jueves, 6 de diciembre de 2012


Pbro. Jorge Trucco
INMACULADA CONCEPCIÓN

Gn 3,9-15.20: 
"Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo"
Ef 1,3-6.11-12: 
"En él hemos sido constituidos herederos"
Lc 1,26-38: 
"Para Dios no hay nada imposible"


Que María haya sido concebida sin pecado original, ¿qué importancia tiene para la historia de la salvación? ¿Qué Buena Noticia es ésta? Como María es signo de la Iglesia, esta fiesta nos dice algo acerca de nuestra comunidad cristiana. María es la primera redimida por la sangre de Jesucristo. Es la primera en vivir la plenitud de la vida nueva. Reconocemos en María la obra salvadora de Dios y nos alegramos por la fidelidad de la Virgen. María santa e inmaculada es modelo de la santidad con la que todos “renacimos” en el BAUTISMO.


En el Génesis leemos lo que se llama el PROTOEVANGELIO (primer Evangelio). ¿Dónde estás? ¿Por qué hiciste esto? El hombre se escapa, se olvida de Dios... y del hermano. El hombre comienza a tenerle miedo de Dios y se esconde; se ve a sí mismo como desnudo (invadido, sin dignidad) y no admite su culpa.. Es la constante lucha que se entabla en nuestro corazón entre el bien y el mal, entre amor y egoísmo, DIOS ANUNCIA LA SALVACIÓN. Desde que el hombre es hombre (Adán y Eva) en nuestro interior se da esa lucha, esa división entre los “dos YO”: EGOÍSMO, ENVIDIA, PREPOTENCIA, MENTIRA, EXCUSAS ENCUBRIDORAS. La Palabra de Dios nos anuncia una victoria final. El mundo, el hombre, pueden ser distintos. Esta promesa se cumple en Jesucristo. Jesús nace de mujer: de esa mujer que es María, que es el Pueblo de Dios. María y Jesús nos manifiestan la misericordia de Dios que no se olvida de los hombres. María recibe al mensajero de Dios sin miedo, es feliz porque Dios conoce todos su pensamientos (dignidad) y no se escapa ni busca culpables.

Pablo nos invita a hacer nuestras sus palabras: Dios nos ha bendecido con toda clase de bienes, nos transformó en hijos y herederos. La liturgia quiere aplicar estas palabras en primer lugar a María, la primera bendecida. Ella es PRIMICIA DE LA IGLESIA, CREYÓ Y FUE SANTIFICADA. No fue una semidiosa o una extraterrestre. DIJO QUE SÍ A LA PROPUESTA DE DIOS. Como María, toda la Iglesia es llamada SANTA: la Santa Madre Iglesia, decimos. No porque en la Iglesia y en sus miembros no exista el pecado, sino porque estamos llamados a vivir esa santidad que es lucha de superación, que es Gracia de Dios que salva.  En esta crisis mundial y en este “cambio de época” que nos “mueve el piso” y por eso nos desdibuja el horizonte... también resuena una BUENA NOTICIA DEL REINO: Jesús vence al mal; con él todo descendiente de mujer está llamado a aplastarle la cabeza al pecado, a la división que existe dentro de nosotros mismos y en nuestra sociedad.

La comunidad Iglesia lleva en su seno a Jesús el Salvador. Si la antigua humanidad se dejó seducir por la serpiente la NUEVA HUMANIDAD SE DEJA GUIAR POR EL ESPÍRITU. María llevó en su seno a Jesús, porque creyó, porque lo siguió por el camino de la cruz. La Salvación es TOTAL: (“llena de Gracia”): Dios no admite mediocres. “Alégrate, María”: Alegría de la Conversión. Zaca- rías, sacerdote que oficiaba en el templo, que era tenido por muy cercano a Dios, no cree en el anuncio que le hace el ángel. María, mujer pobre, humilde y sencilla, de un lugar muy lejano del Templo de Jerusalén, le dice “sí” al proyecto de Dios, acepta lo increíble y lo más deseado en la historia de su pueblo, ser la madre del mesías. Los grandes planes de Dios suceden en lo sencillo, en lo que no es importante para la estructura social, política, económica y religiosa, es decir, en lo cotidiano, en los pobres. Este anuncio revela la novedad de Dios en Jesús, que en lugar de limitar lo sagrado al templo y los oficios religiosos, desea santificar la vida, con sus tareas, luchas, fiestas y fatigas. Celebrar la Inmaculada Concepción de María es comprometernos con los planes de Dios para con la humanidad: la salvación para todos, sin exclusiones ni divisiones.

