sábado, 25 de mayo de 2013

La Biblia en su contexto: 
“El Paráclito tiene la función de maestro”
Orlando Segundo Carmona

Domingo 26 de Mayo. Ciclo C. Santísima Trinidad. En la teología joánica no cabe la posibilidad de que el Paráclito reciba de Jesús algo que no venga también del Padre, pero todo lo que tiene (para los hombres) procede de Jesús






EVANGELIO: Jn 16,12-15


12 Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora.

13 Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir.

14 El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él.

15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.»



Con relación a los discípulos, el Paráclito tiene la función de maestro (v. 12-15). Jesús tendría aún muchas cosas que decir a los suyos, pero éstos no pueden ahora recibirlas, no ciertamente porque la tristeza en que los ha sumido el anuncio de la partida de Jesús los haga incapaces de aceptar con fruto otras instrucciones, sino porque al presente no poseen aún suficiente madurez. Los exegetas se preguntan si Jesús se refiere aquí a verdades todavía no anunciadas, o si piensa más bien en un ulterior desarrollo de las que ya les ha comunicado, y en una mayor penetración de ellas. Si se tiene presente lo dicho en 15,15, se puede afirmar que esta última interpretación cuenta con las mayores probabilidades. 



Misión del Paráclito será guiar a los discípulos a la conquista de la verdad íntegra y total (cf. 14,26). Tal conquista implica la inteligencia de cada una de las palabras y acciones de Jesús, cuyo sentido profundo ha escapado hasta ahora a los discípulos, la inteligencia de la conformidad de su muerte con cuanto dice la Escritura, y esto para rechazar el escándalo de la muerte de cruz (Lc 24,25-27); pero, sobre todo, la obra del Espíritu Santo procurara una penetración más profunda de toda la obra redentora de Cristo y de su alcance universal, tal como se muestra en las epístolas del NT. A él, pues, se debe el que los discípulos se den cuenta de lo que la revelación de Jesús contiene. Que éste es el sentido del v. 13a se ve por el v. 13b, donde se ofrece la prueba de lo dicho anteriormente. Como en el caso de Jesús, tampoco el Paráclito habla por iniciativa propia, sino que anuncia sólo lo que oye de Dios. 



En la predicación de la Iglesia, que se desarrolla con la asistencia del Espíritu, sigue viviendo y obrando la palabra de Jesús, que en tal forma se comprende más a fondo, se difunde más amplia-mente y se anuncia de acuerdo con la situación de cada momento particular. 



Entre las cosas que el Paráclito anunciará, Jesús recuerda sólo las que han de suceder. La mayor parte de los comentaristas piensan que con esto alude a las profecías apocalípticas. No hay que olvidar, sin embargo, que las profecías apocalípticas se refieren no al futuro en general, sino de manera especial al fin del mundo actual y a los últimos acontecimientos (cf. Dan 8,17: «La visión se refiere al fin de los tiempos»). Según esto, es mejor dar a la expresión, en sí un poco vaga, un sentido más amplio, y entenderla como una promesa de que el Paráclito concederá también el don de la profecía. 



Se repite, por último, expresamente que el Paráclito no traerá una revelación nueva, que sobrepase, ni mucho menos que esté en contradicción con el mensaje de Jesús, sino que la palabra de Jesús continúa viva en la predicación de la Iglesia, asistida por el Espíritu. Así se realiza la glorificación de Jesús, exactamente como en la obra de Jesús se realizó la glorificación del Padre. En su enseñanza el Paráclito toma de la riqueza del Hijo, porque lo que enseña es palabra de Dios; en efecto, lo que el Padre posee pertenece también al Hijo.



COMENTARIO 1



El segundo pasaje del cap. 16 sobre el Paráclito2, igual que su equivalente en 14,26 se refiere a su misión como maestro de los discípulos. 



El v. 12 ofrece una transición a este aspecto de la obra del Paráclito. ¿Qué quiere dar a entender Jesús cuando dice que aún tiene muchas cosas que decirles, pero que no pueden con tanto ahora? ¿Significa esto que después de su muerte habrá nuevas revelaciones? Algunos así lo han creído, hasta el punto de que sobre la base de esta sentencia se ha construido una cierta tendencia mística. Agustín juzgaba temerario investigar cuáles podrían ser esas cosas. Los teólogos han utilizado este versículo para probar la tesis de que entre la muerte de Jesús y la del último discípulo se dieron nuevas revelaciones. Los teólogos católicos han visto en estas palabras una alusión a la continua evolución del dogma durante toda la etapa de existencia de la Iglesia. Pero un cotejo de estas palabras con 15,15, donde parecen excluirse nuevas revelaciones («os he comunicado cuanto he oído a mi Padre»), ha de hacernos muy cautelosos al respecto. Lo más verosímil es que el v. 12 signifique que después de la resurrección de Jesús se producirá la comprensión plena de todo lo dicho y ocurrido durante el ministerio, tema frecuente en Juan (2,22; 12,16; 13,7). Esta promesa de un conocimiento más profundo puede expresarse perfectamente en términos de «tengo más cosas que deciros», ya que, actuando en y a través del Paráclito, Jesús comunicará ese conocimiento. Es inverosímil que Juan pensase en ulteriores revelaciones después del ministerio de Jesús, va que el mismo Jesús es la revelación del Padre, la Palabra de Dios.



