lunes, 3 de junio de 2013

Martín Gelabert Ballester, OP 
La fe y la conciencia 



La fe cristiana y la conciencia son dos realidades distintas, aunque están relacionadas. Un ejemplo típico de confusión de la fe con la conciencia lo tenemos en una expresión como esta: “Debe ser una buena persona porque es cristiano”. Cuando pensamos así cometemos un doble error y una injusticia. Un error porque se puede ser cristiano y pecador. El otro error, al que se añade una injusticia, es el de suponer que un no cristiano es una mala persona. Ser buena o mala persona no es una cuestión de fe o de religión. Es una cuestión de conciencia, aunque la fe puede añadir una carga de responsabilidad al ser o no ser buena persona.



La conciencia es esta voz interior, que resuena en el corazón de todo ser humano, que dice: haz el bien, evita el mal. La fe es la respuesta del ser humano a la llamada de Dios, más en concreto, es un encuentro con Dios que se nos da a conocer por medio de Jesucristo. Mientras todo ser humano oye la voz de su conciencia, no todos los seres humanos conocen a Cristo. Pero el que no conoce a Cristo está tan obligado como el que lo conoce a seguir los dictámenes de su conciencia.



Ahora bien, la fe cristiana puede ser un motivo más para seguir la conciencia. Ya que la fe nos descubre que todo ser humano es imagen de Dios. Ahí tiene el cristiano una luz que le ayuda a ser más solidario y más justo con todas las personas, ya que reconoce en ellas la imagen de Dios y sabe, que son hijas e hijos de Dios y, por tanto, hermanos suyos. La fe cristiana, además, amplia los estrictos dictámenes de la conciencia. La conciencia nos dice que hay que dar a cada uno lo suyo. Eso es lo justo y lo que se espera de todos y cada uno de los hombres. Pero la fe nos llama a ir más allá de la justicia, nos invita al perdón y a la misericordia. La fe no sólo ilumina la conciencia (al ofrecernos la verdadera razón del respeto que todos merecen: son hijas e hijos de Dios), sino que también impregna de amor a la conciencia.



La fe cristiana no añade nuevos preceptos a los derechos y deberes que cabe exigir a todo ser humano. Pero la fe les da un nuevo color y un nuevo alcance. El samaritano misericordioso de la parábola evangélica hace cosas inauditas, que van más allá de la justicia e incluso más allá de la simple humanidad. Pues no sólo se ocupa de un herido que, en circunstancias normales le hubiera despreciado, sino que lo lleva al hospital y carga con los gastos de hospitalización. Lo que estrictamente se le podía pedir era que avisara a las autoridades para que se hicieran cargo del herido. Pero el samaritano va mucho más allá, se pasó de bueno con uno que era su enemigo. En este “pasarse de bueno” la fe muestra su grandeza, la dimensión divina que hay en el creyente, abriendo la vida la vida humana al perdón y a la misericordia.
Una nueva forma de celebrar
José Manuel Bernal




La forma de presidir las celebraciones pontificias del papa Francisco se parece poco al estilo de los papas anteriores.  Nos tenían acostumbrados a otra forma de desenvolverse más hierática, más solemne, más convencional; sobre todo, más encorsetada y más rígida. No estoy refiriéndome al cumplimiento de las normas litúrgicas, por supuesto. Para eso está el prefecto de ceremonias que vela cuidadosamente de que el papa no se salte las normas. Me refiero al estilo, a la forma de estar y de moverse, al modo de mirar a la asamblea, a la manera de levantar las manos, de bendecir, de saludar, de dirigirse a los hermanos. Todo esto va más allá de las normas litúrgicas. 

Debo confesar que el estilo del papa Francisco nos ha llenado de asombro; ha sido una sorpresa para los que estábamos acostumbrados a los usos pontificios de antaño. No voy a remontarme a las ceremonias pontificias de los tiempos de Pío XII. Sólo estoy pensando en la liturgia papal del postconcilio; a las celebraciones que moderaron primorosamente los maestros Noé y Marini. Fueron siempre celebraciones modélicas, ajustadas siempre con exquisitez a las normas renovadas del Concilio. En principio, yo no tendría que apuntar reserva alguna sobre esas celebraciones. 

