sábado, 9 de mayo de 2015

El Opus diseña la era pos-Escrivá

La prelatura acompasa su marcha al impulso renovador del Papa

Fernando Ocáriz, el papa Francisco y Javier Echevarría, en El Vaticano, en diciembre de 2013. / L’OSSERVATORE ROMANO

El Opus Dei se suma a la ola renovadora que impulsa dentro de la Iglesia el papa Francisco. Por primera vez en casi un siglo de existencia, la poderosa prelatura ha dejado abierta la puerta a la posibilidad de que su dirección sea ocupada por alguien que no haya trabajado codo con codo con Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador santificado, o que no haya nacido en España, donde están las raíces de una organización implantada en más de 60 países. Así se diseña la era pos-Escrivá en los tiempos de Jorge Mario Bergoglio.

Las claves

  • El Opus tiene casi 90.000 seguidores, de los que 2.051 son sacerdotes. El 58% está en Europa, el 34% en América, el 4% en Asia, el 3% en África y el 1% en Oceanía.
  • Entorno al 70% de esos fieles, según datos oficiales, son supernumerarios, hombres o mujeres casados.
  • El 30% de integrantes restante, según los datos de la prelatura, son célibes. Aquí se incluyen los numerarios, que suelen vivir en centros del Opus, y las numerarias auxiliares, que “se dedican habitualmente, como actividad profesional, a la atención de los trabajos domésticos en las sedes de los centros”, según la guía informativa de la prelatura.
  • La formación religiosa se imparte por separado a hombres y mujeres.
En diciembre de 2014, el prelado Javier Echevarría, que a los 82 años es la máxima autoridad de la organización, nombró vicario auxiliar al hispanofrancés Fernando Ocáriz y vicario general al argentino Mariano Fazio. La decisión insinúa un orden sucesorio del que quedaría desplazado el influyente arzobispo peruano Juan Luis Cipriani y coloca a la prelatura ante un escenario inédito. En la dirección de la Obra, fundada en 1928, nunca habían convivido el prelado y un vicario auxiliar.
“Será un momento histórico”, describe un portavoz de la oficina de información del Opus, en cuya dirección se han sucedido hasta ahora tres españoles: el fundador; el beato Álvaro del Portillo, que fue su mano derecha durante 40 años; y Echevarría, que a su vez también fue colaborador de Balaguer durante más de 20. “Que llegue el momento en que el prelado no haya conocido ni trabajado con el fundador es algo natural y será una nueva muestra de la madurez de esta institución de la Iglesia”.
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Los analistas han vivido el ascenso de Ocáriz (“un cargo es una carga”, matizan en el Opus) como un punto de inflexión en la trayectoria de la institución. También, como un guiño al Papa, que es jesuita, predica con verbo fresco, no siempre ha compartido las opiniones de Cipriani —excluido, por ahora, del núcleo ejecutivo—, y se tutea con su compatriota Fazio, el nuevo vicario general el Opus.
“Efectivamente, el Papa Francisco está impulsando una fuerte renovación en la Iglesia (…)”, dijo José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal. “No se trata de esperar a que vengan a la Iglesia sino de salir al encuentro de las personas y eso nos invita a renovar nuestra forma de trabajo pastoral”, siguió el portavoz, que añadió sobre el caso específico del Opus: “La renovación que se nos pide afecta a todos en la común misión evangelizadora en la que la especificidad de cada carisma de congregaciones, movimientos y asociaciones ha de ponerse al servicio de esa misión compartida bajo la guía de nuestros obispos. Solo estando unidos seremos creíbles, como apunta el Evangelio”.
