lunes, 3 de febrero de 2014

Un silencio de admiración

José Alegre
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Pero como ella ahora, su figura enternecedora,
se juntara a los nuevos bienaventurados
e imperceptiblemente, luz con luz, se situara entre ellos,
entonces brotó tal resplandor desde el fondo
de su ser que un ángel, herido por su luz,
gritó de pronto deslumbrado: ¿quién es ésta?
Y sucedió un silencio de admiración.
(R.M. Rilke, Vida de María)
Un silencio de admiración cuando santaMaría entra en la casa del Padre.
Un silencio de admiración, es precioso en cada uno de nosotros contemplando el misterio de luz y de salvación. Un silencio de admiración contemplando el silencio de María, abierto y disponible a la luminosidad divina.

Este misterio de luz y de salvación, querido lector, lo tienes en el ambiente que te rodea, más aún: ¡te envuelve! Este misterio de luz y de salvación lo llevas contigo.
Pero hoy no solemos otorgar atención a la dimensión del misterio. Nuestra vida se suele mover más bien en el ámbito del problema. Los problemas se nos acumulan porque vivimos en una sociedad donde todo se mueve alrededor de los números, de los datos, de las encuestas. Ya lo sugería con tristeza el papa Francisco: “hoy es noticia si la Bolsa baja o sube, pero apenas viene a serlo la odisea de unos inmigrantes envueltos en profundos dramas humanos.
Y las noticias, los números, las encuestas de hoy, mañana ya no tienen vigencia, y nos distraen con otras noticias, números o encuestas similares… La cuestión es desviar nuestra mirada y dejar que resbale, un tanto neutra, por la superficie de la vida, como quien mira una de esas fotografías de un paisaje lunar o de Marte que te dejan indiferente. Y bajo esta lluvia de noticias intrascendentes nuestra mente, nuestra imaginación, toda nuestra persona se va embotando. Noticias que nos van dejando pequeños y numerosos ruidos en nuestro interior que nos van adormeciendo, que nos impiden aquella experiencia de silencio que necesitamos para tomar una conciencia viva de nuestra situación y de nuestro mundo. Y poder pronunciar una palabra de luz y de sabiduría.

Esta sociedad pretende hacernos perder el silencio de admiración, embotar nuestra mente, y ponernos, en definitiva, en un camino de deshumanización.
Necesitamos una experiencia de silencio que permita que nos ilumine algunos rasgos de la mucha belleza que hay en nuestro mundo, y en el corazón de las personas que nos rodean. Una experiencia de silencio que permita que nazca en nuestro interior un silencio de admiración, que, yo estoy convencido, que es para lo que ha sido creado nuestro corazón: para admirar. ¡Admira! Tu corazón está hecho para la admiración.
Un silencio de admiración para dar lugar a la fiesta de un encuentro, que suele venir, que debe venir, a partir de esta experiencia de admirar.
Quizás necesitamos de ese silencio de admiración que debió envolver a santa María, una vez le deja el Arcángel de la Anunciación. Quizás necesitamos del silencio de admiración que debió acontecer inmediatamente después de posarse aquellas lenguas de fuego y de luz sobre el colegio de los Apóstoles. Quizás necesitamos ese silencio de admiración para despertar en nosotros el deseo, o la nostalgia del encuentro en otro tiempo vivido, despertar aquella añoranza de Job:
“Aquellos días de mi otoño, cuando Dios era un íntimo en mi tienda” (Job 291s)
Quizás ya estamos viviendo esos días otoñales; días para la nostalgia, como lo eran para Job. Los días otoñales preceden al silencio de invierno. Días de otoño cuando amengua la luz cuando la vida de la naturaleza se adormece. Los días otoñales son una buena introducción para adentrarnos en el silencio de este invierno. “Aquellos días otoñales…” Quizás sean estos. Los días presentes. Para cuidar el silencio, y preparar el corazón para admirar la nueva vida que siempre trae el invierno.
“Aquellos días de mi otoño, cuando Dios era un íntimo en mi tienda” (Job 291s)
Recuerda aquellos días de otros “otoños”, antes de entrar en el silencio de invierno, para que se despierte en ti la nostalgia y el deseo de la luz. Eres hijo de la luz y necesitas admirar la luz. Gozar de la luz. Aquella luz que nace en el corazón.
Quizás necesitamos silenciar nuestras palabras para percibir los movimientos del corazón que es el principio para escuchar la llamada del deseo. El deseo de Dios, del encuentro íntimo con él.
Conoceremos su presencia, nos enseña san Bernardo, por el movimiento del corazón. Cuando él se aleja todo se vuelve inmóvil e insulso por cierta languidez, hasta que de nuevo vuelve, y vuelve el calor al corazón. Un corazón que se dilata en el servicio.

Pero todo empieza en un silencio de admiración… Todo empieza en el silencio… la vida misma. Dios te da un tiempo hermoso para admirarla.

Salir a las periferias

José Antonio Pagola


Jesús da a conocer con dos imágenes audaces y sorprendentes lo que piensa y espera de sus seguidores. No han de vivir pensando siempre en sus propios intereses, su prestigio o su poder. Aunque son un grupo pequeño en medio del vasto Imperio de Roma, han de ser la “sal” que necesita la tierra y la “luz” que le hace falta al mundo.

