lunes, 25 de noviembre de 2013

"La Alegría del Evangelio", 
primera exhortación apostólica de Francisco
Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.

Con esta exhortación, que culmina la celebración del Año de la Fe convocado por Benedicto XVI, el papa Francisco se dirige a todos «los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años» [Evangelii gaudium,1].

El Papa ha querido recordar a los cristianos que, afianzados y fortalecidos en la fe, es hora de iluminar y transformar, de salir y transmitir la alegría de creer. Es hora -dice la exhortación- de que «recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar [...]. Y ojalá el mundo actual pueda recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» [Evangelii gaudium,10].

Dirigida a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas a los fieles laicos, la exhortación Evangelii gaudium está dividida en cinco capítulos, titulados 
«La transformación misionera de la Iglesia», 
«En la crisis del compromiso comunitario», 
«El anuncio del Evangelio», 
«La dimensión social de la evangelización» 
y «Evangelizadores con Espíritu».


viernes, 22 de noviembre de 2013

La verdad sobre la “entrevista” del Papa a Scalfari

Eugenio Scalfari
Reconstrucción sobre el juego de declaraciones y noticias alrededor de la conversación de Francisco con el director de “La Reppublica”
 Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

La reconstrucción de un coloquio con el Papa, más que una verdadera entrevista. Así calificó Eugenio Scalfari al polémico artículo aparecido en las páginas de “La Repubblica” el 1 de octubre pasado y que lleva su firma. Un texto que El Vaticano hace unos días retiró de su sitio web oficial. En un encuentro con la prensa internacional el periodista italiano reconoció que en su relato puso en boca de Francisco frases que Bergoglio nunca pronunció, aunque no indicó cuales, pero aclaró que antes de publicarlo obtuvo una doble autorización del secretario del pontífice.

 

Desde el momento mismo de su publicación, el texto desató encendidas controversias en la Curia Romana. Sobre todo por algunos pasajes con frases ambigüas, fuertes y que fueron reportadas entre comillas. Entre otras destacó la denuncia del obispo de Roma a la corte vaticana como la “lepra del papado” y un paso sobre la conciencia moral de los ateos, el bien y el mal.

 

En un primer momento el portavoz vaticano, Federico Lombardi, sostuvo que –por lo detallado de la nota- él consideraba que Sclafari había grabado. Pero este jueves el periodista confirmó que nunca registró la conversación, ni siquiera tomó apuntes y que las frases reportadas fueron producto de su memoria. Incluidos los entrecomillados. Se justificó sosteniendo que escribe desde hace 49 años y siempre actuó de la misma manera, incluso en coloquios con personajes como Francois Mitterrand, ex presidente francés.

 

Luego ofreció, con detalles, una reconstrucción de cómo pidió abiertamente a Jorge Mario Bergoglio el permiso para publicar el contenido de su conversación y cómo recibió un “doble ok” a la publicación de parte del secretario personal, el maltés Alfred Xuereb.

 

“Yo fui, tuvimos una larga conversación, no tomé ningún apunte. Duró una hora y 20 el encuentro. Al final le dije: Santidad ¿usted me permite dar noticia pública de que hemos tenido esta reunión? Ciertamente, me respondió. ¿Me permite relatar del contenido del coloquio entre nosotros dos? Claro, cuéntelo. Como usted comprende, le mando la copia. Me parece tiempo perdido, añadió. Le dije que no era tiempo perdido, porque yo reconstruyo lo que nos dijimos pero puede ser que a usted no le guste, en ese caso usted rompe todo y como si no haya sido escrito. O mejor, hace todas las correcciones. Pongo este texto en sus manos. Dijo: está bien si usted insiste mándemelo pero repito, perdemos tiempo. Yo confío en usted”, contó Scalfari.

 

Agregó que una vez escrito todo el relato, se lo envió al Vaticano con una carta de acompañamiento en la cual le especificó que la suya había sido una “reconstrucción” en la cual había incluido algunos elementos ajenos, para indicar a los lectores qué personaje es el pontífice.

 

El periodista continuó, citando una advertencia incluida en su carta: “Tenga en cuenta que algunas cosas que usted me dijo yo no las reporté y algunas cosas que yo le hago decir a usted entre comillas, usted no las dijo, pero yo las puse porque consideraba que haciéndole decir ciertas cosas, el lector entendiese usted quién. Por eso, lea bien esta reconstrucción”.