La prelatura tiene unos 90.000 seguidores, distribuidos por más de 60 países. Fuertemente implantada en América Latina y Europa, y con presencia en África, da ahora sus primeros pasos en Kazajistán o Vietnam y está lista para iniciar su trabajo en Cuba cuando las circunstancias políticas lo permitan, según fuentes consultadas. En sus estructuras hay más mujeres que hombres, según la organización. La edad media de sus integrantes se ha elevado en el último decenio. En su mayoría son laicos de clase acomodada con capacidad para influir en los despachos más importantes; dedicados al principio de “santificar el trabajo”; y siempre rodeados de críticos, algunos, exmiembros de la organización, que opinan que esta promueve el conservadurismo, limita las lecturas de sus integrantes y ejerce el proselitismo.
Nunca antes habían convivido un prelado y un
vicario auxiliar
En España, un centenar de colegios, la Universidad de Navarra y la escuela de negocios IESE tienen relación con la Obra, que les da, según un portavoz, guía espiritual. Esa radiografía resume la gran capacidad de influencia y movilización del Opus, que durante la beatificación de Del Portillo, celebrada en Madrid en 2014, reunió a más de 100.000 personas, entre ellas dos ministros del Gobierno y 40.000 jóvenes llegados de todos los rincones del planeta. Esas cifras reflejan su fuerza para influir en las instituciones y, en consecuencia, la importancia de los cambios en su cúpula.
“Con estas decisiones respecto a la cuarta generación de dirigentes, se escenifica que no hay miedo a los cambios, que pueden ser tutelados por alguien que no haya estado en contacto con el secretario general anterior”, opinó José Manuel Vidal, licenciado en Teología y en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca y director de Religión Digital. “Hay un acercamiento claro al Papa, igual que han hecho los salesianos eligiendo rector mayor a un español [Ángel Fernández Artime] que, entre otras cosas, conoce bien a Francisco de su estancia en Buenos Aires”, añadió sobre el puesto de privilegio que ocupa desde diciembre el argentino Fazio.
“El núcleo español y de más edad quiere tener el control, pero llega un momento en el que no puede. Es ley de vida”, argumentó el sociólogo Alberto Moncada, autor de obras de tono crítico con la institución. “Fuera de España, el Opus es variopinto y plural, una organización internacional”.
Quizás no haya lugar fuera de España en el que el Opus tenga más fuerza que en América Latina. Allí, Juan Luis Cipriani, el primer cardenal que tuvo la organización, ha quedado desplazado, por el momento, de la posibilidad de alcanzar la prelatura. Cuando Jorge Bergoglio, hoy el papa Francisco, presidió la comisión de redacción del documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007), Cipriani se mostró poco cercano a sus tesis, según fuentes consultadas, y Fazio las compartió plenamente.
Un portavoz del Opus negó que eso tenga que ver con que Echevarría no haya contado con Cipriani para sus nombramientos de diciembre y subrayó la “inmejorable” relación de la institución con el pontífice. Fuentes consultadas aseguraron que Bergoglio vería con buenos ojos que Cipriani estuviera en Roma. Monseñor Lombardi, portavoz del Vaticano, declinó hacer comentarios sobre el asunto.
Así, en silencio, el Opus continúa diseñando su futuro.