“Vosotros sois la sal de la tierra”. Las gentes sencillas de Galilea captan espontáneamente el lenguaje de Jesús. Todo el mundo sabe que la sal sirve, sobre todo, para dar sabor a la comida y para preservar los alimentos de la corrupción. Del mismo modo, los discípulos de Jesús han decontribuir a que las gentes saboreen la vida sin caer en la corrupción.
“Vosotros sois la luz del mundo”. Sin la luz del sol, el mundo se queda a oscuras y no podemos orientarnos ni disfrutar de la vida en medio de las tinieblas. Los discípulos de Jesús pueden aportar la luz que necesitamos para orientarnos, ahondar en el sentido último de la existencia y caminar con esperanza.
Las dos metáforas coinciden en algo muy importante. Si permanece aislada en un recipiente, la sal no sirve para nada. Solo cuando entra en contacto con los alimentos y se disuelve con la comida, puede dar sabor a lo que comemos. Lo mismo sucede con la luz. Si permanece encerrada y oculta, no puede alumbrar a nadie. Solo cuando está en medio de las tinieblas puede iluminar y orientar. Una Iglesia aislada del mundo no puede ser ni sal ni luz.
El Papa Francisco ha visto que la Iglesia vive hoy encerrada en sí misma, paralizada por los miedos, y demasiado alejada de los problemas y sufrimientos como para dar sabor a la vida moderna y para ofrecerle la luz genuina del Evangelio. Su reacción ha sido inmediata: “Hemos de salir hacia las periferias”.
El Papa insiste una y otra vez: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.
La llamada de Francisco está dirigida a todos los cristianos: “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos”. “El Evangelios nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro”. El Papa quiere introducir en la Iglesia lo que él llama “la cultura del encuentro”. Está convencido de que “lo que necesita hoy la iglesia es capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.
Mateo 5, 13-16

Ordinario apetito

Dolores Alixander


No confundir con “apetito ordinario” ni asociarlo sólo con temas gastronómicos. Estoy citando nada menos que a San Juan de la Cruz cuando dice en la Subida al Monte Carmelo: “Lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida”. (I, Cap. 13,3). Así lo suelta, sin más contemplaciones, dejándonos con la inquietud de qué será eso del “apetito” y qué le añade lo de ser “ordinario”.

En realidad, de apetitos sabemos todos bastante en su versión de deseos, gustos, afanes, inclinaciones o ganas, asociadas estas muchas veces al comer y beber. A Eva el fruto del dichoso árbol prohibido le “tentaba el apetito, era una delicia de ver y deseable para tener acierto” (Gen 3,6). David dijo un día que le apetecía beber el agua de una fuente de Belén que estaba precisamente en poder de los filisteos. Como siempre hay gente dispuesta a hacer lo que sea para contentar al jefe, allá que se fueron tres de sus hombres arriesgando sus vidas para traérsela. Entonces él cayó en la cuenta de lo insensato que había sido y, en vez de bebérsela, la derramó por el suelo de puro remordimiento (2 Sam 23,15ss).
A otros el apetito les da por lo sexual, como a Amnón, hijo de David, un tipo incestuosísimo: se enamoró de su hermanastra Tamar que estaba divina de la muerte, le dijo que le apetecían unos buñuelitos que le salían a ella riquísimos y que se los llevara a su alcoba. Comprenderán que no voy a ponerme a contarles aquí lo que sigue, pero los mayores de 18 años pueden leerlo en 2 Sam 13.
Mejor vuelvo al texto de San Juan de la Cruz: “…la cual (vida de Cristo) deben considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él”. Considerar: es decir, conocerla, recordarla, estudiarla, contemplarla y hasta aprendérsela de memoria. Saber más sobre sus gustos y apetitos: le gustaba madrugar, por ejemplo, y estar a solas con su Padre en el monte; prefería comer en compañía; se le iba el corazón hacia la gente más perdida; le impacientaban los fariseos y sus rigideces; no se dejaba acaparar por la familia; le importaba la gente y les hacía preguntas: “¿Qué queréis que haga por vosotros?, ¿A quién buscáis? ¿Qué te parece, Simón?, ¿De qué venís hablando por el camino?, ¿Quieres curarte?, ¿Ves algo?, ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? ¿Quién me ha tocado el manto?, ¿Quién soy yo para vosotros?”... Sabía acoger los gritos y las lágrimas de la gente abatida y derrotada: “Ánimo, no tengas miedo, yo no te condeno, vente conmigo, tus pecados te son perdonados, levántate, sal fuera, vete en paz...”
Procuraba con extraña fijación tener cerca a sus discípulos, caminar con ellos, comer en su compañía. Ellos se comportaban tal y como eran: cerriles y obtusos, escuchándole a medias, enredando en sus móviles mientras les hablaba del Reino. Pero él estaba inmunizado contra la decepción: los quería tal como eran sin poderlo remediar, lo mismo que le pasa con nosotros para dicha nuestra.
Si lo de imitarle y conformarnos con su vida nos sobrepasa, podemos al menos ir a más en lo de conocerle y discurrir nuevas maneras de hacerlo, a mí se me ocurre esta: bajarnos de internet los cuatro Evangelios y convertir nuestros artilugios electrónicos en GospelPad, Gospelphone, whatsapGospel, onetouchGospel, smartGospel, androidGospel…
Si mi propuesta consigue un éxito viral (acabo de aprender este adjetivo), al mirar a los que van sentados enfrente de nosotros en el metro enfrascados en sus móviles, podremos preguntarnos: ¿Estarán jugando a explotar caramelos de colores o aprendiéndose de memoria las bienaventuranzas…?
Reginaldo Veloso (derecha)

"Brazo derecho" de Dom Hélder Cámara, baluarte de la Iglesia popular brasileña

Reginaldo Veloso: 

"¿Hasta cuándo la cultura del centralismo clerical mantendrá el Pueblo de Dios reducido a la minoría de edad?