El estilo, en cambio, de esas liturgias sí que merece algún comentario. No voy a referirme al tono del conjunto, que siempre destacó por su preciosismo, su exquisitez y pulcritud, por el ajustado ritmo de su desarrollo; aunque también por un cierto artificialismo convencional. Quiero prestar atención al estilo de los celebrantes. Cada uno de esos papas tuvo su proprio carisma. Salta a la vista que no podemos catalogar del mismo modo a Pablo VI y a Juan Pablo II y a Benedicto XVI. Sin embargo, hay algo común en lo que estos papas coinciden al presidir las celebraciones. Me refiero a un cierto hieratismo solemne en la forma de presentarse; a una cierta pose en sus gestos y movimientos; a un cierto sacralismo moderado en la forma de andar, de levantar las manos, de bendecir, de saludar; una cierta pasividad, también, en el modo de actuar, pendientes siempre de las indicaciones del prefecto de ceremonias, lo cual ha mermado siempre la naturalidad, la flexibilidad y la espontaneidad de los papas al presidir una celebración.

El papa Francisco está rompiendo todos los moldes. Su imagen es completamente distinta: más cercana, menos ampulosa, más espontánea, quizás hasta más amable. A los liturgistas clásicos no nos resulta cómodo encajar el estilo de Francisco. Sus gestos son opacos, su voz escasa, sus saludos poco expresivos. Su actuación pierde grandiosidad, pero gana en profundidad. A la postre, contemplando el conjunto, uno debe reconocer que se han acortado distancias, se está agudizando la comunicación con la asamblea, los hermanos se sienten más concernidos, más implicados en la celebración. Sobre todo, las celebraciones del papa Francisco están ahondando en el nivel de profundidad, de interiorización, de seriedad. La profundidad religiosa interiorizada, está ganando la batalla al boato y al ceremonialismo. 

No es cuestión de introducir aquí comparaciones odiosas, ni de emitir juicios de valor. Nadie pretende aquí, por supuesto, criticar a unos y ensalzar a otros. Hay que reconocer con serenidad la riqueza del pluralismo y de la variedad de estilos. Todo es válido y todo tiene sentido. Nos debemos resistir a la fijación de estilos fijos, modélicos. Hay que aceptar la variedad de perfiles, de talantes; hay que valorarlos y apreciarlos. 

El estilo del papa Francisco no coincide con el perfil de los pontífices anteriores. Seguramente los liturgistas dirán que el papa Francisco no se distingue precisamente por ser un gran liturgo. Sus formas no se ajustan a los cánones convencionales. Sin embargo debemos reconocer que en su modo de presidir se transmite un alma, un halo de profundidad y de misterio. El papa, con su actitud concentrada y humilde, invita al recogimiento y a la oración, a la vivencia interiorizada de los gestos, a la escucha atenta de la palabra, al sentimiento de que Dios nos inunda con su presencia. 

El papa Francisco nos está descubriendo un nuevo modo de celebrar; nos está descubriendo una liturgia más sentida y envolvente; menos gestual, menos convencional, menos grandiosa; pero más libre, más espontanea, más cercana; en la cual la intensidad del misterio vivido y celebrado se manifiesta en expresiones medidas y escuetas. No hay gestos grandiosos, ni alardes; solo franqueza, interioridad y misterio.
Ballet de los cuerpos
Frei Betto


En la fiesta del Cuerpo de Cristo dejaré a mi cuerpo mecerse en alturas abisales. Acariciaré una por una mis arrugas, cantaré himnos al alborear la vejez, desvelaré historias del futuro, prenderé en la yema de los dedos mi perfil interior.

No recurriré al bisturí de las falsas impresiones. Ni al espectro de la delgadez anoréxica. El tiempo proseguirá masajeando mis músculos hasta volverlos flácidos como las delicadezas del espíritu.