 

“Después de tres días me llamó don Alfred (Xuereb, el secretario papal), que me comunicó el ok a la publicación. Pero yo le pregunté, ¿leyó esta carta? Esto no me lo dijo, me respondió. Por favor pregunte al Papa si leyó el relato. Pero esa mañana el Papa estaba fuera, entonces quedó de llamarme más tarde. Me devolvió la llamada después de las 2 y su frase fue: el Papa dijo ok. Yo le repliqué si había confirmado la lectura, pero don Alfred me dijo que el Papa insistió: ya te dije en la mañana que ok, díselo de vuelta”, apuntó el fundador de “La Repubblica”.

 

Además aseguró no sentirse afectado porque el artículo haya sido quitado del sitio web oficial del Vaticano. Pero aclaró que en ningún momento Francisco lo ha desmentido, como sostienen algunos periódicos italianos como “Il Foglio” y “Libero”.

 

Exhibió como prueba una carta que le envió el Papa el 23 de octubre pasado en la cual le expresó su deseo de volverle a ver, aunque le precisó “veremos si la providencia nos deja un momento libre”.

 

Scalfari se refirió a los pasajes cuestionados de su reconstrucción. Fue claro sobre aquella frase en la cual Bergoglio habría dicho que los ateos deben seguir su conciencia, para hacer el bien: “Eso fue lo que él dijo”, precisó. Es decir, aquella no fue una oración de las que puso en boca del Papa, al menos según él.

Menos seguro se mostró respecto al “episodio místico” que habría tenido Bergoglio antes de aceptar su elección como Papa.

 

“Cuando me dieron el ok a la publicación, don Alfred me dijo: sobre un punto solamente el Papa no recuerda habérselo dicho en esos términos. Se trata del momento místico. A mí me dijo que en el momento en el cual se había retirado le había venido una angustia porque estaba incierto entre aceptar o no, cerró los ojos y se dijo que debía dejar pasar la angustia. Quiso no pensar en nada, pero fue invadido por una luz que lo cegó unos instantes y luego desapareció”, explicó.

 

“Puede ser que yo recuerde mal. M e dijo que eso había ocurrido ahí, de hecho el Papa no salió inmediatamente, se retiró en una habitación antes de asomarse, eso es seguro”, insistió.

Martín Gelabert Ballester, OP



De la rivalidad a la interactuación


La relación entre gracia y libertad o, lo que es lo mismo, entre Dios y la persona humana, puede entenderse desde tres modelos. Uno sería el de la competencia o rivalidad: lo que concedemos a Dios se lo tenemos que quitar al ser humano, y viceversa; la consecuencia extrema de este modelo es que, como Dios tiene la primacía absoluta en toda actuación, queda anulada la libertad humana. Hay otros dos modelos que me parecen más adecuados. Hay diferencias de matiz entre ellos, pero no son contradictorios, más bien son complementarios.

El modelo del doble plano supone que Dios y el ser humano no se sitúan en el mismo plano. Esto permite decir que “todo es de Dios” y “todo es del ser humano”, que todo lo hace Dios y todo lo hace el hombre, pero esos dos “todos” no están al mismo nivel. Dios es el que impulsa, el que mueve a la naturaleza, el que hace posible todo movimiento y actuación humana, pero la criatura actúa según su naturaleza. Dios es la causa primera trascendente que actúa a través de causas segundas y nunca contra ellas.

El tercer modelo es el de la interactuación. Dios deja totalmente libre a la persona, pero interactúa con ella, de modo que se produce un mutuo enriquecimiento. “Ha repartido el don que nos ha traído, pero no por eso él se ha empobrecido sino que, de forma admirable, ha enriquecido la pobreza de sus fieles, mientras él conserva sin mengua la plenitud de sus propios tesoros”, decía San Fulgencio de Ruspe.

