jueves, 26 de septiembre de 2013

El papa Francisco preocupa a la derecha católica
Bernardo Barranco V.



Desde que el Papa Francisco empezó a generar expresiones y declaraciones que anuncian cambios en la vida de la Iglesia, las corrientes conservadoras católicas han empezado a manifestar su inquietud. Después de sus mensajes en Brasil y la multientrevista en el avión de regreso a Roma, ahora el papa Francisco concede una extensa entrevista a la famosa revista jesuita Civiltà Cattolica, fundada en 1850, en la que continúa con sorprendentes revelaciones y actitudes para los necesarios cambios que requiere la Iglesia católica.

Para empezar, Francisco se deslinda de los sectores conservadores, su desmarque es contundente: Jamás he sido de derechas, dijo. Sin duda, dicho deslinde ha incomodado a los sectores que predominan en la estructura no sólo de la curia romana, sino de muchos episcopados, incluyendo a la conservadora jerarquía mexicana. Después de su viaje a Brasil, diferentes medios ultraconservadores pedían moderar las lecturas de los discursos del sumo pontífice y evitar malinterpretarlos, como muchos periodistas tendenciosos, que, según portales derechosos como Aciprensa, pretenden construir agendas que no son las de la Iglesia. Los sectores recalcitrantes se empiezan a sentir desconsolados por las posiciones polémicas del Papa que, sin llegar a ser revolucionarias, tiene otro tono y nuevas tesituras. Me refiero concretamente a las nuevas actitudes que proclama Francisco en torno a las mujeres, los divorciados vueltos a casar y los homosexuales.

Sobre el tema, el papa Francisco va más lejos y cuestiona como obsesión la insistencia casi enfermiza que la Iglesia había tenido en torno a cuestiones de controversia moral. En dicha disputa, los valores católicos se han politizado en el espacio público, la Iglesia entonces ha enfrentado a las culturas seculares imperantes en la mayoría de los países bajo la era de la globalización. De manera clara dice: No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar. Francisco sugiere un giro en los siguientes términos: Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Sólo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales.

Francisco plantea con otras palabras lo que aquí hemos externado, modera sin cambios doctrinales la agenda moral de la Iglesia. No se trata de cambiarla o repensar sus fundamentos, pero invita a no absolutizarla. En cambio, como señaló en Brasil, posiciona su evangelio social basado en la solidaridad con los pobres, los derechos humanos y la justicia social. Pero requiere que los episcopados, los obispos y los fieles entren en nuevas lógicas.

Por ejemplo, resulta patente que el Papa argentino fue mucho más sensible que los propios obispos mexicanos al solidarizarse de inmediato con las víctimas y penurias extremas de los damnificados, adelantándose a los prelados locales. Y teniendo la Iglesia mexicana la vasta red social, de recursos y de infraestructura, se antoja que ha hecho muy poco o casi nada por las desgracias que decenas de miles de víctimas que huracanes e inundaciones han provocado.

La derecha católica puede padecer histeria y hasta depresión al imaginar la posibilidad de una apertura de la Iglesia en términos de moral sexual. Dudamos de una pronta revolución doctrinal; en cambio Francisco va insistir en una revolución de la pastoralidad de la Iglesia. Este es uno de los grandes déficits poco reconocidos o afrontados con honestidad; los números son fríos, porcentualmente la Iglesia va en caída y precipitada decadencia. Si a esta cascada de novedades del Papa sumamos las fuertes apreciaciones del futuro secretario de Estado, Pietro Parolin, sobre el celibato, los tiempos de la Iglesia están, al parecer, más abiertos para colocar estos dilemas que vienen desde el concilio, pero que fueron acallados y archivados por una curia conservadora que ha precipitado la actual crisis de la Iglesia.