El Papa Francisco ante un dilema histórico

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El papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.... (Marco Antonio Velásquez).

 
 
 
 
Después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de Familia, realizada en octubre de 2014, parecen haberse aquietado las hostilidades hacia el papa, por su espíritu reformista. De hecho, el mismo Francisco ha dado señales de tranquilidad, reafirmando el magisterio tradicional de la Iglesia, concediendo mayor confianza a alguno de los cardenales disidentes, como Carlo María Caffarra, y tomando pública distancia de líderes reformistas, como el cardenal Walter Kasper.
Sin embargo, tal quietud es más aparente que real, porque los opositores han optado por trabajar más silenciosa que bulliciosamente, dejando atrás un estilo que sirvió para alertar a la Iglesia universal y conseguir adhesión. Paralelamente, el papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.
En una institución donde predomina el statu quo, son esperables las tensiones que originan los cambios. Dicho ambiente contrasta con la sólida adhesión y apoyo que concita la persona del papa Francisco, quien expone su liderazgo para sensibilizar a las naciones tras el objetivo de globalizar la solidaridad, la justicia y la paz, así como para promover en la Iglesia la autonomía laical, el respeto a la conciencia personal y la acogida de los carismas.
Detrás de cada acto pontificio hay mensajes significativos que no pasan inadvertidos. Como los nombramientos del último consistorio que lapidaron el carrerismo eclesial; o la aprobación de la esperada beatificación de monseñor Romero, que reconoce oficialmente a esa Iglesia pueblo de Dios, concediendo estatus eclesial a las luchas liberadoras de los pobres y de los pueblos oprimidos.
En este contexto, el análisis de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia de octubre pasado aporta reveladoras pistas para evaluar el ambiente eclesial que rodea al papa Francisco. En tal sentido, la Relatio Synodi dejó una huella inconfundible del pulso eclesial y una medida de la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Reconociendo las diferencias existentes entre un concilio y una asamblea sinodal, hay algo en común que ayuda a evaluar la calidad de la comunión eclesial. En este sentido, el consenso de las votaciones de los padres conciliares y sinodales es un buen indicador del clima de comunión.
Los documentos del concilio se aprobaron de manera casi unánime, registrando en promedio, el conjunto de ellos, una aprobación del 98,5% de los votos conciliares. En ese contexto, la aprobación promedio del 92,5% que tuvieron los 62 numerales de la Relatio Synodi muestra un menor consenso, respecto del alcanzado en el concilio. Incluso hay cuatro numerales de la Relatio Synodi que revelan una acentuación de posiciones divergentes, como son las cuestiones atingentes al acceso a los sacramentos de la comunión y de la reconciliación, a la comunión espiritual y al reconocimiento de elementos positivos entre quienes no viven el matrimonio cristiano, así como la acogida con respeto y delicadeza de las personas homosexuales. En estos temas el nivel de rechazo superó el 30% y llegó al 40% en el caso del acceso a los sacramentos para personas en situación conyugal irregular.
Si el 1,5% de disenso registrado en el Concilio Vaticano II generó un doloroso cisma eclesial que perdura en la actualidad, es evidente que disensos cercanos al 40% como los manifestados en la Relatio Synodi, revelan un significativo cambio del espíritu eclesial entre el Concilio Vaticano II y el Sínodo de la Familia. Surge así una medida de la involución del Concilio en 50 años y una magnitud de la oposición al papa Francisco en cuestiones pastorales.
Con estos datos, es comprensible que las tensiones eclesiales, lejos de calmarse, están presentes y activas. Sin embargo, lo nuevo, es que después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo éstas se manifiestan ya no directamente contra el papa, sino contra los reformistas. Herida la comunión eclesial, las disputas se vuelven más sutiles y técnicas, menos visibles.
Por ejemplo, la tesis aperturista liderada por el cardenal Walter Kasper enfrenta nuevos obstáculos. Cuando en el Consistorio de febrero de 2014, el cardenal Kasper sorprendió a la asamblea refiriendo un trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, publicado en 1972, donde proponía una solución pastoral para rehabilitar a los divorciados vueltos a casar, nadie imaginó que 44 años después, a fines de 2014, el propio papa emérito, con la ayuda del cardenal Gerhard Müller, publicaría una Retractatio como parte de una colección teológica. En ella, el papa emérito, con el rigor teológico que lo caracteriza, no hace sino reconocer la evolución de su pensamiento, coherente con lo instruido por el mismo desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Otro caso da cuenta que, después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo, un grupo de 100 personalidades católicas envió al papa Francisco una Súplica Filial, para que clarifique la desorientación causada por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que permita el adulterio con el acceso posterior a la Eucaristía, por parte de parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente. Entre los firmantes figuran el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Jorge Medina Estévez, junto a una lista de obispos y laicos de organizaciones pro-vida y de familia.
Más recientemente, el cardenal Gerhard Müller ha aparecido afirmando la autoridad del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al proponer la supremacía de dicho dicasterio respecto de las Conferencias Episcopales, en cuestiones de doctrina y disciplina matrimonial y familiar. Ello, en respuesta al cardenal Reinhard Marx, quien como presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania había declarado que “no somos una sucursal de Roma”.
Así, la Asamblea Sinodal de octubre próximo no será fácil para el papa. De hecho, los opositores apuntan a hacer sentir un clima cismático en Roma, algo que en el corazón de un papa constituye un serio límite y un acto de fuerte coacción, en cuanto el obispo de Roma, junto con presidir en la caridad, es el signo de la unidad de la Iglesia.
El papa Francisco sabe que el futuro de la Iglesia se juega en su capacidad de aggiornamento a los desafíos que le plantea el mundo; un terreno donde la Iglesia debe enfrentar aquella vieja pugna entre el imperio de la Ley y el de la misericordia. Visto así, el papa Francisco enfrenta en su conciencia de pastor un serio dilema teológico-pastoral, una cuestión que Jesucristo enfrentó transgrediendo la Ley -no por capricho, sino por misericordia- asumiendo una conducta que le impuso los mayores costos personales que, en última instancia, lo llevaron a la cruz.
Marco Antonio Velásquez Uribe
Revista Reflexión y Liberación