¿Cómo estamos aceptando hoy la voluntad de Dios en nuestra propia vida? Si esta celebración no nos impulsa a vivir nuestra vocación a la santidad, lo que hacemos en la Misa sería un contrasentido. Nos sabemos salvados por Dios. Como María, nos comprometemos en la lucha contra el mal que hay en nosotros y en nuestro mundo.




Pbro. Jorge Trucco
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
PREPAREMOS EL CAMINO EN NUESTRA HISTORIA CONCRETA

Bar 5,1-9: 
"...hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios"
Flp. 1,4-6: 
"Pido por ustedes... pensando en la colaboración que prestaron la difusión del Evangelio"
Lc 3,1-6: 
"Una voz grita en el desierto: «preparen el camino del Señor»".


En este segundo domingo de Adviento la Palabra relaciona el tiempo de expectativa con el caminar de los pueblos, de la humanidad en su conjunto y de cada comunidad en particular.

Podemos mirar a Jesús desde distintos puntos de vista, y así lo ha hecho la Iglesia a lo largo de la historia: fórmulas abstractas (engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre…); a través del culto, a veces se torna individualista…; a través de la experiencia mística interior (a veces cargada de sentimentalismo)…  Todos estos puntos de vista tienen que ser complementados con aquel que los Evangelios consideran el fundamental: la PALABRA DE DIOS SE HA ENCARNADO EN LA HISTORIA DE LOS HOMBRES.

Subrayar el carácter histórico de la encarnación significa que Jesús vivió la historia de los hombres, con todas sus ambivalencias: los dominadores romanos (Tiberio), los usurpadores y vende patria (Herodes), las clases dominantes internas: fariseos y saduceos (Anás y Caifás).  Los cristianos no seguimos a un fantasma o a una idea romántica, teológica, moralizante o revolucionaria... Seguimos a una persona que también vivió la tensión entre pesimismo y esperanza, tuvo amigos y traidores. ESTE CARACTER HISTORICO ES EL SELLO DEL CRISTIANO.

Hay muchas cosas que no es que impidan que Dios venga sino que llegue a nosotros. AL REINO NO LO HACEMOS NOSOTROS, PERO PONEMOS CONDICIONES PARA QUE SE IMPLANTE ENTRE NOSOTROS.

Juan Bautista, profeta precursor de Jesús, fue hijo de un “mudo” (pueblo en silencio) que renunció al “sacerdocio” (a los privilegios de la herencia), y de una “estéril” (fruto del Espíritu). Le “vino la palabra” estando apartado del poder y en el contacto con la bases, con el pueblo. La palabra siempre llega desde el desierto (donde sólo hay palabra) y se dirige a los instalados (entre quienes habitan los ídolos) para desenmascararlos. La palabra profética le costó la vida a Juan. La salvación viene en la historia (nuestra historia se hace historia de salvación), con una condición: la conversión (“preparen el camino del Señor”).

