martes, 20 de noviembre de 2012

ACTIVIDADES BÍBLICAS 
DE LA ESCUELA DE BIBLIA 
"PARRESIA"

LUNES 19:
TEMA: Jesús Sanador (1)
LUGAR: Pquia. Santa María de la Paz
HORA: 20,30-23,00 hs.


MARTES 20
TEMA:  Jesús Sanador (2)
LUGAR: Pquia. Santa María de la Paz
HORA: 20,30-23,00 hs.



MIÉRCOLES  21
TEMA: Libro del Apocalípsis (2)
LUGAR: Pquia. María y José
HORA:  1930-21,00 hs.



JUEVES 22
TEMA:  Libro del Apocalípsis
LUGAR: Pquia. María y José
HORA: 19,30-21,00 hs.




VIERNES:
Cierre de los cursos 
de éste año en la Pquia de Alta Gracia.



viernes, 16 de noviembre de 2012


Pbro. Jorge Trucco
UNA ESPERA CONSTRUCTIVA
TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DURANTE EL AÑO


Dan 12,1-3: 
“En aquel tiempo será liberado tu Pueblo”
Heb 10,11-14.18: 
“Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios...”
Mc 13,24-32: 
“Cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el fin está cerca”


El evangelio y la lectura de Daniel utilizan el género literario Apocalíptico = revelación de secretos para que se comuniquen a los justos perseguidos y tengan esperanza. Objetivo: consolar, alegrar; no infundir miedo. Es un género lleno de signos que representan la situación crítica que se está viviendo en ese momento de la historia. Para la apocalíptica el fin del mundo es el fin de los males que afligen al pueblo y el comienzo de un mundo nuevo, donde reine la paz y la justicia. 

Jesús anunció la llegada del Reino de Dios pero como una noticia alegre. En cambio las primeras comunidades cristianas asumieron concepciones apocalípticas de su época desde un enfoque cristiano: espera de la segunda venida de Cristo acompañado de guerras, pestes, catástrofes cósmicas.

Es un lamentable error tomar como hechos históricos toda esta imaginería fantasiosa. La última moda son las “supuestas profecías” de que el mundo se acaba el 21 de diciembre según el calendario Maya. Todos los fundamentalismos buscan que la gente se escape de “este mundo” eludiendo sus responsabilidades comunitarias y se refugian en una “mística espiritualista”. Dios nos ha asegurado la salvación, pero no cómo lo hará. En vez de preocuparnos por lo que hará Dios preocupémonos por lo que haremos nosotros. La intención de escapar del mundo es también una manera de estar en el mundo, eludiendo responsabilidades que otros tendrán que asumir. La conciencia crítica nos permite distinguir lo esencial de lo accesorio de nuestra fe.

Tenemos que descubrir los signos de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo (parábola de la higuera), y dejar en manos de Dios la justicia total. No separemos este texto de todo el Evangelio del Reino. Lo que les preocupaba a los judíos perseguidos de la época de Daniel y a los primeros cristianos perseguidos era la cuestión de la justicia divina frente a tantas víctimas de la impiedad y del poder despótico. Por eso estos textos apuntan a CONFIAR EN LA JUSTICIA DE DIOS.

Hoy la Palabra nos invita a la ESPERANZA. Sin ella toda nuestra vida cristiana sería ridícula y sin sentido. Mientras recorremos los caminos de la historia, nuestros ojos están fijos en la meta a la que estamos destinados. Ella orienta nuestros pasos, que se dirigen a un futuro de plenitud que da sentido a nuestro esfuerzo cotidiano y nos sostiene en las adversidades. Porque el perfil que revestirá nuestra morada definitiva tendrá también que ver, y mucho, con lo que hayamos ido edificando desde ahora

En la Iglesia ha habido siempre dos diferentes estilos de anunciar la llegada o la presencia del Reino de Dios: 
·         Uno insistiendo en el temor, interpretando las catástrofes como castigos de Dios (pocas veces se ha oído interpretar esos castigos como frutos de las infidelidades de la Iglesia institucional...)
·         Otro modo es descubrir los signos característicos de cada época de la historia. Encontrar lo positivo en los nuevos valores, las nuevas tendencias. Hay que estar dispuestos a no conseguir resultados inmediatos y aún a equivocarse muchas veces.

