miércoles, 31 de octubre de 2012


Fuera del mundo no hay salvación
Jesús Espeja




Durante mucho tiempo los niños aprendíamos de memoria el catecismo que decía: “los tres enemigos del alama son demonio, mundo y carne”. Pero ahora en el Vaticano II la misma Iglesia destaca otra dimensión: este mundo está bendecido y acompañado por Dios.

 Por "mundo" el concilio entiende la entera familia humana con todas las realidades en las que vive. El Creador está continuamente creando y sosteniendo a esa familia humana y a su entorno. Mira siempre a todos y a todo con los ojos del corazón. El mundo está siendo bendecido y acompañado por Dios. Es verdad que todavía sufre la sombra del pecado, pero avanza ya por el camino de salvación abierto en Jesucristo. Bien podemos decir que fuera de este mundo no hay salvación.

 Esta forma de mirar al mundo que nos ofreció el Concilio, aunque no niega lo que tenía de válida, choca sin remedio con otra visión negativa del mundo que durante mucho tiempo prevaleció en la tradición de la Iglesia Latina. En la cumbre de la Edad Media Inocencio III escribió un libro titulado “El desprecio del mundo”, mientras “La imitación de Cristo”, cuyo autor fue Tomás de Kempis (1380-1471) donde acercarse al mundo incluye alejamiento de Dios, ha sido referencia muy frecuentada en siglos de Contrarreforma.

 Los religiosos destacaban mucho la “huida del mundo”, y los seglares con frecuencia pensaban que su perfección consistía en imitar a los religiosos. Pero la novedad del Concilio que responde a la fe cristiana en la encarnación, nos permite interpretar y practicar la “huida del mundo” con mayor lucidez evangélica. No se trata de alejarnos de la familia humana y de todos sus problemas; gozos y esperanzas; logros y fracasos de la humanidad son también de la Iglesia que corre su misma aventura. Se trata de entrar en el corazón del mundo sin arrodillarnos ante los ídolos o falsos absolutos que lo desfiguran.

31 de octubre, Día de la Reforma 
La Reforma que trastocó Iglesia y mundo hace 495 años
  


Este 31 de octubre se conmemora en todo el mundo la Reforma Protestante, 495 años después de clavar Lutero sus 95 tesis un 31 de octubre en Wittenberg (Alemania).


 El 31 de octubre de 1517, víspera de la fiesta católica de Todos los Santos, Martín Lutero dio a conocer públicamente sus tesis, y el impacto fue tal que se señala esa fecha como el comienzo de la Reforma protestante. 

 Para unos, Lutero es el ogro que destruyó la unidad de “la” iglesia, la bestia salvaje que holló la viña del Señor, un monje renegado que se dedicó a destruir las bases de la vida monástica. Para otros, es el gran héroe que hizo que una vez más se predicara el evangelio puro de Jesús y la Biblia, el reformador de una iglesia corrupta.

 Él cambió el curso de la historia al desafiar con valentía el poder del papado y del imperio, sosteniendo puntos de vista contrarios a la práctica y ordenanzas de la religión establecida, el catolicismo romano, por considerarlas contrarias al contenido de la Biblia.

 La principal doctrina evangélica que Lutero alzó contra el sistema ritualista de penitencias fue que la salvación es por gracia solamente, no por obras . La chispa que movió al monje vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades.


 LARGA LUCHA 
 Esa respuesta no vino fácilmente. No fue sencillamente que un buen día Lutero abriera la Biblia en el primer capítulo de Romanos, y descubriera allí que “el justo por la fe vivirá”. Según él mismo cuenta, el gran descubrimiento fue precedido por una larga lucha y una amarga angustia, pues Romanos 1:17 empieza diciendo que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”. Según este texto, el evangelio es revelación de la justicia de Dios.

 Estuvo meditando de día y de noche para comprender la relación entre las dos partes del versículo que, tras afirmar que “en el evangelio la justicia de Dios se revela”, concluye diciendo que "el justo por la fe vivirá".

 La respuesta que encontró Lutero fue sorprendente.  La “justicia de Dios” no se refiere en la carta a los Romanos, como piensa la teología tradicional, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Se refiere más bien a que la “justicia” del justo no es obra suya, sino que es don de Dios.  La “justicia de Dios” es la que tiene quien vive por la fe, no porque sea en sí mismo justo, o porque cumpla las exigencias de la justicia divina, sino porque Dios le da este don. La “justificación por la fe” no quiere decir que la fe sea una obra más sutil que las obras buenas, y que Dios nos pague esa obra. Quiere decir más bien que tanto la fe como la justificación del pecador son obra de Dios, don gratuito.

 En consecuencia, continúa comentando Lutero acerca de su descubrimiento, “sentí que había nacido de nuevo y que las puertas del paraíso me habían sido franqueadas. Las Escrituras todas cobraron un nuevo sentido. Y a partir de entonces la frase ‘la justicia de Dios‘ no me llenó más de odio, sino que se me tornó indeciblemente dulce en virtud de un gran amor”.


 Lutero, mucho más que un biopic llevado a la gran pantalla, es un drama de acción que transcurre en una de las épocas más revolucionarias de la historia (el paso de la Edad Media al Renacimiento) y muestra como las creencias de un solo hombre pueden cambiar el mundo. Lutero, que cautivadoramente crea el malestar religioso y político y las sacudidas cívicas de la época, es un testamento del poder de la un hombre para reinventar la historia. 


 PRUDENTE Y RESERVADO 
 Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su vida espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia católica entendía la fe cristiana . Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y, si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología, no pretendió contraponerla a la que enseñaba el catolicismo.

 Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso noventa y cinco tesis, que debían servir de base para un debate académico . En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, serían una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la Iglesia.

 CONTRA EL LUCRO 
 La controversia fue mayor de lo que Lutero se proponía. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias de Juan Teztel en Alemania, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderosos que él. 

 Según Lutero, si es verdad que el Papa tiene poder para sacar las almas del purgatorio, ha de utilizar ese poder, no por razones tan triviales como la necesidad de fondos para construir una iglesia, sino sencillamente por amor, y ha de hacerlo gratuitamente (Tesis 82). Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba.

 LAS 95 TESIS 
 Lutero clavó sus famosas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esas tesis, escritas en latín, no tenían el propósito de crear una conmoción religiosa. Lutero dio a conocer sus tesis la víspera de la fiesta de Todos los Santos, y su impacto fue tal que frecuentemente se señala esa fecha, el 31 de octubre de 1517, como el comienzo de la Reforma protestante y la reafirmación de que la Palabra de Dios es el punto de partida y la autoridad final de la Iglesia y de toda teología.

 La mayoría de historiadores conviene en que Lutero remitió sus tesis al Arzobispo de Maguncia, al Papa, a algunos amigos y a otras universidades en esa fecha. Con todo, las tesis fueron impresas muy pronto, y antes de 1518 habían sido extensamente leídas por toda Europa.

 REACCIÓN Y CISMA 
 Su impacto sorprendió al propio Lutero. Las autoridades religiosas vacilaron, sin embargo, en condenar a Lutero. Este último continuará discutiendo con teólogos partidarios de las doctrinas de Roma, por ejemplo, con Johann Eck en la famosa disputa de Leipzig de 1519. 

 Las 95 tesis son finalmente condenadas definitivamente el 15 de junio de 1520 por la bula Exsurge Domine del papa León X. Lutero, entonces abiertamente en conflicto con la Iglesia católica, es excomulgado a principios del año siguiente.

 El Papa León X exigió que Lutero se retractara por lo menos de 41 de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521 jugándose la vida. Era el paso definitivo para lo que luego sería la reforma protestante.

P. ADOLFO NICOLÁS, SJ: 
“EN EL SÍNODO LA VOZ DEL PUEBLO DE DIOS NO TIENE OCASIÓN DE EXPRESARSE”



(Servicio Digital de Información, SJ.-) 
El Padre Adolfo Nicolás, General de la Compañia de Jesús, ha participado en el reciente Sínodo de Obispos  sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. A las preguntas que le hemos hecho ha respondido así.
  
 Confieso haber tenido ciertas dudas acerca del Sínodo antes de que comenzara. Me preguntaba: ¿vamos a movernos en la acostumbrada dirección de “más de lo mismo”, o estamos dispuestos a mirar hacia adelante con valentía y creatividad?
 La realidad del Sínodo ha sido compleja. Puedo indicar algunos puntos positivos, inspiradores y estimulantes (1), y otros que apuntan a  ciertas áreas a las que la Iglesia, o al menos los Obispos y Padre Sinodales, incluyéndome a mí, no hemos llegado todavía (2).
  
 1. Podemos integrar los puntos positivos en tres categorías:
  
 a) Aportación geográfica. A esta categoría pertenecen las presentaciones que nos proporcionaron una buena información de la situación, los problemas y, con frecuencia, los sufrimientos de algunos países -especialmente del Medio Oriente, África y Asia. El hecho de que Obispos de muchos países tengan la oportunidad de comunicar y cambiar impresiones, con entera libertad, acerca de sus experiencias y opiniones, es una de las características más atractivas del Sínodo.
  
 b) Iniciativas interesantes en curso, especialmente las que se basan en proyectos de cooperación, redes o intercambios internacionales en los que  toman parte laicos y movimientos laicales comprometidos. Esto se lleva a cabo no sólo en las sesiones plenarias sino, con más frecuencia, fuera de las sesiones en conversaciones informales que tocan esos puntos.
  
 c) Reflexiones sobre los Fundamentos. El Significado y las Dimensiones de la Nueva Evangelización. En este punto hemos sido testigos de una gran unanimidad acerca de, entre otras, las siguientes cuestiones:
 *la importancia y necesidad de la experiencia religiosa (encuentro con Cristo);
 *la urgencia de una buena formación espiritual e intelectual de los Nuevos Evangelizadores;
 *la centralidad de la familia (la iglesia doméstica) como sitio privilegiado para el crecimiento en la Fe;
 *la importancia de la parroquia y sus estructuras que necesitan ser renovadas y abrirse más y más a una mayor participación del laicado y su ministerio;
 *la prioridad de la evangelización más bien que la expresión sacramental, como san Pablo decía de sí mismo: “enviado a evangelizar más que a bautizar”.
 *etc.
  