Suspenderé todas las flexiones, excepto las que aprendo en la academia de los místicos. Beberé de mi propio pozo y abriré el corazón para que el ángel de la limpieza tire por la ventana de la compasión iras, envidias y amarguras.

Pisaré sin zapatos el calor de la tierra viva. Cual bailarín ambiental danzaré abrazado a Gaia al son ardiente de canciones primitivas. De ella recibiré el pan, y yo le daré la paz. Y esperaré sus mañanas como quien levanta cometas al son de las cítaras.

Alcanzadas las estrellas, contemplaré en la penumbra del misterio ese cuerpo glorioso que nos funde, a Gaia y a mí, en un único sacramento divino. Su trigo brotará como alimento para todas las bocas, sus uvas harán correr ríos embriagantes de saciedad, su Espíritu habrá de impregnar todas las hendiduras de lo humano.

En la mesa cósmica ofreceré las primicias de mis sueños. Con las manos vacías acogeré el cuerpo del Señor en el cáliz de mis carencias. Doblaré las rodillas ante el misterio de la vida y contemplaré el rostro divino en la cara de aquellos que nunca supieron que cosmo y cosmético son palabras griegas gemelas, y echan sus raíces en la misma belleza.

Alejaré mis ojos de todos los prejuicios y pondré la fe por encima de todos los preceptos. Como Ezequiel, contemplaré el campo de los muertos hasta ver el polvo consolidado en huesos, a los huesos juntarse en esqueletos, a los esqueletos recubrirse de carne y a la carne hincharse de vida en el Espíritu de Dios.

Proclamaré el silencio como un acto de profunda subversión. Desconectado del mundo, expulsaré del alma todos los ruidos que me inquietan y, vacío de mí mismo, seré plenificado por Aquel que me envuelve por dentro y por fuera, por encima y por abajo.

Alejaré de la mente la profusión de imágenes y daré al olvido el remolino de ideas. Privaré de sentido a las palabras. Absorto por el silencio, presionaré a los oídos para escuchar la brisa de Elías, y a los ojos para admirar lo que extasió a Simeón.

Nunca más haré de mi cuerpo un mero apoyo extraño al espíritu. Seré una sola unidad, onda y partícula, ánima y ánimus. El pan, y no más la cruz, será el símbolo de mi fe, pues él está grávido de vida, sacramento de resurrección.

Recogeré por las esquinas todos los cuerpos indeseados para lavarlos en la sangre de Cristo, antes de que se desprendan de sus envoltorios para alzar el vuelo de las mariposas.

Curaré de la ceguera a los que se miran en la mirada ajena y untaré con cremas bíblicas el rostro de todos los que se creen feos, hasta que se perciba en ellos el esplendor de la semejanza divina.

Arrancaré del piso de hierro los pies congelados de la insolidaridad y haré soplar un viento fuerte sobre los que temen el peso de sus propias alas. Al subir a la cima del mundo verán que todos somos un solo cuerpo y un solo espíritu.

Haré de mi cuerpo una hostia viva; y de la sangre un vino de alegría. Ebrio de efusiones y gracias, abarcaré en un abrazo cósmico todos los cuerpos y, en el salón dorado de la Vía Láctea, bailaremos valses hasta que la música sideral haya agotado la sinfonía escatológica.

En la concretez de la fe cristiana anunciaré a los cuatro vientos la certeza de la resurrección de la carne y de todo el Universo redimido por el cuerpo místico de Cristo. Entonces, cuando la muerte nos transvivencie, lo que es tierno se volverá, en los límites de la vida, eterno.

domingo, 2 de junio de 2013

LOS DERECHOS HUMANOS ESTÁN POR ENCIMA DE LOS NEGOCIOS

A la opinión pública

Queremos manifestar nuestra profunda preocupación frente a hechos de violencia represiva y autoritaria relacionados con la resistencia a los proyectos de megaminería a cielo abierto en Famatina, La Rioja y la violencia extrema contra las comunidades Qom de Formosa.