La interactuación nos permite comprender que Dios no fuerza, no ordena, no impide. Más bien ofrece buenas orientaciones, encuentra el momento oportuno, aprovecha las situación adecuada para decir una palabra estimulante. Interactuar: actúan los dos (Dios y la persona), cada uno con libertad total, pero cada uno estimulado por la actuación del otro. ¿Cómo estimula el hombre a Dios? Dicho desde nuestro punto de vista, que es el único punto posible: haciendo que esté atento a nuestros movimientos para encontrar la palabra y el estímulo adecuado. En la interacción no cambia solo uno, cambian los dos. La relación entre Dios y el ser humano no puede entenderse desde la rivalidad, sino desde la complicidad.

Isabel Gómez Acebo

Las primeras rabinas de Latinoamérica


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Me resultó curiosa una noticia que apareció en evangelizadorasdelosapóstoles hace tiempo y que se me traspapeló. Hoy que la he encontrado me animo a publicarla. Parece ser que fue en 1994 cuando se nombró a una mujer al rabinato en Argentina para que se colocaran al frente de los servicios religiosos de las sinagogas, hoy ya hay diez y todas se han formado en el país.
Sarina Vitas y Judith Nowominski cuando hablan de sí mismas se ven como una maestra que camina al lado de su pueblo antes que como una superiora que se sube a un púlpito para predicar. “Mantener vivos los preceptos y las tradiciones de nuestro pueblo es una alegría y a la vez un desafío. No me quejo pero este papel más que full-time (de todo el tiempo) yo diría que es full-life (de toda la vida)", dijo Sarina Vitas, al frente de la comunidad hebrea "Or Jadash", una mujer casada hace 11 años y con dos hijos. “Nuestra tarea es ayudar a comprender la revelación divina a través de la lectura e interpretación de los libros de la Torá (enseñanzas y leyes que rigen al pueblo hebreo), una práctica constante del pueblo hebreo para mantener vivos los preceptos y la tradición del judaísmo”. En la lectura de los primeros textos "hemos encontrado que la mujer ha tenido antiguamente una participación activa, que se fue disipando con el tiempo por eso decimos que este rol de rabinas, supone recuperar un lugar que en realidad habían tenido las mujeres en los siglos -I, I, y II y que más tarde perdieron al ser exceptuadas de ciertos preceptos y prácticas”.
Su comunidad a punto de cumplir el centenario de su fundación es conservadora y congrega a unas 400 familias del barrio de Flores, la única en Latinoamérica que realizó el desafío de colocar una mujer rabina al frente, ya que las otras tienen un rabino que a veces trabajan con mujeres pero como asistentes. A diferencia de los judíos ortodoxos, "los que integramos el movimiento conservador decimos que tenemos la Torá en una mano y el diario en la otra, porque no podemos dejar de ver la tensión entre lo contemporáneo y lo tradicional", reflexionó. "Nos tocó vivir en el siglo XXI, en esta realidad, y tenemos que aprender a que no se fosilicen nuestros principios, nuestros valores y nuestras prácticas; que sigan teniendo el mismo sentido y ordenanza prescripta, pero que los podamos hacer prácticos el día de hoy", justificó.
Si la mujer logra cada vez más participación en la vida social, política y académica, "por qué no poder hacer lo mismo con algo tan sensible para nosotras como es lo religioso y lo educativo, lo que hace a la transmisión de las enseñanzas a futuras generaciones", reflexionó Vitas.
Las rabinas de Latinoamérica son Margit Baumatz, Analía Bortz, Sandra Kochmann, Graciela Grynberg, Deby Grinberg, Sarina Vitas, Daniela Szuster, Karina Finkielsztein, Silvina Chemen, y Judith Nowominski y se graduaron en el Seminario Rabínico Latinoamericano "Marshall T. Meyer", única escuela de la región, que acepta mujeres. Casada y con dos hijos de 23 y 26 años, Nowominski fue la última mujer en conseguir su título de rabina, en 2012. Está al frente de la comunidad Bet Hilel, que tiene 23 años de vida, y está situada en el barrio porteño de Palermo, junto con un rabino varón.
"Yo tuve el camino allanado porque Sarina (Vitas) desempeñó aquí sus comienzos como rabina y no es la primera vez que ven una mujer en el púlpito. En ese sentido es más fácil", dijo Nowominski. "Como rabina, acompaño a la comunidad en todos los momentos importantes de la vida: el nacimiento, la madurez de los chicos (Bat Mitzvá), el casamiento y el duelo; además, cada semana organizamos los rituales propios del shabat", detalló.
En la comunidad Bet Hilel "lo central es el trabajo comunitario y me interesa que la mujer pueda tener una participación cada vez más activa en todos los ámbitos, no solo en el rabínico. También en las comisiones directivas, en los cursos… y se da en forma natural pues las mujeres disponen de tiempo y de ganas de participar. Es muy común que las mujeres vayan a escuchar al rabino. Ahora, en las comunidades donde estamos nosotras, se ve ese fenómeno al revés: muchos hombres van a escuchar a la rabina… tal vez por curiosidad", 

