viernes, 28 de diciembre de 2012


Diácono Lucas Trucco

Domingo de la sagrada familia 


Está cerca la fiesta de la Sagrada Familia. Retorna cada año en Navidad. Los ojos se fijan en una familia peculiar a la que llamamos sagrada. Nos recuerda episodios de Belén y Nazaret, situaciones de asombro, incertidumbre y amenaza. Pero también de afecto y ternura ante el gran acontecimiento de la encarnación de Dios.


Al hilo de esa familia, podemos descubrir que toda familia tiene algo de sagrada. Forma parte de la historia sagrada, especialmente para los miembros de la misma. Es un lugar de gracia y de felicidad, tanto para los esposos y padres como para los hijos. Tener la dicha de nacer en una familia “sana” es una de las mayores bendiciones que se puede recibir en la vida. El ser “hijo” y, tal vez, hermano marca para toda la vida. Constituye una experiencia inicial y permanente de la propia humanidad.[1]

Dodecálogo de la navidad matrimonial[2]

  1. Es Navidad cuando avivamos la fe  en nuestro amor conyugal, en su fuerza humanizadora para nosotros mismos, en su fecundidad terapéutica para nuestra sociedad.
  2. Es Navidad cuando somos signos vivos de que el amor no pasa nunca, conscientes de constituir una profecía en acción en la sociedad cautivada por el culto a lo provisional.
  3. Es Navidad cuando tenemos la osadía de contribuir a superar el invierno demográfico y vocacional de Europa siendo padres, ayudando a los hijos a serlo, donando sangre…
  4. Es Navidad cuando acogemos la vida del no-nacido y ayudamos a sus padres a recibirla con amor y responsabilidad.
  5. Es Navidad cuando nos pedimos perdón y nos perdamos las heridas inevitables de la convivencia matrimonial creando así un nuevo dinamismo.
  6. Es Navidad cuando cobramos conciencia de que Dios quiere nacer en nuestra vida personal y en nuestra relación conyugal, pues el que ama ha nacido de Dios y conoce a  Dios.
  7. Es Navidad cuando recuperamos la esperanza activa y luchamos juntos por un mundo mejor, convencidos de que nosotros podemos contribuir a cambiarlo.
  8. Es Navidad cuando hacemos el amor como intensa expresión de nuestra donación radical, personal, transparente, libre.
  9. Es Navidad cuando como padres oramos con nuestros hijos y les trasmitimos el más preciado regalo que es la fe en el Padre Dios.
  10. Es Navidad cuando estamos atentos a las personas mayores de nuestra familia, cuando las acompañamos y las ayudamos con paciencia y ternura.
  11. Es Navidad cuando como matrimonio nos queremos, dialogamos y somos tiernos entre nosotros y con nuestros hijos, en los pequeños gestos y acciones de cada día.
  12. Es Navidad cuando no derrochamos los bienes, sino que compartimos y somos solidarios con los que más los necesitan.



[1] Reflexión de P. Bonifacio Fernández (Director del Instituto Teológico de Vida Religiosa. Salamanca)
[2] Reflexión de P. Bonifacio Fernández


Pbro. Diego Fenoglio 

Domingo Sagrada Familia 

“Hijo mío, 

¿por qué nos has hecho esto?”


Alguna vez leí en un artículo donde un matrimonio que viene con quejas de su hijo adolescente:

"No sabemos qué pasa, es de una rebeldía total, parece incluso que nos odiara a nosotros sus padres, que se lo hemos dado todo’. Sin compasión y tratando de no ser nada elegante pero sí muy sincero, les dije: ‘Ese es el problema: que se lo han dado todo. Para empezar, señora –le dije– deje de llamarlo mi niño o mi bebé, que ya tiene 17 años’. Luego supe que sus padres le han satisfecho todo, hasta los más mínimos caprichos. Y pretenden calmar sus rebeldías y ganar su amor dándole cada vez más cosas, incluso ajustándose el cinturón porque mi niño o mi bebé cada vez exige cosas de más valor. Esta es la radiografía de muchos padres modernos, que creen amar a sus hijos y educarlos cediendo a todos sus caprichos, colmándolos de regalos y evitándoles el menor sufrimiento” (...) debemos respetar el derecho que tienen a ser bien educados y formados. Y hay que prepararlos también para el sufrimiento (que es parte importante de la vida) y para las dificultades (...)”.