El capitalismo ha separado la economía de la sociedad, y ha impuesto la acumulación de renta por encima de los derechos y las necesidades de las personas. La apropiación de la tierra y los recursos que contiene no pueden ser ilimitados. El interés económico no es un absoluto. Los derechos humanos están por encima de los negocios y los intereses privados por más legales que sean. Y las instituciones democráticas no están para proteger los negocios sino para garantizar los derechos humanos y la dignidad de los ciudadanos del pueblo argentino.

Famatina es un ecosistema semidesértico, la concreción del proyecto minero en el cerro representa la contaminación de la fuente principal de abastecimiento de agua para la población, el único curso de agua que reciben de la precordillera andina. El pueblo de Famatina, consciente de la contaminación y miseria que deja a su paso la megaminería, resiste este atropello. El 25% del territorio de la Provincia de La Rioja está afectado por la industria minera. Es verdad que la humanidad necesita una cierta cantidad de minerales para satisfacer algunas de sus necesidades, básicas o no. Pero también es igualmente cierto que el consumo excesivo de una parte de la humanidad está destruyendo las formas de sustento y el ambiente de la otra parte de la humanidad, que habita en áreas impactadas por la minería. La tierra es de todos y no de las empresas o los gobiernos. Los proyectos de la economía extractivista no son un dogma de fe. Pero para el gobierno provincial pareciera que la resistencia popular es una herejía castigada con una serie de recursos nada democráticos: represión, amenazas, persecución, listas negras y criminalización de la protesta social. Repudiamos la connivencia del gobernador de La Rioja Luis Beder Herrera con los intereses de la industria extractivista, la violencia injusta y abusiva, física y verbal contra el derecho a la protesta. Apoyamos la lucha del párroco Omar Quinteros en defensa de los derechos de la comunidad de Famatina y las Asambleas Ciudadanas por la Vida.

Otro atropello repetido y casi diríamos naturalizado, es la violencia extrema contra los pueblos indígenas y en este caso contra las comunidades Qom de Formosa. Amenazas, violencia, asesinatos, malos tratos, usurpaciones, racismo, son el pan cotidiano que amarga la vida de estos conciudadanos nuestros con plenos derechos cuyo "pecado" principal es habitar las tierras codiciadas por los terratenientes de la zona. En este caso también el Gobernador Gildo Insfrán es partícipe necesario de esta violencia que justifica con su complicidad. Exigimos que se respeten las instituciones de las comunidades Qom y se impida que sigan siendo despojados de sus territorios ignorando los derechos especiales reconocidos por la Constitución Nacional (art. 75), leyes internacionales, gobiernos nacionales y provinciales.

Exigimos que cese la represión y la violencia empujadas por la dictadura de la codicia y el dinero avalada desde los gobiernos provinciales.

Exigimos que se protejan los derechos de los pueblos de Famatina y Formosa: el derecho a la vida, el derecho a la manifestación libre de las ideas y el derecho a disponer de la tierra y los recursos que son de todos para satisfacer las necesidades propias de un buen vivir.

Y pedimos al gobierno nacional, que tanto ha hecho por la vigencia de los derechos humanos en nuestra Patria, que tome cartas en estos asuntos porque pareciera que cierra los ojos ante las atrocidades de sus aliados políticos. La mayor presencia del Estado es algo que celebramos, y en continuidad con esto reclamamos un estricto control sobre la minería y sobre los despojos de tierras a los débiles de nuestro país.

Soñamos ver flamear la bandera de los derechos humanos en todo el territorio argentino.



Grupo de Curas en la Opción por los Pobres

Mayo 2013


EL RUÍDO DE ROTAS CADENAS


Siguen asesinando hermanos qom.

Algunos se ponen en camino, para denunciar el genocidio, para anunciar la potencia vivificadora de los pueblos originarios. Para que "la noble igualdad" siga demandando encaramarse a su trono.

Defienden la tierra para todos. Para que sus nietos, ¡y los nuestros! dispongan de los recursos naturales. Defienden la dignidad de su gente y su cultura. Se acercan al poder para reclamar y son destruidos. Sin eufemismos. Los matan como perros, como obstáculos que simplemente se corren de la ruta.

