miércoles, 3 de agosto de 2016

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La profesora Phyllis Zagano

Phyllis Zagano, profesora de Hofstra University de NY

Defensora de la ordenación de mujeres, en la Comisión sobre las Diaconisas

“Espero participar en una discusión seria no solo sobre la historia sino las posibilidades para el futuro”, dice la académica


 La profesora Zagano ha demostrado que en la Iglesia primitiva a las mujeres se les ordenaba sacramentalmente, en estrecha proximidad al altar
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Mujeres diaconisas, ¿por qué no?

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Cameron Doody 

El Papa Francisco estableció ayer la Comisión de Estudios sobre el Diaconado de las Mujeres -encargada con el análisis de la posibilidad de que se reinstaure en la Iglesia la figura de la mujer diaconisa- y entre sus miembros se encuentra al menos una defensora de la ordenación de mujeres, tanto al diaconado como al sacerdocio: la profesora estadounidense Phyllis Zagano.
Además de ser profesora de la Hofstra University en el estado de Nueva York y bloguera del National Catholic Reporter, Zagano es también autora de numerosos libros sobre el papel de las mujeres en la Iglesia.
En septiembre del 2015 dio una presentación en el marco de la conferencia del grupo Women's Ordination Worldwide ("La ordenación de las mujeres para todo el mundo") en Filadelfia, y este mayo ofreció una conferencia virtual en el portal deFuturechurch ("La Iglesia del futuro"), una organización que aboga por la participación plena y activa de todos los católicos en la toma de decisiones en la Iglesia.
Pero los argumentos que sostiene Zagano a favor de que se les ordene a las mujeres van más allá de gestos de reivindicación y activismo, como sería de esperar de una académica que ha dedicado muchos años de su vida a la investigación sobre el tema.
Partiendo desde la observación de que en su Carta a los Romanos (16.1) el apóstol Pablo llama a Febe "diácona", y no "diaconisa" -usando la misma palabra que se emplea para los varones diáconos- la profesora Zagano demuestra que mujeres como Febe estaban involucradas, de modo igual que los hombres, en servicios en la Iglesia primitiva como la evangelización, la catequesis, la unción de los enfermos y la oración litúrgica. No solo eso, porque como Zagano evidencia los ritos de las Constituciones Apostólicas codificadas por los Concilios de Nicea (325) y Calcedonia (451) -y, más claramente, el ceremonial contenido en el manuscrito bizantino del siglo VIII conocido como "Barbarini 336"- especifican que a las mujeres se les ordenaba sacramentalmente, en estrecha proximidad al altar.
Para la profesora Zagano, entonces, el meollo del asunto es que si durante una parte sustancial de la historia las mujeres podían ser diáconas, de forma igual que los várones -y si el diaconado forma parte del sacramento de orden sacerdotal- entonces las mujeres ya han participado en ese sacramento. Pero si la disciplina de la Iglesia no permite, por el momento, que a las mujeres se les ordene presbíteros, aún se podría recuperar la sacramentalidad de su ministerio histórico como diáconas.
Si no se les permite actuar, como hacen los sacerdotes varones, en persona de Cristo Cabeza de la Iglesia -in persona Christi capitis- podrían conducirse, por ejemplo, in persona Christi servi, en persona de Cristo Serviente, descripción del ministerio del diaconado formulada por la Comisión Teológica Internacional en el 2002. Es vital, explica Zagano, que las mujeres puedan identificarse con Cristo, porque la alternativa implicaría no solo que los hombres y mujeres difieran ontológicamente sino que hubiera una parte de la naturaleza humana que Jesucristo no habría redimido, por no haberla asumido en sus carnes.
Esto sería un resumen de los argumentos que la profesora Zagano traerá a las reuniones de la Comisión de Estudios sobre el Diaconado de las Mujeres. Pero por el momento, la académica se limita no a enzarzarse en argumentos sino a expresar sus deseos para el trabajo de la Comisión. "Espero participar en una discusión seria no solo acerca de la historia de las mujeres en el diaconado sacramental en el cristianismo, sino de las posibilidades para el futuro", afirmó la profesora este martes a una reportera de The New York Times.

