jueves, 2 de octubre de 2014
Crisis religiosa
José Antoio Pagola
La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: “Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judíoque, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón...?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?
José Antonio Pagola
27 Tiempo ordinario (A)
Mateo 21, 33-43
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miércoles, 1 de octubre de 2014
Contra el proyecto de despenalización del consumo
Curas villeros:
"Las drogas no dan libertad,
sino que esclavizan"
Entregan una carta a la presidenta Kirchner
Bergoglio con el Padre Pepe, cura villero
Desde nuestra mirada las drogas no dan libertad sino que esclavizan. La despenalización a nuestro parecer influiría hoy en el imaginario social instalando la idea de que las drogas no hacen tanto daño
Los curas villeros
Valores
Los curas de las villas porteñasrechazaron en una carta dirigida a la presidenta Cristina Fernández el proyecto oficialista de despenalizar el consumo de estupefacientes y advirtieron que "las drogas no dan libertad sino que esclavizan".
La misiva fue entregada la primera mandataria el 1º de septiembre para agradecer la firma del convenio para la atención de adictos en las villas de emergencias, pero fue difundida hoy a raíz de las consultas motivadas por la opinión de "habilitar el consumo de todo" que expresó el coordinador de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), Juan Carlos Molina.
"Desde nuestra mirada las drogas no dan libertad sino que esclavizan. La despenalización a nuestro parecer influiría hoy en el imaginario social instalando la idea de que las drogas no hacen tanto daño", sostuvieron y precisaron: "Antes de discutir la posible sanción de esta ley es mejor trabajar las representaciones sociales del problema a fin de generar cambios en la sociedad, y poblar el territorio con los dispositivos adecuados".
La carta de los sacerdotes de la Pastoral de las Villas de Emergencia lleva la firma de varios que trabaja en la recuperación de adictos en los asentamientos, entre ellos del presbítero Lorenzo "Toto" De Vedia, de la Villa 21-24 del barrio porteño de Barracas.
Los curas villeros se preguntaron en la misiva "qué mueve a los que postulan la despenalización de la tenencia para el consumo personal: si dicen lo que dicen, ¿por qué llegan a esa afirmación. ¿Cuál es el motivo existencial que desencadena ese pedido?" y aseguraron que "es en esta pregunta en donde puede darse el encuentro. Entendemos entonces, que se busca no criminalizar al adicto, derivando el tema al ámbito de la salud".
Asimismo, explicaron su trabajo diario con "los chicos y chicas consumidores de paco y otras sustancias", que "han hecho explotar la marginalidad, y nos la enrostra, dejando ver un tejido social que se ha roto".
"Por otro lado nos preguntamos: ¿cómo decodifican los chicos de nuestros barrios la afirmación de que es legal la tenencia y el consumo personal? Nos parece que al no haber una política de educación y prevención de adicciones intensa, reiterativa y operativa, se aumenta la posibilidad de inducir al consumo de sustancias que dañan a las personas", sostuvieron.
Los curas villeros afirmaron que "la experiencia de acompañar a jóvenes en el camino de recuperación y reinserción social nos ha permitido escuchar el testimonio de muchos que han empezado consumiendo un pequeña cantidad de sustancias para uso 'recreativo' y de pronto se encontraron consumiendo drogas más dañinas aún".
Piñero y Pikaza. Un agnóstico y un creyente ante la misma Biblia
El pasado 28 de Septiembre he recogido en mi blog lalectura/recensión de Antonio Piñero a mi Historia de Jesús, prometiendo ofrecer mi visión del tema, y así lo haré brevemente, pues hacerlo con anchura exigiría un libro entero (He tratado de la obra de A. Piñero en otros lugares de este blog: cf.12.12.06; 10.14.07; 24.02.10; 13.08.12: 20.08.12...).
Varias son las diferencia que Antonio Piñero ha visto entre mi visión de Jesús y la suya, pero la más importante es, a mi juicio, la que se refiere a la lectura creyente/confesional y a la científica de la Biblia, como si fueran distintas. Yo sería (o tendería a ser) un representante de la lectura confesional que, a su juicio, tiende al partidismo, porque introduce en la Biblia presupuestos externos de tipo creyente. Piñero, en cambio, representaría una lectura a-confesional, independiente (y no partidista) de la Biblia.