 2. En cuanto a puntos “insuficientes” podría indicar los siguientes:
  
 a) La voz del Pueblo de Dios no tiene ocasión de expresarse. Es un Sínodo de Obispos y, por eso, no se cuenta con la participación activa del Laicado aun cuando un número de expertos y “observadores” (auditores) asisten como invitados. Me hizo recordar lo que dijo Steve Jobs: que él estaba más interesado en escuchar las voces de los clientes que las de los productores. Y en el Sínodo todos éramos “productores”.
  
 b) Por eso era difícil evitar el sentimiento de que se trataba de una reunión de “Hombres de Iglesia afirmando la Iglesia”, lo cual es ciertamente bueno pero no precisamente lo que necesitamos cuando estamos a la búsqueda de una  Nueva Evangelización. Podemos caer en el peligro de buscar “más de lo mismo”.
  
 c) Falta de reflexión sobre la Primera Evangelización y por eso sabemos muy poco acerca de si y qué hemos aprendido de su larga historia y sus mejores momentos, y de lo que nos han enseñado nuestras propias equivocaciones. Esta omisión podría tener consecuencias muy negativas.
  
 d) La deficiente consciencia y conocimiento de la Historia de la Evangelización y el papel que los Religiosos, hombres y mujeres, han desempeñado en ella. En algunos momentos la Vida Religiosa fue ignorada; en otros momentos recibió una mención casual y perentoria. No es que nosotros, los Religiosos, necesitemos ulterior confirmación: pero querría expresar mi  preocupación acerca de que la Iglesia se exponga a perder su propia memoria.
  
 e) Quizás el punto más débil fue la metodología que determinó la marcha del Sínodo, similar al viejo modo de organizar nuestras Congregaciones Generales. Espero, sin embargo, que la complejidad de la realidad y las necesidades del futuro ayudarán a la Iglesia en la tarea de ajustar sus procesos para conseguir mayores frutos apostólicos.
  
 Obviamente fue un tiempo de mucha reflexión, aprendizaje y desafíos. La invitación a profundizar en nuestra fe, propuesta por el Santo Padre, puede ayudarnos a la hora de confrontarnos con las más profundas dimensiones de la Nueva Evangelización. La realidad que nos rodea se ha hecho mucho más compleja de lo que nosotros podemos controlar individualmente, mientras que el reto original de nuestra Misión para servir a las almas y a la Iglesia, continúa y crece.
 Tengo la esperanza que los jesuitas responderán a los nuevos retos con la profundidad que viene de nuestra apropiación de la espiritualidad ignaciana y de uno estudio serio de nuestro tiempo.
 Rezo para que las reflexiones en nuestras comunidades y apostolados en el Año de la fe nos ayudará a renovar nuestro espíritu y nuestra misión.
  
 P. Su intervención en el Sínodo versó sobre los “Signos Europeos de Santidad”. ¿Qué significa eso? ¿No son universales los signos de santidad?
  
 R. Naturalmente. Los signos que buscamos en un santo tienen valor universal y son expresiones de diferentes dimensiones de la vida de Dios tal como se hacen visibles entre nosotros. Hablamos aquí de caridad, compasión, servicio a los que sufren, a los que están en necesidad, solos y afligidos. Lo que yo quería decir es que nos hemos acostumbrado a estos signos sin pensar que podría haber otros signos. Si este fuera el caso, ¿no aparecería un Dios muy limitado, previsible, e incluso reducido a la capacidad europea de “ver” signos conocidos de su presencia y acción? Sin la menor sombra de duda, reconozco esos signos como buenos, creíbles y sólidos. Mi pregunta apuntaba a lo que podemos haber perdido por no descubrir otros signos; por no ser capaces de sorprendernos y asombrarnos delante de la acción creativa de Dios en “otros”; en personas que pertenecen a culturas, tradiciones y afinidades étnicas diferentes. Poco antes del Vaticano II, el P. Jean Danielou escribió un libro titulado “Santos Paganos”: un libro provocativo e inspirador al mismo tiempo. Pero quizás esos santos no fueron, después de todo, paganos.
  
 P. ¿Puede Vd. ofrecernos algunos signos de lo que considera santidad “asiática”?
  
 R. Con mucho gusto. De hecho, anticipando esta pregunta, he consultado a expertos en la materia. Me complace decir que ha sido una consulta muy fructuosa. Déjeme darle algunos ejemplos de esos  signos: piedad filial que en ocasiones alcanza niveles heroicos; la búsqueda totalmente absorbente del Absoluto, y el gran respeto que se tributa a los que se dedican a ella; la compasión como modo de vida que surge de una profunda conciencia de la fragilidad e impotencia humana; tolerancia, generosidad y aceptación de los otros; apertura de mente; reverencia, cortesía, atención a las necesidades de los otros…etc. Resumiendo: quizá pudiéramos decir que si nuestros ojos estuvieran abiertos a lo que Dios hace en las personas (¡y en los pueblos!) seríamos capaces de ver mucha más Santidad alrededor nuestro, y muchos de nosotros nos abriríamos al desafío de vivir la Vida de Dios de un modo nuevo que podría ser más adaptado a nuestro verdadero modo de ser…o al modo que Dios quiere que seamos.
  
 P. ¿Cómo es posible que los misioneros, o la Iglesia, no hayan sido capaces de “ver” esos maravillosos signos como obra de Dios?

R. A veces es muy difícil interpretar por qué no ocurre algo. Uno tiene la tentación de acudir a explicaciones que podrían ser correctas pero también podrían ser teorías ajenas a la cuestión. Quizás no nos sentimos a gusto con un Dios de sorpresas; un Dios que no sigue necesariamente la lógica humana; un Dios que siempre saca lo mejor del corazón humano sin violentar las raíces culturales, o la religiosidad de la gente sencilla. ¿Quién sabe? Nosotros afirmamos con entusiasmo la libertad de Dios, pero no le damos ocasión de influir en nuestras vidas…O quizás hemos “visto” esos signos con respeto e incluso con asombro, pero no estamos seguros de lo que significan…o quizás somos incapaces de desarrollar una razonable teoría acerca de ellos.
  
 P. Lo que está Vd. diciendo es que hay “santidad” fuera de la Iglesia. Pero si hay “santidad” ¿no deberíamos decir también que hay salvación?
  