Una su abuela bordaba hermosos manteles. Cuenta su nieto: “cuando era niño me quedaba junto a ella las tardes enteras charlando mientras sus hábiles manos danzaban en perfecta armonía con los hilos y las telas. Su estado de ánimo variaba dependiendo del día. A veces estaba alegre y conversadora; otras lucía seria y silenciosa. Y de vez en cuando se quejaba más de la cuenta. Sin embargo siempre, sin importar el día, bordaba con la misma mística. Frecuentemente la encontraba en su silla, dormitando, con la cabeza inclinada levemente hacia adelante, pero aferrada con firmeza a su tejido. Durante semanas sus bordados me parecían extraños y confusos, mezclaba hilos de distintos colores y texturas, que se veían en completo desorden. Cuando le preguntaba qué estaba tejiendo o bordando, sonreía y gentilmente me decía: –Tené paciencia, ya lo verás. Al mostrarme la obra terminada, me percataba que donde había habido hilos de colores oscuros y claros, resplandecía bordada una linda flor o un precioso paisaje. Lo que antes parecía desordenado y sin sentido, se entrelazaba creando una hermosa figura. Me sorprendía y le preguntaba: –Abuela, ¿cómo lo hacés? ¿Cómo podés tener tanta paciencia? –Es como la vida –respondía–. Si te fijás en la tela y en los hilos en su estado original, se asemejarán a un caos, sin sentido ni relación, pero si recordás lo que estás creando, todo tendrá sentido”.

Juan le enseñó a la gente a reconocer, entre los hilos y las telas de una historia confusa, la presencia del Emmanuel, es decir, del Dios con nosotros, que se hizo historia y sangre, pueblo y cultura, súplica y grito de protesta, en el vientre de María, la Virgen fecunda, la llena de Gracia.

La misión del profeta cristiano es cuestionar los “sistemas” contrarios al Espíritu, defender a toda persona atropellada y a todo pueblo amenazado, alentar esperanzas en situaciones dramáticas y promover la conversión hacia actitudes solidarias. El adviento se juega en la vida no en las palabras, por más religiosas que  sean...No se trata de recetas o fórmulas mágicas. Ser cristianos en el siglo XXI significa TRABAJAR ARDUAMENTE EN ALLANAR EL CAMINO... PORQUE LAS PALABRAS PUEDEN REPETIRSE PERO LA VIDA NUNCA PUEDE SER REPETIDA.

EN EL DESIERTO: personas atropelladas, pueblo amenazado, situaciones dramáticas…
PREPAREMOS EL CAMINO: defendiendo al pobre, alentando la esperanza, promoviendo la conversión hacia la solidaridad…

Adviento no es un tiempo "para ver si llega la salvación de Dios".
Dios viene, la cuestión es  que  preparemos  el camino para que llegue a nosotros.

lunes, 3 de diciembre de 2012


Estudiar teología hoy
 Frei Betto


Suena anacrónico hablar de teología -el estudio de los temas relacionados con Dios- en una época de hiperracionalismo, dominada por las dos hijas predilectas de la modernidad: la ciencia y la tecnología. Pero si miramos bien vemos que la teología se hace necesaria y actual. Con la crisis de las ideologías libertarias, después de la caída del muro de Berlín, vivimos la emergencia de los fundamentalismos religiosos, tanto en Occidente como en Oriente, marcando políticas agresivas que ignoran las leyes y los principios humanistas.

En nombre de Dios son perpetrados actos terroristas, el mundo se ha dividido entre el ‘eje del mal’ y el ‘eje del bien’, y personas de creencias religiosas distintas son acusadas de herejes e incluso de diabólicas. Hasta en las elecciones del Brasil el tema religioso adquirió preponderancia.

No podríamos entender el mundo actual y sus perspectivas futuras sin un mínimo de conocimiento teológico. ¿Por qué el judaísmo, el cristianismo y el islamismo proceden del ismo patriarca Abraham? ¿Cuáles son las convergencias y las diferencias entre esas tres religiones ‘del libro’? ¿Qué pueden enseñarnos las religiones orientales, como el budismo? ¿Cómo influyen en América Latina y en el Brasil las tradiciones religiosas indígenas y africanas?