Llegamos de este modo al v. 13 y al tema del Paráclito como guía de los discípulos hacia la verdad plena, la comprensión del mensaje de Jesús. Algunos han querido relacionar esta imagen del Paráclito con el papel del guía en las religiones mistéricas paganas, pero habrá que pensar más bien en el trasfondo veterotestamentario. Recordemos Sal  143,10: «Tu buen espíritu me guiará por un sendero llano», y 25,4-5: «¡Oh Señor, enséñame tus senderos, guíame en tu verdad!» En los LXX de Is 53,14 leemos: «Descendió el espíritu de parte del Señor y los condujo por el camino.» Se objeta a veces que estos pasajes del AT se refieren a una guía moral y no  a un conocimiento más profundo de la revelación, por lo que la imagen joánica del Paráclito como guía es muy distinta. Es obvio que «espíritu», «camino» y «verdad» tienen  en el pensamiento joánico un significado que desborda la idea del AT.



El v. 14 refuerza la impresión de que el Paráclito no aporta nuevas revelaciones, pues recibe de Jesús lo que ha de interpretar a los discípulos. Jesús glorificó al Padre (17,4) al manifestarlo a los hombres; el Paráclito glorifica a Jesús al revelarlo a los hombres. La gloria implica una manifestación visible al convertir a los hombres en testigos (15,26-27), el Paráclito proclama públicamente a Jesús, que comparte la gloria de su Padre (17,5). (En otros pasajes joánicos leemos que el Espíritu glorifica a Jesús engendrando hijos de Dios, que de este modo reflejan la gloria de Dios como Jesús refleja la gloria del Padre) En esta alusión a la gloria advertimos otro elemento de la escatología realizada. Según los sinópticos, el Hijo del Hombre vendrá con gloria el último día (Mc13,26); para Juan, la gloria está ya en que Jesús se halla presente en medio de los hombres en y a través del Paráclito. 



El v. 15 toca indirectamente el tema de la relación del Paráclito con el Padre y con el Hijo. Ya hemos visto cómo el cap. 16 subraya la intervención de Jesús con respecto al Paráclito (v. 7: «Os lo enviaré»), en contraste con 16,16.26, donde es el Padre quien interviene para enviarlo. Pero el v. 15 demuestra que el autor del cap. 16 sabía también que, en definitiva, el Paráclito, igual que el mismo Jesús, actúa como emisario del Padre. Al declarar o interpretar lo que se refiere a Jesús, el Paráclito manifiesta en definitiva al Padre, puesto que el Padre y Jesús poseen todas las cosas en común. Posteriormente los teólogos orientales y occidentales discutirán, en la teología trinitaria, si el Espíritu procede sólo del Padre o del Padre y del Hijo. En la teología joánica no cabe la posibilidad de que el Paráclito reciba de Jesús algo que no venga también del Padre, pero todo lo que tiene (para los hombres) procede de Jesús.





1. BROWN, Raymond, El Evangelio según San Juan, Cristiandad, Madrid 1979, 2da Edición, p 1065-1068.



2. La pneumatología de Juan, igualmente bien elaborada, pero menos complicada por su forma meditativa, tiene como característica la definición del espíritu mediante el mensaje de que Jesús mismo es «camino, verdad y vida» y, por consiguiente, la «luz del mundo» (6, 63; esto es también lo que reciben los discípulos: 20, 22); pero esto lo es no como hombre empírico, sino como el que «viene de Dios y retorna a Dios» (por eso el espíritu viene sólo después de la muerte de Jesús: 7,39). La contraposición que Juan, en la línea de la tradición a la que se siente ligado, establece entre espíritu y carne, en cuanto esferas a las que se asigna un origen celeste y terrestre respectivamente (3, 6; 6, 63) se debe a la diferencia insalvable que existe para él entre Dios, que es espíritu (4, 24) y el hombre, que vive en un mundo impío. Porque Jesús ha sido enviado, podemos acercarnos a Dios adorándole en espíritu y en verdad» (4, 23 s); pues Dios nos encuentra en Jesús, de tal manera que nosotros sólo podemos conocerle en la medida en que hemos renacido del espíritu, de Dios (3, 3-5; cf . 1, 13), por tanto, en la medida en que ya no somos determinados por la carne, en sentido joaneo, sino por el espíritu, todo lo cual resulta tan enigmático para el mundo como el soplo del viento (3, 8: pneüma es conscientemente utilizado aquí en su doble sentido). Jesús viene de nuevo a sus discípulos en el Paráclito, el -> intercesor y «espíritu de verdad», en cuanto que ellos, gracias a la mediación del espíritu, conocen y custodian la verdad de su mensaje y así le contemplan como viviente (14, 16-20.26; 15, 26; 16, 13).