La Liturgia de las CEBs, una Referencia para toda la Iglesia


  •  ¿Hasta cuándo el machismo clerical impedirá la ascensión de la mujer al pleno ejercicio de los ministerios eclesiales? 
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Reginaldo Veloso

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Intereclesial de las CEBs

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Luis Miguel Modino
Reginaldo Velosofue uno de los brazos derechos de uno de los grandes personajes de la historia brasileña del siglo XX, Don Hélder Cámara y tuvo que pagar su precio por eso. Siempre fue considerado como uno de los grandes baluartes de la Iglesia popular brasileña, estando íntimamente ligado a lasComunidades Eclesiales de Base. Sus grandes conocimientos en el campo de la liturgia, constatado por las múltiples asesorías que realiza a lo largo y ancho de Brasil, le dan autoridad para hablar al respecto.
Él se presenta como presbítero, servidor de las CEBs, como Asistente del Movimiento de Trabajadores Cristianos, Asesor del Movimiento de Adolescentes y Niños y Miembro del Equipo de Reflexión sobre Música Litúrgica de la CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil). Él es Licenciado en Teología e Historia de la Iglesia, por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y en Liturgia por el Instituto Superior de Pastoral Litúrgica de Rio de Janeiro.
Conocí personalmente a Reginaldo en agosto de 2013, cuando vino a asesorar el retiro diocesano de las Comunidades de Base, y quedé fascinado con su forma de entender y celebrar las cosas de Dios, le encontré nuevamente en el 13º Intereclesial de las CEBs a principio de enero, donde formaba parte del equipo de liturgia, y en estos días he tenido la suerte de acogerle en mi casa, junto con su familia.
Parte de la idea que la Liturgia de las CEBs, es una referencia para toda la Iglesia. En su opinión la experiencia de fe y la espiritualidad de las CEBs nace y se nutre continuamente de la dinámica del VER-JUZGAR-ACTUAR, que lleva a sus miembros a desenvolver, de modo cada vez más profundo y amplio, una mirada crítica, mística y militante sobre la realidad en que están envueltos. Quien pasa por la experiencia de las CEBs, no consigue vivir su fe y su compromiso cristiano, sino mirando a la realidad, a la Biblia y con el corazón cautivado por alguna causa que tenga que ver con la inclusión de los marginados, la vida en plenitud, la felicidad de la Tierra Prometida, donde mana la leche de la Justicia y la miel de la Paz.
Esa experiencia de fe y espiritualidad demanda una forma de celebrar, una expresión celebrativa que sea su reflejo, su culmen vibrante y fuente que brota continuamente para la vida en plenitud. Resalta dos elementos que merecen especial atención y cuidado, como prioridades en el hacer celebrativo de las CEBs: el "recodar la vida" y la "dinámica del circulo".
Reginaldo hace ver que toda celebración de la Palabra de Dios, en un ambiente de CEBs, independientemente del tipo de ritual que se quiera desarrollar, inclusive y, sobre todo, la celebración del Culto Dominical, todavía más si se trata de la Cena del Señor, la Eucaristía, gana en coherencia e identidad, en cuanto celebración de comunidad eclesial de base, si incluye como elemento constitutivo, en primer lugar, y antes de todo, el compartir la memoria de los acontecimientos importantes, los recuerdos significativos de personas y hechos, en suma, "los signos de los tiempos", como le gustaba recordar al mayor Papa de la historia de la Iglesia, el beato Juan XXIII y vuelve a recordar, finalmente, el Papa Francisco.
Por ahí empieza nuestra escucha ritual de la Palabra de Dios, que, antes de hacerse Escritura, se hace carne en la vida cotidiana de las personas. Esa es la manera legítima y genuina de celebrar la vida cristiana, coherente con la manera de ser Iglesia de las CEBs, haciendose eco de cuanto el Concilio Vaticano II nos ayuda a entender cuando declara solemnemente: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia". (Gaudium et Spes - GS 1).
Pero nuestra referencia y justificativa más importante para esta constatación nos viene de la propia Escritura, desde que, en primer lugar, nos miremos en el icono por excelencia de la Iglesia, María, la Madre del Señor, que, por dos veces, Lucas retrata como aquella que "guardaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón" (Lc 2,19.51), habiéndonos reportado su canto, que bien refleja el fruto de esta práctica: una conciencia agudizada de las injusticias sufridas por su pueblo, su hambre y sed de justicia, así como su sueño de liberación, fundado en las antiguas promesas, y su alegría por sentirse llamada a contribuir para la realización del mismo (Lc. 1,47-55). Desde que, en seguida, nos dispongamos a colocarnos en camino con Jesús y los discípulos, rumbo a Emaús, sobre todo en las tardes de nuestras vidas, cuando el imperio de las tinieblas parece envolver miedosamente nuestra sufrida existencia (Lc 24,13-35).
Ese pasaje del Evangelio de Lucas parece ser el mejor bálsamo bíblico del método VER-JUZGAR-ACTUAR, como programa básico y paradigmático de una celebración auténticamente cristiana: un tiempo para recordar y compartir los acontecimientos=VER (vv. 13-24) - un tiempo para iluminar los acontecimientos de hoy con la experiencia de fe de nuestros padres y madres en la fe, por la lectura de las Escrituras, haciendo la "lectura pascual de la vida", que hace recalentar los corazones=JUZGAR (vv. 25-27) - un tiempo para "hacer esto en memoria mía", esto es repartir el pan, dando gracias por el amor mayor de Aquel que dio la vida, presente en todos y todas los que hoy continúan esta historia de amor y donación, comprometiéndonos e impulsándonos, todavía más, a amarnos, a donarnos y a proclamar la victoria del amor=ACTUAR (vv. 28-35).