Mons. Buenanueva llamó a los sacerdotes a tomar el ejemplo del Cura Brochero y de Angelelli

San Francisco (Córdoba) (AICA): 
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, saludó a los sacerdotes con motivo de la memoria de San Juan María Vianney y destacó que este año el día del párroco “se une a otros dos acontecimientos ‘sacerdotales’: los cuarenta años de la muerte violenta del obispo Angelelli y la próxima canonización del beato Brochero”. “Ambos nos muestran lo que significa la fidelidad a Jesús, a su Evangelio y a su pueblo santo, sobre todo, a los más pobres y frágiles. Estos testimonios nos animen a seguir caminando como Presbiterio”, pidió.


Saludo de monseñor Sergio O. Buenanueva, obispo de San Francisco, con motivo del Día del párroco (1 de agosto de 2016) 

A los presbíteros de la diócesis de San Francisco 
Queridos hermanos: 

Les hago llegar un cordial saludo, al acercarse la memoria de San Juan María Vianney, el Cura de Ars. 

Es el patrono de todos los sacerdotes del mundo, párrocos o no. 

Seguramente, a lo largo de ese día, podrán experimentar la cercanía y el cariño de sus comunidades, familia y amigos. Es muy sólido el vínculo entre las comunidades cristianas y sus curas. Esa solidez proviene de la fe cristiana que es vida que se aprende a compartir. 

Nuestro ministerio, tras las huellas de Jesús, nos pone precisamente allí: en lo más vivo de las experiencias humanas fundamentales. La vida de cada uno se va entremezclando con las alegrías, esperanzas, incertidumbres y lágrimas de tantas personas que son esa carta escrita en nuestros corazones por el mismo Jesús resucitado (cf. 2Co 3,2). 

Así nos vamos haciendo pastores. La Palabra que anunciamos es semilla que fructifica en el campo, pero también es espada que nos hiere y nos inquieta. Es la fuerza pascual de los sacramentos que transforma la vida, de manera particular la santa Eucaristía, en la que vamos aprendiendo a entregar nuestra propia sangre al tomar en nuestras manos el cáliz del Señor. 

Permítanme también expresarles con sencillez de corazón los mismos sentimientos, resumidos en una sola palabra: ¡Gracias! Gracias por su testimonio, su ministerio y, sobre todo, por la persona de cada uno de ustedes. 

Los tendré presentes en la Eucaristía que celebraré en la catedral. 

Este año, la celebración del Santo Cura de Ars, se une a otros dos acontecimientos “sacerdotales”: los cuarenta años de la muerte violenta del obispo Angelelli y la próxima canonización del beato Brochero. 

Dos “curas cordobeses”, cuya entrega de amor hasta el extremo, iluminan el camino de los pastores y de la Iglesia toda en Argentina. Ambos nos muestran lo que significa la fidelidad a Jesús, a su Evangelio y a su pueblo santo, sobre todo, a los más pobres y frágiles. 

Estos testimonios nos animen a seguir caminando como Presbiterio. 

Les pido que recen por mí, porque lo necesito. Y mucho. Pero, todos juntos oremos y sigamos haciendo rezar por las vocaciones sacerdotales. 

Que la Santa Madre de Dios les muestre, especialmente en este día, que nada ni nadie podrá separarnos jamás del amor de su Hijo, Jesucristo, el Señor. 

Su hermano y obispo, 

Mons. Sergio O. Buenanueva, obispo de San Francisco

Renta ciudadana: 

una salida viable a la crisis mundial

Leonardo Boff

            La crisis económico-financiera de 2007-2008 estremeció los fundamentos de la economía capitalista (esta es su modo de producción) y el neoliberalismo (este es su expresión política). La tesis básica era dar primacía al mercado, a la libre iniciativa, a la acumulación privada, a la lógica de la competición en detrimento de la lógica de la cooperación y a un Estado mínimo. El lema en Wall Street de Nueva York era: greed is good, la codicia es buena. Quien mira desde una perspectiva mínimamente ética ya podía saber que un sistema montado sobre un vicio (codicia) y no sobre una virtud (bien común), jamás podría resultar bien. Un día se derrumbaría.

            El derrumbe empezó con la quiebra de uno de los mayores bancos norteamericanos, el Lehman Brothers, llevando todo el sistema bancario y financiero a una inconmensurable crisis. En pocos días se pulverizan billones de dólares. Parecía el fin de este tipo de mundo. Ojalá lo fuera.