jueves, 23 de mayo de 2013


Francisco: 
"Romero fue un testimonio 
para todo El Salvador"





El papa Francisco recibió hoy al presidente de El Salvador, Mauricio Funes, con quien analizó la figura del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba misa, cuyo proceso de beatificación está en marcha.

Francisco y Funes hablaron a solas durante 12 minutos en la biblioteca privada del Pontífice, en un ambiente de "cordialidad", según señaló el Vaticano en un comunicado.

"Se han subrayado las buenas relaciones existentes ente la Santa Sede y El Salvador y, en particular, se ha hablado de la figura del Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero y sobre la importancia de su testimonio para toda la nación", precisó el Vaticano.

También "se apreció" la contribución que la Iglesia Católica ofrece "para la reconciliación y para la consolidación de la paz y en los sectores de la caridad, la educación, la erradicación de la pobreza y la criminalidad organizada".

El papa y Funes hablaron también de la defensa de la vida, del matrimonio y de la familia.

Funes, según informó ayer la presidencia de la República, viajó al Vaticano para interceder ante Francisco por la pronta beatificación de Romero y para exponerle sobre la "tregua" entre pandillas salvadoreñas.

El papa Bergoglio le recibió en la Sala del Tronetto, anexa a la Biblioteca Privada, con un "buenos días", en español, a lo que Funes le respondió: "muchas gracias por recibirme, mucho gusto".

Después pasaron a la Biblioteca, donde se sentaron uno frente a otro delante de la mesa. En los primeros momentos Funes se excusó por haber llegado un cuarto de hora tarde a la cita debido, al parecer, a un retraso del avión.

El Obispo de Roma recordó que la esposa del presidente, Vanda Pignato, que es también Secretaria de Inclusión Social de su gobierno, asistió el 19 de marzo a la misa de inicio de su pontificado.

Después se cerró la puerta de la Biblioteca y prosiguieron la conversación a solas.

Concluida la audiencia, entró en la sala el séquito presidencial, compuesto por siete personas, entre ellas el Secretario Privado de Presidencia, Francisco Cáceres, y el embajador de El Salvador ante la Santa Sede, Manuel López Barrera.

Funes regaló al papa un relicario dorado, en forma de cruz, que contiene un trozo de la sotana que llevaba Romero cuando fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia.

El relicario, precisó el presidente, es obra de las Hermanas de ese hospital.

Los brazos están realizado con la unión de numerosas figuras de personas, que simbolizan la unión del arzobispo con el pueblo salvadoreño.

Funes señaló al papa que Romero siempre estaba rodeado del pueblo y especialmente de los niños.

También contó que numerosos artistas salvadoreños han recogido la vida del arzobispo en numerosos murales, alguno de ellos colocados en el aeropuerto de San Salvador.

El papa le obsequio a Funes con tres medallas del pontificado.

Tras la audiencia, Funes se reunió con el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone.

Funes afirmó recientemente que consideraba la audiencia "muy importante".

"Queremos empujar el proceso de beatificación de monseñor Romero", cuyo reciente desbloqueo por parte del Vaticano "es una señal esperanzadora de que se va caminando bien", subrayó.

Romero, que se caracterizó por defender a los más pobres y desprotegidos, fue asesinado de un disparo en el pecho mientras oficiaba misa en la capilla del hospital para enfermos de cáncer de San Salvador el 24 de marzo de 1980, cuando estaba a punto de estallar la guerra civil que se prolongó hasta 1992.

En 1994 se abrió el proceso de beatificación del prelado, a quien muchos latinoamericanos llaman "San Romero de América", pese a que aún no ha sido beatificado.

Tras concluirse la parte diocesana salvadoreña, en 1996 el proceso pasó al Vaticano.

En los últimos años se encontraba en una etapa de estancamiento en la Congregación para la Causa de los Santos.