En el Evangelio de hoy, María y José le reclamaron a Jesús su comportamiento: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto?” Evidentemente, ellos no entendieron la respuesta, pero no se quedaron callados ni aplaudieron su proceder. Se trató de un reclamo tranquilo, pero firme y hecho en un clima de diálogo y comprensión…Celebrar las familias implica colaborar con ellas para que continúen prestando su insustituible servicio a la vida social, defender sus derechos y recordar sus responsabilidades. Pero también es buena ocasión para que la comunidad cristiana recupere como parte de su verdad e identidad, el horizonte de la fraternidad y sus implicaciones en el campo de las relaciones, pidamos para que en nuestras familias exista un verdadero diálogo y se viva el amor que es capaz de enseñar también el valor del sufrimiento y de la frustración, que forma seres humanos capaces de enfrentar con entereza y generosidad, los difíciles caminos de la vida.


Homilía I Domingo de Navidad 
“Sagrada Familia”
Pbro. Gabriel Martín Ghione


El Domingo posterior a la Navidad, la liturgia nos presenta para celebrar la Sagrada Familia. Las oraciones de esta misa nos orientan en el sentido de vivir las virtudes domésticas (colecta), edificar la familia sobre el Don de Dios-gratuidad (ofrendas) y vivir la comunión (post comunión).


Desde siempre la familia fue muy apreciada por todos aquellos que quieren vivir la fe. La familia se experimenta como un don y un desafío-tarea. La vivencia de las relaciones en el seno de la familia pueden variar y cambiar de acuerdo a los tiempos y la culturas, sin embargo hay un humus vital para el cristianos que permanece y que le ayuda a realizarse como persona y al crecimiento del grupo familiar.


En la primera lectura nos mostraba la vivencia de Ana, Elcaná y Samuel. Ana ofrece al Señor lo más precioso: su único hijo. Podemos considerar como una decisión arbitraria y egoísta por parte de Ana, sin embargo ella entrega al niño lo que considera como lo más importante y ofrece, aún a pesar del sacrificio de desprenderse de él, lo que era más valioso para ella. Consagra a su hijo al Señor porque Dios tiene en el corazón de Ana el primer lugar. En la vivencia familiar también los padres deben ser capaces de ofrecer a los hijos aquellos valores que deben ocupar el primer lugar, aun cuando implique sacrificios y desprendimientos. Poner límites es necesario pero lo fundamental es educar en una libertad responsable, en una libertad que haga de la persona conductora de su propia vida, protagonista de su historia, una persona capaz de tomar decisiones desde los valores fundamentales del amor, el bien, la verdad, justicia y solidaridad. La verdadera educación se inicia desde el testimonio y la cotidianeidad, desde los fundamentos que cimientan nuestro obrar. Podemos decir que la educación familiar es una realidad sacramental: un comportamiento o acto que es explicado e iluminado por la palabra.


El episodio evangélico tiene como trasfondo de interpretación la Pascua de Jesús. Sin querer forjar el significado y teniendo una mirada del episodio narrado en sí, sirve para que entendamos que la vida de fe y la vida de comunión familiar es un proceso. En un proceso en el que paso a paso debemos descubrir la obra de Dios, justamente en esa cosas en las que precisamente consideramos oscuras y difíciles de entender (la actitud de Jesús) debemos mirar también de ocuparnos de las cosas del Padre. Los valores presentados por Jesús en sus enseñanzas y testimonio son claves en la vida familiar: el amor, el servicio, la comprensión, misericordia, la gratuidad y gratitud, el compromiso por el Reino, la atención preferencial del débil, la generosidad, la escucha y el respeto, el bien común y la comunión. En definitiva la concepción de Jesús de comunidad es de familia, es de hermanos que viven su fe, su relación con el Padre desde una clara y sincera fraternidad.