Gustavo Gutiérrez

San Pablo publica «Del lado de los pobres», de Gustavo Gutiérrez y Gerhard Müller

El Papa Francisco recibió al teólogo peruano en el Vaticano
cuando se presentó en septiembre la edición italiana
Caminos 52 DEL LADO DE LOS POBRES.rustica.indd(SP). San Pablo publica Del lado de los pobres, un libro escrito por dos teólogos provenientes de dos mundos experienciales muy diferentes: Gustavo Gutiérrez, peruano, considerado el fundador de lateología de la liberación, y Gerhard Ludwig Müller, obispo alemán que ocupa actualmente la prefectura de laCongregación para la Doctrina de la Fe. Publicado originalmente en Alemania y en Perú, el libro se presentó en Italia el pasado mes de septiembre, con la presencia de ambos autores. Con este motivo, el papa Francisco recibió en audiencia privada a Gustavo Gutiérrez y concelebró con él en la residencia Santa Marta. El gesto del Papa ha sido visto como un espaldarazo a esta corriente teológica que contiene muchos aspectos positivos, como la opción preferencial por los pobres, rasgo fundamental del pontificado del papa Francisco.
Gustavo Gutiérrez, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2003, destaca por la denuncia de la injusticia y la opresión de los pobres y, a diferencia de otros autores de la teología de la liberación, no ha sufrido censuras del Vaticano. Gerhard Ludwig Müller ha sido profesor de Teología Dogmática en la Universidad de Munich, miembro de la Comisión Teológica Internacional y obispo de Ratisbona hasta que Benedicto XVI lo llamó a ser prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Del lado de los pobres recoge artículos de ambos teólogos, que comparten su preocupación por la Iglesia en Latinoamérica, la opción por los pobres y sus repercusiones en la reflexión teológica en América Latina y en Europa. El libro contiene seis capítulos, tres de cada autor, que reflexionan sobre la importancia de la teología de la liberación para la teología actual en su conjunto y para la vida actual de la Iglesia. Lejos de considerarla superada, Müller y Gutiérrez reivindican la vigencia de esta corriente teológica y recuerdan el compromiso por la justicia que todo cristiano debe asumir como imperativo sustancial.
La introducción o prefacio del libro corre a cargo de Josef Sayer, profesor en la Universidad de Friburgo, director de la organización alemana Misereor entre 2007 y 2012 y miembro de Cor Unum.

