienzo diciendo que me ha admirado su constancia de escribir su diario con todo detalle desde el 24 abril de 1982. El 16 de abril había partido de su tierra natal Barcelona para trabajar en Bolivia, aunque había estado en algunas oportunidades en Bolivia. Va anotando no solamente ideas, lecturas, contactos, reflexiones teológicas, sino también sus impresiones, vivencias,  sentimientos, sus interrogantes, sus dudas, que nos hacen constatar la calidad humana de su persona.

En la presentación que hace dice: “Si me animo a publicar este diario teológico es porque pienso que puede ayudar a las generaciones más jóvenes, no tanto mi itinerario, sino el caminar de la teología en estos 50 años apasionantes de la Iglesia del posconcilio, concretamente entre Europa y América latina. Es un ejercicio de teología narrativa”

Lo llama su diario teológico desde el reverso de la historia. Señala que no es un diario espiritual ni pastoral ni político, sino un diario teológico.

Comienza el libro hablando de sus raíces que han marcado su vida. Su origen, su familia. Catalán, de Barcelona, de familia numerosa, de 8 hermanos y  de padres muy católicos. La fe vivida en su familia y su entrada en la Compañía de Jesús a sus 17 años hacen que nazca su vocación teológica. Fue compañero de noviciado de Luis Espinal. 

Dos años más tarde entrará en el noviciado jesuita su hermano Gabriel, que ha dado gran parte de su vida a Bolivia, sobre todo en el campo educativo.Ambas muertes tanto el martirio de Lucho como por enfermedad de su hermano tocaron profundamente sus sentimientos.

Su formación respondía a los cánones ortodoxos de la época, el nacional catolicismo de la posguerra española y de la Iglesia de cristiandad a la que criticará en varias de sus obras, Su formación inicial fue netamente escolástica.

Ya en el noviciado, un poco a escondidas, se organizan con sus compañeros tertulias sobre lecturas de los principales teólogos de avanzada. 

Posteriormente tomará contacto con teólogos como Karl Rhaner, Congar, De Lubac, Danielou, Schillebeeckx, Von Balthasar, Teilhar de Chardin, etc. 

En la Universidad de Innsbruck fue alumno de Karl Rhaner que  marcó profundamente su vida teológica, como él mismo nos lo dice en su Diario. Allí comenzó a relacionarse con teólogos latinoamericanos.

En la Universidad Gregoriana de Roma hizo su tesis doctoral sobre la espiritualidad de Juan Casiano con el título: “El aspecto cristológico en la espiritualidad de Juan Casiano”

Víctor nos dirá: “El hecho de que Casiano fuera un autor de origen oriental y la pericia de Hausherr en la teología y espiritualidad oriental, despertaron en mí la curiosidad por conocer más la teología y espiritualidad oriental.” Remarco este dato porque le ayudó a descubrir una nueva dimensión teológica más allá de la teología occidental racionalista, fría, estructurada y se irá adentrando en una espiritualidad mística y profética, que será desarrollada en sus publicaciones. Su contacto con la realidad latino americana de los pueblos ancestrales, el uso de símbolos, ritos, imágenes, la dimensión cósmica le hace percibir la presencia del Espíritu. A partir de estas intuiciones desarrollará una teología pneumatológica, presente en todas sus obras.

Se insertó en Bolivia a partir de 1982 y permanece, gracias a Dios, presente entre nosotros y podemos decir como decían de Ignacio Ellacuría: es un vaso-salvadoreño, Víctor Codina es un catalán-boliviano. Bolivia no está en su piel, sino en su corazón.

Nos dice: “Bolivia supuso para mí un mundo nuevo, un volver a nacer a nuevas realidades humanas, sociales, políticas, culturales, religiosas, eclesiales y también teológicas. Fue pasar de la modernidad a la solidaridad…”

Después de estar dos años en Cochabamba va a Oruro. Le impacta la pobreza, los caminos de polvo…escasez de alimentos… Viene de Europa y el contraste es enorme. Los jesuitas tienen su casa en un barrio marginal del este de Oruro en la parroquia de El Rosario. Él manifiesta: “Todo esto forma parte de la experiencia del tercer mundo, de la solidaridad con nuestros pobres, es una experiencia penitencial y dolorosa que nos purifica de las satisfacciones demasiado mundanas del primer mundo, nos hiere el corazón” Junto a esta experiencia sufriente encuentra un gran calor humano, hospitalidad, sencillez, gran capacidad de sufrimiento, y al mismo tiempo un pueblo alegre, pero no conformista, sino luchador, aguerrido, un pueblo profundamente creyente que se expresa en una religiosidad popular llena de ritos y símbolos que le traerán a la mente la teología oriental a la que se había aficionado ya en Europa. Encuentra similitudes entre la teología oriental y la teología de la liberación en cuanto a su dimensión más comunitaria, más cósmica, más simbólica centrada en Cristo sufriente, que lucha por una liberación integral de la persona y de la sociedad.