El episodio de Lucas es un anuncio anticipado de la Pascua, la máxima enseñanza de Jesús. Toda familia vive una pascua, un morir y resucitar, una situación de perplejidad, donde vivimos el itinerario de la fe. La fe no nos saca de la realidad nos ayuda a enfrentarla, la fe no nos da soluciones ni remedios pero nos orienta e ilumina, fortalece en las dificultades, nos ayuda a esperar pacientemente y coloca nuestra mirada en las realidades sencillas y cotidianas.
Pidamos por nuestras familias.

Pbro. Gabriel Martín Ghione
Skipe: ghione.gabriel.martin

"Servidores de ustedes por amor de Jesús" 2 Cor 4,5

martes, 25 de diciembre de 2012


Navidad para ateos I
 José Ignacio González Faus



 La Virgen madre y el Niño¡
 se fueron al Corte Inglés¡
 gastaron veinte mil duros¡
 y mil más para José¡
 Pero mira cómo beben¡
 los peces en el río...

 Este podría ser el único villancico cantable hoy, inteligible para el hombre postmoderno. La cultura consumista exigiría una inculturación de este tipo. Y en los belenes del futuro ya no será necesario colocar ninguna cueva ("Qué hortera ¿no?"), porque el Nacimiento tendrá lugar en unos grandes almacenes o en un Banco. El buey y la mula ya no estarán en torno al pesebre; el buey yacerá dentro de la cuna -pequeñito, pero revestido de oro- para que todo el mundo pueda ebtender lo que en realidad se está celebrando: el nacimiento...del becerro de oro.

Fiesta pagana.-No creo que esta situación tenga remedio en el mundo occidental, ni que el cristianismo primermundista tenga hoy fuerza para cambiar el sentido de una fiesta pagana, como cuentan que supo hacer con la Navidad en los comienzos de su historia.

 Estas líneas, pues, no pretenden cambiar nada. Se dirigen sólo a aquellos que no creen en ese dios al que Jesús llamaba Mammón, o a aquéllos que se preguntan qué es lo que estuvo alguna vez debajo de toda esa trivial parafina consumista, y qué había en el lienzo originario o en la pintura primitiva de la Navidad.

 Difícil explicarlo hoy con lo desteñidas que se nos han quedado las palabras. Pero a mí me proporciona cierto acceso a ello la comparación entre un texto hindú y otro texto cristiano. En uno de los libros sagrados de la India, muy anterior a Cristo, se encuentra la afirmación siguiente: "En el principio existía el "Sí-mismo"./Este existía en forma de persona./ Miró: no vió nada más que a Sí,/ y dijo: "Yo soy"./ Este fue el comienzo (Br.arm.Upanishad I, 4,1).

 Llama en seguida la atención el parecido de ese texto con otro de los clásicos del cristianismo, con el que coincide en casi todo el primer verso: "En el principio existía la Palabra". Si traducimos un poco lo que significa eso de "la Palabra", la comparación con el texto hindú se vuelve más luminosa: "En el principio existía el "Salir-de-sí-mismo",/ y ese Salir-de-sí-mismo era Dios y estaba vuelto hacia Dios./ Esto es lo que ocurría en Dios desde el principio.../ Y ese Salir-de-sí-mismo se hizo poquedad humana./ Y plantó su tienda entre nosotros...(Evangelio de Juan, cap. I).

 En ambos casos resulta sobrecogedor el esfuerzo del lenguaje humano por asomarse al comienzo de los comienzos, más allá incl-uso de aquel big-bang que -cuando se lo piensa un poco seriamente- no deja de ser también estremecedor. Aquí ("en el principio") coinciden nuestros textos. 

 Pero comienza a separarse en el contenido de esos orígenes. Para el texto hindú, el inicio de toda realidad es Dios como Sí-mismo absoluto. Para el texto cristiano, en el origen de todo está Dios como salida de Sí o como autodonación absoluta de ese Sí-mismo. En un caso, Dios como Autoconciencia Absoluta. En el otro, Dios como Comunión Absoluta.