El segundo elemento constitutivo de una celebración de CEB es la "dinámica del círculo": si la dinámica del VER-JUZGAR-ACTUAR tiene que ver con el contenido de la celebración, la "dinámica del circulo" tiene que ver con el modo, la manera plástica de realizarla, la preparación del espacio celebrativo y el consecuente envolvimiento de las personas participantes en y de la celebración: el sentarse en círculo, por sí solo, ya tiene fuerza pedagógica y expresiva da participación colectiva, de la valorización de todas las personas presentes, que se miran de frente, se interpelan, se provocan, se escuchan, se disponen a compartir todo cuanto ahí sucede, asumiendo los diversos servicios o ministerios, de acuerdo con los dones que el Espíritu reparte entre todos y todas para el bien común (cf. Rm 12,3-8; 1Co 12,4-11). Esa es la mejor manera de, en ambiente de CEB, experimentar con gusto lo que Jesús dice en el "Sermón de la Comunidad": "donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos y ellas" (Mt 18,20)...
O si prefieren, esa es la manera de expresar con trazos evidentes la propuesta que sorprendió "a la madre de los hijos de Zebedeo", los dos hijos de ella y más todavía los otros diez discípulos "que quedaron enfadados con los dos hermanos": "Quien quiera ser el mayor entre vosotros, sea vuestro esclavo, pues el Hijo del Hombre no vino para ser servido, y si para servir y dar la vida por muchos" (Mt 20,20-28). Esa es la manera que mejor expresa y celebra la forma de ser Iglesia propuesta por Jesús, que es completamente divergente de los gustos y modos de los "escribas e fariseos", pues "cuanto a vosotros, no os hagáis llamar de ‘rabi', pues uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. No llaméis a nadie en la tierra de ‘padre', pues uno solo es vuestro Padre, aquel que está en los cielos. No dejéis que nadie os llame de ‘guia', pues uno sólo es vuestro Guía, Cristo. Por el contrario, el mayor entre vosotros debe ser aquel que os sirve. Quien se exalta será humillado, y quien se humilla será exaltado" (Mt 23,1-12). Y así el "círculo celebrativo" va siendo un "círculo de cultura", a modo de lo que soñaba Paulo Freire, nuestro mayor pedagogo, donde se aprende, se elabora e se anticipa aquella nueva sociedad, que encarna los valores del Reino de Dios "así en la tierra como en el cielo". Más que en cualquier otro momento de la vida eclesial, es en la celebración, en la Liturgia celebrada, donde precisa suceder el sueño del Apóstol Pablo (Rm 12,3-12). Es así la experiencia de celebrar en un ambiente circularmente preparado, celebrar "en círculo", lo que termina siendo contenido profundo, vivencial, educativo e epifánico de la celebración cristiana del Misterio de la Fe.
Insiste en destacar otros detalles del carácter epifánico de la celebración de las CEBs: además de la manifestación de Jesucristo en medio de los suyos y de la verdadera naturaleza de la Iglesia, comunidad fraterna y participativa, ella da oportunidad a la manifestación del Espíritu a través de los dones concedidos a cada cual por el mismo Espíritu, lo que puede suceder y normalmente sucede, de diversas formas: no sólo por el ejercicio rutinario de los varios ministros implicados en la celebración, cuando alguien anima el canto de la asamblea o entona el salmo, cuando alguien proclama las Escrituras o anuncia las preces, cuando alguien coordina el conjunto de la celebración y la hace desarrollarse, o coordina momentos específicos como el del "recordar la vida" o de la meditación bíblica compartida, o da los avisos e informes de interés comunitario...
Pero, por ejemplo, cuando la celebración de cada domingo se vuelve ocasión y oportunidad para cada grupo de edad, a lo largo del mes, dar el aire de su gracia, aparecer con su forma peculiar y compartir sus preocupaciones, sus actividades, luchas y conquistas, revelar sus valores, sus sueños y compromisos (una semana, los niños y adolescentes; otra semana, los jóvenes; otra semana, todavía, los adultos; otra, por fin, los ancianos)... o entonces, cuando, en cada celebración dominical, las diferentes pastorales y movimientos se turnan, teniendo cada cual su momento de compartir su vivencia y anunciar nuevas etapas a perseguir en demanda de sus metas y objetivos...Todo eso alimenta el gusto de la "caminada", conforta en los momentos de fracaso, de dolor, de persecución, y fortalece la esperanza del Reino, el espíritu comunitario y misionero.
Por último resalta que la experiencia litúrgica de las CEBs apunta pedagógicamente para otro aspecto de gran relevancia y urgencia: el carácter culminante de la celebración de la Cena del Señor, la celebración eucarística.
Coloca como ejemplo la experiencia vivida en el 13º Intereclesial de las CEBs en Juazeiro do Norte CE, de 07 a 11 de enero de este año de 2014, que demuestra sobrada y significativamente, de un lado, que es posible disfrutar de momentos densos y sustanciosos de oración y espiritualidad, como fue la Celebración de la Palabra, en la abertura; el canto del Oficio de Romería, en la mañana del primer día; la Celebración en Memoria de los Mártires de la Caminada, en la tarde del segundo día; el momento orante Inter-religioso, en el estilo del Oficio Divino de las Comunidades, en la mañana del cuarto día; los cuales apuntan para otras oportunidades de oración y celebración de la fe que no sea la celebración de la Eucaristía, expresión culminante de la vida eclesial.