José María Castillo

La encuesta del Papa a los católicos

20.11.13 | 10:12. Archivado en Francisco
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Como es sabido, los católicos de mentalidad tradicional están preocupados, incluso asustados, con motivo de la encuesta que el papa Francisco ha difundido para que los católicos digamos lo que realmente pensamos sobre lostemas relacionados con la familia y que más han dado que hablar en los últimos años. Algunos han dicho que la encuesta es sólo para los obispos. Pero no. Que sepamos, hasta este momento, quienes pueden (y deben) responder, a las preguntas planteadas, somos todos.
Pues bien, si toda la Iglesia tiene la palabra para decir lo que piensa sobre temas tan debatidos (aborto, homosexualidad, divorciados, separados, etc, etc.), entonces la encuesta es más revolucionaria de lo que muchos se pueden imaginar. Y lo es, por un motivo que seguramente pocos se imaginan.
Me explico. Muchos querrían que haya un papa que, por fin, le diga a la Iglesia, con su autoridad infalible, lo que hay que pensar y hacer en los problemas mencionados, y en tantos otros relacionados con la vida familiar, sexual.... Temas que son delicados, que tanto preocupan y, sobre todo, de los que tantísimo se discute, se puntualiza, se duda y por los que se apasiona la gente. Pues bien, ¿por qué la encuesta, planteada a quienes tantos discutimos sobre esos asuntos, resulta tan revolucionaria?
El problema de fondo no está en la complejidad de los temas planteados por la encuesta. El problema adentra sus raíces en un asunto bastante más complicado. Lo que está en cuestión no es la respuesta que se pueda - y se deba - dar a cada uno de esos temas.Lo que se va a poner en cuestión es la respuesta que se pueda - y se deba - dar a los límites que tiene la autoridad del papa para zanjar, mediante una definición dogmática, lo que los católicos tenemos que pensar, creer y vivir en asuntos que tan vivamente nos conciernen. Mi pregunta, después de leída la encuesta, es la siguiente: si nos atenemos a lo que enseña el más alto magisterio de la Iglesia, ¿se puede asegurar que el papa tiene autoridad y potestad sagrada para definir, como “dogmas de fe”, doctrinas y formas de vida sobre las que no hay acuerdo entre los católicos, sino más bien una diversidad de doctrinas y teorías, que han desembocado en profundas divisiones, y hasta enfrentamientos, ente los mismos católicos?
Como es sabido, la doctrina sobre la infalibilidad pontificia fue definida en el concilio Vaticano I (en 1870). Las palabras del concilio fueron éstas: “El Romano Pontífice.... goza de aquella infalibilidad de la que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición en de la doctrina sobre la fe y las costumbres” (H. Denzinger - P. Hünermann, nº 3074). Por tanto, según el concilio Vaticano I, la infalibilidad del papa es la infalibilidad de la Iglesia. Lo cual quiere decir que el papa, cuando pronuncia una definición dogmática, no pronuncia una sentencia en cuanto persona privada, sino que expone o define la doctrina de la fe católica como maestro supremo de la Iglesia universal. De forma que el papa, lo que tiene, es “el carisma de infalibilidad de la Iglesia misma”, como dijo el Vaticano II (LG, nº 25).
Por tanto, el sujeto que posee el poder de la infalibilidad es la Iglesia. El papa posee el carisma de pronunciar esa infalibilidad en casos y asuntos concretos. En consecuencia, cuando la Iglesia se encuentra dividida - y hasta enfrentada - en un tema concreto, el papa no puede zanjar semejante situación echando mano de una definición dogmática. Para pronunciar una definición infalible, el papa tiene que tener la razonable garantía de que el tema de su definición es conocido en la Iglesia y está aceptado por la Iglesia. Ésta es la razón por la que el papa Pío XII, antes de proceder a la definición de la Asunción de la Virgen María a los cielos (año 1950), preguntó a todos los obispos del mundo si en sus iglesias se aceptaba esta doctrina como doctrina revelada por Dios. Y, cuando obtuvo la respuesta afirmativa de todos, entonces procedió a hacer la definición dogmática.
Siendo ésta la doctrina y la praxis de la Iglesia católica, no basta que el papa ponga fin a una controversia para que se pueda hablar de una definición. Como tampoco es una definición, hablando con propiedad, el hecho de declarar que un juicio doctrinal es “inapelable” (G. Thils). Como explicó el relator oficial del Vaticano I, Mons. Grasser, “el papa es infalible solamente cuando, desempeñando su cargo de doctor de todos los cristianos y, por tanto, representando a la totalidad de la Iglesia universal, juzga y define lo que debe ser admitido o rechazado por todos” (Mansi 52, 1213 C). Y debe ser admitido o rechazado como una cuestión o verdad de fe. Todo lo demás, y por más que lo diga el papa, es (y será) un asunto de obediencia. Pero, como es bien sabido, los asuntos que no pasan de la obediencia, en aquellos casos en que el sujeto ve en su conciencia que no tiene por qué obedecer, en tales casos puede (y hasta debe) desobedecer. Ya que, como bien sabemos (desde la lúcida enseñanza de Santo Tomás de Aquino (“Sum. Theol.”, 2-2, q. 104, a. 6; a. 5), el último dictamen de la rectitud de un acto es el dictamen de la propia conciencia, no la mera y pasiva sumisión.
La consecuencia, que se sigue de lo dicho, es clara. Las preguntas que propone la encuesta del papa sobre las familia plantean una serie de asuntos en los que, ni teológicamente ni desde el punto de vista científico o histórico, hay consenso en la Iglesia. Son lo que los entendidos denominan como “quaestiones disputatae” (cuestiones sometidas a discusión). ¿En el Sínodo de Octubre del año que viene se llegará a un acuerdo unánime en tales cuestiones? Sería de desear. Pero no es previsible. La consecuencia será que van a quedar patentes los límites doctrinales que tiene el poder papal a la hora de zanjar una doctrina discutida. La unidad de la Iglesia no es uniformidad. La unidad se construye sobre el respeto, la tolerancia, la bondad y la búsqueda del bien de todos. Y, por tanto, la unidad se da (y se seguirá produciendo) en la pluralidad de opiniones, conductas y formas de vida, siempre que sean opinables dentro del respeto a los derechos de los demás. Si se consigue mediante la encuesta y el Sínodo que haya más tolerancia, más respeto a quienes piensan de manera distinta y los que viven de forma diferente, la Iglesia dará un paso decisivo hacia la unidad que quiso el Señor. Y si, además de eso, se aclaran determinadas cuestiones, que hoy nos dividen o nos enfrentan, entonces el papa Francisco habrá hecho una aportación decisiva (una más) para bien de todos nosotros.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Queiruga ante una "novela extraordinaria"
Álvaro Pombo, Quédate con nosotros, Señor, porque atardece