 R. ¡Por supuesto!  Eso lo sabemos desde siempre. Es parte de la libertad de Dios. Dios es libre para hacer lo que Dios quiere con su pueblo (hombres y mujeres) en cualquier situación y cualquier contexto. Jesús nunca tuvo dificultad en reconocer en un soldado pagano de Roma o en una mujer extranjera, una profundidad de fe que faltaba entre sus propios discípulos. ¡Pero yo no tengo una teoría propia de salvación! ¡Así le ahorro su siguiente pregunta! Mi preocupación más profunda  es encontrar cómo Dios actúa en la gente, y así cooperar con el trabajo de Dios. De este modo no me puedo equivocar: si construyo una teoría ciertamente podría equivocarme.
  
 P. A la luz de la Nueva Evangelización, ¿cómo cree Vd. que debería presentarse la responsabilidad de la Iglesia en sus esfuerzos por llevar paz y armonía al violento mundo en que vivimos?
  
 R. Estoy convencido de que todo lo que hacemos nace en lo más profundo de nuestro “yo”, de lo interior. Es el fruto de nuestra fe, de nuestras relaciones (incluida la relación con Dios), nuestros amores y nuestras esperanzas. Si lo más profundo del “yo” está en comunión con el Dios de la Paz, Justicia y Compasión que creemos forma parte de nuestra fe, entonces viviremos, actuaremos y hablaremos Paz, Justicia y Compasión. Aunque el mundo a nuestro alrededor se haga más violento, eso no quiere decir que también nosotros nos hagamos violentos; al contrario, nuestro compromiso -nacido del corazón- con la paz y el diálogo se hace mucho más relevante y se convierte en una mejor proclamación del Evangelio en que creemos. Naturalmente esto toma diversas formas cuando pensamos en la Iglesia y muchas de las actividades e iniciativas que provienen de cristianos comprometidos.

Martín Gelabert Ballester, OP 
El que muere queda libre del pecado 



El amor cristiano elimina todas las fronteras. Está abierto a todos los seres humanos. Es un amor universal, sin límites y sin discriminaciones. Cierto, el cristiano no tiene la misma relación con aquellos que comparten su misma fe que con los que no la comparten. Los que comparten la fe se saben y se sienten más unidos, más cercanos unos de otros, puesto que tienen en común algo esencial, que les da la vida. Pero esta cercanía a los “de dentro” no nos cierra hacia los “de fuera”. En la carta a los colosenses (6,10) se dice algo muy equilibrado, que probablemente refleja el pensamiento mayoritario de la Iglesia primitiva: “mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe”. El “especialmente” no anula el “a todos”, más bien lo confirma y lo integra.



Esta universalidad del amor cristiano se manifiesta también en las plegarias por los difuntos. En cada Eucaristía la Iglesia ora “por nuestros hermanos que durmieron con la esperanza de la resurrección”, pero inmediatamente después completa la oración, pidiendo a Dios que admita a contemplar la luz de su rostro “a todos los difuntos”. La oración por los hermanos en la fe es importante, pero sin olvidar a todos los demás difuntos. Como la oración es el lenguaje de la esperanza, al pedir de este modo, la Iglesia manifiesta su esperanza de que llegará un día en que la “humanidad entera” entrará en el descanso de Dios (tal como dice uno de los prefacios de la liturgia eucarística).



En la carta a los romanos (6,7) hay una afirmación que resulta altamente consoladora: “el que muere ha quedado absuelto del pecado”. “El que muere”, sin adjetivos. El hecho mismo de morir hace que uno quede liberado del pecado. “Del pecado”, en singular, o sea, de la raíz de todo pecado, de lo que hace posible todos los pecados, de todo lo que nos separa de Dios. ¿Cómo puede ser posible? Porque el que muere se encuentra cara a cara con Cristo resucitado, se encuentra con el rostro amoroso, acogedor y misericordioso de Cristo, que comprende; y como comprende, perdona. Donde hay perdón, ya no hay pecado. Más aún: cuando uno se encuentra con Cristo, su vida y todo lo real le resulta completamente claro. No hay dudas, sabe bien lo que le conviene. Al darse cuenta de dónde está su verdadero bien, ya no quiere dejarlo nunca. Ya no es posible (porque no quiere) apartarse de Dios.

martes, 30 de octubre de 2012


La noticia más censurada N° 11: 
Estados Unidos: 
Legisladores, más ricos pese a la crisis
 Ernesto Carmona 
(especial para ARGENPRESS.info)

 El patrimonio de los miembros del Congreso de Estados Unidos continúa creciendo, a despecho de la recesión económica. Un análisis financiero publicado el 1 noviembre de 2011 por el periódico Roll Call, de Capitol Hill, titula “Y los ricos del Congreso tienen más fortuna: El análisis demuestra que el patrimonio de los legisladores creció 25% en dos años”.

 Casi el 90% del aumento se concentró en los 50 miembros más ricos del poder legislativo, informa la noticia N° 11 más ocultada por los grandes medios corporativos, según el ranking del Proyecto Censurado de la Universidad Sonoma State de California


 Foto: Congresista republicano por California Darrell Issa, uno de los dos más ricos. / Fuente: APORREA

 Vacunados contra la recesión económica y la disminución de la riqueza familiar, los representantes y senadores co-gobiernan la nación llenándose cada vez más los bolsillos, según el análisis de Roll Call a los formularios con la información financiera declarada por los legisladores (Roll Call significa “pasar lista”).

