viernes, 22 de mayo de 2015

Romero vive

Jorge Costadoat, sj

Beato del pueblo

"Romero no cerró los ojos ante el sufrimiento de sus ovejas"


 Monseñor Romero es de los pobres, de las víctimas de la represión, de los que lucharon por la verdad y la justicia, de los que tienen en su corazón sus mismos ideales
Romero de América/>

Romero de América

  • Romero de América
  • Beato Romero
  • San Romero de América
  • Murales por Romero en El Salvador
  • Romero de América
  • Beato Romero
  • San Romero de América
  • Murales por Romero en El Salvador
  • Romero de América
  • Beato Romero
  • San Romero de América
  • Murales por Romero en El Salvador
Editorial de la UCA 
No hay duda de queÓscar Arnulfo Romero tenía en su corazón a las mayorías pobres de nuestro país, a lasvíctimas de la represión y de las múltiples violaciones a los derechos humanos que en su época ocurrían en El Salvador.

Romero, a diferencia de otros pastores, no cerró los ojos ante el sufrimiento del pueblo, lo que le llevó a asumir su papel de pastor de un modo profundamente evangélico: se convirtió en el mayor defensor de los pobres y de las víctimas cruelmente torturadas, desaparecidas y asesinadas. No tenía ningún reparo en denunciar las barbaridades que cometían las fuerzas paramilitares, los cuerpos de seguridad y la Fuerza Armada; tampoco callaba los atropellos cometidos por la guerrilla. Siempre se puso al lado de las causas justas, de cualquiera que las defendiera, y llamó insistentemente a parar la violencia.

Todos los domingos solía terminar su homilía con la lectura de los hechos de la semana. En ese espacio denunciaba con claridad todas las violaciones a los derechos humanos que se habían cometido en los días anteriores, exigía que se investigaran, se dedujeran responsabilidades y se llevara a los culpables ante la justicia. También desenmascaraba las muchas mentiras de las autoridades para esconder sus actos criminales, aclarando como habían sido las cosas en realidad. Monseñor Romero pedía constantemente y con gran fuerza que cesará la represión y la violencia que tanto sufrimiento causaban en el pueblo, y que se construyera un orden político, económico, y social justo al servicio de todos los salvadoreños.

Sus homilías dominicales están llenas de referencias y de muestras de amor al pueblo. Romero se sentía muy querido por la gente sencilla y agradecía siempre los humildes gestos de apoyo que recibía. Monseñor se identificaba principalmente con los pobres, con los perseguidos, con los obreros que clamaban mejores condiciones de trabajo, con los desaparecidos, con todos aquellos que luchaban por causas justas. Por ello, quiso asumir su defensa; creó el Socorro Jurídico del Arzobispado "para procurar en asunto de derecho favorecer a las personas y sectores más pobres del país sin importar de donde vengan". Y se alegraba del bien que hacía su trabajo en favor de ellos: "Yo soy testigo de la abnegación y generosidad con la que el Socorro Jurídico ha prestado tantos servicios a nuestra clase pobre"

La pronta persecución a su figura y a la Iglesia no le impidió seguir su misión con fidelidad al Evangelio y a su ministerio episcopal; por el contrario, se esforzó con más ahínco en ser buen pastor, cercano a su pueblo. Un pueblo al que amaba profundamente, del que se hizo amigo entrañable, del que decía: "Mi mayor satisfacción y alegría es cuando escucho al pueblo, como lo he escuchado en esta semana en diversas manifestaciones, que dicen que les transmitimos esperanzas, despertamos su fe". Sus constantes visitas a las comunidades campesinas y a las de barrios urbanos marginados eran alimento para su trabajo pastoral y a la vez signo de su cariño entrañable a los pobres.

Monseñor Romero no rehuía el conflicto; sabía que había gente que no pensaba como él, gente a la que no le agradaba su mensaje y que le adversaban. Con ellos tuvo palabras de afecto y les llamó a la conversión, pero le ocurrió como a Jesús con el joven rico que deseaba seguirle: al invitarlo a dar todo a los pobres, se marchó porque tenía muchos bienes. Ponerse al lado de las víctimas, al lado de su pueblo pobre (tal como a él le gustaba llamarlo, sin que nadie se sintiera ofendido por ello) le costó a monseñor muchas enemistades. La fuerza y contundencia de su palabra desde el púlpito, una palabra cuestionadora y exigente, que reclamaba justicia y el fin de la represión, chocaba de frente con aquellos que deseaban mantener el régimen de terror para defender sus privilegios.