A diferencia de Benedicto XVI, aquí hay una clara ruptura, Bergoglio no quiere convertir a la Iglesia en una secta iluminada por una casta sagrada de laicos muy formados y disciplinados a la jerarquía. Rechaza la idea de una Iglesia capilla por una Iglesia pueblo, siguiendo al Concilio Vaticano II. Francisco no ha dejado de exhortar a los obispos a que cambien sus posturas, muchas veces de burócratas o pastores de mostrador, para que tengan una mayor proximidad con la feligresía.

Así lo plantea el Papa, en la entrevista referida: Yo sueño con una Iglesia madre y pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes.

Todo parece indicar que hay tiempos de cambios en la Iglesia y que se matizará la pretensión conservadora de invertir la ecuación, al insistir en cambiar el tiempo. Un huracán categoría 4 está agitando las aguas tranquilas de una catolicidad anquilosada en la tradición, en la nostalgia. Y en el confort.
Así nos salvó Bergoglio de la persecución militar»

Llega a las librerías “La lista de Bergoglio”, el libro de Nello Scavo con la historia inédita de los hombres y mujeres que recibieron ayuda del futuro Papa durante la dictadura
 Gianni Valente


En Buenos Aires, muchos de sus amigos no lograban comprenderlo. «Pero, por qué no nos responde, por qué no dice la verdad a todo el mundo, para que se acaben todas estas mentiras», repetía el padre José María “Pepe” Di Paola, el sacerdote que coordina a los sacerdotes de las “villas miseria” de Buenos Aires Pepe se refería a las calumnias que desde hace años un periodista de izquierdas esgrimía contra Bergoglio, con el beneplácito de los sectores de la ultra-derecha argentina. ¿Las calumnias? Que Bergoglio colaboraba con la dictadura militar y, en particular, colaboró con el arresto de dos jesuitas, Francisco Jalics y Orlando Yorio, acusados de ser comunistas subversivos. 





El 13 de marzo, cuando Bergoglio se convirtió en Papa Francisco, las acusaciones volvieron a circular con vehemencia en los blogs y sitios de algunos periódicos que trataban de encontrar material para perjudicar al nuevo sucesor de Pedro. Esa misma tarde, el periodista de “Avvenire” Nello Scavo comenzó a seguir las pistas on-line del “Papa que convivía con los dictadores”. No pretendía defender teoremas preordenados ni mucho menos lo impulsaban intenciones hagiográficas. Como cronista de asuntos jurídicos, sabía muy bien que encontrar una prueba de las acusaciones en contra del nuevo Papa habría sido un “scoop” estelar. Y sabía también que la reconstrucción honesta de los hechos no admite censuras o prejuicios. 



Esa noche especial comenzó su extensiva investigación, que ahora aparece en el libro “La lista de Bergoglio”, publicado por la editorial Emi y que saldrá a la venta mañana en las librerías. Un libro que tiene un ritmo muy marcado y que contiene un apéndice al final con las actas de los interrogatorios a los que fue sometido Bergoglio durante el proceso sobre los crímenes cometidos en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (la famosa Esma) durante la dictadura. 





Durante los primeros días del Pontificado del nuevo Papa, las sospechas y las mentiras sobre Bergoglio, que aparecían gracias a un ciego y frenético “copia y pega” en diferentes sitios, se desinflaron a una gran velocidad. De los dos de los jesuitas que habían sido presentados como las “víctimas” de Bergoglio, el que todavía sigue vivo había desmentido todo. El mismo periodista acusador había admitido que las palabras de Jalics habían aclarado «definitivamente» que Bergoglio no tenía ninguna responsabilidad. Mientras tanto, la investigación de Nello Scavo continuaba su curso. El reportero, siguiendo la pista falsa que sugerían las manipulaciones informativas, no encontró el “scoop”, sino mucho más. Encontró decenas de testimonios convergentes que narran las operaciones y los sistemas que se inventó Bergoglio –que entonces era un jovensísimo provincial de los jesuitas argentinos– para proteger y salvar a muchos potenciales desaparecidos, hombres y mujeres que acabaron en la mira de la represión del régimen. Según Scavo serían por lo menos cien personas. 