El concilio Vaticano II (1962-1965) trató de actualizar la Iglesia Católica. Hoy el curso de los acontecimientos exige un nuevo perfil de Iglesia y una nueva evangelización, en la que los laicos desempeñan un papel preponderante. El aprendizaje de la teología nos permite comprender mejor las resistencias de sectores católicos a las decisiones del Concilio, la tensión entre clericalismo y secularización, los estancamientos del ecumenismo y del diálogo interreligioso, los fenómenos del agnosticismo y del ateísmo.

Se engañan quienes piensan que la teología es "la metafísica de los ángeles” y que exige necesariamente conocimientos de griego y de latín. La teología es un amplio abanico de posibilidades de aprehensión del Misterio que imprime a nuestra existencia un carácter transcendente. Gracias a su estudio penetramos en el mundo bíblico, desvelamos la historia de la Iglesia, conocemos la patrística griega y latina, entendemos mejor el papel de las Comunidades Eclesiales de Base y de la Teología de la Liberación, identificamos en los sucesos de la actualidad política el telón de fondo religioso.

Un buen curso de teología suple esta gran falla de la Iglesia Católica: no ofrecer a los adultos una actualización catequética. Son muchos los que conservan en su edad adulta nociones propias de la catequesis infantil. Pero no se puede dirigir un auto sólo porque se aprendió a andar en triciclo. El estudio de la teología articula conocimientos religiosos con otras ramas del saber, como filosofía, antropología, ecología, astrofísica, etc.

Es precisamente esa actualización lo que la Escuela Dominicana de Teología de São Paulo ofrece a sus alumnos y alumnas. Abierta a los laicos(as), religiosos(as) y seminaristas, dispone de una biblioteca con 50 mil volúmenes y cuenta con recursos de tecnología de la informática. 

¡Venga a estudiar teología! ¡Véngase a la Escuela Dominicana de Teología!

sábado, 1 de diciembre de 2012


col aleixandre

Sí, inoportunidad, no me arrepiento del título, esa ha sido mi impresión después de hacer una lectura seguida de los textos de Adviento. Vienen cargados de tantas palabras resplandecientes: alegría, seguridad, gloria, esplendor, paz, confianza, salvación…, que esa insistencia luminosa resulta casi insultante en estos tiempos de tanta oscuridad.
Puestos a elegir, preferiríamos otras promesas más cercanas a nuestra realidad: en vez de colinas que se abajan y valles que se levantan, esperaríamos el anuncio de que bajan las hipotecas, desciende la prima de riesgo y se eleva la responsabilidad de los bancos que han dejado sin ahorros a tantas familias.
Estupendo que lo torcido se enderece, pero nos suena a música celestial mientras continúen los métodos tortuosos de muchos empresarios para solicitar EREs y mandar al paro a tanta gente.
Baruc nos exhorta a envolvernos en el manto de la justicia de Dios y es una magnífica cobertura pero ¿de qué les va a servir a los inmigrantes sin papeles si se quedan sin la sanitaria?
La teología y sus eruditos se defienden: “Se trata de una perspectiva escatológica”, distinguen. Claro, pero sólo con eso no llego a fin de mes, piensa más de uno.
Jesús, que afortunadamente no era un erudito, propone otras salidas: da por sentada la existencia de situaciones desastrosas que nos sacuden llenándonos de ansiedad y preocupación pero, donde nosotros no vemos más que catástrofes, él ve “señales”.
La condición para descubrirlas es “levantar los ojos”, ir más allá de lo inmediato que nos ciega y atrapa en redes de deseos insatisfechos, en obsesiones por retener modos de vida que considerábamos definitivos, en temores que embotan nuestro corazón impidiendo el fluir de la vida.
Y esas “señales” ¿dónde buscarlas?: en el desierto, responde el evangelio de Lucas en el 2º Domingo, en esos lugares marginales que nos obligan a afrontar sin distracciones esas preguntas de las que tratamos de escapar, que nos inquietan más allá de lo económico y que se enmascaran bajo pretextos de impotencias y desánimos.
Los personajes políticos y religiosos nombrados (Poncio Pilato, Herodes, Anás, Caifás….) quizá fueron peores que los que hoy nos gobiernan pero, a pesar de sus poderes e intrigas, no consiguieron extinguir la esperanza que convocaba la voz profética de Juan desde la periferia.
En la tercera semana las señales se vuelven más concretas: hay que abrirse a la alteridad hasta llegar a compartir con otros, hay que salir del estrecho círculo de “lo mío” para que la esclavitud del poseer deje paso a la libertad de preferir el bien mayor de la relación: la alegría de que una túnica sobrante abrigue ahora el cuerpo aterido de un hermano.
Las señales de la cuarta semana nos devuelven a la belleza de lo pequeño, a la humildad de lo cotidiano: Dios elige como morada a Belén, un pueblo insignificante; y un sencillo saludo, esa experiencia universal de acogida del otro, desencadena un torrente de comunicación entre dos mujeres embarazadas que se llenan de alegría, bendicen y se ríen juntas mientras la vida crece en sus entrañas.
No son señales fáciles ni evidentes porque el Evangelio es siempre un tesoro escondido, un don exigente, una gracia cara. Después de todo, quizá el Adviento pueda conducirnos “oportunamente” hacia ese júbilo que se atreve con tanto descaro a prometer.