            Curiosamente, los que despreciaban el Estado, reduciéndolo al mínimo, tuvieron que recurrir a él, de rodillas y con las manos juntas. Los bancos centrales de los Estados tuvieron que habilitar billones de dólares para salvar las instituciones financieras quebradas. La máquina de hacer dinero giraba a máxima velocidad, día y noche.

            A consecuencia de la crisis, todavía no superada hasta hoy, también entre nosotros, fueron a la quiebra miles de empresas e incluso países como Grecia, con un altísimo nivel de desempleo. Se destruyeron fortunas pero sobre todo se creó un mar de sufrimiento humano, de suicidio y hambre en el mundo entero. Datos recientes refieren que en Estados Unidos una de cada siete personas pasa hambre. Imaginemos el resto del mundo.

            Nadie siguió la sabia sentencia atribuida a Einstein: «el pensamiento que creó la crisis no puede ser el mismo que nos saque de la crisis». Tenemos que pensar y actuar diferente. Fue justamente lo que no se hizo. Todavía se cree con convicción que este sistema sigue siendo bueno y válido, a pesar de la devastación ecológica que produce, poniendo en peligro las bases que sustentan la vida. Es bueno y válido para los especuladores que están acumulando una riqueza absurda. En Estados Unidos el 1% de los más opulentos acumula ingresos equivalentes al 90% del resto de los norteamericanos.

            A pesar de todas las reuniones del G-8 y del G-20 para buscar alternativas, la política económico-financiera continúa igual: hacer más de lo mismo. Esto está desestructurando los países y podría llevar a una revuelta popular mundial con consecuencias funestas.

            Se usaron dos estrategias. La primera fue la inyección de billones de dólares por parte de los Estados para impedir la quiebra total del sistema. Además de los billones de moneda física lanzada al mercado, se creó un complemento llamado quantitative easing. Según la definición de Wikipedia, que me parece correcta: «es la flexibilización cuantitativa, que quiere decir, la creación de cantidades significativas de dinero nuevo (electrónicamente por lo general) por un banco, autorizado por el Banco Central dentro de determinadas condiciones».

            Sucede que este dinero nuevo, en vez de ser invertido en la producción y en la creación, fue inyectado en la corriente especulativa de las finanzas mundiales. Aquí se gana mucho más, inmediatamente, que en la inversión productiva que demora mucho más tiempo. De esta forma las ganancias van a los ya multimillonarios, sin solucionar la crisis; al contrario, agravándola.

            La otra medida fueron las políticas de ajuste, llegadas bajo el nombre de austeridad. Para garantizar las ganancias de los capitales se organizó un ataque sistemático a los derechos sociales, a los servicios públicos de salud y de educación, al sistema de la seguridad social y a las jubilaciones. Esto se inauguró primero en la zona del euro y ahora, según la misma lógica, en Brasil. Se fragilizó la ya frágil democracia y la disminución del gasto público está provocando recesión y desempleo.


            Si hubiese habido pensamiento y un mínimo de sentido humanitario, una posible salida podría ser lo que viene proponiendo incansablemente desde hace muchos años el ex-senador Eduardo Matarazzo Suplicy: la renta mínima ciudadana. Por el hecho de ser humano, cada persona tiene derecho a una renta ciudadana que le garantice una vida digna, aunque sea frugal. Dice un estudioso, Antonio Martins: «Un cálculo del sitio Swiss Info, en 2009, mostró que sólo en los primeros meses de socorro a los bancos, los Estados gastaron 10 billones de dólares, lo cual sería suficiente para pagar a cada habitante del planeta 1.422 dólares, aproximadamente 4,5 mil reales, unos 1.280 euros» (cf. sitio Outras Palavras de 14/07/16). Sería la quantitative easing for People propuesta por el líder laborista británico Jeremy Corbyn. Ese dinero circularía mediante el consumo, los beneficios públicos y superaría el grave padecimiento humano a causa del desempleo y el hambre. Esta sería una solución viable, más ética y más humana. Todavía puede ser puesta en marcha. Quién sabe si con el agravamiento de la crisis mundial no nos veremos obligados a esta solución verdaderamente salvadora.     

martes, 2 de agosto de 2016

col sicre

En este mes de vacaciones (al menos en Europa), cuando se repiten los consejos de seguridad y vigilancia, 
también la liturgia nos invita a vigilar, aunque en cuestiones muy distintas.