viernes, 8 de mayo de 2015

Leonardo Boff

            Todos los países, especialmente los que están pasando por crisis financieras, como es el caso de Brasil en 2015, tienen una obsesión persistente: tenemos que crecer, tenemos que asegurar el crecimiento del PIB que resulta de la suma de todas las riquezas producidas por el país. Es un crecimiento fundamentalmente económico en la producción de bienes materiales. Cobra una alta tasa de iniquidad social (desempleo y reducción de los salarios) y una perversa devastación ambiental (agotamiento de los ecosistemas).

            En realidad deberíamos hablar primero de desarrollo que comporta elementos materiales imprescindibles, pero principalmente dimensiones subjetivas y humanísticas como la expansión de la libertad, de la creatividad y de la formas de moldear la propia vida. Desgraciadamente somos todos rehenes de ese súcubo que es el crecimiento. Hace bastante tiempo que el equilibrio entre crecimiento y preservación de la naturaleza se rompió a favor del crecimiento. El consumo ya supera en un 40% la capacidad de reposición de los bienes y servicios del planeta. Y está perdiendo su sostenibilidad.

            Hoy sabemos que la Tierra es un sistema vivo autorregulador en el cual se entrelazan todos los factores (teoría de Gaia) para mantener su integridad. Pero está fallando en su autorregulación. De ahí el cambio climático, los eventos extremos (vendavales, tornados, desregulación de los climas) y el calentamiento global que nos puede sorprender con graves catástrofes. 

            La Tierra está intentando buscar un equilibrio nuevo subiendo su temperatura entre 1,4 y 5,8 grados centígrados. Comenzaría entonces la era de las grandes devastaciones (el antropoceno) con la subida del nivel de los océanos, afectando a más de la mitad de la humanidad que vive en sus costas. Millares de organismos vivos no tendrían tiempo suficiente para adaptarse o mitigar los efectos perjudiciales y desaparecerían. Gran parte de la propia humanidad, hasta el 80% según algunos, podría no poder subsistir más sobre un planeta profundamente alterado en su base físico-química.

            Con acierto afirma el ambientalista Washington Novaes: «ahora no se trata ya de cuidar el medio ambiente sino de no sobrepasar los límites que podrán poner en peligro la vida». Hay científicos que sostienen que nos estamos acercando al punto de no retorno. Es posible disminuir la velocidad de la crisis pero no detenerla.

            Esta cuestión es preocupante. En sus discursos oficiales, los jefes de estado, los empresarios y, lo que es peor, los principales economistas, casi nunca abordan los límites del planeta y los problemas que eso puede traer a nuestra civilización. No queremos que nuestros hijos y nietos mirando hacia atrás nos maldigan a nosotros y a toda nuestra generación porque sabíamos de las amenazas y poco o nada hicimos para escapar de la tragedia.