Dolores Aleixandre

Lucas Trucco (diácono)

Domingo primero de Adviento –Ciclo C-

Algunas ideas para la reflexión:
·  
       Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los “acontecimientos cósmicos” que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte.[1]

Reflexiónes de la gente:[2]
·         Para mí este Evangelio se hace especialmente presente;  al estar esperando un bebé y tener una niña pequeña, necesito el convencimiento pleno, el que nace del corazón, de que hay mucho bueno que ofrecer y que esperar. Es para mi casi una obligación vivir con la fe plena de que lo mejor está por venir, a pesar de que todo lo que nos rodee parezca indicar lo contrario. En general los cristianos, y en particular en este tiempo de Adviento que comienza, tenemos que ofrecer al hermano esta puerta abierta a la esperanza y a lo positivo. (mujer, casada, embarazada de 6 meses, con una hija)
·  
       Debemos estar atentos a la llegada del que nos da la libertad plena. Desde nuestra experiencia personal de sentirnos liberados por Jesús, ayudemos a las personas más angustiadas y necesitadas de nuestro entorno, trabajo o familia a estar preparados para la venida de nuestro Señor, no sólo prestándoles nuestra ayuda en las cosas terrenales sino acercandoles a participar activamente, desde la oración y las celebraciones, de este camino de esperanza que hoy comenzamos y que sólo en Jesús tiene sentido. (hombre, casado, sin hijos, trabajador social de cáritas)

·         Para rezar: (escrito por mujer, soltera, trabajadora)
Te damos Gracias, Señor y Dios nuestro,
porque tú vienes al mundo, hacia cada persona,
para quedarte con nosotros en el interior de cada corazón.
Gracias porque vienes a entregarnos tu Paz y Amor,
y nos ofreces generosamente la Salvación que Tú nos traes.
Te pedimos, Señor y Dios nuestro, que los agobios del mundo
y las obligaciones de cada día  no nos impidan nunca
estar atentos a tu Venida, ni nos impidan reconocer
tu Presencia en medio de nosotros y junto a los que sufren.
Ten Misericordia de nosotros y aparta de nuestro alrededor
todo aquello que nos impida alzar la cabeza para buscarte
y lograr verte a Ti, Señor, que nos traes la liberación.
Ayúdanos, Señor y Dios nuestro, a no caer en la tentación
de los vicios del mundo que intentan ahogar nuestra fe
para alejarnos de Ti y de la Paz que nos da tu Presencia.
Señor y Dios nuestro, Tú que eres Bondadoso, llena Tú
nuestro corazón de virtudes que fortalezcan nuestra fe
y que nos permitan compartirla y transmitirla a los hermanos.
Ayúdanos Tú, Señor y Dios nuestro, a estar en alerta,
vigilantes y bien atentos a tu Venida, para no despistarnos
con los acontecimientos y responsabilidades de cada día.
En este “Tiempo de Gracia” del Adviento que hoy comienza,
ayúdanos a buscar a menudo el Encuentro personal contigo,
a través de la oración, para prepararnos bien para tu Venida.