 Pueden parecer formulaciones muy enrevesadas, pero creo que no lo son y que, si seguimos leyendo, se aclararán. Porque -según el texto cristiano, esa concepción del origen extratemporal como Comunión Absoluta es lo que hace posible que, en un tiempo concreto del tiempo, esa Autodonación Absoluta, se hiciera libremente un vulgar ser humana, de esta historia y que de este modo, saliera también hacia nosotros y se comunicara a nosotros.
 Paz y bien.

lunes, 24 de diciembre de 2012


La última Navidad 
de 
Monseñor Romero


(Monseñor Óscar Romero).- ¿Por qué de esta alegría de Navidad? Parece como si esta noche, 24 de diciembre de 1977, por primera vez los ángeles cantaran sobre todos nuestros pueblos: "Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres". Y parece como que los hombres escuchan por primera vez con la sorpresa de una buena noticia, lo que los ángeles anuncian en Belén: "Os anunciamos una buena nueva, hoy os ha nacido un Salvador".

Es una hora solemne, hermanos, la que el evangelista hablando de María dice: le llegó su hora, no solamente la hora que llega a cada mujer cuando va a dar a luz a su hijo, sino que ese hijo que va a brotar de las entrañas virginales de María marca una hora tan solemne en el momento de su nacimiento que desde ese punto el mundo se divide, y la historia, en un antes de Cristo y después de Cristo. Antes de Cristo todo era esperanza, promesa, profecía. ¿Tú eres el que ha de venir o esperamos a otro?, le decían a Cristo cuando ya le vieron presente; el esperado de las naciones. Era la esperanza de los viejos profetas y patriarcas la que hoy se hace realidad en el niño que nace y, a partir de Belén, toda aquella esperanza que ha llegado a la plenitud de los tiempos, a la realización de Dios, ya no puede vivir sin Cristo. Desde ese momento, se puede decir lo del Concilio "El Señor de la historia", y aún esa historia que era antes que Él, no ha habido un nacido de mujer del cual se haya hablado con tanta profundidad antes de nacer como de Cristo nuestro Señor. ¿Qué es lo que viene a marcar esa hora de Cristo? Viene a marcar el gran ideal de Dios sobre los hombres: "Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres que ama el Señor". No es que Dios espere de la benevolencia humana como el motivo para ser bueno con los hombres. En esto conocemos que nos ha amado tanto, en que siendo pecadores y viviendo de espaldas a Dios él nos ama y ha trazado un proyecto sobre nosotros los pecadores, el proyecto que el profeta Isaías nos ha descrito esta noche como un reino que va a ser construido por ese niño, un reino con una paz sin límites, un reino sostenido y consolidario con la justicia y el derecho, un reino que durará ahora y por siempre, o como San Pablo lo ha descrito en su carta a Tito que se ha leído, se trata de que este Cristo viene a formarse un pueblo purificado de sus pecados que será su gloria, no sólo en el tiempo sino en la eternidad.

Hermanos, con Cristo Dios se ha inyectado en la historia, con el nacimiento de Cristo el reino de Dios ya está inaugurado en el tiempo de los hombres. Desde hace veinte siglos todos los años esta noche recordamos que el reino de Dios ya está en este mundo y que este Cristo ha inaugurado la plenitud de los tiempos. Ya su nacimiento marca que Dios está marchando con los hombres en la historia, que no vamos solos y que la aspiración de los hombres por la paz, por la justicia, por un reino de derecho divino, por algo santo, está muy lejos de las realidades de la tierra; lo podemos esperar, no porque los hombres seamos capaces de construir esa bienaventuranza que anuncian las sagradas palabras de Dios, sino porque está ya en medio de los hombres el constructor de un reino de justicia, de amor y de paz.