Esta, la celebración de la Cena del Señor, precisa, urgentemente, ser redimensionada en la práctica orante de nuestras parroquias y comunidades. Necesita de cuidadosa "reserva", exclusiva y especialmente, para momentos de culmen, evitando la banalización de lo que tenemos de más significativo, superando la práctica abusiva, que, infelizmente, se ha extendido por toda parte, reduciéndose la Cena del Señor a mera devoción individual o cierto tipo de práctica religiosa, que atiende a todo tipo de intereses, menos a las finalidades esenciales para las cuales el Señor la destinó, cuando, en aquella cena singular la confió a sus discípulos y discípulas al decir: ¡Hacer esto en memoria de mí!...
De otro lado, destaca como fue importante y significativa la celebración eucarística que encerraba el gran evento, llamada, "Celebración de Envío" (elemento que atestiguo, pues estaba presente): éramos cerca de 5.000 personas, pero no una masa amorfa y sin vínculos con nada ni nadie... éramos una asamblea realmente convocada por la Palabra de Dios, gente hermanada por un mismo sueño y compromiso, gente que comulgaba, en el Pan partido de la Cena del Señor, con el Resucitado y con todos y todas los que se disponían a dar su vida, con Él y como Él, por la causa del Reino, gente que cantaba en unísono coro la alabanza del Dios de la Vida, en cuanto se sentía enviada a luchar por la Justicia y ejercer la profecía al servicio de la vida.
Necesitamos, entonces, resolver esta doble y aberrante contradicción: de un lado, parroquias y capillas, sobre todo urbanas, donde la Eucaristía es celebrada todo día y a toda hora, ahora con masas donde lo que menos existe e interesa es el vínculo comunitario con el Señor y el Reino por Él anunciado, ahora en atención a intereses o caprichos individuales o hasta individualistas... De otro lado, comunidades eclesiales de base, que procuran vivir a la luz de la Palabra de Dios, un compromiso cada vez más exigente con la mudanza personal y con la transformación social, pero que son privadas de la posibilidad de celebrar la Cena del Señor, semanalmente, de preferencia en el Día del Señor, como culmen de una semana de labores y de luchas y fuente de energía para nuevas arrancadas...
De un lado, presbíteros sobre cargados por una práctica sacramentalista que los priva de tiempo para actividades de evangelización, de acompañamiento pastoral de personas y comunidades, y de formación continuada de los agentes pastorales, animadores y animadoras de pastorales, movimientos y comunidades... De otro lado, mujeres y hombres dotados de dones, de creatividad, generosidad y capacidad de entrega y servicio, que debidamente formados, al modo que Jesús hizo con sus discípulos y discípulas, bien que podrían recibir el reconocimiento público de la Ordenación (Imposición de manos) para servir a sus comunidades el Banquete de la Vida en plenitud... Aquí y allá, no es raro, ya encontramos gente con este perfil, pero son personas imposibilitadas por el orden vigente de responder a las necesidades y demandas de sus comunidades...
Reginaldo acaba haciéndose y haciéndonos algunas preguntas, de cuya respuesta depende buena parte del futuro de la Iglesia católica: ¿Hasta cuándo la cultura del centralismo clerical mantendrá el Pueblo de Dios, sobre todo sus animadores y animadoras, reducidos a la minoría de edad, al infantilismo, a la imbecilidad? ¿Hasta cuándo la ley del celibato prevalecerá sobre el mandato del Señor y los clamores de la vida de las comunidades de la periferia? ¿Hasta cuándo el machismo clerical impedirá la ascensión de la mujer al pleno ejercicio de los ministerios eclesiales? El Papa Francisco, ¿conseguirá abrir caminos para la solución de estos problemas tan seculares cuanto urgentes? Sin el empeño de cada uno, de cada una de nosotras, desde nuestras bases, ¿cambiará alguna cosa en esta Iglesia de Dios y nuestra?