[1] Cfr. Pág. Web: “Odres Nuevos”
[2] Cfr. Pág. Web: “Ciudad Redonda”

Pbro. Gabriel Martín Ghione
I Domingo de Adviento 
Vigilar la esperanza

Comenzamos a transitar el tiempo del adviento, tiempo de esperanza por excelencia. Un tiempo que renueva nuestras fuerzas y entusiasmo a partir de una renovada utopía: Dios cumple el proyecto de su Reino.

Estamos caminando el último mes del año y se siente con fuerza en nosotros el cansancio del año. Le sumamos el conjunto de vivencias y experiencias que acarreamos y que no pudimos procesar adecuadamente por la vorágine en la que vivimos. Condimentamos con la tensión de tener que terminar aquellas cosas que no podemos dejar inconclusas y que nos exigen una cuota más de trabajo. Un plato explosivo que los servimos con el mal humor, las tensiones entre nosotros, la irritabilidad.

¡Alto!; ¡Detenete! Algo nuevo está sucediendo, algo se está gestando.

Si bien parecía que el Evangelio nos llenaba de incertidumbre y miedo por las circunstancias que narra, su verdadero mensaje quiere despertar en nosotros la esperanza. La angustia y frustración que podés estar viviendo, los dolores en tu corazón, la pesadez que no te deja caminar, el Señor quiere transformarlas, quiere animarte. Dios sale a tu encuentro para decirte que debes animarte, se acerca la liberación. ¡Es hora de levantar la cabeza! Hay que animarse a confiar, a esperar.

El Evangelio nos muestra que hay dos actitudes ante las adversidades: la del no creyente que tiene miedo y turbación. O la del creyente que en medio de las dificultades confía en Dios y levanta la cabeza porque se acerca la liberación. Porque confía en un Dios que trabaja y transforma la historia, que cumple su promesa y en cada etapa suscita, en el corazón y la vida de los creyentes, un germen nuevo y justo. El deseo de transformar la realidad injusta y las situaciones de opresión en una nueva realidad donde se práctica la justicia y el derecho, en donde Dios es que obra la justicia. Esta transformación es posible cuando nos dejamos ganar el corazón por este Dios que nos invita a crecer cada día más en el amor mutuo, en un amor que trasciende barreras para abrirse a un todos que no hace distinción de personas.

Esta esperanza se cultiva desde la vigilancia. Una actitud en la vida que nos permite ver lo profundo por encima de lo superficial, que nos hace poner el acento en lo importante más que en lo urgente. Una vigilancia que no permite que las preocupaciones de la vida se adueñen de nuestro corazón y no permite que caigamos en la vorágine del sinsentido, del consumismo desenfrenado, del trabajo esclavizante.

Te invito a que seas capaz de mirar más allá de lo aparente, a descubrir que sin darte cuenta se va gestando algo nuevo. Percatate de este Dios que no te aliena de los problema sino que te invita a enfrentarlos desde la alegría y serenidad de que trabaja con vos, de que lucha con vos, de que se juega la vida con vos. Nuestro Dios, es el Dios que te invita a la utopía que transforma. No a una utopía carente de sentido que es más fantasía y magia que otra cosa. Te invita a la utopía de un Reino posible porque Él lo hace presente entre nosotros, lo va gestando en corazones dispuestos.
El primer día del año litúrgico miramos el fin; no un fin fatalista ni trágico, un fin que es el Encuentro con el Dios que ha salido a nuestro encuentro en cada hermano y en cada circunstancia de nuestra historia.