Estamos en la plenitud de los tiempos. Desde la primera venida de Cristo que marca el origen del cristianismo hasta la segunda venida, a la cual se refiere también San Pablo diciéndonos a los que estamos celebrando la Navidad que, si hoy hay alegría en el recuerdo de aquella espera de Cristo hace veinte siglos, los cristianos deben de vivir la gran alegría, la gran esperanza de que retornará para coronar la plenitud de los tiempos a recoger todo el trabajo de su Iglesia, a recoger toda la buena voluntad de los cristianos, todo lo que se ha sembrado en el sufrimiento, en el dolor, lo recogeremos convertido ya en el reino definitivo que no puede dejar de cumplirse. Vendrá ese reino de justicia, vendrá ese reino de paz, no nos desanimemos, aun cuando el horizonte de la historia como que se obscurece y se cierra, y como si las realidades humanas hicieran imposible la realización de los proyectos de Dios. Dios se vale hasta de los errores humanos, hasta de los pecados de los hombres, para hacer surgir sobre las tinieblas lo que ha dicho Isaías: "Un día se cantará también no solo el retorno de Babilonia sino la liberación plena de los hombres. El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; habitaban tierras de sombras pero una luz ha brillado".

En esta noche Santa, hermanos, la luz que fulgura en Belén es el signo de nuestra esperanza, no nos desanimemos ante las pruebas de nuestra esperanza, esperemos contra toda esperanza, aferrémonos a esa plenitud de los tiempos, vivamos ese ideal de Dios que tiene que realizarse. La Navidad es un mensaje de optimismo que yo quisiera clavar muy adentro en el corazón de cada cristiano para que esta noche marcara, como la palabra divina nos lo está haciendo, una noche que marque el principio de un reino de Dios que se espera con seguridad.

¿Por qué? Este es mi segundo pensamiento; no lo vamos a hacer nosotros los hombres, ese reino ya lo está construyendo Cristo. Hemos oído con qué belleza nos ha descrito el profeta Isaías la bella figura de Cristo Nuestro Señor. Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, lleva al hombro el principado y es su nombre maravilla de consejero, Dios guerrero, padre perpetuo, príncipe de paz, para dilatar el principado con una paz sin límites, sobre el trono de David, y sobre su reino. Cuenta la historia que cada vez que un descendiente de David era ungido como sucesor en el trono que Dios había prometido mantener, se pronunciaban como un ritual estas palabras de Isaías, en las cuales no era propiamente el hombre que se coronaba en el trono de David el que iba a realizar este proyecto de Dios, sino que se pensaba en la profecía. Todos los reyes de la dinastía davídica tenían un ideal y se realizaría no con un simple hombre de la historia, sino cuando ese hombre fuera, al mismo tiempo, un Dios, Emmanuel, Dios con nosotros; de tal manera que los reyes de Israel y de Judá sabían que ellos eran muy limitados, pecadores, imperfectos, y que ningún rey, ningún gobernante, puede realizar la plenitud del proyecto de Dios. Y la Iglesia y el reino de Dios será el que le toca criticar, concientizar, analizar, que a los reinos de la tierra todavía les falta justicia, les falta paz, les falta eficiencia, y sólo cuando el rey verdadero anunciado por Dios, Cristo, sea verdaderamente el rey de todos los corazones, entonces habrá ese reinado que Dios proyecta. El rey ideal nunca se realizó en el trono de David hasta esta noche en que pudieron cantar los ángeles las palabras del profeta: "ha nacido ya el niño y sobre su hombro está ya un reinado de paz, de justicia y de amor".

Sólo Cristo lo puede dar, por eso también leemos en la segunda lectura, donde San Pablo define a este Cristo, esta Navidad, como la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo. En esta noche, hermanos, nos acercamos a una cuna que no es la de un niño, es la de un Niño Dios y, ante esa cuna, esta palabra de San Pablo debe ser la iluminación de nuestra fe, confesión de su divinidad: "Es el gran Dios y salvador nuestro que ha nacido: Jesucristo". Y por eso también en el evangelio, cuando los ángeles van a anunciar a los pastores al recién nacido en Belén lo describen así: "os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor". Miren que tres bellos nombres: "os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor". Mencionar "Señor" en aquellos tiempos en que se escribió el evangelio era dirigir un reto a los ídolos de la tierra. Para el cristiano no hay mas que un Señor, ha nacido hoy y hemos de adorarlo, al único Señor ante los hombres, ante el cual los hombres deben doblar las rodillas; ante ningún otro Señor de la historia ni del tiempo; Cristo es el Señor, Cristo es el Mesías, Cristo es el Salvador.