Un  gran impacto  le causa  la visita al distrito minero de Huanuni, su entrada a interior mina, que describe minuciosamente en su diario el 7 de mayo del 1985. A la entrada del socavón la imagen del Tío, con careta de diablo, el diablo benévolo que da protección a los mineros al que le rinden culto al entrar a la mina fumando un cigarrillo, acullicando  coca y challando a la Pachamama con un trago de alcohol. En una de las galerías está un cuadro con la imagen delo Sagrado Corazón de Jesús. Hay que descender a esta Bolivia profunda para comprender la realidad y comprender este sincretismo que nos es problema para los creyentes católicos de la iglesia del margen. Esta vivencia arranca de Víctor un poema del que tomo algunos versos:

“Bolivia multiforme y diferente

Pobre y bella,

sencilla, sufrida y paciente,

humilde y humillada,

pero con el fulgor de la belleza evangélica

de todo lo pequeño, humilde y pobre,

que ríe en la fiesta y llora con sus muertos,

mientras en el Tabor, Cristo se transfigura

y habla de la pasión,

y yo leo la Historia de la teología cristiana

y descubro que sólo de la espiritualidad

nace la teología viva.

Teología del pueblo boliviano,

un reto y una tarea

entreCEBs y C´hallas del Tío

entre santitos, procesiones, muertos y almas

entre el nevado, la pampa y la llama

y el frío rígido cuando cae la noche.

Tierra de bienaventurazas

donde se cumple al unísono:

pobres, mansos, humildes, llorando, pacíficos

quizá por esto es noble y bella,

feliz y triste.”

Tal vez para algunos es una sorpresa la vena poética de Víctor.

Ya en estos pocos versos se puede ver por dónde iba a ir su teología.

Él nos dice: “Sin duda la época de Oruro fue un tiempo de profunda conmoción e inspiración teológica, con seguridad no fácilmente comprensible para los que viven en otros ambientes sociales y religiosos. Oruro fue un buen lugar teológico para mí” Diario junio del 85.

Posteriormente afirmará: “A más de 25 años de estancia en Oruro constato que fue un tiempo de gracia, donde los pobres (mineros, pobladores de barrios periféricos, gente de la parroquia…) me evangelizaron y esto repercutió en mi reflexión teológica, creativa, abundante y variada: libros, folletos, charlas, cursillos, retiros, viajes a diversos lugares de América Latina para conferencias y clases. Oruro fue para mí un auténtico lugar teológico…”

En cada uno de los relatos del día a día de su diario siempre habla de su contacto con teólogos- teólogas en Europa y L.A, de los congresos a los que asiste y de sus ponencias, de las charlas que da en varios países, de los libros que lee. Está siempre presente en las diferentes páginas de su Diario la realidad social y política que le toca vivir en Bolivia, su contacto con la gente humilde y sencilla, con las CEBs a quienes apoya, sobre todo en Oruro, y Santa Cruz. Habla de sus escritos, de sus interrogantes y sus dudas en situaciones especiales. Continuamente se está confrontando con el Evangelio, con lo que es la Iglesia institución y lo que debería ser. En cada página se trasluce su profetismo, su claridad en los juicios, pero siempre con mucho respeto a las personas. Elogia lo positivo denuncia lo negativo.

Pasan de 400 sus escritos entre artículos y libros siempre con una constante: el renacer de una Iglesia según el evangelio, una Iglesia Nazarena, una teología hecha desde los insignificantes a partir de Jesús de Nazaret que sufre en sí mismo la opresión de sus conciudadanos, que ve el mundo desde abajo, después de haber superado la tentación del mesianismo davídico, como nos dirá en su libro: “Una Iglesia nazarena” publicado en Sal Terrae en 2010

Continuamente va contraponiendo la Iglesia de cristiandad y la iglesia encarnada en la realidad, una iglesia que nos acerca al Padre misericordioso, cercana, dialogante, que no busca el poder, que respeta las diferentes expresiones de religiosidad. Nos habla de tres modelos de iglesia: El modelo de cristiandad o tradicional, centrado en la autoridad jerárquica, el modelo del Vaticano II centrado en el Pueblo de Dios y el modelo que surge en A.L. desde los pobres. Señala la necesidad de abrirnos a la llamada “tercera ilustración” que nos lleva a tomar en cuenta la diversidad sexual, cultural, generacional, religiosa, ecológica que nos lleva, en definitiva  al totalmente Otro, al Misterio a Dios al que llegamos a través del Jesús de Nazaret.