Animate a vivir desde otra perspectiva, anímate a cambiar. Anímate a valorar desde la mirada de Jesús de Nazareth porque “cuando se cambian los valores en nuestra vida, transformamos nuestra forma de ser y hablar”[1][1]
Por último, a modo de resumen, esta vigilancia en la esperanza tiene tres claves en el Evangelio: Tener animo en la liberación que se acerca; no dejarse aturdir (excesos, preocupaciones); estar prevenidos mediante una oración que “abre la mente y los ojos”. Buen comienzo del Adviento




Pbro. Gabriel Martín Ghione
Skipe: ghione.gabriel.martin

"Servidores de ustedes por amor de Jesús" 2 Cor 4,5


[1][1] Tomado de la página dominicos.org

Pbro. Diego Fenoglio
Domingo I de Adviento – Ciclo C 2012
(...) Anímense y levanten 
la cabeza, 
porque muy pronto 
serán libertados

El texto del evangelio de hoy es un texto difícil: la liberación llega. En los versículos anteriores Lucas nos hablaba del asedio a Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude a la segunda venida de Jesús: es decir a lo que llamamos la parusía. El discurso de Jesús es apocalíptico y adaptado a la cultura de su tiempo (apocalipsis no significa catástrofe, como tendemos a pensar, sino revelación), y nosotros tenemos que releer esas señales del mundo natural en el mundo de la historia, que es el lugar en que el Espíritu se manifiesta. La segunda venida del Señor revelará la historia a sí misma. La verdad que estaba oculta aparecerá a plena luz. Todos llegaremos a conocernos mejor (1Cor 13,12b).

En nosotros existe la angustia, el miedo y el espanto, causadas por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración... de tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.

El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. Ser cristiano consiste en una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos lleva el adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación total que pasa por la cruz.

La Esperanza cristiana se hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en nuestras vidas.

El adviento es tiempo de preparación de espera. Jesús cumplió las promesas del Antiguo Testamento con su vida y predicación. No esperamos su nuevo nacimiento. Esperamos que él vuelva a juzgar la creación. Es ese momento el que esperamos, y para ese momento en que creemos que la justicia, que la igualdad, que la solidaridad se impondrán.

Cuentan la historia de un soldado que se acerca a su jefe inmediato y le dice: “–Uno de nuestros compañeros no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo”. “–Permiso denegado –replicó el oficial–. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”. Haciendo caso omiso de la prohibición, el soldado salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial, furioso, le gritó: –¡Ya le dije yo que había muerto! Dígame, ¿valía la pena ir allí para traer un cadáver arriesgando su propia vida?” Y el soldado moribundo respondió: “–¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: ‘¡Estaba seguro que vendrías!". En estos casos es cuando se entiende que un amigo es aquel que se queda cuando todo el mundo se ha ido. Los verdaderos amigos no calculan costos, ni están midiendo gota a gota su propia entrega. Un verdadero amigo no sabe de ahorros, ni de moderaciones en la generosidad. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15, 31), decía Jesús antes de su propia entrega hasta la muerte, y muerte de cruz.
Lo que realmente hace novedosa nuestra fe, con respecto a otras religiones, es que nuestro Dios se encarnó, se hizo hombre, compartió nuestra condición humana. No nos dejó abandonados al poder de nuestras limitaciones, sino que vino a rescatarnos de nuestras miserias personales y sociales. Esta es la esperanza que nos anima y por la cual tenemos que estar despiertos para saber reconocerla y recibirla el día que se acerque…
En el evangelio se nos invita precisamente a no sentir miedo, sino a llenarse de alegría por lo que va a suceder: “Cuando comiencen a suceder estas cosas, anímense y levanten la cabeza, porque muy pronto serán libertados”.