Y finalmente, hermanos, si éste es el proyecto de Dios y su propio hijo es el artífice de ese proyecto, no quiere hacerlo solo. El tercer pensamiento de este mensaje navideño es traducir de la palabra divina lo que Dios espera de los hombres. Lo que Dios encuentra muchas veces es la oposición, es el desprecio de Dios; y aquí en la lectura de Isaías encontramos cómo las sombras que se cernían sobre aquella región de tinieblas era precisamente el fruto del atropello que los hombres hacían. Pero ya anuncia Isaías: "la vara del opresor, el yugo de carga, el bastón de su hombro los quebrantará como en día de Madián. La bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto de fuego". No es el triunfo de la grosería ni de los hombres lo que va a prevalecer; está profetizado que los hombres también que se oponen al reino de Dios servirán para manifestar más el esplendor de la gloria de Dios y se convertirá en combustible de incendio todo aquello que se opone al reino de Dios.

En cambio, encontramos en la lectura del Nuevo Testamento, el evangelio y San Pablo, cómo hasta los hombres que ignoraban a Cristo Dios los hace instrumentos de su reino. Oyeron cómo comenzó el evangelio de hoy: "Salió un decreto del emperador Augusto y un censo que hizo Cirino gobernador de Siria". Los gobernantes, los grandes de la tierra, son instrumentos de Dios. ¿Quién le iba a decir al imperio romano que toda su grandeza iba a terminar aquí, de rodillas ante la cuna del Niño Jesús? ¿Quién le iba a decir al emperador Augusto que su orden de irse a empadronar cada uno a su pueblo de origen iba a ser obedecida por José desde Nazaret y María para que Cristo cumpliera una profecía, nacer en Belén?. Los hombres, aún sin saberlo, somos instrumentos de Dios, pero, cuando el hombre no se opone a Dios y no ignora a Dios sino que se hace conscientemente instrumento de Dios, es María, es José, es el grupo de pastores, es Pablo apóstol, es la Iglesia, somos los cristianos, que habiendo recibido en el bautismo la incorporación a este pueblo santo que Cristo se está formando para hacerlo presente en todas las horas de la historia, tenemos que escribir estas consignas que nos da San Pablo hoy.

Trae Dios la salvación y nos está enseñando a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos y a llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dichosa esperanza. Hermanos, esta es la llamada de Dios en esta noche. Cómo quisiera yo ir acercándome a cada corazón para preguntarle: ¿a cuál de estos grupos humanos perteneces en esta noche santa? ¿a los que se oponen a Dios y siembran tinieblas en la tierra? ¿a los que desconociendo a Cristo le sirven sin saberlo de instrumento de su reino como el emperador y los grandes en tiempo de Cristo?. Ojalá sean mas bien como el tercer grupo, el de la Virgen, el de los pastores obedientes, el de los que acuden al llamamiento del Señor.

Nosotros, los cristianos, tomemos conciencia en esta noche que Cristo no nació hace veinte siglos, Cristo está naciendo hoy en nuestro pueblo, en nuestro corazón, en la medida en que cada cristiano trate de vivir a integridad el evangelio, la vida cristiana, las consignas de la Iglesia verdadera de Dios, en esa medida cada uno de nosotros es como el apóstol, es como María, es como el pastor que da gloria a Dios, canta la alegría de haber conocido a Cristo y trata de llevar esa noticia a otros como los pastorcitos de Belén. Para esto es necesario convertirse sinceramente a Cristo, convertirse al amor que nos visita, hacer eco a la bondad infinita de Dios que nos trae la redención; no rechazarla, no ser tiniebla, ser corazón abierto como una cuna para que nazca Cristo en cada alma esta noche y desde entonces se inunde de luz cada corazón para cantar con los ángeles el anuncio que tenemos que llevar a todos los hombres, a toda la sociedad, a toda la patria: "Os ha nacido un salvador". Hermanos, desde este mensaje de la gloria de Dios, de la paz a los hombres, quiero decirles respaldado por la palabra divina: ¡FELIZ NAVIDAD!

El Papa no asistirá 
al 500 aniversario de la Reforma
  


Reitera el cardenal Koch, máximo responsable del ecumenismo católico, que de la Reforma protestante” no hay nada que celebrar” y que “fue un pecado”.