 Usando la evaluación mínima de activos declarados, la revista concluyó que los miembros de la Cámara y Senado poseían en 2010 un valor neto colectivo de 2,04 mil millones de dólares, con un aumento de 390 millones de dólares sobre los 1,65 mil millones de dólares en activos declarados en 2008. Las declaraciones escrutadas no incluyen activos que no generan ingresos, como las residencias de los legisladores y probablemente otros bienes raíces no declarados..

 Luke Johnson, del Huffington Post, comentó el 1 de noviembre 2011, que el representante Darrell Issa, republicano por California, declaró activos por valor de 295 millones de dólares, en gran parte provenientes de ganancias en su negocio de alarmas de automóviles. Nancy Pelosi, representante por California y líder de la minoría demócrata, aumentó su riqueza en 62,2% desde 2009 a 2010, de 21,7 millones de dólares a 35,2 millones. Otros tres políticos que incrementaron sus fortunas en 2010 fueron el presidente de la Cámara, John Boehner, republicano por Ohio; y los senadores Harry Mason Reid, de Nevada, líder de la mayoría demócrata; y Mitch McConnell, de Kentucky, líder de la minoría republicana.

 Datos de la Reserva Federal mostraron en marzo 2011 que los activos de las familias estadounidenses declinaron en 23 por ciento entre 2007 y 2009, descendiendo de 125.000 a 96.000 dólares, en gran parte por la disminución del valor de sus viviendas. Las familias también asumen una mayor deuda, aunque el 10% top vio descender el valor neto de sus activos en un promedio menor, de 13%.

 El buen negocio de legislar

 Los demócratas concentran el 80% de la riqueza en el Senado, en tanto los republicanos reúnen el 78 por ciento de la riqueza en la Cámara. Los 50 miembros más ricos del Congreso poseían el 78% del patrimonio neto de la institución en 2008 (1.29 mil millones de dólares del total de 1,65 mil millones), en 2010 la porción de los 50 más ricos había aumentado en 80% ($ 1.630 millones de dólares del total de $ 2,04 mil millones). El pastel de la riqueza del Congreso se hizo más grande, y los miembros más ricos tienen cada vez una mayor tajada, indicó Roll Call.

 Pero todavía hay mucho para repartir. Según Roll Call, 219 miembros del Congreso informaron tener activos por valor de más de $ 1 millón el año pasado. Sustrayendo el valor mínimo de sus pasivos, el número total de millonarios del Congreso descendió a 196, siempre sin considerar el valor de su residencia o de otros bienes que no generan renta. Si se asume que cada miembro del Congreso tiene parejamente viviendas de 200.000 dólares, el número total de millonarios se elevaría a 220 miembros, justo el 40% del Congreso.

 Al igual que ocurre con la población general de Estados Unidos, algunas personas excesivamente ricas sesgan los promedios para el resto de los miembros. Pero resulta si el miembro promedio del Congreso es mucho más rico que la media de las familias de Estados Unidos.

 Por ejemplo, dividiendo la riqueza total de legisladores por el número de miembros del Congreso resulta una media de valor neto de cada uno de alrededor de 3,8 millones de dólares, (excluyendo los bienes no generadores de renta, como residencias personales). En comparación, para el resto del país y en base a estadísticas dadas a conocer por la Reserva Federal, el valor neto medio del hogar estadounidense es de alrededor de 500.000 dólares este año (2011, incluyendo las residencias familiares), de acuerdo con David Rosnick, economista del Centro para la Investigación Económica y Política.

 Pero un puñado de miembros del Congreso posee riquezas por valor de decenas o incluso cientos de millones de dólares. El más rico de este año, es el representante Michael McCaul (R-Texas), que declara un valor mínimo de 294 millones de dólares, y esto significa que su riqueza propia eleva el promedio de todos los miembros del Congreso a cerca de 500.000 dólares.

 El congresista Darrell Issa informó este año que sus activos 2010 tenían un valor mínimo de 295 millones de dólares, casi el doble del año anterior. La razón del cambio parece deberse en parte a que el republicano de California trasladó algunas de sus propiedades de una sola a varias cuentas separadas. Una cuenta que Issa había enumerado de un valor mínimo de 50 millones de dólares en 2009 cayó a un valor mínimo de 25 millones en 2010, pero agregó 11 cuentas por un valor mínimo combinado de 38,2 millones. Aunque ninguno de los valores aumentó en la cuenta de efectivo (o propiedad), el valor mínimo de los activos aumentaron en el papel en 13,2 millones de dólares, o 25%.

 Los estudios de los patrones de inversión del Congreso realizados por el profesor de bienes raíces Alan Ziobrowski, en Georgia State University, indican que los legisladores de ambas cámaras tienden a obtener mejores resultados en sus carteras de inversión que el estadounidense promedio, en parte debido a que " en mi mente no hay duda de que están operando de alguna manera con la información que está ahí [en el Congreso]”.

 Para el Congreso, el valor medio neto en 2010 fue de aproximadamente 513.000 dólares. Para los hogares habituales, la Junta de la Reserva Federal fijó esa cifra en cerca de 120.000 dólares en 2008, y ese número este año es probablemente de alrededor de 100.000 dólares, dijo Rosnick.

 Sin una comparación exacta entre el Congreso y el resto de la nación, está claro que los legisladores "son mucho más ricos que cualquier estadounidense típico", dijo Rosnick.
 Y el Congreso parece ser cada vez más ricos y enriquece más rápido que el resto de la nación.

 Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno

 Notas y referencias:

 - Paul Singer y Jennifer Yachnin, Roll Call (Capitol Hill). “And Congress’ Rich Get Richer:
 Net Worth of Lawmakers Up 25 Percent in Two Years, Analysis Demonstrates”
 http://cdn.rollcall.com/issues/57_51/And-Congress-Rich-Get-Richer-209907-1.html?popular=true
 - Luke Johnson, “Members of Congress Grow Wealthier Despite Recession,” Huffington Post, November 1, 2011,
 http://www.huffingtonpost.com/2011/11/01/congress-net-wealth-income-gap_n_1069377.html.
 - http://www.mediafreedominternational.org/2012/04/09/members-of-congress-grow-wealthier-despite-recession/
 Estudiante investigador: Ellis Huber (Sonoma State University)
Evaluador académico: Peter Phillips (Sonoma State University)

En el principio está la comunión, no la soledad
Leonardo Boff


Escribíamos anteriormente que Dios es misterio en sí mismo y para sí mismo. Para los cristianos se trata de un misterio de comunión, no de soledad. Es la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La ortodoxia afirma: hay tres Personas y un solo Dios. ¿Es eso posible? ¿No sería un absurdo 3=1? Aquí tocamos en lo que los cristianos sobrentienden cuando dicen "Dios”. Es diferente al monoteísmo absoluto judío y musulmán. Sin abandonar el monoteísmo, es necesaria una aclaración de esta Trinidad.

El tres es con seguridad un número. Pero no como resultado de 1+1+1=3. Si pensamos así, matemáticamente, entonces Dios no es tres sino uno y único. El número tres funciona como un símbolo para indicar que bajo el nombre Dios hay comunión y no soledad, distinciones que no se excluyen sino que se incluyen, que no se oponen sino que se componen. El número tres sería como la aureola que colocamos simbólicamente alrededor de la cabeza de las personas santas. No es que ellas anden por ahí con esa aureola, sino que para nosotros es el símbolo que indica que estamos delante de figuras santas. Lo mismo ocurre con el número tres.

Con el tres decimos que en Dios hay distinciones. Si no hubiese distinciones reinaría la soledad del uno. La palabra Trinidad (número tres) está en lugar de amor, comunión e inter-retro-relaciones. Trinidad significa exactamente esto: distinciones en Dios que permiten el intercambio y la mutua entrega de Padre, Hijo y Espíritu.

En rigor, como ya lo vio el genio de san Agustín, no se debería hablar de tres personas. Cada Persona divina es única y los únicos no se suman porque el único no es un número. Si digo uno en términos de número, entonces no hay como parar: siguen el dos, el tres, el cuatro y así indefinidamente. Kant erróneamente lo entendió así y por eso rechazaba la idea de Trinidad. Por lo tanto, el número tres tiene valor simbólico y no matemático. ¿Qué es lo que simboliza?

C. G. Jung viene en nuestra ayuda. Él escribió un amplio ensayo sobre el sentido arquetípico-simbólico de la Trinidad cristiana. El tres expresa la relación tan íntima e infinita entre las distintas Personas que se unifican, es decir, se hacen uno, un solo Dios.

Pero si son tres Únicos ¿no resultaría el triteísmo, es decir, tres Dioses en vez de uno, el monoteísmo? Así sería si funcionase la lógica matemática de los números. Si sumo una manga + una manga + una manga, resultan tres mangas. Pero con la Trinidad no es así, pues estamos delante de otra lógica, la de las relaciones interpersonales. Según esta lógica, las relaciones no se suman; ellas se entrelazan y se incluyen, formando una unidad. Así, padre, madre e hijos constituyen un único juego de relaciones, formando una única familia. La familia resulta de las relaciones inclusivas entre los miembros que la componen. No hay padre y madre sin hijo, ni hay hijo sin padre y madre. Los tres se unifican, se hacen uno, una única familia. Tres distintos pero una sola familia, la trinidad humana.

Cuando hablamos de Dios-Trinidad entra en acción esta lógica de las relaciones interpersonales y no la de los números. En otras palabras: la naturaleza íntima de Dios no es soledad sino comunión.

Si hubiese un solo Dios, reinaría verdaderamente la soledad absoluta. Si hubiese dos, uno frente a otro, habría distinción y al mismo tiempo separación y exclusión (uno no es el otro) y una mutua contemplación. ¿No sería egoísmo a dos? Con el tres, el uno y el dos se vuelven hacia el tres, superan la separación y se encuentran en el tres. Irrumpe la comunión circular y la inclusión de los unos en los otros, por los otros y con los otros, en una palabra: la Trinidad.

Lo que primero existe es la simultaneidad de tres Únicos. Nadie es antes o después. Surgen juntos comunicándose siempre de manera recíproca y sin fin. Por eso decíamos: en el principio está la comunión. Como consecuencia de esta comunión infinita resulta la unión y la unidad en Dios. Entonces: tres Personas y un solo Dios-comunión.

¿No nos dicen exactamente eso los modernos cosmólogos? El universo está hecho de relaciones y no existe nada fuera de ellas. El universo es la gran metáfora de la Trinidad, todo es relación de todo con todo: un uni-verso. Y nosotros dentro de él.

domingo, 28 de octubre de 2012


El laico coordinador parroquial o pastoral: 
las experiencias de Udine y de Bilbao 
SEGUNDA PARTE
Jesús Martínez Gordo


La figura del laico coordinador parroquial o pastoral. 