Estados Unidos, 

en busca de un nuevo feminismo

El movimiento intenta reconciliar los avances de las últimas décadas con la desigualdad que sigue afectando a las mujeres

cristina f. pereda

Sheryl Sandberg, número dos de Facebook, lanzó una campaña para incorporar más mujeres a los puestos más altos de las empresas. / CHRIS RATCLIFFE (BLOOMBERG)
“Estoy muy orgullosa de este trabajo, pero más que por la música, estoy orgullosa como mujer”. Beyoncé acababa de sacudir la industria musical con la presentación de su último trabajo a través de Internet, y sin intermediarios. Unos meses antes, Marissa Mayer, presidenta de Yahoo!declaraba en un documental que no se considera “feminista” y que durante su etapa en Google nunca se vio como una mujer en aquella empresa, sino como una informática más.
Las reivindicaciones de una y otra representan el reto del feminismo actual en EE UU. Mayer, Beyoncé o Sheryl Sandberg, la número dos de Facebook que ha lanzado una campaña para incorporar a mujeres a los puestos más relevantes de las empresas, son herederas de los avances logrados por uno de los movimientos sociales más importantes de las últimas décadas. Su llegada a lo más alto puede ser interpretada como que la igualdad de oportunidades, la posibilidad de que una mujer ocupe un cargo reservado antes a los hombres, ya se ha cumplido.
Pero, casi tan rápido como surgen las voces que celebran este logro, despierta también un llamamiento a renovar el feminismo: el éxito de esa minoría no debería enterrar el movimiento cuando las mujeres estadounidenses siguen ganando 77 céntimos por cada dólar que cobran los hombres. El equilibrio entre estas dos posturas implica a varias generaciones y puntos de vista mucho más diversos y complejos que los que definieron el movimiento en sus inicios, y con un riesgo incipiente que no existía entonces: la sensación de que quizás ya no sea necesario.
“Hoy podemos identificar a dos grupos de jóvenes con respecto al feminismo”, asegura Kate Farrar, directora de los programas de liderazgo de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias. “Uno de ellos apenas ha sufrido ni ha sido testigo de discriminación sexista. Han llegado hasta la universidad sin barreras", dice. “El otro es plenamente consciente de que todavía existe la violencia sexual, la explotación, la discriminación o el tráfico de mujeres, pero ninguno quiere la etiqueta de feminista”.
Hay quien dice que el feminismo está en retroceso porque ha conseguido su objetivo. Es una conclusión comprensible pero equivocada”
En ambos casos, la entrada en el mundo laboral pone a millones de jóvenes en contacto con la discriminación. “Lo detectan cuando empiezan a trabajar, cuando ven cómo son tratadas, como se dirigen a ellas en las reuniones”, justifica Farrar. “Las mujeres todavía deben lidiar con numerosos aspectos culturales que permanecen. Sienten que deben aprender a conciliar la imagen femenina con la ambición o la capacidad de trabajo”.
Para alejarse de esas etiquetas, y sin esperar a pertenecer a un movimiento determinado, otras han optado por alzar su propia voz, feminista o no, y hacer de su carrera una causa a título personal, como es el caso de Lena Dunham, actriz, guionista y directora de la serieGirls. La escritora Chimamanda Adichie, que argumentó en un famosodiscurso en la conferencia TED que “Todos deberíamos ser feministas”es otro ejemplo.
“Cada vez tengo más conversaciones sobre ideas feministas en las que nunca uso el término ‘feminismo” reflexiona para The Atlantic Abigail Rine. “¿Por qué? Porque es agotador empezar cada charla sobre cómo combatir la misoginia con anécdotas atractivas y encantadoras acerca de que realmente me gustan los hombres y no he quemado mis sujetadores. Todo resultaría más fácil si enterramos la palabra [feminismo] de una vez por todas”.
La revista ELLE despertó numerosas críticas el pasado mes de octubre al invitar a varias agencias de publicidad a ayudarles a “reinventar un término que muchos sienten que ha sido aplastado por complicaciones y negatividad”. Para algunos resultó irónico que una revista que defiende estándares de belleza imposibles para millones de mujeres se ponga a reinventar un movimiento por la igualdad. Para otros no hay causa que pueda avanzar si es maquillada hasta dejar de parecer una amenaza.
Rine plantea que éste es el momento de encontrar otro término que incluya a todo aquel que quiera seguir luchando contra la discriminación en la cultura y el lenguaje, la violencia sexual o el tráfico de personas. “Queda demasiado trabajo por hacer, por eso es preocupante que las mujeres estén pensando más en cómo encontrar una etiqueta más agradable”, concluye.
Más de dos tercios de los trabajadores de EE UU que cobran el salario mínimo son mujeres
El intento de ELLE refleja la variedad de argumentos que debe conciliar en la actualidad el feminismo para mantener unidas a todas las mujeres -y los hombres- a favor de la igualdad. Los avances han permitido que millones de mujeres accedan a la universidad y vivan de manera independiente gracias a puestos de trabajo antes inaccesibles para ellas. Pero cuando una profesional de la talla de Mayer, CEO de Yahoo! y antes vicepresidenta de Google, decide añadir una habitación para su bebé junto a su oficina, algunas se sienten traicionadas por posar como ejemplo de una igualdad de oportunidades inexistente para millones de mujeres.
