lunes, 25 de febrero de 2013


Cambiar antes que sea tarde
José Antonio Pagola






Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.

 Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: "Convertíos y creed en esta Buena Noticia". Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.

 Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al "Reino de Dios". Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde. 

 En cierta ocasión cuenta una pequeña parábola. Un propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.

 Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.

 El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, "el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido".

Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el "aggiornamento" o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un "corazón nuevo", una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.

 Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.

 Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la Iglesia.



3 de marzo de 2013
 3 Cuaresma (C)
 Lucas 13, 1-9

domingo, 24 de febrero de 2013


CONFERENCIA


50 años  después del Concilio Vaticano II
la reforma de la Iglesia Católica 
no se detiene

Pbro. Pablo Richard

Biblista y Teólogo Latinoamericano



Auditórium Diego Torres  de la Universidad Católica de Córdoba
Obispo Trejo 323
Jueves 7 de marzo del 2013
19,00 a 21,00 hs


Organizan:
Universidad Católica de Córdoba.
Escuela de Biblia “Parresía”.

José Luis Cortés, 
en Ciclo C -RD/Herder-


En esta tercera semana de su "cursillo preparatorio acelerado", Jesús nos enseña que los suyos, precisamente porque han visto su gloria (DOMINGO: "Se espabilaron y vieron su gloria"), 
han entendido que sólo serán como Dios si se muestran compasivos (LUNES: "Sed misericordiosos como vuestro Padre"), 
esclavos de los otros (MIÉRCOLES: "El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor"), 
situados de parte de los mendigos (JUEVES: "Un mendigo llamado Lázaro"), 
piedras desechadas (VIERNES: "Es ahora la piedra angular"), 
hijos pródigos (SÁBADO: "Un hombre tenía dos hijos"); 
solo estos, a nuestros ojos descarriados y equivocados, alcanzarán la gloria de Abrahán, la ternura del Padre Dios.

Esta re-valoración, esta forma distinta de valorar las cosas (muy distinta de la del "mundo"), a sí mismos y a las personas, es esencial para un anunciador del Evangelio.

Una semana en la que someteremos a crítica nuestra manera de cualificar las cosas, las personas, los objetivos, los medios y los resultados (éxitos y fracasos).

sábado, 23 de febrero de 2013


Pbro. Gabriel Martín Ghione
Homilía II Domingo de cuaresma: 
Transfigurados

Contemplamos en el segundo domingo de cuaresma el episodio de la transfiguración como una manera de situarnos en el desenlace de la historia. En el camino miramos la meta para orientar nuestro caminar.

El texto de Lucas nos trae una particularidad muy interesante. Dios se manifiesta en la nube, recuerdo de la presencia salvadora en el desierto, y presenta a Jesús como el elegido. Este título, tomado de los poemas del sirvo sufriente de Isaías (42, 1) es expresión de la identidad y misión de Jesús. Este hombre que dialoga con Moisés y Elías: símbolos de la ley y los profetas ha tomado el camino del servicio, la entrega como modo concreto de llevarlos a plenitud.
Parece que hay un contrapunto entre la manifestación gloriosa de Jesús y el modo que es presentado. Jesús es el Mesías glorioso, el que lleva a plenitud la ley y lo profetas, pero elige el camino del siervo sufriente, de la entrega de la vida, elige el éxodo de la Pascua y de la Cruz.

La Voz no solo presenta, nos exhorta a “escuchar”. El “escuchar” en la Sagrada Escritura tiene una fuerte connotación, la oración más importante del Israelita comienza con “escucha Israel”. Ella implica adhesión del corazón, “creer”, implica un modo de asumir la propia vida y recordar la obra de Dios. Precisamente se nos pide que escuchemos el modo-estilo que ha adoptado, la misión e identidad del Mesías.

¿Estoy escuchando a Jesús? ¿Cómo Iglesia lo estamos escuchando? O el peso de la tradición, de los valores que nos presenta la sociedad de consumo y materialista nos ha ganado el corazón. Estamos escuchando a Jesús o las ansias de poder, éxito y comodidad no dan espacios a vivir desde otra óptica.

La cuaresma nos invita a escuchar, a retomar nuestra actitud de discípulos que necesitamos seguir sus pasos, aprender su estilo evangelizador, dejarnos cautivar por valores que muchas veces se contraponen con nuestro estilo de vida.

La transfiguración nos abre a la esperanza, de contemplar la victoria de Jesús, victoria que debe pasar por el arduo camino de la pasión, de la cruz. Victoria que se produce aun cuando parece que todo ha sido un fracaso, que se ha perdido la batalla, que la ambición ha ganado al amor, la entrega y el servicio.

El escuchar a Dios, siempre nos saca de nosotros mismos, nos hace abandonar Ur de los Caldeos, ese lugar donde estamos cómodos y seguros para caminar detrás de una promesa, de un proyecto. Pero si en ese caminar experimentamos el cansancio, la desilusión y la desorientación, este episodio nos recuerda la gloria de Jesús no paso por el éxito en su misión sino por el rechazo, no paso por la fidelidad de sus amigos sino por el abandono. Sin embargo eso que llego al sinsentido y saco lo peor de los seres humanos, la fidelidad de Jesús al proyecto del Padre, logró transformar la historia.