El año 1997, el entonces arzobispo de Udine, A. Battisti, comunica, mediante una carta fechada el 15 de agosto, su decisión de favorecer e impulsar la figura del laico “coordinador parroquial”. Y lo hace argumentando el problemático futuro que dejan entrever las cifras de efectivos ministeriales previsibles aquellos años y apoyándose en la importancia que el Vaticano II concede a la presencia responsable de los laicos en una iglesia que es toda ella comunión. 
   Con esta iniciativa, indica seguidamente, no se trata de favorecer el nacimiento de una especie de secretario que haga todo, sino de posibilitar el surgimiento de una nueva figura (el coordinador parroquial) que ha de salir de entre los agentes pastorales de la parroquia y del consejo pastoral. 

“Me hago cargo -finaliza la carta- de que muchas comunidades no son conscientes todavía del momento delicado de nuestra archidiócesis ni del cambio radical de mentalidad que esto requiere. Pero sería grave y culpable omisión por mi parte como obispo y de vosotros sacerdotes y fieles, no ponernos con responsabilidad pastoral a la escucha de lo que el Espíritu dice a nuestra iglesia, para ayudarle a responder a los graves desafíos de nuestro tiempo”.

Encomiendas específicas y perfil. Mons. A. Battisti considera importantísimo diferenciar las tareas específicas e insustituibles del párroco o del arcipreste de las propias del laico coordinador parroquial. Sólo así es posible evitar ambigüedades y malentendidos.

El párroco o el arcipreste “hace presente” al obispo en la parroquia. Por ello, tiene la obligación de edificar la parroquia, como comunidad adulta y misionera; anunciar de modo auténtico y autorizado la Palabra de Dios; presidir las celebraciones litúrgico-sacramentales; perfilar con el consejo pastoral parroquial el plan de actuación anual (a la luz del proyecto pastoral sectorial y de las orientaciones diocesanas) y discernir quiénes pueden ser agentes de pastoral, promover su formación y confiarles tareas precisas

Por su parte, el coordinador parroquial “participa” de la cura pastoral del párroco o del arcipreste (517 & 2), colaborando con él en la elaboración del programa parroquial, encontrando agentes pastorales, precisando los servicios que se les van a confiar, favoreciendo su formación teológica y pastoral y, sobre todo, promoviendo la colaboración recíproca entre los agentes pastorales.

Entre los criterios de elección de los coordinadores parroquiales Mons. A. Battisti se detiene en la especificación de los siguientes: 

·      puede ser diácono, religioso o religiosa y laico o laica; lo mismo hombre que mujer; casado o célibe. Si está casado, es necesario que el cónyuge acepte este ministerio; la encomienda puede ser a título personal o a una pareja casada;
·       ser creyente y practicante, de buena conducta, humanamente maduro y equilibrado, discreto y abierto, que goce de la estima y de la confianza de la comunidad; “si es un laico, conviene que viva normalmente su laicidad”;
·      presentar una buena formación espiritual y una gran disponibilidad para el servicio y para el seguimiento evangélico;
·      vivir en plena comunión con la iglesia diocesana y profunda vinculación con la comunidad parroquial;
·      tener capacidad para las relaciones, el diálogo, la comunicación entre las personas, la animación de los agentes de pastoral y para estimular la colaboración de todos y entre todos. 

Su formación es responsabilidad del arcipreste o de un sacerdote encargado para tal tarea por el consejo pastoral del arciprestazgo. La formación teológica y pastoral la recibe en las escuelas de teología. 

Proceso de discernimiento, elección y sugerencias económicas. No menos interesante es el recorrido que se sugiere a la comunidad para promover la figura de un coordinador parroquial. Se subraya que es algo que se ha de hacer con gradualidad, pero con perseverancia y discernimiento. 

En la actualidad el coordinador pastoral es elegido por el párroco o por el arcipreste de entre los miembros del consejo pastoral parroquial o -si esto no fuera posible- de entre los agentes de pastoral, de manera que pueda ser “reconocible y reconocido” por la comunidad. El párroco lo presenta al obispo, a quien corresponde su nombramiento. 

La encomienda pastoral se realiza por un quinquenio y es renovable. El obispo indica explícitamente en el nombramiento (de acuerdo con el párroco y con el coordinador parroquial) las tareas que le confía, habida cuenta de su capacidad y de su disponibilidad.

El servicio es normalmente gratuito, pero la comunidad debe comprometerse a pagar los gastos que resulten de tal prestación, así como la formación necesaria para su capacitación, los desplazamientos y la asistencia sanitaria o la seguridad social al coordinador que no la tuviera. Si el trabajo exigiera media dedicación o dedicación plena se ha de prever una retribución adecuada a sus necesidades, previo acuerdo con los servicios de la curia. Estos son extremos que se clarificarán antes de recibir el nombramiento episcopal.

El 22 de noviembre de 1998, el arzobispo de Udine, Mons. A. Battisti, entregaba públicamente, en la Catedral, el nombramiento de cooperadores pastorales a 32 laicos, a 6 comunidades religiosas femeninas y a 4 religiosos a título individual que se unían a 8 diáconos permanentes enviados en los años anteriores a otras tantas parroquias de la diócesis. 

La reciente revisión de esta experiencia ha reafirmado a la diócesis de Udine en la idoneidad de seguir por el camino abierto en 1997 por Mons. A. Battisti, cierto que con algunas adaptaciones. El “coordinador parroquial” ha pasado a ser llamado “referente pastoral”: “un cristiano laico, hombre o mujer, que se compromete responsablemente en promover y coordinar la actividad pastoral que se le confía, por el bien de la comunidad parroquial o de la unidad pastoral”. 

En la actualidad es una figura ministerial que se desglosa, en unos casos, como “referente de la comunidad” (coordinador de las actividades pastorales de las parroquias en las que el párroco no reside de manera estable) y, en otros, como “referente de la unidad pastoral” (referencia para los trabajadores pastorales de cada uno de los cinco ámbitos en los se articula la actividad de la unidad pastoral: liturgia, catequesis, caridad, juventud y familia).