            El error de todos habrá sido seguir al pie de la letra el extraño consejo de Lord Keynes para salir de la gran depresión de los años treinta:

            «Durante por lo menos cien años debemos simular delante de nosotros mismos y ante cada uno que lo bello es sucio y lo sucio es bello, porque lo sucio es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura, la desconfianza deben ser nuestros dioses porque ellos son los que nos podrán guiar hacia la salida del túnel de la necesidad económica rumbo a la claridad del día… Después vendrá el retorno a algunos de los principios más seguros y ciertos de la religión y de la virtud tradicional: que la avaricia es un vicio, que la usura es un crimen y que el amor al dinero es detestable» (Economic Possibilities of our Grand-Children). Así piensan los principales responsables de la crisis de 2008 que nunca fueron castigados.

            Es urgente redefinir nuevos fines y los medios adecuados a ellos que ya no pueden ser simplemente producir devastando la naturaleza y consumir ilimitadamente. Nadie tiene la salida a esta crisis de civilización. Pero sospechamos que ella debe orientarse por la sabiduría de la naturaleza misma: respetar sus ritmos, su capacidad de soporte, dar centralidad no al crecimiento sino a la sustentación. Si nuestros modos de producción respetasen los ciclos naturales seguramente tendríamos lo suficiente para todos y preservaríamos la naturaleza de la cual somos parte.


            Cubrimos las heridas de la Tierra con esparadrapos. Remiendos no son remedios. Prácticamente nos restringimos a esos remiendos con la ilusión de que estamos dando una respuesta a las urgencias que significan vida o muerte.           

Apertura de las sesiones del Sínodo de hoy
Agencias

Las visiones de Kasper o Marx sobre los gays o los divorciados vueltos a casar contrastan con las de Müller

La Iglesia alemana marca la pauta de las reformas de Francisco para el Sínodo de la Familia

Las discusiones marcarán el futuro de la "Iglesia de la misericordia" por la que apuesta el Papa


 El mismo Papa Francisco quiere que confronten ideas, tratando de alcanzar acuerdos sin romper la comunión y siendo fieles al mensaje de Jesús
Cardenal Marx y los premios de la Fundación Centesimus Annus/>

Cardenal Marx y los premios de la Fundación Centesimus Annus

  • Cardenal Marx y los premios de la Fundación Centesimus Annus
  • Marx, Kasper y Severino Poletto, a la entrada del Sínodo
  • El cardenal Marx
  • El cardenal Müller
  • El cardenal Müller, a la entrada del Sínodo
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  • Marx, Kasper y Severino Poletto, a la entrada del Sínodo
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  • El cardenal Müller
  • El cardenal Müller, a la entrada del Sínodo
(Jesús Bastante/Agencias).- ¿Hasta dónde llega la "Iglesia de la misericordia"?¿Cuáles son los límites, si es que los hay? ¿Es posible una apertura a todas las realidades, o estamos ante el riesgo de un cisma en la Iglesia católica? La oposición a las reformas, capitaneada por el cardenal Burke, se atisba como una tormenta en las deliberaciones de cara al Sínodo de la Familia. Las respuestas de los obispos alemanes, desde el otro punto de vista, también.
Esta semana se conocieron las respuestas de la Iglesia alemana al cuestionario de la Secretaría del Sínodo, cuya segunda sesión se celebrará el próximo mes de octubre. Sobre el tapete, los acuerdos de una notable mayoría de padres sinodales acerca de una mayor escucha, atención y comprensión a las realidades sufrientes. Sin alcanzar los dos tercios, pero aprobadas por una gran mayoría -y como tal, temas de debate en esta próxima reunión-, la posibilidad de abrir la comunión a las "situaciones irregulares" (divorciados vueltos a casar, matrimonios civiles, uniones civiles), o una mayor atención al mundo homosexual.
La Iglesia germana, que históricamente ha marcado tendencia teológica respecto a los cambios, vive en los últimos años una pulsión entre reforma y tradición que se antoja imprescindible para entender los cambios que saldrán del próximo Sínodo de la Familia. Las disputas entre los cardenales Marx o Kaspercon el prefecto de Doctrina de la Fe, el también alemán Müller, muestran sin género de dudas las "dos almas" que conviven en la Iglesia católica. Y que el mismo Papa Francisco quiere que confronten ideas, tratando de alcanzar acuerdos sin romper la comunión y siendo fieles al mensaje de Jesús.
Así las cosas, los obispos alemanes apoyan dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, ser tolerantes y dar la bendición a las segundas nupcias, acoger con un nuevo espíritu las convivencias y aprobar las uniones homosexuales. De hecho, desde hace años, muchas parroquias del país no piden el Libro de Familia para otorgar o no la comunión a sus fieles.
"La Iglesia debe dialogar con la sociedad plural de nuestro tiempo", afirmó el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich, y uno de los colaboradores del Papa argentino. Marx es miembro del Grupo de los nueve cardenales de los cinco continentes que ayudan a Francisco a gobernar la Iglesia.
Por contra, el cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, muestra sus reticencias ante estos cambios, hasta el punto de, en una reciente entrevista con La Croix, afirmar que era necesario "estructurar teológicamente" el papado de Francisco.