Para otras, la traición está en la decisión de la primera dama, Michelle Obama, de convertirse en “madre en jefe” -’mom in chief’- durante su estancia en la Casa Blanca, en vez de defender políticas que favorezcan más a las mujeres. Su papel ha sido calificado como “una pesadilla para el feminismo”, en referencia a la decepción causada en algunos sectores porque la primera dama más cualificada de la historia ponga por delante su papel de madre. Otros interpretan que en la libertad de tomar estas decisiones radica el verdadero triunfo del movimiento.
“Hay quien dice que el feminismo está en retroceso porque ha conseguido su objetivo. Es una conclusión comprensible pero equivocada”, asegura Christina Hoff Sommers, autora de libros como La guerra contra los hombres, en la revista The Atlantic. “Aunque la pelea principal por la igualdad y las oportunidades están casi ganadas, el trabajo sigue por terminar. En todo el mundo las mujeres todavía deben sobrevivir ante la violencia y la represión. La cultura todavía contiene poderosos elementos misóginos. A pesar del tremendo progreso, las listas de ciudadanos en la pobreza siguen repletas de mujeres y sus hijos”.
El presidente Obama reconoció el pasado mes de diciembre que “la desigualdad es el mayor reto de este siglo” para EE UU. Desigualdad que afecta especialmente a las mujeres. En el reciente discurso sobre el estado de la Unión lo recordó: “Las mujeres son más de la mitad de las trabajadoras, pero todavía ganan 77 céntimos por cada dólar que cobra un hombre. Es vergonzoso”.
Aunque la pelea principal por la igualdad y las oportunidades están casi ganadas, el trabajo sigue por terminar. En todo el mundo las mujeres todavía deben sobrevivir ante la violencia y la represión"
Más de dos tercios de los trabajadores de EE UU que cobran el salario mínimo son mujeres, según el National Women’s Law Center. La Oficina Nacional de Estadística estableció además en 2012 que el 70% de estos empleados además no tienen derecho a bajas por enfermedad remuneradas. Y el 40% de los hogares con niños menores de 18 años son mantenidos por mujeres que proporcionan los ingresos principales, o los únicos, para toda la familia, según una investigación del Centro Pew.
Lejos de las universidades y de empresas como Facebook o Yahoo!, millones de mujeres estadounidenses copan los puestos de trabajo remunerados con el salario mínimo. Un trabajo de Maria Shriver, exprimera dama de California, en colaboración con el Center for American Progress, puede haberse convertido en el último “manifiesto” feminista. Su radiografía de la pobreza es la antítesis de las sonrisas de Mayer y Sandberg. Y un recordatorio de por qué la opción de Obama para ser “madre en jefe” sigue siendo revolucionaria para millones de mujeres que no tienen la opción de cuidar de sus hijos.
“No son mujeres que se estén preguntando si pueden ‘tenerlo’ todo”, escribe Shriver. “Son mujeres que ya lo están haciendo todo, trabajan varios empleos, son madres y cuidadoras. Lo hacen todo y aún así ni ellas ni sus familias avanzan. El sueño de tenerlo todo se ha convertido en ‘aguanta como puedas’. Miren donde miren, en las portadas de las revistas, programas de televisión y páginas web les dicen que deberían sentir que tienen más poder que nunca, pero la verdad es que no es así”.
El estudio del CAP denuncia que cerca de 100 millones de estadounidenses, casi un tercio de la población, vive en el margen que separa la clase media de la pobreza, apenas separados por la pérdida de un trabajo, un accidente o una enfermedad grave. De ese porcentaje de ciudadanos, 70 millones son mujeres y los hijos que dependen de ellas. Shriver llama ahora a reunificar a todos los estadounidenses detrás de un movimiento que acabe con la brecha entre estas familias y la posición privilegiada de Mayer o Sandberg, Beyoncé o Michelle Obama.
Michael Kauffman, experto en programas para involucrar a los hombres en los valores del feminismo, reconoce que esta división se debe en parte a que se ha perdido la sensación de urgencia de décadas anteriores. Como tantos otros activistas y expertos, el autor advierte que sería un error asumir que no quede "un largo camino" por recorrer "mientras permanezca la violencia contra las mujeres, mientras no haya igualdad salarial ni desaparezcan las barreras".
El informe Shriver contó con firmas como la de Clinton o la estrella de la NBA Lebron James, con un alegato a favor de las madres solteras como la suya y un llamamiento a la implicación de los hombres en el futuro del feminismo. Para la cantante Beyoncé, “los hombres deben demandar que sus esposas, sus hijas, sus madres y sus hermanas ganen más, de acuerdo con sus cualificaciones, no con su género”. Kauffman da la bienvenida a este tipo de mensajes: "Lo más importante es que hay un intento bastante sano para redefinir el papel de los hombres y de los padres. Y esa es una de las principales razones por las que seguimos necesitando el feminismo".
El consejo de la historiadora Sommers, que aboga por reinventar el feminismo, es simple: “Reformen el feminismo. Alíense con mujeres de todo el mundo que todavía luchan por libertades básicas. Apoyen a las mujeres oprimidas y darán al feminismo occidental lo que le ha faltado durante muchos años, un objetivo contemporáneo que le haga merecer su pasado”.