Gran parte de los casos que reconstruye el libro se desarrollan en el Colegio Máximo en San Miguel –en el área metropolitana de Buenos Aires, en donde vivía Bergoglio– y en la cercana Universidad del Salvador, también relacionada con los jesuitas. Fue allí que Jorge Mario, que no llegaba ni a los cuarenta, alojaba a los disidentes buscados por los militares y sus matones, solos o en pequeños grupos, haciéndolos pasar como estudiantes que estaban haciendo ejercicios espirituales. Para muchos de ellos, que corrían mucho peligro, la estrategia de socorro de Bergoglio llegaba incluso al exilio. Gracias a la reconstrucción de estas historias se descubre claramente que las iniciativas de Bergoglio formaban parte de una red de apoyo entretejida por los jesuitas en todo el Continente, con todo y documentos para expatriar a los que tenían que huir. 



En las 192 páginas del volumen se deslizan los nombres, los rostros y las historias de muchos de los protegidos y salvados por las iniciativas que puso en marcha el futuro Papa. Se respira el clima desesperante de aquella Argentina. Se descubren, diseminados entre las historias, detalles y matices elocuentes sobre el consuelo que Bergoglio ofrecía en aquel tiempo tan oscuro. Aparece el militante uruguayo Gonzalo Mosca, a quien Bergoglio ayudó a huir a Brasil, no sin antes regalarle las obras de Borges y una «radio para mantenerme informado». 



También están tres seminaristas que le había encargado Enrique Angelelli, el obispo de La Roja que poco tiempo después habría sido asesinado por los militares (que simularon un accidente de tráfico). Están Ana y Sergio Gobelin, dos cristianos involucrados en el trabajo pastoral y de movilización social en las villas miseria de Bajo Flores. Bergoglio fue a encontrarse con ellos a las villas, celebró su matrimonio pero poco después Sergio habría sido arrestado por una escuadra de cazadores de disidentes. Bergoglio logró hacer que lo liberaran con la colaboración del Cónsul italiano Enrico Calamai, y ayudó a ambos a huir a Friuli tras convencerlos de que no habrían podido continuar con su misión muertos.


Está el jesuita Juan Manuel Scannone, exponente de la “Teología del Pueblo”, en la mira del aparato militar por la acusación de subversión comunista de siempre. Scannone declaró: «él me cubrió la espalda, me salvó. Y lo hizo en diferentes circunstancias». Bergoglio, en esa época, evitaba los reflectores. Se movía con un estudiado “bajo perfil”, tratando de aparentar no estar en ansia por lo que sucedía en su país. Aconsejaba constantemente a pequeños contingentes para evitar que cayeran en las manos de los sicarios del régimen, porque «no es momento para hacer el héroe». Cuando hacía viajes en coche y él iba manejando, evitaba ver por la ventanilla. No decía por teléfono cosas comprometentes y no las escribía. Hablaba en código. Detalles psicológicos que no son secundarios y que obedecen al criterio, siempre teniedo en consideración pro Bergoglio, del “primum vivere”. El mismo que disipó sus dudas y lo convenció a encontrarse con el general Videla y el almirante Massera, hombres fuertes de la dictadura, con tal de favorecer la liberaciónd e Yorio y Jalics. 





En las páginas del libro también aflora esa reserva que siempre ha mantenido Bergoglio al respecto. Una consigna del silencio que también impera entre los que se beneficiaron de la “Bergoglio’s list”. Una decisión que indica pudor y reserva, pero revela sobre todo un aspecto mucho más íntimo del perfil del actual obispo de Roma. Entonces como ahora, los que hablan en su lugar son los hechos: no se responde a las ofensas y a las acusaciones de los malintencionados, no se ostenta el bien hacia el prójimo, es más se olvida.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El Papa necesita tres mujeres cardinales
Dr. Xabier Pikaza




Tres motivos me impulsan a escribir esta reflexión sobre la necesidad de unas mujeres cardinales, que ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia, para abrir las puertas necesarias.