Andrés Torres Queiruga

Publicada hace poco por Destino, esta novela ("Quédate con nosotros, Señor, porque atardece") extraordinaria no ha tenido el eco que se merece.

El título, que obviamente es una cita de Lucas en una de las escenas más bellas, simbólicas e incluso intrigantes de su Evangelio, ha podido alejar a muchas personas. Por motivos contrapuestos: en el mundo propiamente literario, ese título puede tener el aire de un ornitorrinco fuera de su territorio; en el más confesionalmente religioso, es muy probable que haya quedado oculta por su inclusión en el género novelístico.

Aunque confieso que a mí fue justamente la extrañeza de un título así, dentro de ese género, lo que llamó la atención y me llevó a la lectura. Que, por cierto, ha sido voraz y casi de una tacada, a la espera de otra más reposada y acaso meditativa.

Quizás este aplazamiento ha sido la causa de que no me haya hecho eco público de la misma, si bien escribí inmediatamente al autor, felicitándolo e incluso agradeciéndoselo. Entretanto, he hablado mucho del libro y he animado a más de una persona amiga a que no se perdiese la lectura. Por su parte, Álvaro Pombo, en un reciente artículo (número nov-dic. de la revista El Ciervo), ha manifestado con expresa y limpia generosidad su sintonía con mi trabajo teológico.

Algo que me había indicado ya con ocasión del incidente provocado por la Comisión Episcopal de la Fe. Me ha parecido que eso pedía una cierta reciprocidad de reconocimiento por mi parte. Y así, con su permiso, me he decidido a publicar la carta que le escribí, en caliente, a raíz de la lectura. Al final, en una coda, aludiré a un curioso incidente en aquel envío.



Carta a Álvaro Pombo a propósito de su Novela: 



‹ Muy estimado amigo: ›

‹ En este espacio medio libre de los comienzos del verano he podido leer, casi de un tirón, tu novela "Quédate con nosotros, Señor..." (permíteme usar el tú, que me resulta más espontáneo y normal). Te confieso que lo primero que me llamó la atención fue la valentía del título, en un ambiente en que, supongo, a la mayoría les sonará a chino y a los sabios de siempre, a antigualla un poco trasnochada. Pero la verdad más profunda es que el libro me "pilló" y me asombró y me llevó a caminar dentro de mí. ›

‹ Gracias, querido amigo, por esta obra que todo me indica que ha llevado mucho tiempo de gestación -no sé si también de redacción- y que, en todo caso, constituye una auténtica fenomenología de la fe en nuestro ambiente y, más allá, en la cultura actual. Mi trabajo en la teología y en la filosofía no me permite dedicar el tiempo que me gustaría a leer literatura y por tanto poco vale mi opinión al respecto. Pero de lo poco que puedo opinar -sobre todo en Comillas sí que casi lográbamos mantenernos al día-, creo que tu novela no sólo entra de lleno en aquella literatura religiosa de mediados del siglo pasado, sino que la supera ampliamente por la amplitud y hondura teológica. ›