El pasado 22 de abril el papa lo desbloqueó, según informó el presidente del Consejo Pontificio para la Familia, el arzobispo Vincenzo Paglia.

(Rd/Agencias)


martes, 21 de mayo de 2013


Francisco: 
"La crisis es resultado del capitalismo salvaje"


El papa Francisco afirmó hoy que en la actual crisis económica y financiera que afecta sobre todo a gran parte de Europa se ven los resultados de un "capitalismo salvaje" que ha instaurado la lógica del beneficio a "cualquier coste". Durante una visita a la casa de socorro y asistencia a los más necesitados "Don de María", gestionada en el Vaticano por las Hermanas Misioneras de la Caridad, el pontífice apostó por que la sociedad actual recupere el sentido de la "gratuidad, de la solidaridad".

"Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del beneficio a cualquier coste, del dar para obtener, del provecho sin mirar a las personas... y los resultados los vemos en la crisis que estamos viviendo", dijo Francisco durante la visita, en declaraciones recogidas por los medios italianos.

El pontífice sostuvo también que "tenemos que recuperar todos el sentido del regalo, de la gratuidad, de la solidaridad".

Cuando se cumple este año el 25 aniversario de su inauguración por el papa Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta, Francisco visitó este martes la casa "Don de María" del Vaticano, que ofrece cada día comida a pobres y asistencia médica a decenas de mujeres.

El papa argentino estuvo acompañado, entre otros, por el prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, y de su secretario personal, Alfred Xuereb, y al encuentro con el pontífice asistieron no solo las monjas responsables del centro de caridad, sino también algunos de las personas necesitadas de asistencia que encuentran en él.

"Esta casa es un lugar que educa en la caridad, una 'escuela' de caridad, que enseña a ir al encuentro de cada persona, no por el beneficio, sino por amor. La música, digámoslo así, de esta casa es el amor. Y esto es bonito", dijo Francisco.

El papa añadió que le gusta "que los seminaristas de todo el mundo vengan aquí para tener una experiencia directa de servicio. Los futuros sacerdotes pueden vivir así de un modo concreto un aspecto esencial de la misión de la Iglesia y hacer de ello un tesoro para su propio ministerio pastoral". (RD/Agencias)

Texto íntegro del saudo del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, buenas tardes.

Dirijo un afectuoso saludo a todos vosotros; en modo completamente especial a vosotros, queridos huéspedes de esta Casa, que es sobre todo vuestra, porque para vosotros ha sido pensada e instituída. Doy gracias a cuantos, en diversos modos, apoyan esta bella realidad del Vaticano. Mi presencia esta tarde quiere ser sobre todo un gracias sincero a las Misioneras de la Caridad, fundadas por la beata Teresa de Calcuta, que actúan aquí desde hace 25 años, con numerosos voluntarios, en favor de tantas personas necesitadas de ayuda. ¡Gracias de corazón!

Vosotras, queridas hermanas, junto a los Misioneros de la Caridad y los colaboradores, hacéis visible el amor de la Iglesia por los pobres. Con vuestro servicio cotidiano, sois --como dice un Salmo- la mano de Dios que sacia el hambre de todo viviente (cfr Sal 145,16). ¡En estos años, cuántas veces os habéis inclinado sobre quien tiene necesidad, como el buen samaritano, le habéis mirado a los ojos, le habéis dado la mano para levantarlo! ¿Cuántas bocas habéis alimentado con paciencia y dedicación! ¡Cuántas heridas, especialmente espirituales, habéis vendado! Hoy quisiera detenerme en tres palabras que os son familiares: Casa, don y María.

1. Esta estructura, querida e inaugurada por el beato Juan Pablo II, --¡pero esta es una cosa entre los santos, entre beatos! Juan Pablo II, Teresa de Calcuta; y la santidad ha pasado; ¡es bello esto!- es una "casa". Y cuando decimos "casa" entendemos un lugar de acogida, una morada, un ambiente humano donde estar bien, reencontrarse a sí mismos, sentirse integrados en un territorio, en una comunidad. Todavía más profundamente, "casa" es una palabra de sabor típicamente familiar, que recuerda el calor, el afecto, el amor que se pueden experimentar en una familia. La "casa" entonces representa la riqueza humana más valiosa, la del encuentro, la de las relaciones entre las personas, diversas por edad, por cultura y por historia, pero que viven juntas y que juntas se ayudan a crecer. Precisamente por esto, la "casa" es un lugar decisivo en la vida, donde la vida crece y se puede realizar, porque es un lugar en el que cada persona aprende a recibir amor y a donar amor. Esta es la "casa". ¡Y esto trata de ser desde hace 25 años también esta casa! En el límite entre el Vaticano e Italia, es un fuerte reclamo a todos nosotros, a la Iglesia, a la Ciudad de Roma y a ser siempre más familia, "casa" en la que se está abiertos a la acogida, a la atención, a la fraternidad.