Si en tu camino entonces, experimentas la tentación de abandonar, el cansancio por hacer el bien, el desgaste; que la desilusión no gane tu corazón, no pienses que no tiene sentido, que cae en su saco roto, déjate transfigurar por Dios. Él te muestra la gloria y te enseña el camino del elegido.   

Pbro. Gabriel Martín Ghione
Skipe: ghione.gabriel.martin

"Servidores de ustedes por amor de Jesús" 2 Cor 4,5

Pbro Diego Fenoglio
Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C 2013

 La Transfiguración: 

una experiencia intensa de Dios

Las lecturas de este segundo domingo de Cuaresma están enmarcadas en unos simbolismos que son propios de unos tiempos lejanos, donde lo religioso, lo legendario, lo mítico y lo real se dan cita en la búsqueda constante por el sentido de la vida, por el futuro y por aquellos aspectos que nos trascienden, que van más allá de lo que cada día sentimos y vivimos

La transfiguración es un anticipo; es un "eclipse al revés": una luz en medio de la noche. Da un sentido completamente nuevo a la vida, ¡y a la muerte! Hace comprensible la maravillosa reflexión de Hélder Câmara: "El que no tiene una razón para vivir, no tiene una razón para morir”. Jesús no será un Mesías “allá en las nubes”, sino uno que camina nuestros pasos... ¡Pobres de nosotros si queremos aburguesarnos, instalarnos o acomodarnos! El «qué bien estamos aquí» es, evidentemente, "no saber qué se está diciendo". "Cambia, todo cambia" dice una canción... la Cuaresma es "tiempo de cambio" dice la Iglesia... En cambio, Pedro quiere quedarse: "quedémonos aquí" ... Muchos, no quieren saber nada con los cambios: "más vale malo conocido, que bueno por conocer", sentencian ¡Qué diferencia!

La Transfiguración es decirnos "esto es lo que les espera”, es decirnos que "dar la vida vale la pena". Todo proceso de conversión y cambio tiene sentido porque tenemos una roca firme, tenemos uno que no cambia, y garantiza nuestra vida fecunda, un "resucitado que es el crucificado" (J. Sobrino). Por eso la importancia que tiene “escuchar” a Jesús. Es la voz del profeta de los tiempos finales, del profeta como Moisés, que nos enseña el camino de la vida, el camino del éxodo que es camino de Pascua.

Lo que celebramos en la Cuaresma,  es un jugarse y comprometerse, un dar la vida. Es un volverse a Cristo presente en los hermanos…

Pbro Jorge Trucco
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
EL CAMINO DE LA PASCUA: 
UNA VIDA PARA TRANSFORMARNOS


Gen 15,5-12.17-18
“Aquel día el Señor hizo una alianza con Abram”
Filip 3,17-4,1
“Nosotros somos ciudadanos del cielo”
Lc 9,28b.-36
“Vieron la gloria de Jesús... una nube los cubrió con su sombra”


            Cuando alguien está contento, o cuando alguien está triste, se le nota en la cara. Este es el mensaje fundamental de este domingo.

            ¿Nuestra fe, es transformadora? Estamos acostumbrados a una fe estática: conformarnos con creer lo que hay que creer, hacer lo que hay que hacer, cumplir lo que hay que cumplir...  La Palabra de hoy nos impulsa a salir de esa visión estática, la fe es el motor que nos lleva a la TRANSFORMACIÓN PLENA. El hombre está llamado a vivir la permanente paradoja de la muerte en la vida y de la vida en la muerte. La sabiduría evangélica, partiendo de esta realidad permanente en la vida de los seres humanos, nos invita a mirar esta transformación desde la fe de Jesús:aceptar la vida como una prueba, aceptar las crisis, no por masoquismo ni para GANAR MÉRITOS en el cielo, sino porque es LA CONDICIÓN INHERENTE A TODO PROCESO TRANSFORMADOR.

            La promesa a Abram de un NUEVA TIERRA DE JUSTICIA, y el testimonio de Pablo: una esperanza basada en la TRANSFORMACIÓN DEFINITIVA, nos obligan a salir de un esquema ESPIRITUALISTA.

En medio de la noche de la cruz la transfiguración presenta un esbozo de lo que espera a los seguidores de Jesús: la cosa no termina en la cruz. Lucas presenta el diálogo de Moisés y Elías con Jesús sobre su “éxodo”, es decir sobre su paso.  Escúchenlo” es la clave del relato: para estar en sintonía Jesús no es necesario armar carpas, sino escucharlo, vivir de su palabra. La peregrinación no ha terminado, estamos en camino… aunque la transfiguración ilumine brevemente el escándalo de la cruz anunciada     
El «qué bien estamos aquí» es, evidentemente, "no saber qué se está diciendo". "Cambia, todo cambia" dice la canción... la Cuaresma es "tiempo de cambio" dice la Iglesia... Al revés:  Pedro quiere quedarse: "quedémonos aquí" ... Muchos no quieren saber nada con los cambios: "más vale malo conocido, que bueno por conocer", ¡Qué diferencia!.