 El papa alemán Benedicto XVI no viajará a su país de origen con ocasión de las celebraciones que conmemorarán en 2017 el 500 aniversario de la Reforma que impulsó Martín Lutero, y que se inició con la publicación de sus 95 tesis el 31 de octubre de 1517 en la puerta de la iglesia de Wittenberg. 

 Así lo confirma en el "Frankfurter Allgemeine Zeitung" (FAZ)  el cardenal católico suizo Kurt Koch, que es el actual Presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los cristianos .

 Opina además, incidiendo en declaraciones anteriores, que "la aspiración de Lutero fracasó. Se formaron Iglesias independientes y dio lugar a terribles guerras de religión con consecuencias fatales para el conjunto de Europa. ¿Cómo celebrar eso? ".

 Koch da además un varapalo a los protestantes alemanes al señalar también que el interlocutor entre la Iglesia Católica y los luteranos no es la Iglesia Evangélica Alemana, sino la Federación Luterana Mundial, “por lo que no es de esperar el regreso del Papa a Alemania de nuevo de aquí a 2017 ".

 “NADA QUE CELEBRAR”, “FUE UN PECADO” 
 Llueve sobre mojado. Ya en junio de este año ya fue muy claro Koch refiriéndose a la reforma protestante, diciendo que “no podemos celebrar un pecado, los acontecimientos que dividen a la Iglesia no pueden ser llamados un día de fiesta” . Lo más positivo que opinó el cardenal fue etiquetar este evento histórico como un día que hay que recordar, pero no celebrar.

 En aquella ocasión  concluyó que le gustaría asistir en lugar de a una celebración de la memoria de la Reforma protestante a una reunión en la que las confesiones reformadas pidieran disculpas y reconociesen sus errores .

 De nuevo habló el pasado 2 de noviembre el cardenal Koch, invitado al Sínodo General de la Iglesia Luterana Unida de Alemania (VELKD), que está al cargo de los preparativos de la celebración de los 500 años de la Reforma protestante en 2017.

 Declaró entonces lo que nuevo a declarado a a FAZ, que “la separación de las iglesias protestantes de la Iglesia no es una expresión de éxito, sino el fracaso de la Reforma. Los reformadores no querían nuevas iglesias, más bien la reforma de la Iglesia Católica”.

 Además de ver la Reforma como un fracaso, concluyó entonces Koch planteando esta otra cuestión a sus oyentes, y de paso a todo evangélico o protestante que quiera ecumenismo con Roma: hay que elegir entre «considerar la Reforma como una ruptura con la tradición universal (católica) o en continuidad con la tradición» .

 En la réplica el obispo luterano  Heinrich Bedford-Strohm  (Munich) le preguntó si no pensaba que la Iglesia del Vaticano no debería pensar en reformarse en su camino hacia la unidad y en este aspecto, remarcó que «es necesario reflexionar juntos sobre la base de la iglesia apostólica primitiva» y no sobre los fundamentos del catolicismo romano.

 El teólogo italiano  Leonardo de Chirico , evangélico experto en catolicismo romano, concluye en un  artículo sobre “Roma y la unidad visible de los cristianos”  expresa que  el ecumenismo católico romano no se dirige a reducir las demandas del catolicismo del Vaticano viajando a lo común de la fe en Jesucristo, sino que busca la forma de aplicar a todos los cristianos los principios y dogmas católico-romanos.  


Fuentes: Buonanotizia

Editado por: Protestante Digital 2012



Vaticano II y aggiornamento permanente
Los dirigentes eclesiásticos 
cierran las puertas a los ‘signos de los tiempos'
Foro de curas galegos 


Concilio Vaticano II

 Lamentamos la actitud incomprensible de dirigentes eclesiásticos y cristianos obcecados por ideologías conservadoras 



 El grupo "ENCONTROS, Foro de curas galegos bispo Araúxo", a lo largo del curso 2011-2012, compartimos experiencias para alentar la fe, y fortalecer la esperanza en tiempos de crisis eclesial, social y global.