2. Hay después una segunda palabra muy importante la palabra 'don' que califica esta casa y define su identidad típica. Es una casa, de hecho se caracteriza por el don y por el don recíproco.

¿Qué quiero decir? Que esta casa dona acogida, apoyo material y espiritual a ustedes queridos huéspedes, provenientes de diversas partes del mundo.

Pero también ustedes son un don para esta casa y para la Iglesia. Ustedes nos indican que amar a Dios y al prójimo no es algo abstracto, pero profundamente concreto: quiere decir ver en cada persona el rostro del Señor que debemos servir y servirlo concretamente.

Y ustedes son -queridos hermanos y hermanas- el rostro de Jesús. ¡Gracias! Ustedes 'donan' la posibilidad a cuantos trabajan en este lugar, de servir a Jesús en quien se encuentra en dificultad, en quien tiene necesidad de ayuda.

Esta casa entonces es una luminosa transparencia de la caridad de Dios, que es un Padre bueno y misericordioso hacia todos.

Aquí se vive una hospitalidad abierta sin distinción de nacionalidad o de de religión, según enseñanza de Jesús: "Gratuitamente han recibido gratuitamente den". (Mt 10,8).

Debemos recuperar todos el sentido directo del don, de la gratuidad, de la solidaridad. Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del provecho a cualquier costo, del dar para obtener, del explotar sin mirar a las personas... ¡Y los resultados los vemos en la crisis que estamos viviendo!

Esta casa es un lugar que educa a la caridad, una escuela de caridad, que enseñar a estar cerca de cada persona, no por provecho pero por amor. La música -digámoslo así- de esta casa es el amor, y esto es bello y me gusta que seminaristas todo el mundo vengan aquí para hacer una experiencia directa del servicio. Los futuros sacerdotes pueden así vivir en modo concreto un aspecto esencial de la misión de la Iglesia y hacer tesoro para su ministerio pastoral.

3. Existe, para finalizar, una última característica de esta casa: esta se califica como un don 'de María'. La Virgen Santa ha hecho de su existencia un incesante precioso don a Dios, porque amaba al Señor. María es un ejemplo y un estímulo para quienes viven en esta casa, y para todos nosotros, para vivir la caridad hacia el prójimo, no por una especie de deber social, sino partiendo del amor de Dios, de la caridad de Dios.

Y también -como hemos sentido en las palabras que nos dijo la madre- María es aquella que nos lleva Jesús y nos enseña cómo ir hacia Jesús. Y la madre de Jesús es nuestra y hace familia con nosotros y con Jesús. Para nosotros cristianos, el amor al prójimo nace del amor de Dios y es la más importante y la más límpida expresión.

Aquí se busca amar al prójimo pero también dejarse amar por el prójimo. Estas dos actitudes caminan juntas, no puede existir una si no está también la otra. En el papel membrete de las misioneras de la caridad están impresas estas palabras de Jesús: "Todo aquello que habéis hecho a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo habéis hecho a mi". (Mt 25,40). Amar a Dios en los hermanos es amar a los hermanos en Dios.

Queridos amigos gracias nuevamente a cada uno de ustedes. Rezo para que está casa continúe a ser un lugar de acogida, de don, de caridad en el corazón de nuestra ciudad de Roma. La Virgen María les cuide a ustedes y les acompañe mi bendición. Gracias

  Martín Gelabert Ballester, OP 
La vida de los bien nacidos 



En España comienza a haber demasiadas historias de enfermos para contar. Historias que ocurren en la sanidad casi “expública”, esa sanidad que quieren privatizar so pretexto de mejorar el servicio, pero en realidad para reducir gastos, despidiendo personal, dejando de atender a algunos enfermos, o presentando factura a otros. En algunos hospitales ya están entregando al usuario unas hojas para que marque la correspondiente casilla de si ha quedado contento con la atención. Para que luego el político de turno pueda vender qué tanto por cien de satisfacción va teniendo la nueva sanidad “privada”. Algunas enfermeras se han negado a colaborar en esta jugada (con todas las cautelas posibles, para no tener problemas), porque la buena, debida y adecuada atención se da por supuesta, como en el ejército se supone el valor.