El Directorio de la diócesis de Bilbao. En el origen del “Directorio de los laicos y laicas con encargo pastoral” (aprobado el año 2006 por Mons. R. Blázquez, obispo de la diócesis de Bilbao, BODB, 2006 (574) 203-225) se encuentra la petición dirigida al vicario general el año 2002 por el equipo interparroquial de Basauri con una doble finalidad: 

·         dotar de estabilidad institucional a los laicos que (una vez culminado todo el proceso formativo y realizados los discernimientos oportunos) piden una vinculación estable con la diócesis y manifiestan una disponibilidad ministerial;

·         redactar un “estatuto” sobre la figura del “coordinador” parroquial o pastoral, análogo al desarrollado por la diócesis de Udine (Italia) y en aplicación del canon 517 & 2 del código de derecho canónico. 

El decantamiento de la comisión redactora por un Directorio (aparcando “ad calendas graecas” la petición de erigir la figura del “laico coordinador” parroquial o pastoral) es el resultado de optar por un planteamiento más centrado en mostrar la diferenciada manera como el laicado asume responsabilidades en la iglesia de Bilbao, así como sus diversos –y articulados- procesos de formación. 

Semejante opción ayuda a comprender su interés y acierto en explicitar detenidamente la pluralidad de servicios prestados por los laicos en la diócesis, la implicación del Pueblo de Dios en la promoción de la ministerialidad laical, el cuidadoso y aquilatado proceso de formación teológico-pastoral y los diferentes discernimientos vocacionales. 

Pero una crítica mirada al mismo (pasado un tiempo prudencial desde su aprobación) también permite señalar cuatro de sus limitaciones más preocupantes, tanto para el presente como para el futuro de dicha diócesis: su recepción (cuando menos, muy limitada) de la teología conciliar del laicado; la continuación con la forma de contratación laboral hasta entonces vigente (a pesar de las contradicciones que comporta); la ausencia de la figura del laico “coordinador” parroquial o pastoral (con su correspondiente estatuto o directorio) y, sobre todo, el decantamiento posterior por erigir “unidades pastorales” teniendo en cuenta no las necesidades de las comunidades sino el número de presbíteros disponibles en cada momento.

Estas limitaciones se explican, en buena medida, por la influencia que ejerce en el Directorio el diagnóstico de la curia vaticana sobre la problemática travesía del ministerio presbiteral en el tiempo postconciliar y su recelosa articulación con los ministerios laicales. Según este diagnóstico (formulado por primera vez en el sínodo de 1971 y explicitado con toda claridad en la Instrucción Interdicasterial de 1997) un factor coadyuvante de la crisis de efectivos presbiterales es la prodigalidad de ministerios laicales que asumen, frecuentemente, servicios y funciones que se consideran propios del ministerio sacerdotal. A ellos hay que añadir la elaboración de discursos teológicos que (amparados en una insospechada proliferación de los ministerios laicales) socavan la misma identidad del presbiterado, un pilar constituyente y constitutivo de la iglesia católica. 

Obviamente, el afrontamiento de semejante situación lleva a enfatizar el perfil presidencial, litúrgico y catequético del presbiterado y a descuidar –como contrapartida- su secularidad e, incluso, la dimensión ministerial centrada en la práctica de la caridad y en la promoción de justicia. Pero también conduce a subrayar (tal y como se puede constatar en el Directorio de la diócesis de Bilbao) la relación de dependencia y subordinación de los ministerios laicales con respecto al sacerdocio ministerial, aunque sea mediante eufemismos tales como “colaboración”, “participación”, “asociación” o “cooperación”. 

El peso del diagnóstico reseñado es tal que no sólo acaba aparcando las aportaciones más interesantes de la teología conciliar sobre el laicado (particularmente las que se fundamentan en la participación, gracias al bautismo, en la triple función de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey), sino que relee dicha teología laical a partir de la situación descrita del presbiterado en el postconcilio. Y, lo que es más preocupante, al subrayar la incuestionable fundamentación eclesiológica de la ministerialidad laical, olvida su anclaje igualmente cristológico. Un grave error de enormes consecuencias teológicas y eclesiales.

Vistas las cosas, queda claro que la diócesis de Bilbao no forma parte, al menos hoy por hoy, del grupo integrado, entre otras, por las iglesias de Poitiers, Bolzano-Bressanone, Udine y, más recientemente, Viena, es decir, del colectivo de diócesis implicadas en un afrontamiento creativo de su futuro y en fidelidad al Vaticano II. El “posibilismo” de unos, el “entreguismo” de otros (ya sea por convicción, por miedo o por búsqueda de seguridad) y la vanidad o las expectativas de promoción que se apoderan de algunos (el “carrerismo” que denunciara B. Häring como “mitología que socava la autoridad” en la Iglesia) bloquean una salida esperanzada que, a pesar de todo, sigue siendo posible. Y lo sigue siendo porque todavía hay colectivos empeñados en recordar de palabra y de obra que es viable otra ministerialidad en la Iglesia. Y no son pocos.

Quizá ha llegado ya la hora de que los presbíteros en activo se nieguen a presidir más de dos parroquias. Es muy probable que con una decisión de este calado se propiciaría la ruptura de la actual la praxis acumulativa (y “clerigocéntrica”) en la que se asienta la “remodelación pastoral” en curso y se facilitaría la apertura de un debate a fondo sobre el futuro (también ministerial) de las comunidades parroquiales.