En nuestra época estamos ACOSTUMBRADOS AL CAMBIO. La misma psicología humana nos enseña que la transformación es una constante en nuestra vida. UNA FE QUE NO ES MOTOR TRANSFORMADOR es una fe INÚTIL (si la sal pierde su sabor, con qué se la salará). “Hagamos tres carpas” = INSTALARSE... = VOLVER ATRÁS… por comodidad... porque no estamos muy convencidos de nuestra fe...

Si la muerte es el mayor de los absurdos, desde la muerte y resurrección de Jesús (hoy vislumbrada en la Transfiguración), jugarse la vida, gastarla en la lucha por la justicia y la solidaridad, por la verdad y la vida, es el acontecimiento fructífero por excelencia. No es que Dios quiera la muerte. Él es Dios de vida, no de muerte; pero nada hay más dador de vida que el amor, por eso es Dios de amor. Dios nos quiere siempre, cada día, dando vida, aunque frente a la injusticia, la violencia y el pecado, esa búsqueda de dar vida pueda implicar tener que dar la vida. Una muerte que da vida, da sentido a tantas vidas muertas...

PASCUA= MUERTE Y RESURRECCIÓN – RESURRECCIÓN DESDE LA MUERTE
¿CUÁLES SON LOS SIGNOS DE ESTA TRANSFORMACIÓN?
            La poca credibilidad de los discursos políticos es porque no se asientan en hechos reales. Lo mismo ocurre con la fe. Por eso hoy podemos preguntarnos:

q  A nivel personal, ¿valoramos... nos damos cuenta... descubrimos los milagros cotidianos?... ¿Cómo aprovechamos los “pocos” momentos “transformadores” (relámpagos) para fortalecer las “luchas” cotidianas (“cruz de cada día”)?. Oramos: ¿para escuchar a Dios... para fortalecer nuestro convencimiento?
q  En la pareja, ¿qué está sucediendo, qué cambia, qué nos proponemos, a qué nos comprometemos...?
q  Al empezar las clases, en la escuela, ¿repetimos lo de otros años? ¿cambiamos algo para que nada cambie? ¿cómo asumimos los desafíos de nuevos alumnos, nuevos docentes, nuevas situaciones que transforman nuestra comunidad educativa?
q  A nivel social: ¿qué modelo de país queremos? ¿cómo nos comprometemos ante las crisis? ¿cuáles son los rostros desfigurados que necesitan transfiguraciones?
q  A nivel de nuestra comunidad cristiana: una fe transformadora ¿cómo se manifiesta en nuestra catequesis, en la tarea evangelizadora, en la liturgia que celebramos? ¿nos conformamos con mirar como desde afuera... y criticar sin aportar...?.

ESTE ES MI HIJO… ESCÚCHENLO…
JESÚS SE ENCONTRÓ CON EL PADRE EN LA ORACIÓN Y ESO “LE CAMBIÓ LA CARA”. HAGAMOS UN MOMENTO DE ORACIÓN, QUE NOS DESCUBRA ESA PRESENCIA DE DIOS, LA META HACIA LA QUE CAMINAMOS: AMOR y JUSTICIA PLENA, PARA LLENARNOS DE LA ESPERANZA QUE TRANSFORME NUESTRA VIDA. QUE ÉSTE ENCUENTRO CON JESÚS, QUE ESTA CUARESMA... NOS CAMBIE LA CARA...

Diácono Lucas Trucco

Domingo II de cuaresma –ciclo C-

·        Jesús sube al monte y se transfigura (es decir: se desnuda), a fin de que ellos también se desnuden y vean lo que son, que escuchen (¡todos son mis Hijos!), para que puedan descender del monte y asumir la gran tarea de la transformación, transfiguración humana.[1]

·        La vida de oración se puede comparar con la subida a un monte, como de manera insuperable la describió Juan de la Cruz. Subir una montaña tiene algo de fascinante, de desafío y de aventura. La cima, vislumbrada de lejos, atrae y promete vistas inimaginables desde la comodidad del valle. Pero, una vez acometido el ascenso, se experimenta enseguida la dificultad de la empresa. La montaña protege su misterio y parece oponerse a la conquista. Para subir la montaña hace falta una voluntad de hierro, perseverancia, inteligencia para dosificar el esfuerzo, y también fe.[2]

·        El evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente “para orar”, no para contemplar una transfiguración. En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.[3]

·        La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.
·        Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente “interiorizar” nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender. Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.[4]
·        La verdadera oración cristiana es escucha y acogida de la Palabra que nos ha hablado, de Jesucristo, el Hijo primogénito del Padre. Y esa Palabra nos invita a volver a bajar al valle, al encuentro con los demás, a caminar con ellos.




[1] Frase tomada de la reflexión de Juan Manuel González del Domingo II de cuaresma de 2013
[2] Cfr pág. Web “Ciudad Redonda”
[3] Cfr pág. Web “Odres nuevos”
[4] Cfr pág. Web “Odres nuevos