Lo peor son algunas historias de pacientes que revelan a dónde estamos llegando. Como la de esta persona, obligada a pagar el medicamento, y casi por caridad le pedía al médico que le recetase “otra cosa”. Otra cosa que acorta la vida, porque ya no hay recursos para hacer frente a la vida. O la de este enfermo de Sida, inmigrante, de esos que ya no tienen derecho a ser atendidos, y que no puede pagar una carísima medicación. La va a pagar Caritas, pero es claro que si se multiplican los casos Caritas no podrá atenderlos a todos. Oigo que un Consejero autonómico dejó muy claro a los responsables de hospitales que sólo podían atender a inmigrantes con una verdadera urgencia (aunque luego, al salir, les presentan factura). Y ante la interpelación de un médico: “y qué es urgente”, no supo que responder. ¿Un dolor de cabeza es una urgencia? Hay dolores de cabeza producidos por un infarto. Pero eso requiere de unos análisis que no se hacen por un simple dolor de cabeza.



Me cuentan el caso de un rumano: cuando el médico le dijo que tenía que hacerse un análisis, se echó a llorar desconsoladamente. ¿Motivo? No el análisis, sino el que “eso en su país había que pagarlo y no tenía dinero”. Como se trataba de una ciudadano de la Unión Europea, se tranquilizó al saber que aquí no había que pagar. ¡En otros países están mucho peor! Pero esto no justifica que en España haya recortes en sanidad y educación por una mala gestión política de la economía.



Como yo estoy a favor de la vida de los bien nacidos, hago mi pequeña protesta. Es de esperar que otros, que también están a favor de la vida, hagan la suya desde sus medios de difusión y según sus posibilidades.

Ante la fiesta del Corpus Christi

José Manuel bernal



La fiesta del Corpus me suscita multitud de reflexiones. Se instituyó en la edad media y es fruto de un contexto doctrinal animado por las confrontaciones teológicas y las disputas de escuela. Ante los titubeos doctrinales a la hora de afirmar la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas y de explicar el modo como en el pan y en el vino se hacen presentes el cuerpo y la sangre del Señor, esta fiesta viene a constituir una afirmación popular y solemne de la presencia real del cuerpo de Cristo en la hostia consagrada. Esta afirmación acaba convirtiéndose en una aclamación festiva y exuberante, de carácter popular, que terminará extendiéndose en poco tiempo por toda la cristiandad.

El tono de esta fiesta, tan popular y tan española, nunca ha dejado de suscitarme preguntas impertinentes y respuestas incómodas. La reforma litúrgica del Vaticano II cambió el nombre de la fiesta. Ahora se llama «Festum Sanctissimi Corporis et Sanguinis Christi». Pero, hasta esa fecha, había venido llamándose «Festum Sanctissimi Corporis Christi». Eso es, la fiesta del Corpus, como la hemos conocido siempre. Ahí surge precisamente la primera sorpresa. No entiendo por qué la mención de la fiesta ha ido referida exclusivamente al cuerpo de Cristo. Tampoco entiendo por qué en la solemnidad del Corpus, sobre todo en la procesión, solamente es ofrecida solemnemente a la adoración de los fieles la hostia consagrada. Todo el entorno litúrgico de la fiesta se ha construido en torno a la sagrada hostia: las custodias normales, las valiosas custodias procesionales, las andas para trasportarla, el palio, los cantos, etc. 

Esta fijación aparece en consonancia con otros comportamientos que no hacen sino afianzar esta preferencia obsesiva por la hostia consagrada; preferencia que, con el tiempo, ha ido transmitiéndose a la devoción popular. En este sentido hay que interpretar la costumbre iniciada en la edad media de elevar la hostia después de la consagración, ofreciéndola a la adoración de los fieles. Es curioso que la elevación del cáliz se introdujo posteriormente, por motivos de mimetismo y de simetría con la elevación de la hostia. Así hay que interpretar igualmente la costumbre de conservar la hostia consagrada en el sagrario y de colocar una lámpara encendida para acompañar y velar la presencia real del Señor; la que llamamos «lamparilla del sagrario». 

A esta costumbre hay que añadir toda una serie de actos de piedad eucarística que se fueron incorporando progresivamente a la tradición popular como la exposición y adoración del santísimo sacramento, en la que solo se ofrece a la adoración de los fieles la hostia consagrada; las cuarenta horas; la adoración nocturna; la visita al santísimo sacramento, etc. En ese sentido, por supuesto, hemos de interpretar la supresión de la comunión del cáliz para los fieles, que se había mantenido hasta los tiempos de Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII. Desde entonces los fieles han participado en la comunión eucarística participando de una sola especie. Mientras el sacerdote ha comulgado siempre del pan y del vino, los fieles sólo han participado del pan consagrado. 