A merced de lo que decida 
el sacerdote

El sacerdote puede elegir este domingo entre una lectura breve y otra larga. 
Dos motivos aconsejan decidirse por la breve: 1) el calor de agosto en Europa y el frío en América; 
2) la lectura larga mezcla tres temas, dos de ellos muy distintos, y puede volver un poco locos al predicador y a los predicados. 
Me limitaré, por tanto, a la breve, con algunas indicaciones finales sobre la larga.

Tres señores 
muy distintos

Si se lee el evangelio de forma rápida parece hablar de los mismos personajes: unos criados y su señor. Sin embargo, teniendo en cuenta que los discursos de Jesús los escriben los evangelistas uniendo frases sueltas pronunciadas por él en distintos momentos, cuando se lee el texto con atención encontramos tres señores.
1. Un señor que vuelve de una boda; los criados tienen que esperarlo y abrirle la puerta.
2. Un señor que llega, no se sabe de dónde; encuentra a los criados esperándole y, lleno de alegría, se pone a servirles.
3. Un señor que no tiene criados, se entera de que esa noche va a venir un ladrón, y lo espera en vela.
Lo que une estas tres imágenes tan distintas es la idea de la espera
los criados esperan a su señor (casos 1 y 2), 
el señor espera al ladrón (caso 3).
Y todo esto sirve para transmitir la enseñanza más importante: también nosotros debemos estar vigilantes, esperando la llegada del Hijo del Hombre.

El problema psicológico 
del texto

Hablar de vigilancia y de esperar la venida del Hijo del Hombre mientras la gente se abanica o piensa en lo que va a hacer cuando termine la misa supone un desafío para el sacerdote. ¿Interesa realmente todo eso? En caso de que interese, ¿se puede pedir una actitud continua de vigilancia, con la cintura ceñida y la lámpara encendida, como dice el evangelio?
Sería muy bueno que la gente se plantease estas preguntas y respondiese: 
“No me interesa nada, 
no pienso nunca en la vuelta de Jesús, 
y si me dicen que no se trata de que vaya a volver pronto, sino de que puedo morirme en cualquier momento y encontrarme con Él, prefiero no amargarme con la idea de la muerte”.

Esta respuesta sincera tendría una ventaja: obliga a pensar en lo que representa realmente Jesús en nuestra vida
¿Alguien a quien queremos mucho, pero que no tenemos prisa ninguna por ver, y cuanto más se retrase el encuentro, mejor? 

Amistad curiosa, pero muy frecuente entre los cristianos.

Vigilar no significa 
vivir angustiados

A pesar de lo anterior, la mayoría de la gente vive a diario el mensaje del evangelio de hoy. Está con el cinturón ceñido y la lámpara encendida. Porque la vigilancia se traduce en el cumplimiento adecuado de sus obligaciones.
Así queda claro en la continuación del evangelio (la que puede omitirse). En ella, Pedro le pregunta a Jesús si esa parábola del señor y los criados la ha contado por ellos o por todos. Y Jesús le responde con una nueva parábola. Pero ahora no habla solo de un señor y sus criados sino que introduce en medio la figura de un administrador que está al frente de la servidumbre (es clara la referencia a Pedro y a los responsables de la comunidad cristiana).
Este administrador puede adoptar dos posturas: 
cumplir bien su obligación con los subordinados, 
o aprovechar la ausencia del señor para maltratar a los criados y criadas y darse la buena vida. 
Queda claro que vigilar no consiste en vivir angustiados pensando en la hora de la muerte sino en cumplir bien la tarea que Dios ha encomendado a cada uno.

La primera lectura

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría 18, 6-9, ofrece dos posibles puntos de contacto con el evangelio.

Primer punto de contacto: 
vigilancia esperando la salvación.

El libro de la Sabiduría piensa en la noche de la liberación de Egipto
El evangelio, en la salvación que traerá la segunda venida de Jesús.
En ambos casos se subraya la actitud vigilante de israelitas y cristianos.

Segundo punto de contacto

Al salir de Egipto, los israelitas se comprometen a compartir los bienes: serían solidarios en los peligros y en los bienes.
En el evangelio, Jesús anima a los cristianos a ir más lejos: Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo. (Este punto de contacto sólo se advierte leyendo el comienzo de la lectura larga).

José Luis Sicre

2016