1. Me mueve la situación de una Iglesia donde falta la presencia activa, decisoria, de mujeres, como puso de relieve el Papa Francisco en su entrevista a los medios de comunicación de los jesuitas (Civiltá Cattolica):

“ la Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer".
 "La Iglesia no está aún completa porque en ella falta la mujer".
 "Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia… pues el genio femenino es necesario en los lugares donde se toman decisiones importantes". Es necesaria una teología más honda y precisa sobre el sentido y misión de la mujer en la iglesia.

2. Me anima el rumor extendido de que el Papa va crear cardenales mujeres, algo perfectamente posible según el actual Derecho Canónico, como ha puesto de relieve Lucetta Scaraffia, colaboradora de L'Osservatore romano, diciendo:

‒ Ese sería “el camino maestro para conferir autoridad y respeto a las mujeres dentro de la Iglesia. Ese gesto sacudiría al mundo eclesiástico, de sólo hombres, pese a que dos tercios de los religiosos en el mundo son mujeres.
 En la Curia Romana, la maquinaria de la Santa Sede, sólo tres mujeres trabajan en cargos altos, pero ninguna tiene un puesto de responsabilidad (cf. http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2013/09/24/teologa-italiana-).

3. Me impulsan también las reflexiones que vengo ofreciendo en este blog, buscando una exégesis bíblica y una teología seria sobre la mujer. 

-- Así quiero retomar el hilo de mi reflexión del 18.09.13: Tres mujeres “sabias” ante la vida, la ley y la muerte, unas “mujeres ejemplares” que abrieron caminos de nueva experiencia y de vida en la historia de Israel.
 -- Como esas mujeres necesita el Papa Francisco, no sé si con oficio de “cardenales” (no estaría mal, pero quizá no sea necesario)… o simplemente como personas y creyentes, que es más importante y más grande que ser cardenales, como verá quien siga leyendo.


Tres mujeres (al menos) necesita el Papa Francisco.

1. La primera ha de ser como la “médium” de Endor, cuya historia evoqué el día pasado. 

No me refiere a una simple “pitonisa”, nigromante o “médium” en el sentido superficial del término, sino a una mujer que sepa situarse ante la “muerte”, es decir, ante el pasado marchito de la iglesia, no para negarlo o reprimirlo (ni mucho menos para repetirlo), sino para aceptarlo con valor, asumiendo sus consecuencias, para superarlo. 

La “médium” de Endor puso a Saúl ante la historia de sus pecados pasados, ante la sombra de Samuel, ante unos caminos fracasados, pervertidos. Sólo una mujer puede hacer eso de verdad, porque lleva en su corazón (mucho mejor que los hombres) la memoria buena (y oscura) del pasado.

Necesitamos una mujer (un “espíritu” de mujer) que nos haga descender de unas “alturas falsas” de auto-satisfacción y de egoísmo, que nos llevan a repetir siempre las mismas cosas… Una mujer que sepa recoger el pasado para asumirlo y transcenderlo, como María, Madre de Jesús, a quien tanto Lucas como Juan han interpretado como auténtica memoria del pasado, no para negarlo, sino para aceptarlo y superarlo.

Necesitamos una muerte (un “espíritu” de mujer) que nos permita estar a los pies de la Cruz de Jesús (de las iglesias)…, no para enquistarnos en los errores pasados, sino para aceptarlos (aceptar lo que hemos hecho), para caminar, cumpliendo nuestra tarea (destino). Así le dice a Saúl la “médium” de Endor (transmisora de la sabiduría del pasado): Acepta lo que eres, reconoce que tienes que morir (¡que tiene que morir casi todo lo que ha sido tu delirio de grandeza!), para dejar abierto el camino al Dios del Evangelio.