Müller interviene cada vez con más frecuencia y protagonizó hace poco un serio incidente en el centro del ring vaticano con el cardenal Marx. Los obispos alemanes, sabiendo la contestación que se les viene encima por parte de los conservadores, dijeron que "no somos una filial de Roma: cada conferencia episcopal es responsable de la cura pastoral en su propio cultural y debe predicar el Evangelio en el propio modo original. No podemos esperar que un Sínodo nos diga como tenemos que moderar la cura pastoral del matrimonio y la familia".
El cardenal Müller respondió escandalizado que era "anticatólico" defender una posición de soberanía absoluta de una conferencia episcopal, cuando lo que prima es justamente la comunión con Roma y a la subordinación a la autoridad del Papa.
Ya los alemanes habían abierto el fuego del cambio radical el año pasado. Sandro Magister, el influyente vaticanista de "L'Espresso", que comulga más con los conservadores que con el Papa Francisco, escribió ayer en su "blog" que "los hechos hablan claro: en casi todas las diócesis alemanas ya se dan las absoluciones sacramentales y la comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar".
La mayoría de los 24 millones de fieles católicos de Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, están a favor de las grandes aperturas. El dogma de derecho divino establece que el matrimonio es indisoluble hasta que la muerte los separe y los que se divorciaron y casaron por el civil no tienen acceso a varios sacramentos, entre ellos el de la comunión.
La mayoría de los fieles y obispos alemanes creen en un "camino penitencial" que al parecer es corto y recorrido el cual los divorciados reciben la absolución y el acceso a los sacramentos. Las segundas nupcias, civiles, pueden ser bendecidas aunque no se las acepte como un matrimonio. Los cónyuges no católicos reciben también los sacramentos en muchas iglesias y se reconocen con simpatía y tolerancia las uniones "de las personas del mismo sexo".


El abismo es profundísimo entre las dos posiciones, mientras desde afuera llegan continuos pronunciamientos. El ultraconservador cardenal norteamericano, en práctica exiliado de la Curia Romana a la Orden de Malta por el Papa, impulsó un petitorio firmado por cuatro cardenales, 22 obispos y 225.000 fieles que le piden al Papa que defienda la doctrina tradicional. Quinientos curas ingleses reclamaron también a Francisco que se mantenga en la línea doctrinaria tradicional.
Muchos cardenales se están contando, con la mayoría que pide que todo siga como hasta ahora y que se encuentren alternativas que no afecten la doctrina. Bergoglio ha dicho y repetido que no tocará los principios doctrinarios. El cardenal canadiense Marc Ouellet, otro "ministro" estratégico de la Curia, que se ocupa de los obispos, aclaró ayer que "el carisma del Papa Francisco es muy positivo" y que "el Sínodo no quiere liberalizar la doctrina"."Debemos ser creativos, para discernir como sostener y ayudar las personas a vivir su vida cristiana en el matrimonio y la familia".