Otra constante que percibimos en el Diario es el descubrir al gran olvidado de la Trinidad, el Espíritu Santo.

Víctor nos dirá: “Tanto a nivel espiritual como teológico voy experimentando un paso suave, pero cierto de la cristología a la pneumatología y ahora de ésta al misterio del Padre. Aunque ahora me pregunto si en la pastoral no habría que hacer un proceso diferente: pasar de la experiencia del Espíritu a Jesús y de éste al Padre”

Le parece muy importante profundizar en la pneumatología para encontrar sentido  a la experiencia religiosa, la vida religiosa, la mística y profecía, la religiosidad popular, la escatología…

Afirma que en la labor de evangelización y el diálogo interreligioso hay que comenzar por la espiritualidad, por el Espíritu. La ruah, el Espíritu, estaba presente antes de la Encarnación y la Pascua dando vida al mundo. Habla de la necesidad de crear una pneumatología, pero vinculada a la cristología y así evitar un eclesiocentrismo o una espiritualidad sin Iglesia, sin Cristo, sin religión… 

En su libro: “No extingáis al Espíritu-  Una iniciación a la pneumatogogía” publicado en Sal Terrae en el 2008, se reafirma que todo aquello que lleva a la vida auténtica a nivel personal y social se debe al Espíritu y todo aquello que va en contra de la vida no procede del Espíritu, sino de los espíritus malignos que hay que saber reconocerlos según lo hizo Jesús.

Está muy de acuerdo con las palabras del Patriarca de Antioquía: Ignacio Hazim: “Sin Espíritu Santo, Dios está lejos, J.C. queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la iglesia una simple organización, la autoridad un despotismo, la misión una propaganda, el culto un mero recuerdo. Pero en el Espíritu…Cristo resucitado está aquí presente. El evangelio es poder de vida, la iglesia significa la comunión trinitaria, la autoridad es servicio liberador, la misión es un nuevo Pentecostés, la liturgia es memorial y anticipación, el actuar humano es divinizado”

Hay que unir, dice él, lo cristológico (pobres, historia, política, estructuras eclesiales y sociales, justicia, etc.) con lo pneumático (espiritualidad, fe, religiosidad popular)

Su contacto con la espiritualidad oriental, más espiritual y simbólica que racional, y su contacto con los ritos y símbolos usados en la religiosidad popular le llevan a utilizar una metodología narrativa.

Textualmente señala: “Con el tiempo cada vez voy dando más importancia a la dimensión simbólica de la teología, que unida a la teología narrativa, es la única que puede hacer accesible al pueblo el misterio de la salvación”

En 1990 publica: “parábolas de la mina y el lago” y comienza a preparar un libro sobre parábolas y cuentos.  La gente sencilla de las comunidades de Villa Pagador, Oruro, le dicen que sus parábolas y cuentos los entienden y que ellos  también pueden relatarlos a los demás. En el 94 escribe una pequeña novela teológica: “Miguelito” que cuenta algunas aventuras del ángel Miguelito( imagen del templo de Charagua que está al lado del ángel San Miguel)  en su recorrido por diversos lugares de Bolivia. Es una hermosa lección de catequesis sobre diferentes temas a través del diálogo con la gente de cada lugar. Es un modo de hacer teología desde lo cotidiano, lo sencillo.

En su último libro: “Diosito nos acompaña siempre” publicado en mayo de este año recoge varios relatos de su vivencia personal con la gente sencilla, es su modo de hacer teología desde lo narrativo. 

Su campo de acción, por decirlo de alguna manera, o su quehacer teológico, no como teórico, sino haciendo crecer esa semilla del Reino en la gente más sencilla y pobre son las laicas y laicos, las Comunidades Eclesiales de Base. En sus largos años en Oruro y sus 11 años en Santa Cruz las acompaña. En los encuentros masivos de las CEBs tanto en Santa Cruz, como en Potosí detecta, con el sentido crítico que le caracteriza, que les falta compromiso social y que tienen el peligro de quedarse en una espiritualidad desencarnada, que les falta una mayor formación teológica, social y política.

Otro tema abordado en el Diario es el de la Teología de la Liberación. Se puede seguir perfectamente en numerosas páginas los cambios que se da en la concepción de la Teología de la liberación desde los documentos posconciliares de la Conferencias latinoamericanas de Obispos.

En sus escritos iniciales sobre el tema: “¿Qué es la teología de la liberación?” Y “Ser cristiano en América Latina” habla de un cambio de actitud de los cristianos para vivir con la fuerza del Evangelio rechazando y denunciando toda injusticia y comprometerse desde la fe a cambiar la realidad, a solidarizarse con los sectores más marginados de la sociedad.