La dureza de corazón de muchos ricos y de los que ostentaban el poder hizo que la enemistad se convirtiera en odio hacia su persona. Un odio que llevó a las autoridades de aquel tiempo, junto a muchas otras personas a las que les incomodaban las palabras y acciones de Romero, a pedir su destitución como obispo y su salida del país. En poco tiempo ese odio hacia monseñor fue tan ciego y violento que condujo a su asesinato. Pero el Vaticano ha declarado que todo en su vida respondía a una vivencia profunda de la fe en Jesucristo, y por ello monseñor ha sido declarado mártir por odio a la fe. Los que planificaron y ejecutaron su asesinato, y todos los que aplaudieron y celebraron ese hecho espantoso, estaban movidos por el odio a Romero y al evangelio que proclamaba.

El pueblo pobre no puede estar ausente en la beatificación de monseñor, pues él se hizo objeto de odio y recibió la gracia del martirio precisamente por estar al lado de los pobres y desamparados. Monseñor Romero es de los pobres, de las víctimas de la represión, de los que lucharon por la verdad y la justicia, de los que tienen en su corazón sus mismos ideales. Quienes no deberían ir a la beatificación son todos aquellos que todavía no han convertido su corazón, tal y como lo pedía constantemente el obispo mártir. Aquellos que prefieren la violencia, los que se lucran sin medida a costa de los trabajadores y del pueblo en general, aquellos que defienden sus privilegios e imponen sus intereses mezquinos, los que no pagan sus impuestos, los corruptos, los que no quieren que todos los salvadoreños vivan dignamente ni que se avance hacia la justicia social.

jueves, 21 de mayo de 2015

HOMENAJE A EDUARDO GALEANO por Paco Bautista

  HOMENAJE.
  “Son los árboles que dan fruto los que reciben las pedradas” (Galeano)
    
     El pasado 13 de abril de 2015 falleció Eduardo Galeano a los 74 años de edad por un cáncer de pulmón en su ciudad natal de Montevideo. Ha sido siempre una mente lúcida y profética. Estaba en desacuerdo cuando algún  teólogo de la liberación decía ser voz de los sin voz. Para él todas las voces eran lindas, únicas, dignas de ser escuchadas. Galeano tenía un sentido del humor y del amor fuera de lo común. Estaba en contra de la inflación palabraria –decía-  y cuidaba sus textos al máximo para contar lo esencial con las palabras justas. Con su fina ironía nos ponía sobre aviso: “Los que comienzan su discurso diciendo: “Voy a ser breve” esos son los peores.” Dedicó su  vida a prestar oído a los que él llamaba: invisibles y los visibilizó  en infinidad de  historias.

     Recojo un relato breve, de su libro “Los hijos de los días”. Los que en África han trabajado en alfabetización valorarán estas emotivas líneas. Dice así:

    Sergipe, nordeste de Brasil: Paulo Freire inicia una nueva jornada de trabajo con un grupo de campesinos muy pobres, que se están alfabetizando.

-          ¿Cómo estás, Joao?
     Joao calla. Estruja el sombrero. Largo silencio, y por fin dice:
-          No pude dormir. Toda la noche sin pegar los ojos.
     Más palabras no le salen de la boca, hasta que murmura:
-          Ayer yo escribí mi nombre por vez primera. 


              POEMA HOMENAJE

Regresamos de un pasado
de agitadas olas de la memoria,
de días aciagos,
de laceradas heridas
que aún afloran en carne viva
en las venas abiertas de América Latina.
Regresamos de un túnel
en el que no era fácil ver la salida.
El olvido pacta siempre con la derrota.
Los expulsados de su propia tierra
son errantes, sin rumbo fijo,
gritos gélidos, algunos, demasiados ya
de una mar cada vez más indignada.
En este mundo patas arriba
hemos visto pasar estos años
como pasan las noches
de los inviernos más crudos.
Ahora es costoso regresar a uno mismo.
Las nuevas tecnologías cada vez capturan más adeptos.
Sin embargo todos queremos volver a la patria,
encontrar nuestra propia bandera
con nuestros nombres reconciliados
escritos en letras de molde.
Queremos mirarnos directamente a los ojos,
agradecer a Dios que nuestros pies y los suyos
coincidan con decencia juntos en el camino.
Que venimos de muy lejos, si, de muy lejos,
aunque nunca hayamos estado solos,
y paso a paso caminemos el horizonte de la utopía.
Y en lengua de los indios maya,
como diría Galeano, desnudando cada palabra,
hoy me atrevo a decir con su voz
que yo soy otro tú, que tú eres otro yo,
que vemos la vida que nos mira,
que miramos la vida que nos ve.

Descanse en paz el que visibilizó
a los que, aunque sea un poquito,
ahora son más visibles que antes.
                                  

Paco Bautista, sma