2. La segunda mujer que necesita el Papa ha de ser como la “sabia de Tecoa”.

Ella le dijo a David lo que debía hacer, superando un tipo de justicia/venganza, viendo las cosas desde otra perspectiva, en la línea de la vida:

 «Los seres humanos somos como agua derramada,
 que se va sin remedio,
 pero Dios quiere la vida» (2 Sam 14, 14).

 Somos como agua derramada, así es la misma Iglesia, agua que desciende por la historia, que parece brillar un momento, que otras veces se estanca, para perderse en un camino sin retorno. Se trata, pues, de aceptar la muerte (como le decía la médium de Endor a Saul…), la muerte propia y la muerte de la misma Iglesia, pero sabiendo que Dios quiere la vida, como quiso Jesús.

Pienso que el Papa Francisco tiene ya sabiduría de mujer, como la de aquella que amasaba la harina y hacía tres “medidas” (Mt 13, 33…), tres medidas, no una sóla, pues somos distintos, pero abriendo un lugar para todos, incluso para aquellos a quienes parecería mejor haber matado (como quería David).

Puede saber el Papa Francisco muchas cosas, pero en un momento dado (en el centro de la crisis de la vida) es bueno y necesario consultar a una mujer-mujer, que sea hermana-amiga-madre, una mujer que nos puede decir que la tumba está abierta, que es preciso dejar los cementerios (como dijo María Magdalena). 

Sin María Magdalena Pedro no hubiera sido Pedro, ni Pablo hubiera sido Pablo sin docenes de mujeres que le acompañaron… Es un buen momento para acoger y escuchar a las mujeres en el Vaticano.

3. La tercera mujer ha de ser como Hulda.

Sí, me refiero a Hulda, la de la calle nueva, en el momento en que Josías y los “nobles” de Jerusalén tenían que decidirse ante la necesidad de la “reforma”. 

-- Necesitaban una “nueva ley”, abierta a todos, en fidelidad al pasado, pero en gesto creador; pero el rey y sus ministros eran incapaces de discernir y de buscar caminos nuevos; por eso buscaron el consejo y magisterio de Hulda, una mujer, ella fue la garante de la gran reforma deuteronomista, quizá la más honda y verdadera de todas las reformas bíblicas.

‒ Necesitamos una mujer como la madre de Jesús que en el momento de crisis de falta de vino dice a los “ministros” de Caná de Galilea (Jn 2) que vayan a Jesús, que le consulten y que aprendan. ¡Haced lo que él os diga! Una mujer que valore la falta de vino de la iglesia, unas mujeres que nos enseñen a recorrer nuevos caminos, una ley abierta a la justicia y a la vida 

No es ya tiempo de grandes palabras, sino de gestos concretos de vida, al servicio de la vida de todos. Éste es tiempo bueno para Hulda… La Nueva Ley de la vida pueden “encontrarla” los hombres... pero tienen que ratificarla las mujeres. Un Papa Francisco sin mujeres a su lado está llamado a fracasar, por muy Francisco que sea.
Dominicanos conmemoran 50 años 
del golpe de Estado contra Juan Bosch



El expresidente de República Dominicana Leonel Fernández (2004-2012) afirmó que el golpe de Estado perpetrado el 25 de septiembre de 1963, contra el entonces jefe de Estado Juan Bosch, representa "una mancha y una vergüenza” en la historia contemporánea de la nación caribeña.

Durante un acto que evocó el aniversario número 50 del golpe de Estado, Fernández lamentó que "los resentimientos de grupos de poder económico y social condujeron a la intolerancia y a la intransigencia frente al gobierno de Bosch, lo cual finalmente condujo a su derrocamiento”.

Recordó que Bosch fue el primer presidente electo democráticamente, "después de más de 30 años de tiranía y opresión”, con un pueblo dominicano que acudió a las urnas "deseoso de contribuir a la edificación de un sistema democrático en el país”.

El ex gobernante dijo también que el golpe de Estado generó en la sociedad dominicana mucha sangre, luto y dolor que pudo haber sido evitado, además de que retrasó el progreso económico y social del país.