De este modo, analizada la situación de forma muy esquemática, vemos como la polarización de la piedad eucarística en el pan consagrado, en la sagrada hostia, llega a su punto más candente. La piedad eucarística se concentra en la adoración de la hostia consagrada. La participación de los fieles en el banquete sacramental queda reducida a la comunión del pan eucarístico. 

Frente a esta situación es muy significativa la postura teológica de Tomás de Aquino. En una de las antífonas más representativas de esta fiesta, que compuso él mismo, él llama convivium a la eucaristía [O sacrum convivium]. El santo dominico reconoce la dualidad de elementos en la composición material del signo eucarístico: el pan y el vino. Reconoce que esta dualidad responde al perfil antropológico del símbolo eucarístico [comer y beber] y a la referencia cristológica que le da fuerza y sentido: el cuerpo y la sangre del Señor, expresiones de la totalidad del misterio de Cristo, desde la encarnación hasta su muerte.

Pero Tomás de Aquino afirma con rotundidad que esta dualidad de elementos confluye en una unidad sacramental que él llama perfecta refectio, manducatio, o cibatio spiritualis, o mejor aún convivium. Ese es, según él, el elemento formal, en el que se configura plenamente el sacramento de la eucaristía. La implicación de ambos elementos [pan y vino] y de ambos gestos [comer y beber], garantiza la perfección y la plenitud del acto, la perfecta refectio. Es decir, solo podemos hablar de perfecta refectio, de participación plena en el sacramento, cuando comemos y bebemos, cuando compartimos el pan y el vino. De ese modo el encuentro con el Señor, con la totalidad de su vida entregada y rota, a través de la comunión de su cuerpo y su sangre, es pleno y perfecto.

 A mi entender reviste gran interés que el Angélico, en un escrito litúrgico, cargado de piedad y de inspiración poética, llame convivium a ese gesto en el que se come y se bebe. Sin duda que el uso de ese término, inspirado en la cena original en que Jesús instituyó la eucaristía, conlleva necesariamente una importante carga de comensalidad, de fraternidad, de cercanía y de fiesta. De este modo, la bipolaridad del pan y del vino pierde interés, para que toda la carga simbólica y sacramental de la eucaristía quede concentrada en el protagonismo del banquete. Del mismo modo, la duplicidad del cuerpo entregado [quod pro vobis tradetur] y de la sangre derramada [qui pro vobis et pro multis effundetur] del Señor, como expresión bipolar, se concentra en una unidad de totalidad y de plenitud; y acaba expresando, por encima de todo, la totalidad del ser de Cristo, la totalidad de su vida entregada y sacrificada.

Misterio de bondad
José Antonio Pagola





A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.


 A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.


Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.


 Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.


 Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.


 Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

 Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.


 Santísima Trinidad (C)
 Juan 16, 12-15

Müller: 
"Es necesario distinguir 
entre una teología de la liberación equivocada 
y una correcta"




El nombramiento de monseñor Gerhard Ludwig Müller como prefecto de la Congregación que se ocupa de la ortodoxia de la doctrina católica, sumado a la elección del arzobispo de Buenos Aires como obispo de Roma, fueron calificados en algunos ambientes como una revancha de la Teología de la Liberación, criticada por Juan Pablo II y por el cardenal Ratzinger.

La decisión del papa no fue por motivos personales: Muller ha sido nombrado prefecto porque es uno de los más brillantes teólogos de la Iglesia, como demuestra su carrera académica.

En algunos ambientes católicos el nombramiento del obispo de Ratisbona como prefecto de la ortodoxia católica suscitó preocupación, porque había sido acusado de contactos con representantes de la teología de la liberación, de haber sido amigo del padre Gustavo Gutierrez con quien escribió el libro "De la Parte de los Pobres. Teología de la Liberación".

¿Ud. desde que fue sacerdote y también como obispo fue muy sensible a los valores de justicia, solidaridad y dignidad de la persona. Por qué este interés en los problemas sociales?

Yo vengo de Maguncia, mi ciudad al inicio del siglo XIX tuvo a un gran obispo, el barón Wilhelm Emmanuel von Ketteler, que fue un precursor de la Doctrina Social de la Iglesia. De niño vivía en el ambiente del empeño social. Y no debemos olvidarnos que si en Europa después de la segunda guerra mundial y tras las diversas dictaduras logramos construir una sociedad democrática, esto lo debemos también a la doctrina social católica. Gracias al cristianismo los valores como justicia, solidaridad y dignidad de la persona fueron introducidos en las Constituciones de nuestros países.

En su currículum vemos que ha tenido mucha relación con América Latina. ¿Cómo nació esta relación?