Señala que la mediación sociopolítica, que es imprescindible, debe complementarse con dimensiones antropológicas como edad, género, cultura,  Los pobres no son objeto de nuestro quehacer teológico, sino sujetos activos con características propias de cada raza cultura, cosmovisión, etc.

Al hablar de la crisis de la teología de la liberación nos dice “…debe avanzar, completar la cristología con la pneumatología, la visión del varón con la femenina, la historia con la naturaleza, la violencia eficaz con la no violencia, la uniformidad con lo diferente, la economía con la cultura, lo pobres con los indígenas y afros…la praxis con la fiesta, el servicio con la comunión, la denuncia profética con el anuncio, la dialéctica con el símbolo, la ética con la estética”

Para terminar rescataré la dimensión humana de Víctor Codina, reflejada en su diario.

Al volver a su tierra, Barcelona, al encontrarse con su familia siente profunda alegría y un profundo dolor ante la partida definitiva de su madre, de su hermano Gabrie, también jesuita, que ha dado tanto a Bolivia, dolor y rabia ante el asesinato de su compañero de estudios Luis Espinal. 

 En muchas páginas manifiesta sus dudas, sus interrogantes a nivel personal, social, eclesial.

Al comenzar su estadía en Cochabamba, resulta ser sospechoso por un artículo que iba a ser publicado sobre modelos de Iglesia en la revista del ISET. Manifiesta: “…de momento siento indignación y rabia. Después paz y tranquilidad, e incluso alegría. Esta noche al comulgar siento consolación. Me encontraba pobre, desnudo, con dificultades con la jerarquía, sin recursos, solidario con los pobres. No tengo miedo , pero me duele ver que en Bolivia la Iglesia se cierre…” 1983

Piensa que tal vez su camino teológico no sea desde la academia, sino desde su inserción en el mundo de los pobres, las comunidades: “¿Es un llamado?, ¿Es un Kairós? ¿Dios me habla a través de la historia?, se pregunta. “En estos momentos me siento colgado. Vivo de fe sin saber a dónde ir, en noche oscura, en conflicto con la misma autoridad jerárquica (como Jesús), más doloroso que los conflictos con la autoridad civil” 

Otro de sus grandes interrogantes es:“¿No habremos caído en un excesivo activismo, que crece al disminuir las vocaciones y al aumentar las necesidades pastorales? ¿No conduce esto, a la larga, a un empobrecimiento, no sólo teológico, sino pastoral y espiritual? ¿No habrá que contar más con la presencia de laicos y seglares en nuestras obras para quedar un poco aligerados de trabajo? ¿Somos conscientes de que manejamos, de forma tal vez inconsciente, un imagen de sacerdote, de pastoral y de vida religiosa que es más propia de la época de la cristiandad que del Vaticano II?”

A la imposición de silencio al teólogo Leonardo Boff expresa: “¡Es la inquisición! Me da rabia y no se puede hacer nada. Es la impotencia ante las dictaduras, no sólo políticas, sino también eclesiales. Me dan ganas de no dar clases por solidaridad con él, en una especie  de huelga de teólogos. Pero no es posible”

En sus notas al dar retiro a un grupo de religiosas se pregunta: “¿Son conscientes de que hay una figura histórica de vida religiosa que ya no tiene futuro, que estamos ante un fuerte tsunami globalizado y que hemos de caminar hacia otra figura de vida religiosa?”

Al corregir trabajos de sus alumnos en Cochabamba, comprueba que varios han copiado de internet y expresa: “esto me aflige y me deja confundido. ¿No les interesa la materia de eclesiología? ¿Falta de honradez? ¿Este es el éxito final de mis 45 años de enseñanza teológica? ¿Fracaso mío? ¿Dónde queda la ilusión de preparar mis clases…”

Ustedes podrán encontrar más interrogantes e inquietudes a través de la lectura del libro.

Solamente la persona que se pregunta es capaz de aprender, de avanzar, de transformar.

En todas las notas del día a día habla de sus contactos con teólogos- teólogas, lo que aprende de ellos y lo que aporta, de sus charlas en varios países y departamentos de Bolivia, de su relación con la gente, de situaciones  de la realidad de Bolivia, de sus sentimientos e inquietudes.

El Diario es un tesoro que ustedes llevarán en sus manos e irán descubriendo a la persona de Víctor y su hacer teología desde la orilla.

Y para concluir repito la frase de Víctor que señalé al principio de esta presentación. “No es mi  diario espiritual, ni el diario de mi familia, ni un diario político, sino mi diario teológico desde el reverso de la historia, desde la alteridad.”

Gracias.

Marta Orsini Puente

Cochabamba – Bolivia

9 de agosto de 2013