En otras palabras: Yo jugaría con cartas quizá "marcadas" por mi condición “confesional”, y eso me impediría ver las cosas con neutralidad, mientras él, como agnóstico (o no creyente), desarrollaría una lectura puramente científica y neutral de la Biblia. Yo la leería como "libro religioso" (¡que lo es!), él la leería como libro humano (¡que lo es también, precisamente por ser religioso!).
Sinceramente, yo pienso que un libro religioso sólo puede entenderse del todo con "simpatía" religiosa (y con mucha y buena ciencia); por el contrario, A. Piñero parece pensar que se lee mejor con "seriedad científica" (aunque la simpatía religiosa puede y debe suponerse, para entender el valor de algunas actitudes). Ésta es nuestra diferencia fundamental.

Eso significaría que mi libro de Jesús tiene su valor, pero en el fondo sólo para “creyentes”. Ciertamente sería mejor que otros (y cita en ese plano a J. Gnilka, a quien conocí y admiro), pero siempre con las limitaciones y prejuicios que parece imponer la “fe previa”. Sólo un lector sin fe podría (así entiendo a Piñero, quizá me equivoco) leer bien la Biblia en su anchura, como libro simplemente humano, sometido a la crítica de las ciencias antiguas y modernas, en línea “ilustrada”.
No estoy seguro de que éste sea el pensamiento de A. Piñero, un hombre “seriamente” científico (así le he presentado)..., pero así lo supongo en las reflexiones que siguen, para responderle o criticarle en lo más mínimo (¡Dios me libre!), sino para seguir pensando yo mismo (y los dos juntos) que mucho me ha preocupado y me preocupa el tema, y mucho estimo nuestro diálogo y seriedad de colegas/amigos. Gracias por todo, Antonio. Y perdona si no he logrado entenderte.
Para seguir leyendo ver:
http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php
Kasper:
"Algunos cardenales temen que todo colapse si se cambia algo"
Una semana antes del sínodo de la familia, el influyente cardenal alemán, cercano al Papa y que promueve la comunión de los divorciados, dijo que hay miedo a un "debate abierto"
ELISABETTA PIQUÉ *
"El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse."
Cuando falta una semana para el comienzo del sínodo extraordinario de obispos sobre los desafíos de la familia, marcado al rojo vivo por la cuestión de los divorciados vueltos a casar, el cardenal alemán Walter Kasper, favorable a una apertura, dijo en una entrevista con la nacion que "hay miedo a un debate abierto". Y subrayó que, si bien "la doctrina no puede cambiar, la disciplina sí puede".
Kasper es un teólogo de gran prestigio internacional y muy cercano a Francisco, que en su primer Angelus elogió el libro sobre la misericordia que escribió y que le había regalado durante el cónclave. Recientemente fue atacado por un grupo de cardenales conservadores que, en un libro que significativamente sale a la venta el 1° de octubre (titulado Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica), rechazan en forma tajante su apertura hacia los divorciados vueltos a casar. Según Kasper, después de un camino penitencial, bajo la supervisión de un sacerdote y luego de su absolución, éstos podrían ser readmitidos a la comunión.
Durante la entrevista en un departamento lleno de libros del Vaticano, Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana, lamentó que, debido al revuelo sobre este tema, se haya reducido el sínodo a la cuestión de los divorciados vueltos a casar. "Ése es un problema, pero no el único. La agenda del sínodo es mucho más amplia y tiene que ver con los desafíos pastorales de la vida de la familia de hoy. Algunos medios dicen que habrá un gran avance y empezaron una campaña para eso. Yo también espero que haya una apertura responsable, pero es una cuestión abierta, que deberá ser decidida por el sínodo. Pero hay que ser prudentes, porque si después no sucede, la reacción será de gran desilusión".
-Algunos cardenales y obispos parecen asustados ante esa posibilidad y la rechazan incluso antes del comienzo del sínodo. ¿Por qué cree que hay tanto miedo a una evolución de la disciplina de la Iglesia?
-Creo que temen un efecto dominó, que si uno cambia un punto, todo colapse. Ése es su miedo. Todo esto se vincula con la ideología, una interpretación ideológica del Evangelio, pero el Evangelio no es un código penal. Como el Papa dijo en la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium", citando a Santo Tomás de Aquino, el Evangelio es una gracia del Espíritu Santo que se manifiesta en la fe que obra por el amor. Ésa es una interpretación distinta. No es un museo. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Luego, debemos hacer un discernimiento a la luz del Evangelio, que no es un código de doctrinas y mandamientos. No podemos simplemente tomar una frase del Evangelio de Jesús y de ahí deducirlo todo. Hace falta una hermenéutica para entender todo el mensaje del Evangelio y luego diferenciar qué es doctrina y qué disciplina. La disciplina puede cambiar. Por eso me parece que acá tenemos un fundamentalismo teológico que no es católico.
-¿Usted dice entonces que no se puede cambiar la doctrina, pero sí la disciplina?
-La doctrina no puede cambiar. Nadie niega la indisolubilidad del matrimonio. Pero la disciplina sí puede cambiar y ya ha cambiado varias veces, como vemos en la historia de la Iglesia.
-¿Cómo se sintió cuando se enteró de que se estaba por publicar un libro de cinco cardenales que atacan su postura?
-Todo el mundo es libre de expresar su opinión, no es un problema para mí. El Papa quería un debate abierto, y creo que esto es una novedad y es algo sano que ayuda mucho a la Iglesia.
-¿Hay miedo entre algunos cardenales porque, como dijo el Papa, hay una construcción moral que podría colapsar como un castillo de naipes?
-¡Sí, es una ideología, no es el Evangelio!
-¿Hay miedo a una discusión abierta en el sínodo?
-Sí, porque temen que todo pueda colapsar. Pero, primero de todo, vivimos en una sociedad abierta y plural, y es bueno para la Iglesia que haya una discusión abierta, como tuvimos en el Concilio Vaticano II (1962-65). También es bueno para la imagen de la Iglesia, porque una Iglesia cerrada no es una Iglesia sana. Por otra parte, cuando debatimos sobre matrimonio y familia, debemos escuchar a la gente que vive esta realidad. Hay un sensus fidelium[el sentido de los fieles]. No puede ser decidido sólo desde arriba, desde la jerarquía de la Iglesia, y especialmente no se pueden citar viejos textos del último siglo, hay que observar la situación de hoy, hacer un discernimiento del espíritu y llegar a resultados concretos. Yo pienso que ésta es la aproximación del Papa, mientras que muchos otros parten de la doctrina y usan después un método más deductivo.
-En una entrevista con un medio italiano usted dijo que el blanco verdadero de los ataques de los cinco cardenales conservadores no es usted, sino el Papa...
-Quizá fui imprudente. Pero mucha gente lo está diciendo, se puede oír en la calle todos los días. No quiero juzgar a nadie, pero es obvio que hay gente que no está totalmente de acuerdo con este papa, algo que no es nuevo y ya sucedió durante el Concilio Vaticano II, cuando muchos estaban en contra al aggiornamento de Juan XXIII y Pablo VI.
-Muchos analistas piensan que no es una coincidencia que este libro salga justo en vísperas del sínodo...
-Sí, es un problema. No recuerdo una situación semejante, en la que de forma tan organizada cinco cardenales escribieran semejante libro. Es como se manejan los políticos, pero creo que en la Iglesia no deberíamos portarnos así.
-¿Qué espera del sínodo?
-Creo que mucho depende de cómo el mismo Papa abrirá el sínodo. Él no puede darnos una solución al principio, pero sí una perspectiva, una dirección. Espero que haya una discusión serena y amistosa de todos los problemas vinculados a la familia, no sólo uno. Y creo que lograremos un gran consenso, como tuvimos en el Concilio Vaticano II.
-En los últimos días, el Papa habló varias veces de la misericordia, dijo que hay que captar los "signos de los tiempos", que los pastores deben estar cerca de la gente, por lo que parece muy claro qué es lo que quiere...
Sí, leer los signos de los tiempos fue fundamental durante el Concilio Vaticano II. No puedo imaginarme que la mayoría del sínodo en este punto pueda oponerse al Papa.
-Sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar: ¿la comunión es un premio para quien es perfecto o es una ayuda al pecador?
-La comunión tiene un efecto sanador. Y especialmente la gente que vive en situaciones difíciles necesita la ayuda de la gracia y necesita los sacramentos.
-Otra solución sería anular en forma más rápida los matrimonios.
-Hay situaciones en las que la anulación es posible. Pero tome el caso de una pareja con diez años de matrimonio, con chicos, que en los primeros años tuvo un matrimonio feliz, pero por diversas razones fracasa. Este matrimonio era una realidad y decir que era canónicamente nulo no tiene sentido.
*Vaticanista de La Nación
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