Durante quince años viajé por América Latina, en Perú, pero también en otros países. Pasaba dos o tres meses al año, viviendo como vive la gente común, o sea en condiciones muy simples. Al inicio para un europeo esto es difícil, pero cuando se aprende a conocer personalmente a las personas y se ve como ellos viven, entonces se acepta la situación. Un cristiano tiene que encontrarse en su casa en cualquier parte: donde hay un altar está presente Cristo; en cualquier parte si perteneces a la familia de Dios.

El año pasado cuando usted fue nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se escucharon algunos que le acusaban de ser amigo del padre Gustavo Gutiérrez, creador de la teología de la Liberación. ¿Qué nos puede decir sobre esto?

Es verdad que conozco bien al padre Gutiérrez. En 1988 me invitaron a participar en un seminario con él. Fui con alguna reserva porque conocía las dos declaraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la teología de la liberación, publicadas en 1984 y en 1986. Entretanto pude constatar que es necesario distinguir entre una teología de la liberación equivocada y una correcta.

Considero que cada teología es buena si parte de Dios y de su amor y tiene que ver con la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Por lo tanto la teología cristiana que habla de la salvación donada por Dios no pueda ser mezclada con la ideología marxista que habla de una autoredención del hombre.

La antropología marxista es completamente diversa de la antropología cristiana, porque trata al hombre como un ser privado de libertad y de dignidad. El comunismo habla de la dictadura del proletariado, en cambio la buena teología habla de la libertad y del amor. El comunismo, y también el capitalismo neoliberal, rechazan la dimensión transcendente de la existencia y se limitan al horizonte material de la vida. El capitalismo y el comunismo son dos caras de la misma moneda, la moneda falsa. En cambio para construir el reino de Dios la verdadera teología llega desde la Biblia, desde los Padres y desde el Concilio Vaticano II.

En ciertos ambientes su nombramiento como prefecto de la Congregación que se ocupa de la doctrina católica y la reciente elección del arzobispo de Buenos Aires como obispo de Roma fueron vistos como una revancha de la teología de la liberación, criticada por Juan Pablo II y por el cardenal Ratzinger. ¿Qué responde a estas voces?

Como primera cosa querría subrayar que no existe ninguna rotura entre Benedicto XVI y el papa Francisco por lo que se refiere a la teología de la liberación. Los documentos del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe sirvieron para esclarecer lo que era necesario evitar, de manera de hacer volver a la teología de la liberación a la auténtica teología de la Iglesia. Mi nombramiento no significa que se abra un nuevo capítulo en las relaciones con tal teología, por el contrario es un signo de continuidad.

Benedicto XVI al recibir en el 2009 a un grupo de obispos de Brasil en visita ad limina apostolorum les dijo que valía la pena recordar que en agosto del año anterior fueron conmemorados los 25 años de la instrucción Libertatis Nuntius de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre algunos aspectos de la teología de la liberación. Y añadió que "sus consecuencias más o menos visibles hechas de rebelión, división, discordancia, ofensa, anarquía aún ahora se hacen sentir, creando en nuestras comunidades diocesanas gran sufrimiento y una grave pérdida de fuerzas vivas". ¿Concuerda con este análisis del pontífice sobre las consecuencias de la teología de la liberación?

Estos aspectos negativos de los cuales habla Benedicto XVI son el resultado de la mal entendida y mal aplicada teología de la liberación. No habrían sucedido estos fenómenos negativos si hubiera sido aplicada la auténtica teología. Las diferencias ideológicas crean división en la Iglesia.

Pero esto sucede también en Europa en la que están por ejemplo los así llamados católicos progresistas y conservadores. Esto recuerda la situación de Corinto, en donde estaba quien se refería a Pablo y quien en cambio a Pedro, mientras que los otros a Cristo. Pero todos nosotros tenemos que estar unidos en Cristo, porque Dios une, el mal divide. La teología que crea las divisiones es más bien una ideología. La verdadera teología tiene que llevar a Dios, entonces no se pueden crear divisiones.

Excelencia, usted al recibir en el 2008 el doctorado honoris causa en la Pontificia Universidad Católica de Perú, condenó en su discurso "la infamia de nuestra época: el capitalismo neoliberal". ¿El capitalismo neoliberal es una estructura del mal?

Es difícil hacer parangones entre una estructura del mal y un pecado personal, aunque cada pecado tenga una dimensión social, estando insertado en alguna 'estructura': familia, ambiente de trabajo, sociedad, nación. El capitalismo neoliberal es una de aquellas estructuras del mal que en el siglo XIX y XX querían eliminar los valores del cristianismo. Pero repito: detrás de cada estructura están las personas que aceptan sus principios, o sea que detrás de cualquier estructura del mal hay pecados personales.