El imperio se cuida a sí mismo; nada más ciego ni más feroz que el dios dinero, que exige el sacrificio de tantas víctimas.

Los golpean como golpean a la Pacha, hasta morir; se desangran como los ríos de peces intoxicados.

Despedazan sus huesos a palazos, como parten las entrañas de la tierra con sus perforadoras y sus picos.

520 años arrancando, extrayendo, lo mismo da minerales que aliento vital.

Intentan preservarse saludables y muchos sin embargo son "contaminados", pactan con los poderes, se aferran a las migajas. Para sobrevivir, se dejan morir.

Otros se ponen de pie, a la cabeza de la marcha. Caminan con su gente, y lo entregan todo. Nos riegan de sangre fecundante. Nos convocan, como fuego milenario que espera nuevas rondas de danzas y cantos.

Imploran a la tierra, y a nosotros sus hermanos pequeños, que estemos de su lado, que salgamos juntos a sostener la vida del planeta, las culturas que habitan esta América nuestra "desde el origen", la diversidad que interpela.

Gritan, con el grito de los volcanes y los torrentes, que los pueblos tienen derecho a vivir, a levantar al viento su identidad. "Soplan sus sikus para saber que existen", para que la globalización no los englobe confundiendo todo en un mismo charco hegemónico al servicio de los poderosos de siempre.

Claman con los ríos que la vida fluye, que todos llegaremos al mar. Que no hay daño que no retorne, tarde o temprano, a quien lo ocasiona.

Nos gritan y nos cantan que "la tierra es una y para todos" y que los apropiadores de todos los tiempos están condenados a la esclavitud de su propia codicia.

Que la Pacha se está tomando revancha, que explota, inunda e incendia, congela y arrasa...

Que todavía estamos a tiempo de hacernos hermanos de la tierra misma, de conspirar con los ritmos de la naturaleza para recuperar los frutos y apaciguar el caos que amenaza con volver a tragarnos.

Queremos ser parte de su lucha.

Queremos abrazar sus ritos, para, juntos, celebrar la belleza, y amasar justicias más justas.



Sandra Hojman




Pbro.. Jorge Trucco 

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO


Gn 14,18-20
"Hizo traer pan y vino, y bendijo a Abram"
1 Cor 11,23-26
"Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes"
Lc 9,11b.-17
"Denles de comer ustedes mismos"

                        Celebramos nuestra ALIANZA con Dios por medio de una comida ritual.  La NUEVA ALIANZA se celebra mediante una COMIDA RITUAL, una comida en la que nadie puede quedar afuera con hambre.

                        En la antigüedad esta PERTENENCIA Y COMUNIÓN se realizaba mediante SACRIFICIOS.  En  la Eucaristía hacemos que la Acción de Gracias por la alianza no se quede en puro sentimiento o palabras, y la transformamos en OFRENDA POR LA VIDA DE TODOS.

Hay mucha gente buena que se acerca a colaborar. Muchas veces nos dan grandes ideas. Abundan los “deberían hacer tal cosa…”, todo, por supuesto, lleno de muy buenas intenciones. Pero: ¿Hasta qué punto eso sólo es calmar la propia conciencia? Parece que a los apóstoles les pasó lo mismo. Le ordenan a Jesús que despida a la gente (no lo hacen ellos), para que vayan a buscar albergue y alimento (no los proveen ellos) y dan las razones para ello. ¡Todo muy teórico! Saben que hacer y por qué hacerlo… pero lo tienen que hacer los demás. La falta de compromiso les lleva a escudarse en la razón, y la tienen, pero parecen burócratas de escritorio o políticos de café que hacen todo con el dedo: “¡Hay que hacer esto!”, “¡Tendrían que hacer lo otro!” Los peones se hicieron capataces y ni siquiera para mandar sirven. Saber lo que pasa no sirve de nada si no nos arremangamos y nos ponemos manos a la obra. “Obras son amores y no buenas razones”.  A veces decimos “este no le da de comer a nadie”. Buena expresión para que pensemos nosotros… ¿a quién le damos de comer nosotros? Es decir… nuestra vida le ayuda a vivir al otro con dignidad… o solo nos preocupamos de “comer nosotros”…
El mandato de Jesús “denles ustedes de comer”, nos recuerda la exigencia que la Eucaristía plantea a los cristianos. Su celebración debería ser el marco donde se promueva y se celebre la entrega a los pobres, esta excelencia de la presencia de Jesús en la Eucaristía debe abrir los ojos del creyente para reconocer su presencia, también real, en los pobres.
Jesús no deja a sus discípulos en la teoría, “vamos a la práctica” parece estar diciéndoles. A veces somos así, queremos que las cosas cambien pero nosotros no movemos ni un dedo para que esto ocurra. Los amigos de Jesús no le gritan lo que quieren que él haga, comparten sus esfuerzos para ayudarle a hacerlo.
            Ofrecemos a Dios nuestra vida. Dios no necesita ni nuestra sangre, ni nuestro trabajo, ni nuestros bienes, PERO SÍ LO NECESITAN OTROS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD A LOS QUE DEBEMOS DEVOLVER LO QUE NO ES NUESTRO, PORQUE ES UN BIEN COMÚN. “Tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como «en su casa». ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino?” (NMI 50). Renunciamos a la pertenencia exclusiva de nuestra propia vida. Eucaristía no es sólo satisfacer la propia hambre, es OCUPARSE DEL HAMBRE DE LA MULTITUD: como Jesús, y las  primeras comunidades. Hoy, como ayer, es necesario dar signos convincentes de la fe que proclamamos. No le entreguemos a Dios la NADA... (problemas, preocupaciones, desesperanza)... entreguémosle LO POCO... y Él va a hacer mucho...

            Tampoco Dios retiene para sí la ofrenda, sino que nos la devuelve comiendo con nosotros. Jesús, después de dar gracias a Dios, reparte el pan y los peces entre la multitud y "comieron todos y se saciaron". La Eucaristía es una comida, así como manifestamos la amistad comiendo con los amigos. Al comer juntos les decimos a los hermanos: esta es mi vida entregada por ustedes. COMULGAR ES DARSE A LOS DEMÁS Y ES TAMBIÉN RECIBIR A LOS DEMÁS.

            AUNQUE SOMOS MUCHOS, FORMAMOS UN SOLO CUERPO, PORQUE COMEMOS TODOS DEL MISMO PAN.

            Toque ECOLÓGICO: juntaron todos los trozos que sobraron... NO DESPERDICIAR LA GRACIA DE DIOS...

            Qué podemos hacer ante tanta hambre... COMENZAR POR LOS GRUPOS DE CINCUENTA....

Denles ustedes de comer... no alcanza.... COMIENCEN POR GRUPOS DE CINCUENTA...

¿Cuál es mi grupo de cincuenta por el que tengo que comenzar?.



Romero, 
en L'Osservatore Romano


El diario vaticano Osservatore Romano dedicó un amplio espacio al obispo salvadoresño Oscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por sicarios de la dictadura de ese país mientras celebraba una misa.

La nota sobre el obispo que denunció los crímenes de lesa humanidad que cometía la dictadura salvadoreña ocupó la tapa del suplemento Mujer del periódico vaticano, donde se explicó que fue elegido para esa nota por sus palabras acerca del "martirio de las madres de los desaparecidos".

"Tal vez, sólo las mujeres que aceptan profundamente el rol materno no tienen miedo de colaborar y reunirse con los hombres, desde el momento en que son bien conscientes de su diferencia", escribió el Osservatore Romano.

El diario, que esta mañana estaba al alcance de todos los romanos, también consideró que dar la vida "no significa sólo ser asesinado; dar la vida, tener espíritu de martirio, es dar en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber, en aquel silencio de la vida cotidiana".

"Dar la vida poco a poco; Sí, como la da una madre, que sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno un hijo, da a luz, lo amamanta, lo cría y lo cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio", agregó el suplemento del rotativo.

(Rd/Agencias)