"Cincuenta años después de haberse perpetrado ese crimen contra la democracia, lo que sigue teniendo validez es su condena y repudio, porque fue un factor que contribuyó a la continuación del atraso en el país y a sembrar el llanto en la familia dominicana”, puntualizó.

Por último, Fernández proclamó que mientras los responsables del golpe de Estado languidecen en el olvido, "la figura de Juan Bosch se agiganta con el tiempo”.

Bosch fue electo presidente de manera democrática, tras el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, el 30 de mayo de 1961. El golpe de Estado puso fin a un gobierno de solo siete meses, enfocado en establecer beneficios para los sectores más desposeídos.

Asimismo, Bosch puso en práctica la Constitución de 1963, donde se recogía la libre organización sindical, el respeto al derecho al trabajo y la participación de los obreros en los beneficios de las empresas donde laboraban, entre otros beneficios.

Durante su mandato, Bosch rechazó las presiones ejercidas por Estados Unidos y los ultraderechistas dominicanos para que limitara el libre ejercicio del pensamiento y declarara al comunismo como doctrina malsana e ilegal.

El golpe de Estado fue encabezado por el coronel Elías Wessin y Wessin. Según Bosch, el suceso se debió a la corrupción entre los militares y por su negativa a comprar aviones británicos a un precio de cinco millones de dólares, en una negociación fraudulenta para el pueblo dominicano.
Perdidos en la historia
José Ignacio González Faus





Anécdotas de excursionistas perdidos (y rescatados) son material frecuente en nuestros informativos: el grupo dudaba, decidió seguir adelante; ante sospechas mayores, en lugar de volver atrás, intentó enderezar el camino por desvíos laterales, trepó con algunos riesgos… hasta que llega un momento en que no se sabe a dónde ir y no se puede volver atrás… Suerte que podemos echar mano del móvil para recabar ayuda. Pero a veces el episodio, ha de anotar algunas vidas humanas en su “debe”.

Es bueno que la anécdota nos resulte familiar porque es un parábola completa de la historia del género humano. Embarcados en una loca obsesión de progreso hemos ido adentrándonos por caminos desconocidos, al principio quizás convencidos de llegaríamos a buen puerto; más tarde con dosis crecientes de sospecha pero también con la obsesión de que ya no era posible volver atrás. Y la lección a sacar es ésta: todos los crímenes que cometemos para acelerar nuestro progreso, acaban enquistándose en nuestro mundo en forma de problemas si solución.

Problemas sin solución hay muchos: algunos tan fáciles como el hambre parecen insolubles. Recientemente, dramas como los de Egipto y Siria se han convertido en emblemas de estos callejones sin salida: malo es bendecir un golpe de estado cruento y malo es sostener a un dictador cruel. Malo es implicarse en aventuras bélicas oscuras y malo es permitir que quede impune la transgresión de algunas “líneas rojas”.

Pero además de constatar la falta de soluciones claras, y el peligro de buscar salidas falsas por la temeridad o por el pasteleo, convendría preguntarse por qué y cómo se ha llegado hasta ese callejón sin salida. Entonces descubriremos cuántos de esos problemas insolubles los hemos creado nosotros mismos a base de pasos en falso. Obama puede no ser personalmente un hipócrita. Pero resulta hipócrita oír a un jefe de estado proclamar lo intolerable de la muerte de miles de civiles inocentes (buen número de ellos niños) gaseados por las llamadas armas químicas, y no pararse un minuto a preguntar quién fabrica y vende esas armas cuyo uso estamos maldiciendo, cuando ese agente ha sido precisamente nuestro propio país. (Para no hablar sólo de USA, España cobró el año pasado 100 millones de euros por venta de armas a Egipto…).

Los productos de la técnica se fabrican para ser usados: y hacer nuestro negocio entregando armas a un país, con la esperanza de que luego no las use (o quizás que las regale a las Hermanitas de los pobres…) resulta tan ridículo como venderle a uno un jamón de jabugo con la condición de que luego no lo abra nunca (o, en todo caso, si lo abre que sea sólo para olerlo…).