‹ No he hablado por casualidad de "fenomenología" de la fe. Porque, afortunadamente, tu novela ha sido capaz de no quedar prisionera del monotema de la culpa y la angustia (sin ignorarlas), sino que ha logrado una panorámica verdaderamente coral de los aspectos fundamentales que hoy nos preocupan y, a veces, nos asedian. Has escogido un ambiente intenso, incandescente, con el grupo del monasterio, logrando la dificilísima aventura de preservar las diferencias y las identidades, y has logrado así tocar en vivo los grandes problemas de la teología y aun de la mística, encarnados en personas vivientes, casi el grupo de apóstoles metidos en el siglo XXI, con Pedro-Raimundo marcando los avatares de una fe en lucha. Y el maravilloso coro de las mujeres, en contrapunto sereno, discreto, luminoso, evocador. ›

‹ Se ve que la novela te ha salido muy de dentro, con jirones dolorosos, pero, creo, con una fe honda, desde el claro oscuro, y un esperanza tenaz, a pesar de todo. Me parece un acierto magnífico, antimaniqueo, por un lado (ni siquiera Matías es Judas), y evocador de la tradición bíblica del "resto", por otro. Sigue la fe, con su voz difícil, en la soledad y el destierro, pero cantando la gloria y evocando la verdad de siempre. Sigue luminosa pese a todo. Y espero que, en este panorama desértico y hostil, pero seguramente más sediento de lo que parece, de nuestro momento cultural, sea para muchos una luz en las tinieblas y una llamada, discreta pero inconfundible, en la algarabía que no cesa. ›

‹ No quisiera ser tópico. Aun así quiero pensar que tiene algo de síntoma en este asomo de primavera que parece asomar con el nuevo papa. En todo caso, yo así lo percibo, lo gozo y lo agradezco. Desde mi teología, que procuro apoyar en la seguridad luminosa de un Dios que nos está creando por amor -por su amor, más fuerte y más fiel que todas nuestras ambigüedades e incluso traiciones-, tiendo a vivir un fe menos dramática, pero en profunda sintonía con la que tú evocas aquí, en una obra que no sé como será recibida de momento, más que sin duda perdurará, "fonte" más o menos escondida, brotando agua limpia, ofrecida a tantas sedes. ›

‹ Acoge este texto, que ni siquiera he querido reelaborar, para que te lleve un testimonio agradecido. Agradecido también por tus palabras en un momento en que mi propia fe era cuestionada... por fortuna, solo desde fuera, pues, más afortunado que tus monjes, no la sentí perturbada por aquel triste episodio. ›

‹ Un fuerte abrazo, ›

‹ Andrés Torres Queiruga ›



Coda: Al repasar la carta, cuando le escribí para pedirle permiso para publicarla ahora, advertí un poco desconcertado que al final del penúltimo párrafo aparecía "fondee" donde pone "fonte". Sospechando que seguramente a él le había llegado con ese extraño disfraz, se lo comenté, indicando: "seguramente se debe a una de esas correcciones automáticas que las máquinas nos hacen a veces por su cuenta y sin molestarse en pedirnos permiso. No sé si también a ti te ha llegado así: en caso afirmativo, sería un buen argumento para una novela de intriga...".

Su contestación ha sido rápida y muestra que, como tantas veces, la errata ha sido productiva. He aquí sus palabras (esta vez sin permiso): "Ahora un comentario divertido sobre el desciframiento de la expresión "fondee" en tu carta: Cuando yo la recibí, entendí "fondee" procedente del verbo fondear, con el significado de anclar. Tu frase era: fondee más o menos escondida. Tú querías decir que mi novela fondeara, echara el ancla, como los botes en la playa de la Magdalena. No pensé en este caso en la idea de "fonte" en el sentido del poema de San Juan de la Cruz: "Qué bien sé yo la fonte que mana e corre/ aunque es de noche". Sí es cierto que al no poder ahora ni tú mismo aclarar tu propia intención al escribirla, tenemos uno de esos casos de hipersignificación del texto, que ciertamente es intrigante. A mí no que cupo duda desde un principio que querías decir que mi novela fondeara más o menos escondida en la conciencia de los lectores españoles".