La ideología de género

Isabel Gomez Acebo
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Varios obispos europeos han levantado voces contra la ideología de género a la que acusan de todos los desmanes. Concretamente un obispo polaco, Tadeusz Pieronet, con fama de liberal, dijo en una convención este verano que “la ideología de género representa un peligro mayor que el nazismo y el comunismo combinados”. Cuando escuché la comparación me vinieron a la memoria los campos de concentración del holocausto o los siberianos de Stalin y la verdad es que no encontré semejanza alguna, tampoco el prelado pudo dar datos de víctimas asesinadas o mutiladas. Preguntado para que profundizara en la frase no hizo más que repetir que era una ideología contraria a la naturaleza y a sus leyes.

Pieronet no está solo en sus reflexiones porque sus compañeros en el episcopado advierten, en una carta pastoral conjunta, de los peligros a la familia que nacen en la ideología de género pues consideran que una de sus metas es “la sexualización de niños y adolescentes” abriendo el marco a la homosexualidad y a la transexualidad. Dicen, incluso, que la presión enorme contra la violencia de las mujeres “está promoviendo roles sexuales que no son estereotipos” y no comulgan con la Organización Mundial de la Salud que “promueve entre otras cosas la masturbación de niños pequeños fomentando la búsqueda de gozo y placer tocando sus cuerpos y el de sus compañeros… con la consecuencia de que la gente joven se convierte en consumidora de medicinas y pornografía, a la vez que se hace abortista”.

La carta produjo el consabido escándalo y horas más tarde de su publicación se produjo otra más suave aunque los obispos dicen que ambas son válidas: la primera para la pastoral y la segunda para los laicos. El periodista que publicó estas referencias en el New York Times de hace unos días se preguntaba los motivos de esta campaña en estos momentos para llegar a la conclusión de que era humo para tapar el desprestigio de la iglesia polaca tras los escándalos de pedofilia y los financieros, a raíz de la devolución de bienes robados a la Iglesia durante el comunismo.
No conozco el motivo pero en Francia, el equivalente al Tea Party católico, también protesta y lo mismo se puede decir de nuestro país. Una confrontación que aparece en un momento en el que todas las facultades están introduciendo en sus manuales teoría del género, ideología del género, estudios sobre el género… con la consideración de que, aparte del sexo biológico, en la identidad y composición de la persona, entran también las normas sociales
Se acusa al feminismo de ser la madre del cordero pero el término nació en los Estados Unidos, a mediados del siglo pasado, en los manuales de psicología y psiquiatría. Es verdad que el feminismo lo popularizó con la obra de Simone de Beauvoir “la mujer no nace, se hace mujer” lo que es una gran verdad. Yo, en pequeña medida, lo he vivido en mis carnes. Todos mis hermanos varones eran universitarios y cuando yo quise seguir su camino, mi madre intentó disuadirme: los estudios dificultarían mi matrimonio pues los hombres no querían casarse con mujeres cultas e inteligentes. Gracias a Dios no seguí sus consejos.
No sé si la ideología de género ha producido las maldades que estas personas anuncian pero tengo claro que para las mujeres, sus denuncias, han supuesto un cambio muy positivo. Ahora podemos escoger la profesión para la que nos sintamos llamadas sin cortapisas y no hace falta que sigamos los estereotipos por los que nos habían definido. No existe una manera de ser mujer sino muchas, tantas como mujeres existen en el mundo

sábado, 1 de febrero de 2014




Para un cristiano el misterio no es un enunciado incomprensible, sino una realidad muy positiva, a saber, la presencia al mismo tiempo desbordante y totalmente cercana de un Dios trascendente. La característica fundamental del Dios de la Biblia no es su incomprensibilidad, sino su manifestación en Jesucristo, anunciada por la predicación de los apóstoles y por el testimonio de la Iglesia. Cierto, este Dios está fuera de nuestro alcance y siempre nos deja pensativos, pero no es menos cierto que nos llega y nos afecta en lo más profundo de nuestro ser. Nos concierne íntimamente y opera en nosotros, ya que su revelación viene a esclarecer nuestro propio ser.

“El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”, dice el Vaticano II. Cuando Jesús nos revela el misterio de Dios como Padre, se nos descubre al mismo tiempo el misterio del ser humano, descubrimos nuevas maneras de ser humanos, descubrimos en definitiva que somos hijas e hijos de Dios y hermanos los unos de los otros, descubrimos la dimensión divina de nuestra vida, descubrimos que el fondo más auténtico de lo humano es Dios. A la luz de Cristo, nos entendemos mejor a nosotros mismos, conocemos mejor el sentido de la vida y de la muerte.


Así se explica el corazón inquieto del hombre, su insatisfacción permanente, su no estar nunca contento con lo que tiene, su deseo de más y siempre más, en suma, sus ansias nunca colmadas de felicidad y de vida. Este corazón inquieto, esta insatisfacción permanente, estos anhelos de verdad, justicia, vida y amor, son la huella de la presencia del misterio de Dios en la vida humana.

El misterio de Dios es un misterio que nos concierne porque ilumina nuestro propio misterio. No en el sentido de una clarificación puramente intelectual, sino como autocomunicación de amor que acontece definitivamente en Jesucristo. El misterio de Dios en Jesús es amor. Un amor que llena de sentido la vida humana y la abre a un desbordamiento de amor hacia todos los humanos.