Por supuesto, no percibimos la barbarie de estas contradicciones cuyo reconocimiento nos avergonzaría. Pero ello no es debido a que no sean atroces, sino a que la mayor salvajada puede convertirse en una evidencia cuando se ampara en una fuerte convicción social. Hace poco puse el ejemplo de las mujeres africanas que mutilan genitalmente a sus hijas. Nos parecerá increíble; pero no podemos argüir que esas mujeres sean malas madres desalmadas, quizá incluso quieren a sus niñas más que nosotros. 

¿Qué ha pasado pues? Pues que la convicción ambiental se ha convertido en evidencia de que las cosas ”son y han de ser así”. Y nosotros, por muy fatuamente ilustrados que nos creamos en nuestro primer mundo, somos tan incivilizados como esas madres africanas. Ellas practican sólo una clitoridectomía; nosotros practicamos una “humanotomía” (extirpación de lo humano) en nombre del progreso. Hora es pues de que comencemos a reconocer que estamos mutilando brutalmente al género humano. 

¿Cómo? Veamos algunos ejemplos: un sistema económico donde el capital tiene toda la primacía sobre el trabajo; un sistema político mundial donde no existe una autoridad global, como no sea ese fantoche impotente de la ONU que siempre llega tarde a todas partes y que no sirve para evitar conflictos sino para cohonestar los crímenes de los poderosos; la conversión de las armas en objeto de mercado y de comercio, cuando éstas deberían estar reservadas únicamente a esa autoridad mundial inexistente; y la conversión de la educación en un negocio en lugar de un derecho. Además estamos esquilmando la tierra y ahogando al planeta, pretendiendo que no hacemos más que emprender caminos audaces y creativos de progreso. Pero el progreso era otra cosa.

Luego podremos mirar con superioridad a esas incultas mujeres africanas y hasta prohibirles que hagan lo que hacen con sus hijas. Y bien está. Pero nosotros mutilamos a nuestros hijos con la misma inconsciencia que ellas a su niñas. Así hemos llegado a vernos perdidos en mitad de la marcha de la historia. Consecuencia de la tozudez en seguir caminando por una senda que decíamos nos llevaba al progreso, pero que no era más que la senda de un crecimiento económico cuantitativo.

Cómo salir de ahí, no lo sé: porque aquí no podemos llamar a ninguna central con ningún teléfono móvil, ni echar botellas al mar con algún mensaje para que nos vengan a sacar. Pero al menos, saber que vamos por mal camino, algo podría ayudarnos.





Agujero en el pecho
Frei Betto


El hambre no se combate sólo con un plato de comida. Digerida la limosna en forma de alimento, se abre de nuevo el hueco en la barriga, agujero negro de la ciudadanía. Ni la Bolsa Familia. Es necesario evitar que existan personas desprovistas de los bienes esenciales para la vida, capaces de proveer su propio sustento, como intentaba hacer el programa Hambre Cero.


Para que el derecho a la ciudadanía no quede reducido a los discursos políticos, el combate al hambre exige, como mínimo, reforma agraria, distribución de la riqueza y escolarización obligatoria de todos los niños y niñas.

Lo mismo se aplica a la violencia. No es un fenómeno restringido a São Paulo y otras ciudades populosas. Nueva York es más peligrosa que la favela de Rocinha. En Goiania, Salvador o Porto Alegre los asesinatos forman parte de la vida diaria.

Lo grave es cuando los narcotraficantes se infiltran en los cuerpos de la policía, corrompiendo a jueces y comisarios, obteniendo armas exclusivas de las fuerzas armadas y delimitando territorios bajo su autoridad.