Ante las catástrofes, estamos invitados a ver los signos de la higuera, que está brotando. Pensemos en nuestro país “no podemos resignarnos pasivamente a aceptar la tiranía de lo económico”. La crisis de los argentinos en el fondo, es una crisis moral, cultural y religiosa. Por eso no podemos sólo mirar los conflictos y dificultades. También tenemos que mirar los signos de esperanza.

Discípulas y discípulos estamos comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Esa debiera de ser nuestra preocupación constante y el punto para discernir si en efecto nuestras tareas de evangelización y nuestro compromiso con la transformación de lo injusto en relaciones de justicia está causando ese efecto que debe tener el evangelio.

Miremos los signos de la higuera, que está brotando: en cada hogar, en cada grupo, en cada institución que se esfuerza día a día por seguir adelante, en cada persona que no quiere todo esto y desde su pobreza se anima a dar una mano al que la necesita... no hay duda: LA HIGUERA ESTÁ BROTANDO... “cuando suceda todo esto, no se desanimen”... porque el final, el final de toda esta situación, ESTÁ CERCA.

Homilía XXIII Domingo Durante el Año: 
La esperanza se alza en medio de las dificultades. 
Pbro. Gabriel Ghione

El año litúrgico va llegando a su fin y nos presenta, en medio de las dificultades del tiempo presente, un gran mensaje de esperanza.
El texto que escuchamos en el Evangelio cierra la actividad de Jesús en Jerusalén antes de su Pasión. El género literario utilizado es el apocalíptico. Al igual que la primera lectura este modo de escribir no busca infundir miedo, ni hablar de cosas futuras, sino explicar el presente e interpretarlo en clave de esperanza, buscando animar a los que leen y sufren un momento de persecución, dificultad, tribulación porque se ven atacados por un “contexto” desfavorable para la fe. Si prestamos atención todo aquello que puede infundir miedo a la hora de ser fiel o coherente con la fe. De hecho el miedo a la muerte por parte de los poderosos de su tiempo queda totalmente descalificado ante la afirmación de Daniel: los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán. O las dificultades presentes a la hora de no negociar con el mal, con la falta de respeto a la dignidad personal y con ningún tipo de esclavitud o sometimiento se ve fortalecida al descubrir que todo pasa, menos las palabras de Jesús.

En un cambio de época como la nuestra experimentamos el desconcierto y la inseguridad de que algunas tradiciones caigan y otras se levanten, en esta época estamos llamados a quedarnos con lo esencial y dejar pasar lo accesorio. Hay valores que nunca van a cambiar pero hay modos de vivirlos que necesariamente cambian de una época a otra, hay tradiciones, grupos, estilos que van a desaparecer y eso no nos debe turbar, sino fortalecer y quedarnos con esas palabras que no pasarán. Las palabras que no pasan y que están rubricadas con la sangre de Jesús es el amor por el hombre capaz de dar la vida, de entregarse para resistir ante cualquier forma de tiranía. Es el servicio que se hace cercano y compasivo. Es la búsqueda del bien común por encima de cualquier egoísmo o individualismo.

También hoy tenemos que dejarnos llenar por estos signos extraordinarios que no vienen a contarnos el fin del mundo sino a manifestarnos la caducidad de ciertas cosas que nos parecen imposibles de vencer o de resistir. Hoy decimos que es imposible resistirse a un sistema capitalista despiadado y cruel, que deja en la miseria a miles de millones de personas, mientras que unos pocos disfrutan de una gran vida. Nos parece que es imposible resistirnos a la vorágine consumista y a la velocidad de la sociedad actual pero debemos percatarnos que el fin está cerca, que aquello que creíamos en el firmamento “los astros”, se caen; pero permanece en nosotros esa sed insaciable de bien, de Dios, de misericordia y bondad, esa necesidad de experimentar la humanidad del otro y la propia. Permanecen en nosotros la necesidad de vivir desde las palabras de Jesús, desde su estilo de vida.

Cuando pienso en las grandes personalidades de la historia: cristianas o no, católicas o no, si ellos se hubieran dejado llevar por el miedo, la comodidad, o por la imposibilidad de resistirse a un sistema, no hubieran podido hacer lo que hicieron. Pensemos en Martín Luther King, Mahatma Gandhi, Madre Teresa, Angelelli, Oscar Romero, etc. Ellos nos enseñan, desde el mensaje apocalíptico, a no temer, a ser fuertes. Porque los poderosos solo temen a los que no tienen miedo. La esperanza nos da fortaleza para no temer.

Desde aquí podemos entender que ningún cristiano puede aceptar ni una fecha, ni una interpretación catastrófica del fin del mundo: Dios vino a salvarnos, a enseñarnos a no tener miedo, a descubrir de lo que somos capaces si nos proponemos sacar lo mejor de nosotros mismos. 

Pbro. Gabriel Martín Ghione
Skipe: ghione.gabriel.martin
"Servidores de ustedes por amor de Jesús" 2 Cor 4,5

Pbro. Lucas Trucco

Domingo XXXIII durante el año –ciclo B-

“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes” 
(Confucio 551-478 AC. filósofo chino)

Me permito comenzar con la frase de Confucio, dado que el tema del género literario apocalíptico siempre dio pie, entre los que lo escuchaban, el dejar todo porque ya se acercaba el final, y no vale la pena construir algo que dentro de poco no va a existir más. Cuando lo que en realidad quiere dar a entender dicho sistema de escritura es todo lo contrario: la esperanza de seguir poniendo las manos en el arado. La esperanza de mirar los frutos de un pequeño árbol como la higuera y saber que es posible el cambio.

Pero mucho son los que actualmente buscan de manera agotadora el conocer el fin de los tiempos. E inventan miles de formulas y fechas. Una forma atenuada de aquellas tendencias apocalípticas es la que, sin aludir al fin temporal de nuestro mundo, se caracteriza por el pesimismo histórico sobre el presente: cualquier tiempo pasado fue mejor, que diría Jorge Manrique. Es interesante lo que a este respecto escribe San Agustín en uno de sus sermones, y que no ha perdido nada de actualidad:

“Todas las aflicciones y tribulaciones que nos sobrevienen pueden servirnos de advertencia y corrección a la vez. Pues nuestras mismas sagradas Escrituras no nos garantizan la paz, la seguridad y el descanso. Al contrario, el Evangelio nos habla de tribulaciones, apuros y escándalos; pero el que persevere hasta el final se salvará (Mc 13, 13). No protestéis, pues, queridos hermanos, como protestaron algunos de ellos –son palabras del Apóstol–, y perecieron víctimas de las serpientes (1 Cor 10, 9). ¿O es que ahora tenemos que sufrir desgracias tan extraordinarias que no las han sufrido, ni parecidas, nuestros antepasados? ¿O no nos damos cuenta, al sufrirlas, de que se diferencian muy poco de las suyas? Es verdad que encuentras hombres que protestan de los tiempos actuales y dicen que fueron mejores los de nuestros antepasados; pero esos mismos, si se les pudiera situar en los tiempos que añoran, también entonces protestarían. En realidad juzgas que esos tiempos pasados son buenos, porque no son los tuyos.”[1]

Pero Cristo sí que nos invita a discernir los signos de los tiempos para descubrir la cercanía de ese final. Así pues, atendiendo a los signos del “fin del mundo” que experimentamos en nuestro tiempo, podemos reinterpretarlos así: no son tanto los signos del fin (temporal) del mundo (que no sabemos cuándo será y, en consecuencia, no debemos preocuparnos de ello), sino los signos y la expresión de los límites del mundo. Nuestra generación, como dice Jesús, es aquella en la que “todo esto se cumple”: vivimos realmente “los últimos tiempos”, porque vivimos en contacto permanente con los límites del mundo, chocando de continuo con las fronteras de esta limitación: física –dolores y desgracias–, temporal –la muerte ajena y la certeza de la propia–, moral –los muchos rostros del mal responsable, producido por la voluntad humana. Pero el ser humano, por su corazón y su espíritu, está abierto a otros bienes y otras dimensiones, a otros valores, llamados a perdurar para siempre.[2]


[1] El texto de San Agustín fue tomado de la pág. Web: “Ciudad Redonda”.
[2] Cfr. Pág. Web: “Ciudad Redonda”

jueves, 15 de noviembre de 2012


Cómo hacer fiesta en tiempos de injusticia 
José Manuel Bernal





Hoy estamos ejerciendo un derecho constitucional que nos reconoce la opción de hacer huelga. No es un día de alegría. Nos estamos enfrentando a la dura realidad provocada por la crisis, y que está sumiendo a la población española en los más duros niveles de pobreza y desesperación. 

Al verme inmerso en este angustioso escenario, no dejo yo de preguntarme, con preocupación y con vergüenza, cómo puedo seguir escribiendo sobre ritos litúrgicos, sobre cantos religiosos, anáforas y músicas gregorianas, cuando la gente anda loca por la calle gritando angustiada contra los recortes, contra los desahucios, contra el despotismo de los gobiernos, de las leyes y de los bancos. Recuerdo aquellas angustiosas palabras del salmo 137, cuando los judíos sufrían el azote del destierro: «A las orillas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos llorando, acordándonos de Sion. En los álamos de sus orillas colgábamos nuestras arpas. Nuestros opresores nos pedían que cantáramos para divertirlos: ¡Cantad para nosotros un cántico de Sion! ¿Cómo podríamos cantar un canto a Yahvé en tierra extraña?». Ese es nuestro mismo grito. Cómo vamos a poder hacer fiesta; cómo vamos a poder cantar, y a llenar de flores nuestros altares, y a estrenar lujosos manteles, y a brindar con costosos vasos de oro y plata, y a perfumar con incienso nuestras iglesias; cómo vamos a poder hacer fiesta, sin que se nos caiga la cara de vergüenza, mientras la gente, nuestros hermanos, se mueren de hambre, son expulsados de sus casas y echados impunemente a la calle. 

Esta es la cruda realidad. Como a los judíos en el exilio, también a mi me asalta la tentación de colgar la pluma en los sauces de las orillas, igual que ellos colgaron sus cítaras y sus arpas. Tengo el presentimiento de que no es posible seguir escribiendo de liturgia mientras los hermanos son echados de la mesa de la abundancia. Busco una palabra de aliento, pero no la encuentro. Busco, sobre todo, nuevos modos de celebrar el amor desbordante y total de Jesús, entregando su vida y dejándonos el banquete como memorial de su vida rota y entregada. Quizás debamos elevar a categoría de insignia, de símbolo emblemático, el banquete eucarístico como mesa de la solidaridad y de la fraternidad universal; como mesa de la justicia, del pan repartido para todos, sin excluir a nadie; del vino gozoso de la alegría y de la esperanza, escanciado y servido como presagio de un futuro lleno de ilusiones. 

Desde la fe en Jesús; desde una confianza plena en su mensaje de las bienaventuranzas, y de la providencia, y del gozo de los redimidos; quizás desde ahí podamos entrever atisbos de luz y horizontes abiertos; quizás desde esa fe podamos abrir nuestro corazón al mensaje estimulante, y siempre sorprendente, de la palabra de Dios; una palabra que es luz, que abre caminos; y que es esperanza, cargada de optimismo. 

Seguro que, desde esas pautas, podremos hacer fiesta y celebrar la misericordia del Señor, siempre dispuesto a abrir caminos en la estepa; seguro que podremos descolgar de los árboles nuestros instrumentos de música para cantar y hacer fiesta, para soñar mundos nuevos más justos y más fraternos; seguro que la experiencia de la fiesta podrá llenarnos de energía para condenar las injusticias que nos abruman, para luchar contra ellas y para programar, todos juntos, futuros de esperanza. Desde esta dimensión -digámoslo con palabras solemnes- escatológica, nos abriremos con aliento a la gran utopía del Reino y podremos vivir en las celebraciones una estimulante experiencia del futuro de la promesa.






Ernesto Cardenal
«Otro mundo, otro dios, otra iglesia es posible» 

"Queda una revolución, 
que será una e inevitable" 
El nicaragüense Ernesto Cardenal 
gana el Premio Reina Sofía de Poesía





El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, XXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, defensor de los "oprimidos" y "los pobres", asegura que todavía queda hacer una gran revolución: "Será una revolución mundial, que será una, y es inevitable", ha advertido el autor. "Otro mundo, otro dios, otra iglesia es posible", asegura.

Cardenal, quien recibe este tarde de manos de la Reina, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dotado con 42.100 euros, asegura que este galardón "no es muy merecido", y señala que su único mérito ha sido dedicar su poesía en favor de los oprimidos.

Considerado por Luis Antonio de Villena, portavoz del jurado que concede este galardón como un poeta "comprometido" y "marxista", Calderón, ataviado con su boina negra, dio hoy en Madrid muestra de su compromiso y denunció la "explotación" de niños que suscriben las compañías de telefonía móvil en busca del coltán, un mineral con el que se fábrica los teléfonos.

Para ello Cardenal leyó uno de sus poemas más recientes, 'El Celular', incluido en la obra antológica 'Hidrógeno Enamorado' que publica la Universidad de Salamanca con motivo de este galardón en colaboración con Patrimonio Nacional y en el que se recogen una selección de sus poemas desde los más tempranos hasta los más recientes.

"Niños de siete a diez años extraen el coltán por 25 centavos al día", critica este poeta, para quien Dios y la ciencia son los principales motores de su poesía. "Mi unión con Dios es lo que me hace escribir y no escribir, también, cuando el silencio es mejor que la palabra", alega.

Respecto a su amor por la ciencia, Cardenal señala que lleva "cientos de libros leídos" al respecto, y asegura que sus múltiples recovecos han inspirado sus mejores versos. "No sé de otro poeta que dedique sus versos al tema de la ciencia. Esto debería ser más común porque cada vez hay más maravillas en la creación", señala.

"La ciencia nos acerca más a Dios, porque la religión, a veces divide a los pueblos", ha explicado este poeta, descrito por Noemi Domínguez, vicerrectora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca como un autor cuyos versos sólo hablan del amor en todas sus facetas, desde la atracción que sentía por las "jovencitas" hasta su "amor cósmico". "Vive poseído por un amor global sin límites", ha añadido.

Cardenal ( Nicaragua, 1925) es licenciado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre 1949 y 1950 se dedicó a viajar por Europa. En esta época se inició en otra de sus pasiones artísticas: la escultura.

En 1952 fundó una pequeña editorial de poesía, El hilo azul. En 1954 participó en un movimiento armado que intentó asaltar el Palacio Presidencial y que fue conocido en Nicaragua como 'La Rebelión de Abril'.

Es en 1957 cuando su vida da un giro total al decidir hacerse monje trapense e ingresar en el Monasterio de 'Our Lady of Gethsemani', en Kentucky, EE.UU. Ingresó más tarde en el Monasterio Benedictino de Cuernavaca, México, donde permaneció dos años.

Su labor poética se materializó en esta época, dando cuenta de sus experiencias místicas, en Gethsemani Ky" y Vida en el amor. En 1961 continuó sus estudios de Teología en un seminario católico en la Ceja, Colombia. Desde allí publicó las obras Salmos y Oración por Marilyn Monroe.

El premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana tiene como objetivo reconocer el conjunto de la obra de un autor vivo que por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España.

El jurado ha estado compuesto por: José Rodríguez-Spiteri Palazuelo, presidente del patrimonio nacional; Daniel Hernández Ruiperez, rector de la Universidad de Salamanca; José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española; Adrián Vitier Rodríguez (nieto de Fina García Marrúz - XX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana); Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes y académico de la RAE; Gloria Pérez Salmerón; directora de la Biblioteca Nacional y Antonio Lobo Antunes, escritor portugués; Pilar Martín-Laborda y Bergasa, directora de imagen, promoción y desarrollo del patrimonio nacional.

Asimismo, también han formado parte de este jurado José Manuel Mendes, director del instituto del libro portugués; Genoveva Iriarte, directora general del instituto Caro y Cuervo; Soledad Puértolas, escritora; Luís Antonio de Villena poeta y Jaime Siles, poeta; José Miguel Santiago Castelo; subdirector de abc y poeta; Luis Alberto de Cuenca, poeta; José Manuel Caballero Bonald, poeta; Javier Sanjose Lera, director departamento de lengua y literatura de la Universidad de Salamanca, Emilio de Miguel Martínez, profesor de la Universidad de Salamanca, y Esther Martínez Quinteiro, secretaria del premio.

Entre los ganadores de este galardón anual se cuentan el chileno Gonzalo Rojas (1992) el madrileño José Hierro (1995) el asturiano Ángel González (1996) el uruguayo Mario Benedetti (1999) el catalán Pere Gimferrer (2000) O el argentino Juan Gelman (2005) el valenciano Francisco Brines (2010) o la cubana Fina García.

(Rd/Ep)

Pbro. Diego Fenoglio
Domingo XXXIII del tiempo ordinario – Ciclo B 2012

“…mantener viva la esperanza…”


Cercanos ya al final del año litúrgico, la liturgia de hoy nos presenta a través de la lectura del Antiguo Testamento y del evangelio, textos relativos al final de los tiempos. Todo el libro de Daniel es un llamado a la esperanza, característica principal de toda la literatura apocalíptica. No se trata tanto de una revelación especial de lo que sucederá al final de los tiempos, cuanto la utilización de imágenes que invitan a mantener viva la esperanza, a no sucumbir ante la idea de una dominación absoluta de un determinado imperio.

El texto que leemos hoy es subversivo para la época, pues invita al rechazo del señorío absoluto de los opresores griegos de aquel entonces que a punta de violencia se hacían ver como dueños absolutos de las personas, del tiempo y de la historia.

Jesús es consciente y sabe que la única forma de rescatar, el rumbo de la historia por los horizontes queridos por el Padre y su justicia, es haciendo caer los sistemas que a lo largo de la historia intentan suplantar el proyecto de la justicia querido por Dios, con un proyecto propio, disfrazado de vida pero que en realidad es de muerte. Esta tarea la debe realizar el discípulo, el que ha aceptado a Jesús y su proyecto. Recordemos la intencionalidad teológica y catequética de Marcos: a Jesús, sólo se le puede conocer siguiéndolo; y bien, el seguimiento implica no sólo ir detrás de él, implica además, tomar el lugar de él, asumir su propuesta como propia y luchar hasta el final por su realización.

Discípulas y discípulos están entonces comprometidos en ese final de los sistemas injustos cuya desaparición causa no miedo, sino alegría, aquella alegría que sienten los oprimidos cuando son liberados. Esa debiera de ser nuestra preocupación constante y el punto para discernir si en efecto nuestras tareas de evangelización y nuestro compromiso con la transformación de lo injusto en relaciones de justicia está causando de veras ese efecto que debe tener el evangelio o si simplemente estamos ahí a merced de las corrientes del momento esperando quizás que se cumpla lo que no ni siquiera pasó por la mente de Jesús.