Reflexionamos sobre la organización de la Iglesia, en la actualidad y con perspectiva histórica. Constatamos que se convirtió en una organización excesiva e infundadamente jerarquizada, ineficaz para llevar a cabo su misión, hasta resultar ininteligible su mensaje.

Los dirigentes eclesiásticos no aprovecharon la actualización que supuso el Concilio Vaticano II. De hecho, siguen agarrados al pasado, cierran las puertas a los ‘signos de los tiempos'. Con sus actuaciones u omisiones priman la vuelta a las formas y estructuras medievales. Parece que le tienen miedo a una fe adulta, fomentan conciencias sumisas y dependientes.

Sustituyen el estudio serio de la Biblia por el catecismo. La sociedad identifica a los cristianos con ideologías ultra conservadoras, contrarias a los derechos humanos. Pensamos que esta organización eclesial y la inexplicable cerrazón a los avances de la ciencia es una de las causas fundamentales del rechazo de la institución por parte de cristianos responsables y comprometidos con el anuncio y vivencia del Reino de Dios en la sociedad actual.

Las formas y estructuras del pasado dificultan la recepción del Evangelio en el siglo XXI. La Iglesia quedó sin los obreros en el siglo XIX, luego sin la juventud en el siglo XX, y en el siglo XXI quedará sin las mujeres.

Pensamos que urge la recuperación del aggiornamento de la organización de la Iglesia, excesivamente jerarquizada y clasista, anquilosada y anclada en la nostalgia del pasado, autoritaria, infantilizante y clericalizada. De hecho, niega la igualdad e impide la madurez de la conciencia de los cristianos, hombres y mujeres de hoy. Pensamos que urge conseguir una organización que sepa responder a la evolución del género humano.

Una organización realmente participativa y corresponsable, con la única distinción evangélica derivada de los distintos carismas de los hombres y mujeres que la forman. Una iglesia fraterna, en la que estos distintos carismas no sean absorbidos exclusivamente por obispos y clero, y en la que los teólogos/las, al servicio del Evangelio, puedan investigar libre y responsablemente.

Constatamos, sin embargo, la riqueza que surgió en la Iglesia a partir del Concilio, el gran número de personas, organizaciones, grupos y movimientos que trabajan en Europa y todo el mundo. En Galicia podemos llenar varios folios con la simple enumeración de los grupos de creyentes más conocidos. Muchos de ellos bajo siglas que no cuentan con el beneplácito de los dirigentes, pero, sin duda, movidos por una honda y responsable convicción cristiana.

Como fruto de la reflexión en los encuentros que tuvimos en este curso, compartimos la necesidad de revisar y revivir el gran acontecimiento que supuso lo Concilio Vaticano II, ayudándonos de la teología que le dio vida y escuchando los ‘signos de los tiempos'. Constatamos la necesidad de ayudarnos en la búsqueda de una formación bíblico-teológica seria y madura, abierta al ecumenismo y a la riqueza de las demás confesiones, que nos ayude a conseguir conciencias adultas. Consideramos oportuno participar en la Asamblea Universal del Pueblo Cristiano (http://www.redescristianas.net/asamblea-universal-de él-pueblo-cristiano/ ).

Con motivo del 50 aniversario del inicio del C. Vaticano II, en este curso 2012/2013, seguiremos ahondando en el extraordinario acontecimiento que supuso y procuraremos respuestas creativas e inteligibles para hoy, con fidelidad al Evangelio y al Espiritu. Somos conscientes de las distintas interpretaciones del Vaticano II y de los documentos aprobados por el Concilio más universal de la historia.

Lamentamos la actitud incomprensible de dirigentes eclesiásticos y cristianos obcecados por ideologías conservadoras. No son capaces de superar planteamientos históricos que no concuerdan con el espíritu del Vaticano II, confundiendo la experiencia de la fe en Jesús con doctrinas filosóficas. Somos conscientes de que el gran acontecimiento conciliar nos urge formular el mensaje de Jesús para que sea entendido y vivido por los hombre y mujeres de hoy.


ENCONTROS, Foro de curas galegos bispo Araúxo.- forobispoarauxo@gmail.com