El traficante, como el político corrupto y el empresario especulador, es hijo de la impunidad. Por lo que es preciso no cometer el error de cierto periodismo televisivo espurio que ya no distingue entre el habitante de la favela y el traficante. No se puede aplicar a las favelas lo que recomendaba el gran inquisidor: "Matémoslos a todos. Dios sabrá quiénes son inocentes y quiénes culpables”. Medida, por cierto, que Obama viene aplicando con sus aviones drones en Afganistán.

La violencia del narcotráfico no es causa sino fruto de la violencia mayor de una élite que mantuvo a este país amordazado durante 21 años de dictadura militar, cortando ideas y utopías. Los hijos y los nietos nacidos durante o poco después de esos años de plomo no tuvieron la educación para la ciudadanía de los gremios escolares y de los movimientos estudiantiles, de las academias literarias y de los cineclubs.

Perdidos en la noche, muchos buscan la luz en la marihuana y la omnipotencia en la cocaína. Si el tráfico de drogas está tan bien organizado es a causa de los asalariados que, cuando pierden la cabeza, recurren al licor. Es gracias al sofisticado mercado de consumo que paga bien por la droga. Y, a falta de dinero, recurre al crack.

En la espiral de violencia el joven ‘avión’ que lleva la droga, la ‘mula’ que abastece los puestos de venta y el traficante que dirige todo y no vive en la favela, sino que tiene una casa con piscina y auto del año, son el resultado de la política equivocada del gobierno en relación a los derechos humanos. No basta con asegurar un salario, con llenar el bolsillo, es necesario sobre todo llenar la cabeza, facilitar el acceso a la cultura, de modo que haya un protagonismo emprendedor.

Si la mayoría del pueblo brasileño tuviera tierra para sembrar, mejores salarios y una educación escolar de alta calidad, no habría favelas. Si nuestra juventud contase con lugares de recreo, de deportes y de creatividad artística y cultural, no tendríamos tantos muertos-vivos destruidos por el crack y otras drogas.

"¿Y qué pasaría si de pronto la tv decidiera promocionar el bien?”, preguntó un día el periodista Ricardo Gontijo. ¿Qué se puede esperar de los niños y jóvenes que pasan horas ante las cajas mágicas electrónicas, embotados por el entretenimiento consumista, por la publicidad hedonista, ahítos de películas y programas que casi nada ayudan a la formación de su subjetividad y al perfeccionamiento de su cultura? Impelidos por el desgobierno de sí, y a falta de quien les indique el camino del Absoluto, buscan el del absurdo, manteniendo el narcotráfico.

¿Cuáles son los ídolos de los jóvenes de hoy? ¿Gente altruista como el Che Guevara, Mandela, Luther King, Gandhi o Jesús? ¿Cuáles son los valores más buscados hoy día por la sociedad? Riqueza, belleza, fama y poder. Ahora bien, cuanto mayor es la ambición, mayor es la caída. Y el agujero en el corazón. El agujero en el pecho necesita ser compensatoriamente rellenado de alguna forma.

La sociedad se laicizó. Ha sido una conquista de la modernidad. Pero el ser humano es siempre el mismo, desde que fue expulsado del paraíso por haberse equivocado y pretender ser Dios, cuando su vocación es tener a Dios. Impregnarse del Absoluto. Saciarse en el pozo de Jacob (Juan 4).

Encuentro por lo menos extraño cuando, en ceremonias litúrgicas, observo a niños y jóvenes acompañados de sus padres y abuelos cristianos, que no saben ni rezar el Padrenuestro ni el Avemaría. ¿Qué esperar entonces de una generación desprovista de espiritualidad?
26 Tiempo ordinario (C) Lucas 16, 19-31
ROMPER LA INDIFERENCIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, 


Según Lucas, cuando Jesús gritó “no podéis servir a Dios y al dinero”, algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero “se reían de él”. Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.

Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.

El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario, el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Sólo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.

No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.

No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.

Es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”. Es cruel seguir alimentando esa “secreta ilusión de inocencia” que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y es de nadie.

Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.


El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar.