martes, 12 de marzo de 2013


5 Cuaresma (C) Juan 8, 1-11
TODOS NECESITAMOS PERDÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, 


Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a "proclamar la liberación de los cautivos... y dar libertad a los oprimidos". Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

Los acusadores "se van retirando uno tras otro". Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: "Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo".

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice "Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más".

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que "Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva".

Comunicado de la Comisión Permanente 
del Foro de Curas de Bizkaia





 Ante la resolución definitiva favorable a José Antonio Pagola por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre su libro "Jesús. Aproximación histórica", la Comisión Permanente del Foro de Curas de Bizkaia quiere manifestar lo siguiente:

1.- Compartimos con José Antonio Pagola su alegría por esta resolución definitiva favorable, le expresamos nuestra satisfacción porque se ha evidenciado lo inconsistente de las denuncias presentadas y le agradecemos el inestimable servicio que nos ha prestado en el conocimiento del misterio de Dios entregado en Jesús. Muchos de nosotros, leyendo su libro, no sólo hemos conocido mejor a Jesús, al contextualizar debidamente lo que Él dijo e hizo en su tiempo, sino que, sobre todo, nos hemos sentido más estimulados para seguirle en nuestros días.

2.- La alegría compartida no nos hace olvidar el sufrimiento y los sinsabores injustamente padecidos por Jose Antonio Pagola a lo largo de todo el tiempo que ha durado este contencioso. Somos muchos los que creemos que el dolor se habría evitado si se hubiera activado una lectura presidida por la "empatía crítica": "empatía" para leerle y entenderle desde el acento y metodología que siempre ha querido resaltar y poner en juego. Y "crítica" para valorar su aportación, una vez leído y comprendido desde sí mismo, propiciando de esta manera el progreso de la investigación teológica.

3.- No dudamos de la buena voluntad de quienes han levantado su voz en contra de la ortodoxia de este libro. Tampoco cuestionamos su legitimidad para pedir un dictamen a quienes tienen la responsabilidad ministerial de autentificar las aportaciones teológicas. Sin embargo, no podemos obviar algo que, al parecer, no siempre ha sido tenido en cuenta por los denunciantes y por quienes les han prestado atención (incluidos algunos obispos): que si es legítimo aproximarse al misterio de Dios manifestado en Jesús con el auxilio de la exégesis canónica (sin descuidar las aportaciones fundadas de la investigación histórica), también lo es acercarse a dicho misterio con la ayuda del método histórico-crítico (sin descuidar la fe en el Resucitado). Tan legítima es una aproximación como la otra. Y, se opte por la que se opte, las dos son, además de legítimas, necesarias.

4.- Queremos recordar, de manera particular, que a lo largo de estos últimos años hemos asistido a la publicación de dos aportaciones en las que se muestran la legitimidad y necesidad de estas maneras complementarias de acercarse al misterio de Dios revelado en Jesús: la del papa emérito Benedicto XVI (más atenta a la exégesis canónica) y la de Jose Antonio Pagola (más sensible a la investigación histórico-crítica). Ambas aproximaciones expresan magníficamente la pluralidad que anida en la entraña misma del misterio de Dios entregado en Jesús y se complementan en la singularidad que subrayan.

5.- Cuando no se tienen debidamente presentes estas diferentes y complementarias maneras de acercarse y hablar del misterio de Dios revelado en Jesús se corre un alto riesgo de entender lo que es una legítima aproximación al mismo como la única correcta, apropiándose, indebida y erróneamente, de la patente de ortodoxia.

6.- Esperamos y deseamos que lo vivido y padecido en esta ocasión propicie -como pedía Benedicto XVI para su cristología- lecturas más "simpáticas" (sin aparcar la ineludible y necesaria crítica teológica) y que haga más cautos no solo a quienes denuncian, sino también a quienes (como es el caso de algunos obispos) dan crédito a dichas imputaciones ocasionando un sufrimiento innecesario.

sábado, 2 de marzo de 2013


Martín Gelabert Ballester, OP 
La Sede está vacante, la Iglesia no 



En estos días en que están saliendo todo tipo de asuntos, unos más turbios relacionados con el entorno del Papa, y otros más piadosos sobre sus últimos gestos; en que se analizan algunas de sus últimas palabras públicas, como por ejemplo, esas en las que ha confesado que durante su ministerio ha habido días soleados y pacíficos, junto con otros en que las aguas bajaban agitadas y Dios parecía callado, considero preferible mirar hacia delante, aunque sin olvidar del todo que en la casa de la Iglesia hay necesidad de conversión y purificación.



Puestos a “cambiar de tercio” voy a contar una anécdota de la que fui testigo y que tiene que ver con la situación actual de espera que vive la Iglesia. Cuando falleció Juan Pablo II, y hasta la elección de Benedicto XVI, hubo un fraile que, en la Misa conventual, cuando llegaba el momento de acordarse de la Iglesia extendida por todo el mundo, con el Papa y el Obispo, decía, ante la sorpresa general: “con nuestro Papa Sede vacante”. Por otra parte, hoy mismo me han preguntado “qué se debe decir ahora” cuando se pide por el Papa en la plegaria eucarística. De hecho, algunos Obispos han dictado normas sobre este asunto.



La Iglesia nunca está vacante, ni vacía, ni de vacaciones. Y en ella el importante no es el Papa ni el Obispo, sino Cristo y su cuerpo todo entero, o sea, el conjunto de los cristianos. Pero como institución humana que es, ocurre que, en ocasiones, los que tienen en ella responsabilidades, dejan de ejercerlas por algún motivo. En este caso, lo que debe hacer la comunidad es proveer nuevos responsables o ministros. Y en esas estamos ahora con la diócesis de Roma. Ocurre que Roma es la diócesis primada, la diócesis del Papa, que tiene la misión de mantener a la Iglesia unida en la fe y en la caridad.



En este periodo de espera todo debe continuar con normalidad, aunque algunas situaciones se vivan con una cierta provisionalidad. En lo referente a la oración por el Papa que aparece en la plegaria eucarística, que es un modo de decir que los que celebramos estamos en comunión con él, ahora nuestra comunión no está personalizada en el Papa, porque no lo hay. Por eso, no hay que nombrarlo. Hay que pasar directamente a nombrar al Obispo diocesano. Pero en la oración de los fieles es bueno, conveniente y necesario que, al orar por la Iglesia, pidamos para que Dios nos conceda un Pastor bueno, que sepa guiarla por los caminos del Evangelio y estimularla para sea cada día más fiel al Señor.

Diácono Lucas Trucco

Domingo III de cuaresma –ciclo C-

·         El viñador que intercede por la higuera estéril no puede no recordar a Moisés intercediendo a favor de su pueblo, cuando éste ha roto lo alianza y se ha alejado de Dios, poniéndose al borde de la destrucción, porque es precisamente la alianza con Dios lo que lo constituye como pueblo. Enlazamos con la primera lectura. Aparecen aquí claramente dibujados los motivos de la purificación de la imagen de Dios y del sentido de la verdadera conversión. Ésta no es un hecho puramente individual ni privado, sino esencialmente relacional. La primera condición es la manifestación que Dios hace de sí mismo, revelándonos quién es Él, cuál es su verdadero nombre: “El que soy y el que seré”, el Dios fiel que cumple sus promesas. En la experiencia religiosa auténtica es esencial dejar que Dios hable y se nos diga, en vez de imponerle nuestros esquemas y representaciones.[1]

·         Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: “Conviértanse y crean en esta Buena Noticia”. Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.
·         Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, abandonar las estructuras caducas que no nos permiten el cambio,  promover el “aggiornamento” o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un “corazón nuevo”, una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.

·         La principal resistencia al cambio es pensar que uno no necesita cambiar. Conversión: dos movimientos: abandonar, dejar atrás.... Pero principalmente: cambio positivo: “déjense reconciliar con Dios” Jesús anuncia un cambio que es Buena Noticia.[2]

·         La salvación y la condenación proceden de dentro de nosotros mismos: de nuestra capacidad de conversión. Las palabras de Jesús: “no penséis que los que murieron eran más pecadores o más culpables que los demás… y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera” hay que entenderlas en este sentido. Aquellos no fueron castigados por determinados pecados, pero si nosotros (que tal vez nos sentimos a resguardo) no renunciamos a los nuestros y nos convertimos, nos estamos labrando nuestra propia perdición. Porque no es Dios quien castiga, sino que nosotros nos castigamos a nosotros mismos cuando nos alejamos de la fuente del Bien y del Ser.

         "Dios mío: quiero pedirte perdón hoy por haberme olvidado de lo más importante: que eres mi Padre; Señor, nunca más quiero tenerte miedo, soy tu hijo y no tu esclavo. Desde hoy en adelante quiero que estés contento conmigo. Quiero demostrarte con hechos, y no con meras palabras, que te quiero... quiero amarte en cada hombre que me salga al encuentro, porque ésa es tu voluntad. Quiero sufrir con mis hermanos que están sin trabajo, quiero sentir como mía la angustia de miles y miles de jubilados... Haz, Señor, que como Tú, pase por la vida desparramando amor" (Carlos Mugica). [3]


[1] Cfr pág. Web “Ciudad Redonda”
[2] Cfr reflexión del P. Jorge Trucco
[3] Cfr reflexión del P. Diego Fenoglio

viernes, 1 de marzo de 2013


La erosión de las fuentes de sentido
Leonardo Boff





Se ha dicho, con verdad, que el ser humano está devorado por dos hambres: de pan y de espiritualidad. El hambre de pan es saciable. El hambre de espiritualidad, sin embargo, es insaciable. Está hecha de valores intangibles y no materiales como la comunión, la solidaridad, el amor, la compasión, la apertura a todo lo que es digno y santo, el diálogo y la oración al Creador

Estos valores, secretamente ambicionados por los seres humanos, no conocen límites en su crecimiento. Hay un anhelo infinito que late dentro de nosotros. Sólo un infinito real nos puede dar descanso. Centrarse excesivamente en la acumulación y el disfrute de bienes materiales acaba produciendo gran vacío y decepción. Fue la conclusión a la que llegaron unos analistas de la Universidad de Lausana. Algo dentro de nosotros clama por algo más grande y más humanizador.

En esta dimensión se plantea la cuestión del sentido de la vida. Es una necesidad humana encontrar un sentido coherente. El vacío y el absurdo producen ansiedad y sentimientos de soledad y desarraigo. Ahora bien, la sociedad industrial y consumista, montada sobre la razón funcional, coloca en el centro al individuo y sus intereses particulares. Con esto, ha fragmentado la realidad, ha disuelto todo canon social, ha carnavalizado las cosas más sagradas y ha tomado a broma las convicciones ancestrales, llamadas "grandes relatos”, considerándolas metafísicas esencialistas, propias de las sociedades de otros tiempos. Ahora funciona el "anything goes” o el "todo vale” de los diversos tipos de racionalidad, posturas y lecturas de la realidad. Se ha creado el relativismo que afirma que nada cuenta definitivamente.

Esto ha sido llamado posmodernidad que para mí representa la fase más avanzada y decadente de la burguesía mundial. No contenta con destruir el presente, quiere destruir también el futuro. Se caracteriza por una total falta de compromiso con la transformación y por un profesado desinterés por una humanidad mejor. Esta postura se traduce en una ausencia declarada de solidaridad con el trágico destino de millones de personas que luchan por tener una vida mínimamente digna, por poder vivir mejor que los animales, por tener acceso a los bienes culturales que enriquecen su visión del mundo. Ninguna cultura sobrevive sin un relato colectivo que confiera dignidad, cohesión, ánimo y sentido al caminar colectivo de un pueblo. La posmodernidad niega irracionalmente este dato originario.

Sin embargo, en todas partes del mundo, la gente está elaborando sentido para sus vidas y sufrimientos, buscando estrellas-guía que le indiquen un norte y le abran un futuro esperanzador. Podemos vivir sin fe, pero no sin esperanza. Sin ella se está a un paso de la violencia, de la banalización de la muerte y, en última instancia, del suicidio.

Pero las instancias que históricamente representaban la construcción permanente de sentido, han entrado modernamente en erosión. Nadie, ni el Papa ni Su Santidad el Dalai Lama pueden decir con seguridad lo que es bueno o malo en este bloque planetario de la historia humana.

Las filosofías y caminos espirituales respondían a esta demanda fundamental del ser humano. Pero en gran parte se han fosilizado y perdido este impulso creador. Se sofistican sí cada vez más sobre lo ya conocido, repensado y redicho siempre de nuevo, pero desprovistas de coraje para diseñar nuevas visiones, sueños prometedores y utopías movilizadoras. Vivimos un "malestar de la civilización”, similar al del ocaso del Imperio romano, descrito por San Agustín en "La Ciudad de Dios”. Nuestros "dioses”, como los de ellos, ya no son creíbles. Los nuevos "dioses” que están surgiendo no son lo suficientemente fuertes como para ser reconocidos, respetados e ir poco a poco ganando los altares.

Estas crisis se superan sólo cuando se hace una nueva experiencia del Ser esencial de donde deriva una espiritualidad viva. Veamos algunos lugares donde los "nuevos dioses” se anuncian y aparece una nueva percepción del Ser.

Por más críticas que haya que hacerle en su aspecto económico y político, la globalización es ante todo un fenómeno antropológico: la humanidad se descubre como especie, que habita en una sola Casa Común, la Tierra, con un destino común. Tal fenómeno va a exigir una gobernanza global para gestionar los problemas colectivos. Es algo nuevo.

Los Foros Sociales Mundiales, que se empezaron a realizar en el año 2000 en Porto Alegre, Rio Grande del Sur (Brasil), revelan una especial erupción de sentido. Por primera vez en la historia moderna, los pobres del todo el mundo, haciendo contrapunto a las reuniones de los ricos en la ciudad suiza de Davos, lograron acumular tanta fuerza y capacidad de articulación que se encontraron por millares primero en Porto Alegre, y luego en otras ciudades del mundo para presentar sus experiencias de resistencia y liberación, para intercambiar experiencias sobre cómo crear microalternativas al sistema de dominación imperante, y cómo alimentar un sueño colectivo para gritar: otro mundo es posible, otro mundo es necesario. Es algo nuevo.

En las distintas ediciones de los Foros Sociales Mundiales, a nivel regional e internacional, se notan los brotes del nuevo paradigma de la humanidad, capaz de organizar de manera diferente la producción, el consumo, la conservación de la naturaleza y la inclusión de toda la humanidad en un proyecto colectivo que garantice un futuro de esperanza y de vida para todos. De ahí su importancia: del fondo del desamparo humano está emergiendo un humo que remite a un fuego interior de la basura a la que han sido condenadas las grandes mayorías de la humanidad. Este fuego es inextinguible. Él se convertirá en una brasa y una claridad que ilumine un nuevo sentido para la humanidad. Ojalá.

Elecciones de papas. 
Tradiciones del Cónclave
Frei Betto



 En el próximo cónclave los cardenales electores serán 61 europeos, 19 latinoamericanos, 14 norteamericanos, 11 africanos, 10 asiáticos y 1 de Oceanía. El candidato electo debe tener al menos 2/3 de los votos. Italia es el país con mayor número de electores, con 21 cardenales. Y 5 son brasileños. Pero dichos números pueden variar, dependiendo de la fecha de apertura del cónclave. El cardenal alemán Walter Kasper, por ejemplo, cumple los 80 años el 5 de marzo.

La fecha de inicio del cónclave es importante, porque la Semana Santa de este año comienza el 24 de marzo, que es el Domingo de Ramos, seguido por la fiesta de Pascua el 31 de marzo. Para tener un nuevo papa antes del período litúrgico más solemne del calendario de la Iglesia tendría que ser elegido antes del 17 de marzo, dado que debiera de celebrar la misa de entronización en un domingo. Dado lo apretado del plazo, las especulaciones hacen pensar que las votaciones tendrían que iniciarse hacia el 10 de marzo.

Una vez elegido, el nuevo papa deberá escoger un nuevo nombre. Esa tradición viene del año 533, cuando un sacerdote llamado Mercurio fue elegido obispo de Roma. Considerando que Mercurio era un nombre pagano, inadecuado para un papa, él adoptó el nombre de Juan II. Hasta entonces los papas eran llamados sencillamente por su nombre de bautismo.

Benedicto 16 fue elegido, en el 2005, tras una elección rapidísima, apenas 24 horas después de iniciado el cónclave, tras cuatro escrutinios.

En el siglo 20 el cónclave más breve fue el que eligió a Pío 12, el 2 de marzo de 1939. También duró 24 horas y tres escrutinios. El más largo fue el que eligió a Pío 11, el 6 de febrero de 1922, que duró cuatro días y 14 escrutinios.

Juan Pablo II, que dirigió la Iglesia Católica durante 26 años y cinco meses, fue elegido en 48 horas y ocho escrutinios, el 16 de octubre de 1978. Le precedió Juan Pablo I, elegido en 24 horas y cuatro escrutinios.

El pontificado más largo de la historia de la Iglesia, a excepción del apóstol Pedro, fue el del papa Pío 9°, que gobernó la Iglesia de 1846 a 1878 -31 años, 7 meses y 17 días.

El primer cónclave del siglo 20 eligió a Pío 10, hoy canonizado, en agosto de 1903, tras cuatro días de votaciones. Considerado también papable, el cardenal Mariano Rampolla, que había sido secretario de Estado del papa León 13, vio vetada su elección por el emperador de Austria, Francisco José I, que como monarca católico tenía derecho a intervenir en el cónclave. Rampolla fue castigado por su política de respaldo a las aspiraciones eslavas que fermentaban en los Balcanes. Fue la última intromisión explícita del poder civil en una elección papal.

A Pío 10 le sucedió Benedicto 15, elegido el 3 de setiembre de 1914, después de tres días y diez escrutinios. Ratzinger adoptó el nombre de Benedicto 16 en homenaje al pastor dispuesto a buscar la paz durante el período en que Europa se ensangrentaba en la Primera Guerra Mundial. Y le sucedió Pío 11 en 1922.

Juan 23, elegido a los 77 años, el 28 de octubre de 1958, después de tres días de cónclave y diez escrutinios, ocupó el papado apenas cinco años pero promovió una verdadera revolución en la Iglesia Católica al convocar por sorpresa el concilio Vaticano II.

El período más largo con el trono de Pedro vacío duró tres años, siete meses y un día, entre el 26 de octubre del 304 (muerte del papa Marcelino) y el 27 de mayo del 308 (elección del papa Marcelo I).

La costumbre de encerrar con llave (de donde procede la palabra cónclave) a los cardenales electores comenzó en la ciudad italiana de Viterbo en 1271. El papa Clemente IV había muerto en 1268, y pasados casi tres años aun no habían elegido sucesor los 17 cardenales. El pueblo de Viterbo, para apresurar la decisión, quitó el tejado del local en donde los prelados se reunían y los obligó a alimentarse sólo con pan y agua. Pronto fue elegido Gregorio 10, que dio la norma de enclaustramiento del colegio cardenalicio.

Hoy día el aislamiento de los cardenales trata de evitar la intromisión del poder civil y la eternización de los debates que preceden a los escrutinios. Sin embargo, dadas las tecnologías actuales de captación del sonido a distancia, no es improbable una escucha remota del cónclave.

Pbro. Gabriel Martín Ghione
Homilía III Domingo de Cuaresma 
¿Quiero convertirme?


Ya nos encontramos en medio del tiempo cuaresmal en el cual queremos repensar, reflexionar y meditar sobre nuestra vida, nuestra vocación y misión, sobre nuestra relación con Dios y los hermanos.

Hoy el texto del Evangelio nos presenta el corazón de este tiempo: la conversión. Ella es un proceso, toda nuestra vida es conversión: es volver al camino, optar por unos valores, retomar las actitudes del Evangelio. Convertirse es asumir una vocación-misión.

En la primera lectura Moisés tiene que convertirse: 
Abandonar el lugar de seguridad que implicaba apacentar las ovejas de su suegro y asumir la misión de Dios de liberar a su pueblo, ser la manifestación de un Dios que escucha el clamor y el sufrimiento. Dios interviene en la historia de un pueblo sufriente y esclavizado a través de una persona, que abandonando sus seguridades y cautivado por una Presencia que arde sin consumirse, sale a hacer presente el proyecto de Dios. Moisés se “puso de rodillas”, se descalzo ante la zarza, no para permanecer inmóvil sino para asumir una misión. Moisés paso de la indiferencia a la acción, tomo una determinación: esa es una característica de la conversión.

En la segunda lectura los Corintios 
Estaban demasiado seguros en ellos mismos, en sus talentos y carismas. La soberbia sutilmente se había apoderado del corazón y del modo de relacionarse, cada uno hacía alarde de lo que era pero se habían olvidados del carisma fundamental: al amor. San Pablo los invita a prestar atención: el que se cree seguro cuídese de no caer. En la conversión necesitamos tener la actitud de la humildad, de asumir que no somos perfectos, que nos podemos equivocar. Si estamos demasiados contentos con nosotros, demasiado seguros de nosotros mismos, a lo mejor no permitimos que Dios obre en nuestra vida y nos muestre otro camino: el de amor.

El Evangelio
Como un estribillo, nos invita a convertirnos. Convertir una manera de pensar que hacer responsable a Dios de los males del mundo y de nuestros propios errores en las decisiones que tomamos.
Convertirse es querer dar fruto, es trabajar para que nuestros hermanos se puedan alimentar con nuestra vida.

Ojala hagamos la experiencia de este Dios que nos vuelve a dar, una y otra vez, la oportunidad de cambiar, de convertirnos. Descubrir a Dios que remueve nuestra tierra y nos invita a dar fruto. Qué triste que es la vida de aquellos que piensan que no pueden cambiar, que lo de ellos está todo bien, que en realidad Dios le debe. Que hermoso es vivir desde la realidad de un Dios que siempre nos da nuevas oportunidades para crecer, madurar y dar fruto, de un Dios que con su paciencia infinita nos invita a dar lo mejor de nosotros mismos.

Por ello te invito que te preguntes 
¿quiero convertirme? ¿De qué? ¿A qué? ( la conversión marca un rumbo), ¿necesito convertirme? Preguntas complementarias que nos pueden llevar a reflexionar.

La Iglesia nos invita en Aparecida a una profunda conversión pastoral de las comunidades en clave misionera: ¿estamos dispuestos a aceptarla? ¿lo queremos realmente?


Skipe: ghione.gabriel.martin

"Servidores de ustedes por amor de Jesús" 2 Cor 4,5